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10 min
LA NOCHE SIN LUNA
Suspense |
22.01.10
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Sinopsis

Cuesta trabajo, no venir de vez en cuando a saludar a viejos y nuevos compañeros. Un beso a tod@s.

La noche aparecía calmada y serena, una de las últimas de un verano caluroso. El cielo cubierto de estrellas en una noche sin luna.
El reloj que presidia la estancia habían dado precisamente las doce campanadas, hora de la cenicienta que pierde su zapato.
Sin embargo, para mí era la hora de nuestra cena. Íbamos llegando cada una de nosotras, dando el informe a la enfermera jefe.
-¡Sin incidencias en mi pasillo, todo controlado! Exclamó la última en llegar, y ajustando su busca en el bolsillo delantero del uniforme.
Preparamos la mesa para la cena, no provista del jolgorio de siete mujeres de diferentes edades.
-A ver mami ¿que nos has traído hoy?
La auxiliar más joven le sonreía a la de mayor edad. Mientras esta sacaba de un tupper una tortilla con pimientos, con un agradable olor que hacía presagiar una buena cena aquella noche.
-Yo he traído una ensalada de gulas…
- Y yo unos dulces de mi pueblo, que me traje este fin de semana que estuve allí.
Cada una de nosotras compartíamos la cena y así cada una de las noches se convertía en el mejor momento del trabajo.
Reíamos dando cuenta de tan suculentos bocados sin obtener ni la más mínima respuesta de lo que nos iba a suceder.
Escuchamos un golpe en la planta de arriba, y nos levantamos rápidamente del asiento para dirigirnos hacia donde provenía el ruido, no era la primera vez que un residente se caía de una cama.
Al incorporarnos del asiento, las luces se apagaron y segundos después escuchamos como las puertas de emergencia hacían un ruido incontrolable, se iban cerrando una tras otra.
Los latidos de nuestros corazones se escuchaban en el silencio de la noche, nos aferramos unas a otras porque presagiábamos que algún peligro nos acechaba.
Sujeté la mano de Silvia, la chica más joven que estaba a mi lado.
-Tranquila Silvia, esto será una falsa alarma. Dije, creando una falsa expectativa.
En la penumbra de las luces de emergencia pude distinguir el rostro sombrío de Marta, sus grandes ojos negros brillantes, bañaban su triste semblante.
-¡Creo que han entrado otra vez! Exclamó con autoridad.
- Si, las cámaras de seguridad las están instalando, pero todavía no funcionan.¡ Joder, otra vez estamos acorraladas!
No era la primera vez, que entraban un grupo de delincuentes, ya los habíamos visto alguna vez merodeando por los tejados vistiendo un uniforme blanco, para no levantar sospechas entre los residentes.
Mi mente retrocedió unos seis meses antes, en otra noche similar, también habían entrado pero fueron limpios, directamente se dirigieron al botiquín de enfermería, cogieron todas las ampollas de morfina que existían en el armarito cerrado con llave y se marcharon sin haberlos visto, con tan preciado botín.
La policía nos interrogó, y dio por hecho que habían venido solo a por medicación, pero que volverían, les había sido fácil y lo intentarían de nuevo.
Y allí estábamos en el centro de una sala, asustadas como cervatillos.
-Llama por el móvil. Sentenció otra de las compañeras.
- Tía ¿no sabes que aquí donde estamos no tenemos cobertura? Tendríamos que ir a la planta de arriba.
Nos miramos en la penumbra, y por un momento pude comprobar la sensación de angustia de Esther.
-Tranquila Esther, por esto ya hemos pasado más veces. Y resulta que a menudo se quedan en simples anécdotas, que después contamos para reírnos.
Noté la mirada fría de Marta sobre mí, pero confesé con la mirada, que no podíamos venirnos abajo… necesitábamos fuerza para reaccionar.
-Algunas veces se va la luz por la tormenta y…
-No, ahora no hay tormenta y…
Escuchamos unos pasos raudos por arriba de dónde estábamos, ningún residente andaría así, de rápido. Los muchos años de experiencia, el trabajar de noche habían acentuado nuestros sentidos, y Marta y yo éramos verdaderas expertas en conocer por simples pasos quien andaba merodeando por los pasillos.
Se produjo un breve silencio.
