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11 min
LA MUSA DE LA PLAZA
Varios |
16.06.15
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Sinopsis

Una Historia de amor, desencuentros, dobles vidas y paralelas, misterio cargada de realismo, en fin, espero que guste al lector

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LA MUSA DE LA PLAZA


 

Prólogo

Porque Musa?, pues por que es la inspiración, de todo bicho viviente en la dichosa plaza, tenderos, pintores, escritores, periodistas, gorrillas, maleantes, borrachos, operarios del ayuntamiento, funcionarios, políticos. Para todos el ver llegar a ese ser,todas las mañana, era una inyección de aire fresco y perfumado, olvidándose cada uno de sus problemas, de su pereza, de sus rutinas, de sus penosas vidas para algunos, en fin lo que hace una buena Musa, hacerle un poco más feliz la existencia diaria en la bonita y penosa plaza.


 

Capitulo I

Calentaba ya un poco el sol, aunque corría brisa típica de las mañanas de verano en nuestra ciudad, se oían el ruido de sus pisadas, subiendo las escalerillas del parking, eran pisadas firmes con decisión y un poco apresuradas, iba asomando su cabellos rubios por el hueco de la escalera, su cabellera danzaba como el mosquero de los caballos españoles de un lado a otro con un ritmo casi perfecto, señal de buena andadura, sus hombros rectos y redondos, brazos al aire, espalda derecha y altanera con cierta gallardía, poco a poco todo su cuerpo iba apareciendo, como si brotara de la tierra por la boca de entrada al parking, por fin emerge una pequeña falda y sus piernas rectas, bien formadas, culo respingón que hacía que la falda le diera un aire gracioso y juvenil, taconazos altos, portafolios y bolso colgando de su hombro,bien maquillada y gafas oscura, todo ello le daba una cierta elegancia.

Ascendía por la calle, que encaminaba directamente a la plaza, ya me queda poco para llegar, pensó. Tenía un sabor amargo en el paladar, aunque el cepillado de dientes había sido a conciencia, el exceso de whisky barato de la noche anterior le estaba pasando factura, un dolor de cabeza horrible, una sensación de suciedad le recorría su cuerpo, el tipo de la noche anterior le había dejado sabor amargo, después de haberle invitado a infinidades de copas, perdió el control, no se acordaba absolutamente de nada después de que la llevara en brazos a sabe Dios dónde.

Al llegar a la plaza, el primer saludo fue el del Panadero,! Buenos días Peque ¡, con su sonrisa habitual, de un lado a otro de la cara puesto que tenía una boca enorme, una panza exagerada y una prominente calva, ¡Que alegría verte cada mañana!, ella musitó una dulce sonrisa, respondiendo al saludo y pensando como no te voy a dar alegría, si tienes un León Marino como esposa, y encima tiene bigote, dejó escapar una pequeña carcajada, riéndose de sus propios pensamientos. Le agradó ver a los funcionarios de limpieza con mangueras regando el pavimento de la plaza, fue una sensación muy refrescante, quizás la más refrescante de todo el día. El pecho le dolía de haber fumado tanto la noche anterior, tengo que dejarlo y no sólo de fumar, me estoy matando lentamente, tengo que intentar dejar mis malos hábitos, pero como hacerlo, no puedo.

