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4 min
La niebla IV
Suspense |
08.05.15
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Sinopsis

    Las voces habían desaparecido, no se atrevía a abrir los ojos. Intentó escuchar todos los ruidos de fuera. Había grillos tocando su música nocturna. Debían de estar fuera de la ciudad. Un búho se oyó a lo lejos. ¿O sería una lechuza? ¿pero que le pasaba? Estaba secuestrada, drogada, a la espera de algo, a la espera de lo que podría sucederle ¿Y se ponía a analizar el ulular de un ave?

     Sacó todo el valor que podía reunir, la anestesia ya hacía tiempo que había dejado de hacer efecto en todas las partes de su cuerpo. No oía voces, no oía pisadas, decidió levantar la cabeza y asomarse por la ventanilla. De repente solo oía su corazón, era como un caballo desbocado, parecía salirsele del pecho. Primero abrió los ojos. Oscuridad dentro del coche, oscuridad fuera. Solo le llegaba una tenue luz por la ventanilla donde tenía sus piernas. Con un leve  movimiento levantó minimamente la cabeza. Podía ver lo que había detrás de la ventana. Parecía una casa, una de esas prefabricadas, en mitad de una espesura. ¿Estaría en el bosque? No pudo ver más. Sus ojos azules le taparon la visión.

     Se acercó al coche rápidamente, le había parecido ver algún movimiento dentro. Era imposible, tenía la dosis de anestesia justa para aguantar toda la noche, aún así abrió la puerta y se la quedó mirando. Nada, ni el más leve movimiento. Decidió tomarle el pulso, un pulso demasiado acelerado para estar con anestesia. ¿Se estaría despertando? 

     - ¿Qué haces? ¿Por qué tardas tanto? ¡Traela de una vez!

     - Creía que se había movido. Habrán sido imaginaciones mías. - Aún así no se quedó muy convencido. La cogió en brazos como se coge a un bebé y le llevó la presa a sus hermanas.

    Intentaba controlar su respiración, intentaba serenarse, le había tomado el pulso y estaba acelerado. Y ahora encima la llevaba en brazos, como se llevan a las novias para entrar en sus casas por primera vez. Se imaginó vestida de blanco, entrando en una casita blanca en mitad del campo, con esos ojos azules mirándola enamorado. Una sonrisa asomó a sus labios. 

      ¿Pero qué es lo que me pasa? ¿Lo habrá visto? Por favor que no lo haya visto, por favor que se crea que estoy dormida. Ay mi corazón, lo está oyendo, seguro que lo oye. Claro que lo oye, su corazón y el mío están conectados. Somos uno. Agggg ¡me estoy volviendo loca!

     Siguió andando con ella en brazos, a pesar de haber visto esa leve sonrisa, a pesar de haber notado sus dedos acariciando levemente su camisa, a pesar de sentir el pulso acelerado. Sabía que ya no estaba dormida. Pero no dijo nada, no hizo nada, siguió andando. 

      - ¡Ay, pero que bonita es! No nos habías dicho que era pelirroja. Es preciosa. ¡Y qué piel! ¿Has visto hermana?

     Las dos hermanas se acercaron a su hermano, sin dejarle apenas caminar, daban saltitos y pequeñas palmadas mientras alababan a su pequeña presa. Él las miró con desprecio, no las soportaba cuando se ponían así, a pesar de deberles todo, en esos momentos las abriría en canal con su bisturí.

     - Dejadme que la lleve a la cama por lo menos. Hay que ponerle la vía y prepararla.

     - No hay quien te aguante cuando vienes con ese humor. Alegrate hermano, esta noche va a ser mágica. 

     Su hermana le dio un pellizco en el moflete y le besó los labios. Su otra hermana no dejaba de mirar a aquella mujer que ahora yacía en la cama. Sería perfecta. Esta vez sería perfecta.

    Él se acercó a la cama y le tocó la mejilla con el dorso de la mano, sus hermanas tenían razón, su piel era una maravilla. Se acercó a su cuello y olió su perfume. En un pequeño susurro, casi inaudible le habló.

     - Sé que estás despierta.

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