-Vamos a serenarnos, e intentar separarnos. Debemos llegar a las habitaciones y escondernos cerrando con llave por dentro. No podemos ir a la plaza de las estrellas porque cuando no hay luz, las puertas de emergencia quedan abiertas, y quedaríamos desprotegidas. Tenemos que subir a la planta de arriba alguien tiene que llamar por teléfono. Exclamó Marta mirándome. Y asintiendo la interrumpí.
-¡Marta llévate a las chicas de aquí! Yo conozco la residencia palmo a palmo, intentaré ir por el otro lado y llamaré a la policía.
Silvia pareció serenarse porque me sonrió, me agarró del brazo y exclamó.
-Ten muchísimo cuidado, por favor.
-Venga chicas, a esconderse. ¡Qué mañana pago yo el desayuno! Exclamé avanzando hacia la puerta de la cocina e intentar subir por la escalera de servicio.
Escuché las risas ahogadas de mis compañeras. Y antes de desaparecer de su vista, susurré para no ser oída por nadie más.
-Apagar los buscas, no vaya a ser que les dé por encender la luz, y nos localicen a todas por los timbres.
La escalera de servicio estaba en una oscuridad inmensa, durante unos segundos dejé que mis ojos se acostumbrasen a la oscuridad del momento, toqué la grasa apelmazada que cubría la vieja barandilla, y con mueca de desagrado me quité los zuecos y subí descalza por los peldaños de la escalera.
Abrí con sumo cuidado la puerta que comunicaba la cocina con el salón de arriba, di un respingo asustada cuando percibí como los visillos de las ventanas que estaban abiertas, oscilaban en un movimiento suave acariciado por la brisa del momento.
Pulse varias veces las teclas de mi móvil, pero mis manos temblaban presa del pánico.
-¡Vaya, mira quien tenemos aquí!
Alcé los ojos y en la penumbra de la noche, pude distinguir un hombre de color, alto y fuerte de facciones juveniles. Su risa estentórea llegó a mis oídos y con cierta brusquedad me cogió del brazo y me empujó hacia la escalera.
Bajamos tropezando una y otra vez, hasta llegar al salón donde había dejado mis compañeras. Pude escuchar el llanto entrecortado de Silvia, la chica más joven. Quien a su lado tenía un joven corpulento, acariciándole la mejilla.
-Vaya, aquí está la gallito del gallinero… ¿dónde ibas? ¿A llamar a la policía? Preguntó uno de ellos acercándose a mí.
Eran seis hombres, todos jóvenes y corpulentos de raza negra que llevaban en sus manos unos ganchos de hierro.
El que parecía líder se acercó a mí… y mirándome de forma lasciva, dio unas vueltas a mí alrededor, intentando amedrentarme.
Yo la verdad es que estaba tan asustada como mis compañeras, nunca nos habíamos sentido tan indefensas como en aquel momento.
Leyendo mis pensamientos, el líder siguió mirándome fijamente a los ojos… vosotras sois siete, y nosotros solo seis.
-Qué te parece si te sientas cómodamente y observas con atención como jugamos con tus compañeras. Después te llegará tu turno a ti… Desde siempre me he sentido atraído por las chicas con uniforme, creo que el hacerlo con una enfermera da morbo ¿no crees?
Retrocedió unos pasos y tuvo que comprobar mi semblante de pánico. Pero el continuó hablando.
-Sabemos perfectamente que estáis solas, durante siete horas estaremos incomunicados, vosotras y nosotros. Nadie nos escuchará porque este centro está en medio de un bosque solitario, vuestro jefe fue sabio al construir esta residencia en este lugar.
Se alejó de mí, y se acercó a Silvia, que seguía llorando, observé su rostro de desesperación y ordenó.
-Dejarme a mí a la más jovencita. ¡Vamos chicos manos a la obra! El hombre alzó un pulgar en señal de triunfo y acto seguido se dirigió con su mano a abrirse la bragueta del pantalón, arrastrando a Silvia hacia un rincón del salón.
-¡Nooooooo! No pudimos tolerar aquello, y nuestro grito fue al unísono. Eso les enfureció más y acercándose uno a mí, me introdujo en la boca una servilleta de tela, y cogiendo esparadrapo del bolsillo de mi uniforme me cerró la boca a cal y canto.
Escuché un chirrido de una puerta, y observé como Marta desaparecía arrastrada por uno de ellos.
