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2 min
La niña y la flor
Reflexiones |
17.06.15
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Sinopsis

Y con una flor en la mano, la pequeña de pelo largo, lacio y dorado como el oro, soplaba sobre los pétalos espontáneamente para comprobar cómo eran capaces de revolotearse sobre el breve viento que podía generar. Sentada

Y con una flor en la mano, la pequeña de pelo largo, lacio y dorado como el oro, soplaba sobre los pétalos espontáneamente  para comprobar cómo eran capaces de revolotearse sobre el breve viento que podía generar. Sentada y con las piernas arqueadas, de modo que sus pies quedaban prácticamente sobre los muslos de las piernas contrarias, se divertía dejando pasar el tiempo sin parar de observar. Por eso le gustaban tanto los fines de semana. Los sábados por la mañana ya podía respirar ese aire con aroma a verde mezclado con el frescor de las aguas  posesas por las cimas de las montañas que rodeaban la diminuta aldea.


El sol resplandecía cercano a la serranía. Sin sus ocasionales vecinas blancas y esponjosas, lucía sin demora mas no compartía su calor como tantas otras veces había hecho. Eso no importaba. Una rebequita de lana sobre su vestido rosa claro era suficiente para permanecer inmóvil durante algo más de 80 minutos, que era el tiempo que solían tardar su padre y su abuelo en ir a la tienda a por un poco de pan para acompañar la comida. Y tardaban, no porque tuvieran que recorrer una larga distancia, sino porque debían tomar una copita antes de regresar y jugar la partida con sus amigos que, vamos a suponer, también irían a recoger el pan. Pero era algo "pactado", pues también era el tiempo necesario para que la comida estuviera lista y la mesa preparada. Así que floreció el momento de encontrar una tarea o un quehacer para beneficio suyo.


Era un complemento perfecto para ella. Sus pétalos blancos como su piel y su cabello rubio resplandeciente como su disco central, podrían llevar a algún fantasioso a confundirlas. Ni siquiera las parlanchinas aves que merodeaban sobre el valle conseguirían distraerla de su cometido. En realidad eran unos camaradas cantarines que paseaban por el cielo del mismo modo que salían los recién jubilados abuelos diariamente a primerísima hora. Pero eran otras edades. Eran otras vivencias -al igual que otra cantidad y variedad de vivencias- y prefería gastar sus horas, en el transcurso de lo que sería su vida, en contemplar, olisquear, escuchar, saborear, sentir.

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  • Bello, bonita y sencilla forma de transmitir. Enhorabuena
    Muchas gracias Francisco, es todo un alago. Igualmente Carlos agradezco mucho los consejos y los ánimos. Las críticas son siempre bien recibidas. Intentamos seguir mejorando día a día.
    Muchas gracias Francisco, es todo un alago. Igualmente Carlos agradezco mucho los consejos y los ánimos. Las críticas son siempre bien recibidas. Intentamos seguir mejorando día a día.
    Bien escrito, evocador y con sentimientos de vivencias. Quizás sobren algunos adjetivos y, aun qué la categoría fuera otra el final no termina. Felicitaciones, tienes "pasta". No abandones. Un beso
    Me gusta tu estilo de narración, es muy fluido.
  • La paciencia la vendo. La envuelvo en gasas y después la regalo. Porque quiero deshacerme de ella. Porque no me trae nada inesperado y lo que espero, con paciencia, ya no lo quiero.

    Me encontraba perdida. Sabía dónde estaba pero no qué hacía. O qué debía hacer, ni por qué debería hacer algo. ¿Era esto la vida? Debía buscarlo. Me adentré en aquel barrio de casas y parcelas, de familias y cuidadores, de bicicletas y rastrillos.

    ¿Cómo es despertarse a su lado? Cuéntame cómo es por las mañanas. Dime si te besa o si cita sus primeros versos. Dime si puede contener sus ganas de hacer el amor. Dime si te mira o si continúa soñando. Dime si es conmigo con quien sueña.

    No me pidas que te haga el desayuno. No me pidas que aparezca cuando no estoy. No me pidas que firme lo que yo no he escrito. No me pidas soñar. No te esperaré cual perra obediente, ni te escucharé cuando me ignoras. No me pidas sinceridad.

    Tan pronto un día desvistió la necesidad de justificación que en general se le exigía en gran parte de los ámbitos en los que se relacionaba, por no decir en todos y cada uno.

    Miro a mi alrededor y los veo a todos. Como si mi situación fuese privilegiada.

    Esta noche no te voy a retener. Esta noche no vamos a cenar, no pondré velas, ni siquiera música. Esta noche te desearé como a otras.

    La mitad de una tarde y a lo sumo media noche.

    No sabía como hacerlo pero lo hizo. Parecía imposible pero lo consiguió. Un presente que ni el futuro hubiera imaginado.

    Miro a mi alrededor y los veo a todos. Como si mi situación fuese privilegiada. Como si mi cuerpo no estuviese allí sentado. Conversaban en pareja, en grupos de tres y alguno se dedica a sí mismo. Nos habíamos conocido hace años cuando aún estudiábamos, unos más y otros menos, no todos, pues asistía también quien llegó de la mano, por supuesto bien recibido y felizmente acogido.

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