Seguía caminando por la plaza, con aires de señora y moviendo el respingón con mucha gracia, al pasar por la obra que había al lado de su establecimiento, los obreros salían a las ventanas, a los andamios, se llamaban unos a los otros ¡ Ya está aquí la Rubia!,!Rubia sube que te voy a enseñar lo que tengo en las manos!. Al mirar hacía las voces, vio a un mulato con los ojos enormes y sin camisa, brillando de sudor, con la boca abierta diciéndole barbaridades, ella empezó a mover más su minifalda, y pensando, si te hubiera cogido esta noche, te iba a decir que hacer con lo que tienes entre las manos. Rapidamente pensó me estoy degenerando otra vez, no puedo, no puedo, a todo esto el policía que estaba en la puerta del Ayuntamiento, que era conocido por lo enamorado que estaba de Peque, increpó al africano, ¡La próxima vez te mando para tu puto país! ¡Negro de mierda!. Buenos días Peque, te ha molestado ese sinverguenza?, no Rafa, no te preocupes deja al muchacho en Paz, que bastante tiene. Se introdujo en la cafetería de al lado, con la intención de tomarse un café sólo, a todo esto Rafa el policía le abrió la puerta, si no estuviera de servicio te acompañaba Peque, muchas gracias Rafa otra vez será, menos mal que se ha ido, pensó, con la maldita halitosis que tiene, me estaba revolviendo el estómago. ¡Buenos días Rubia!, lo que faltaba para completar la mañana, el camarero baboso está hoy de mañana. Buenos días Joaquín, quiero un café por fa, ¡Marchando un café para la Rubia! Como tienes el cuerpo hoy, por lo que se ve y adivina pasastes una buena noche ehhh!, cuando quieras quedamos bonita.! Ni muerta Joaquín! Aunque fueras el último hombre de la tierra, si se te puede llamar hombre, más bien animal de cuatro patas. Por fa, el café y dejame en paz.

Sumida en sus pensamientos, y con el dichoso dolor de cabeza, abrió la puerta de su establecimiento, entre tanto el teléfono no dejaba de sonar, ¡Quien coño será ahora!, pero rapidamente pensó, quien va a ser. Seguramente es él, ¡Buenos días, le atiende Peque!. Dónde has estado? ! Te he estado llamando desde hace media hora!. Buenos días, ya está aquí mi control de cada cinco minutos, pensó. He parado en la gasolinera, no tenía combustible, y la niña? dijo él, con mis padres como siempre, y a que hora sales? A la de siempre. Vale Peque te llamo luego, y procura coger el teléfono que me pongo muy nervioso, ok., lo intentaré coger rápido. Uff, que hartita me tiene, un día lo voy a mandar con su madre. A todo esto, dónde andará mi Pimpollo, no sé nada de él desde ayer por la mañana, no me contesta a los mensajes, ni a las llamadas, no habrá vuelto con la bruja de su mujer ¿. Peque se estremeció cuando se acordó de él, recordaba sus abrazos, su sonrisa, su ternura, su modo de tratarla, su manera de cogerla por la cintura, su forma de besar. Dios, como le gustaría que estuviera, le echaba de menos, suspiró, y se dijo para sí misma, no puede ser, tampoco esto puede ser.

Transcurría la mañana con cierta tranquilidad, pasaron representantes, vendedores, muchachitos dejando currículum, el cartero con su bigote más bien mostacho, no dejaba ver cuando reía, aunque no reía mucho, sólo miraba y resoplaba cuando se daba la vuelta Peque, ella por el espejo lo veía como se ponía rojo, pensaba, otro que se va con el calentón, su mujer pagará el pato. Cada cierto tiempo breve el pesado de su marido, que tal, bien, que estás haciendo, trabajando, bueno vale luego te llamo, así una y otra vez. Si supiese su marido la doble vida que llevaba, o la triple según se mire.

Él trabajaba fuera de la ciudad, de lunes a viernes, dejando esta belleza sola, a merced de los buitres que merodean la noche, pues para Peque la noche era otra cosa, se transformaba en otro ser, no menos divino, pero de otro estilo totalmente diferente.

Por fin la hora de cerrar, hoy no abría por la tarde, iba a recoger a su niña, su pasión, su vida, su todo. Pensaba, que dulzura de niña, gracias a sus padres, podía llevar su negocio adelante, y también su turbia vida. La niña vivía practicamente en casa de sus abuelos. Se quedaba a dormir casi todas las noche, Peque había comentado que trabajaba en algunos pub, durante la noche, por supuesto no era cierto, al principio tenía ciertos remordimiento, pero que podía hacer era más fuerte el influjo de la Luna, que el cargo de conciencia.