A mi lado estaba otro hombre, que echó la cabeza hacia atrás a Patricia y la besó intensamente. Por más que busqué en mi mente una forma de expresar mis sentimientos hacia lo que estaba viviendo, no encontré nada. Mi cuerpo parecía querer abandonarme, las piernas se flexionaron y caí de rodillas. No podía divisar apenas nada, mis ojos estaban empañados en lágrimas.
Fui escuchando sus alaridos de terror, y más tarde sus gemidos de dolor. Los gritos de mis compañeras desaparecieron sucesivamente, en el silencio de la noche.
De pronto sucedió todo, escuché los gritos de terror de nuevo, pero estos no provenían de mis compañeras, eran las voces de los hombres, quienes gritaban despavoridos.
Uno de ellos corrió hacia mí, trastabilló, agitó los brazos y cayó al suelo de bruces.
Me quedé boquiabierta cuando un residente se acercó a mí y me quitó la servilleta de la boca y me ayudó a levantarme.
-Gracias, muchas gracias musité con un hilo de voz. Pero me quedé paralizada por el terror, aquel residente había muerto hacía algunos años ya…
Entonces la vi a ella, llevaba el pelo desaliñado, no llevaba maquillaje alguno… era Joaquina a quien cariñosamente llamábamos Jackie.
Y fueron llegando uno a uno, salían por las paredes, por las rejillas del aire acondicionado, primero era como una especie de niebla, y en el momento de pisar el suelo, se convertían en seres humanos de nuevo.
Busqué a mis compañeras, unas tenían los ojos desorbitados por el terror, Marta estaba… ¡oh Marta estaba muerta! Oculté mi rostro entre las manos y sollocé.
Uno de ellos estaba destrozando a un hombre, solo veía pedazos de carne, huesos y mechones de cabello ensangrentados.
No daba crédito a lo que estaba viendo, una lucha encarnizada entre esos hombres y aquellos quienes nos defendían. ¿Almas, zombis?
Me sentí mareada bajo aquel olor nauseabundo y ya no pude distinguir nada más.
•      * * *

Por enésima vez señora, soy el teniente Romero, de la brigada criminalista. Tiene que contarme exactamente qué fue lo que ocurrió la noche del 18 de septiembre.
-¿Mis compañeras? Pregunté y volví a implorar. ¿Por favor dígame como están mis compañeras?
- Una de ellas murió, las demás están ingresadas en diversos hospitales de la comunidad. Los hombres todos ellos murieron de una manera atroz. La única que salió ilesa de esa carnicería fue usted… dígame… ¿Por qué lo hizo?
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  • Bueno, al principio, cuando se juntaban a cenar, me recordó a las cenas de aqui, cuando ceno con las chicas de la limpieza. Pero no esperaba un final asi, la verdad, quizás porque no estoy acostumbrado a leerte en estos registros. Pero tengo que reconocer que te ha quedado muy bien, incluido el toque de humor del final. En cuanto al tema de la web, pues por lo que he leido no parece que nadie tenga una solución, aunque eso no hace que desaparezca el problema. A no ser que la compre alguien.
    Te pongo el máximo por no estropearte la media y por el estilo que día a día mejoras, ya toda una profesional, pero me matas con este tipo de tramas, a mi lo que me gusta es cuando te dedicas a transmitir sentimientos guais, que en eso eres única... jajajaja un besote.
    Es un buen relato, la trama está bien hilvanada, pero es un tanto previsible... creo yo, quizás por eso, n pasé tanto miedo. Claro que eso no signfica que no me haya gustado. Saludos
    Querida Lucy, a nosotros también nos encanta verte por aquí.No imaginaba al comienzo del relato que la cosa se pondría tan fea...he visualizado la historia y realmente he pasado... ¡miedo!.:S Un beso muy grande.
    Hola Lucy, simplemente A1. Eres fuera de serie
    Toda una historia de intriga en la que no falta ningún componente. Muy bueno, sobre todo el final.
    ¡Qué ambiente tan logrado, querida Luci! Es ameno y terrorífico a un tiempo. Buen estilo y ritmo trepidante. Un verdadero placer. Un besazo, niña.
    Tu estilo, inconfundible. El tema, mucho más macabro de lo que nos tienes acostumbrados, pero muy bien llevado.
    a pesar del enredo que me provocan tantos nombres seguidos: excelente historia y aunque algo típico, excelente final. Me ha encantado la historia. Un abrazo en forma de letras
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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