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2 min
La novia que nunca fui
Varios |
08.11.08
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Sinopsis

Mis ojos resignados miran al fotógrafo desde el fondo de un musgo verdoso, con ligeros toques de emoción. Las cejas rectas, como dos trazos casi dorados, delimitando el espacio entre la frente y la nariz. La boca seria y taciturna, evadiendo una pregunta que tal vez nadie hizo. Una gran trenza rubia, que aún conservo, cae por el lazo izquierdo de un rostro suave, pensativo y estático, que apenas reconozco como propio. La mano derecha abraza un misal de nácar, y la izquierda reposa y ayuda ligeramente, ya que el peso de la religión es arduo. Una limosnera cuelga bajo mi brazo, blanca como el traje, radiante, como la novia que no era entonces; que nunca fui. El vestido blanco de gasa pomposa esconde mis pies, que, de manera sibilina, bailan danzas ancestrales. Bajo mis pomposas enaguas, los zapatos también puros, del color de la nata brillante donde se acurrucan los sueños. Una medalla de oro cuelga sobre el ardor infantil del pasado, y para rematar el tocado, una diadema de la que cae un velo de tul que me acerca a la divinidad.

Deslumbra la mirada ausente o pendiente del fotógrafo. Sentada sobre un sillón de raso, enfrentada a mi primer acto social en solitario, me resulta imposible recordar el color de aquél día de mayo, cuando fui a comulgar por primera vez; ni la expresión del rostro de mis padres. Una especie de niebla lo esconde todo. No recuerdo nada de ese momento, excepto que entonces, las comuniones se celebraban de una forma sencilla y consistían en una chocolatada con bollos suizos, recién sacados del horno, que mi madre debió comprar momentos antes de la celebración. La familia y unos cuantos amigos, reunidos alrededor del calor del hogar. Y después, la vuelta a la rutina; el lavado cuidadoso del vestido para guardarlo colgando de una percha, próximo a otros cuerpos inertes, como él, envuelto en plásticos para preservarlo del polvo, hasta que se convierta en un recuerdo amarillo, como esta foto desde la que miro mi pasado.

Como la novia blanca y radiante que no era entonces; que nunca fui.
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