A todo esto Pimpollo sin aparecer, le preocupaba, Pimpollo era otra cosa, era algo nuevo en su vida, algo que no había experimentado antes, que cosa más extraña, que es lo que tendrá ese hombre, se preguntaba una y otra vez, que le colmaba en todo su ser, tiene pinta de chulo, pero al mismo tiempo tiene mucha ternura, cosa rara, o es chulo o es un moñas, pero la combinación de ambos es lo que Peque necesitaba.

Pasó una tarde maravillosa con su hija, le dedicó toda su atención y más, rallando lo pesada, quería gratificarle en todo momento, dando gracias por haberla tenido, era su otra personita de sus propias entrañas.


 


 

Capitulo II

¡ Señor ¡ ¡ eh Señor despierte¡ me está haciendo daño. Estaba profundamente dormido, entre su mas profunda insconciencia oía la voz estridente de un muchacho, entre sus sueños aparecía un adolescente en peligro precipitándose por un oscuro y profundo pozo, él alargando todo lo que podía su brazo derecho intentó agarrarlo pero no lo pudo asir y el joven se perdió en la oscuridad, con un débil grito ¡Señor¡¡Señooooor¡. Sobresaltado despertó y vio a un joven atrapado entre la pared del vagón y su cuerpo, eh señor por Dios me hace daño. Perdona chaval, lo siento me quedé dormido, estos putos trenes están muy mal diseñados, son muy incómodos y poco espaciosos. El chaval lo miraba con cara de incrédulo y con gesto de dolor, al quedar su rostro reflejado por el cristal de la ventanilla, vio la mala cara que tenía barba de tres días, ojeras, despeinado más bien greñoso, recordó entonces que había cogido un tren la noche anterior sin saber exactamente a donde se dirigía. La verdad que en el estado que había cogido el tren no era el más apropiado, con una cuantas de copas, y con muy poca dignidad. Recordó entonces la chica que le acompañaba, dónde andará, pensó. Ella era una de aquellas prostituta de la calle Montera, a la cual había invitado a unos tragos, después de encontrarla muerta de frío a las tres de la madrugada acurrucada en un portal de la dichosita calle, le impresionó sus ojos, eran redondos y negros muy expresivos, era bonita, aunque tenía rasgo de expresividad muy marcados, consecuencia de la asquerosa vida que llevaba. Mirando a su alrededor no la encontró salio al pasillo del tren e intentó buscarla, pero se topó con el revisor el cual le aclaró su duda, Señor la señorita que le acompañaba le ha dejado una nota y guándole un ojo se marchó por donde había venido. “Cariñito muchas gracia por tu ofrecimiento, pero no puedo aceptarlo, tengo que quedarme, me bajo en la próxima estación, lo siento. Un Besazo. Kati”.

Intentó recordar la noche anterior, después de deambular toda la tarde por el retiro, pensando en su nueva novela la cual se resistía, es como si su reserva de musas entraran en decadencia, quedando sólo algunas con muy poco espíritu y poca personalidad. Haciendo un gran esfuerzo por continuar su relato, vamos ordenarlo en su cabeza, decidió hacer un paréntesis. Decidió dejar el parque y dirigirse a un pub, en la calle Huertas donde ponían unos “Margaritas” de ensueños, cuando se dirigía a su destino el taxista le hizo un tercer grado, no dejaba de hablar, por lo visto le recordaba a un primo suyo militar que se fue a Argentina en los años ochenta y aún no saben nada de él, se enamoró de una criolla del puerto apodada en españa “La porteña”de Buenos Aires. A Pimpo todo aquello le recordaba a la España emigrante, cuando veían en Argentina una mina de oro, pensó, algún día escribiré sobre ello.


 

 

 

 

Continuara………

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