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5 min
¡La Otra Vida es Genial!!
Amor |
27.09.21
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Sinopsis

quién sabe...

¡La Otra Vida es genial!

Se debe estar muy bien en la otra vida porque ningún muerto ha vuelto a esta mierda de mundo ni de visita. Seamos sinceros: vejez, dolor, enfermedad y muerte. Lo decía Buda, que de esto debía saber mogollón aunque no se lo dejaron ver hasta que tuvo unos añitos. Seguramente ese retraso le produjo un trauma irreparable. Así que los muertos budistas tampoco han vuelto para contarnos qué tal es el nirvana. En fin, que morir debe estar muy bien.

Sin embargo, ya se sabe que siempre hay una excepción. O más de una, según ande la Fe o la imaginación de cada cual. A mí me encantan esos fantasmas que rondan las estancias de los castillos escoceses, cargados de cadenas y lamentándose con aullidos aterradores.

Yo, personalmente, tuve mi propio fantasma. Creo que era mi abuelo porque se le escuchaba por las noches en el salón de su casa, donde tuve que quedarme a dormir en un sofá cama unos meses tras su fallecimiento.

El salón de mi abuelo era grande, tenía una chimenea de piedra con el escudo de la familia Rosell grabado encima y delante un gran sofá ingles con una mesita para el té. Las paredes estaban cubiertas de cuadros con retratos de personajes muertos hace varios siglos y una mesa de mármol sostenía una pequeña vitrina en cuyo interior reposaba una delicada crátera del siglo 1 antes de Cristo. Un gran mueble bar ocupaba la pared del fondo. Lo heredamos lleno de botellas de vino y de diversos licores que le regalaban sus socios a mi abuelo y del que yo descorchaba una botella o me llenaba una copa antes de acostarme.

Pero, además de todo eso, dos esculturas se sostenían sobre sendas peanas. Una era de mármol y representaba el busto de un bello patricio romano, joven, con la nariz recta y el pelo ensortijado. A ésta, mi abuelo, que era un tanto coñón, la apodó “Roselius”, latinizando su propio apellido (que es mi segundo) como si de un antepasado suyo se tratara. La otra…

Bueno, de esta otra es de la que os quería hablar. Se trataba también de un busto, el de un Papá de Roma, un tal Gregorio noséquenúmero. Era una talla de madera pintada con colores que en su tiempo debían ser bastante vivos y ahora eran un tanto desleídos, cadavéricos podría decirse. El rostro, un tanto macilento, de actitud severa, parecía todavía más enfadado debido a la gran tiara papal que ceñía su cabeza y debía pesarle bastante con su triple corona de metal y sus perlas y piedras preciosas incrustadas. Debió ser un tipo pedante, severo y antipático. Vale, me diréis, qué tiene que ver el papa Gregorio noséquenúmero con los muertos que no vuelven.

No, el Papa de la Mitra pesada y el mal humor no volvió, no temáis. Pero creo que sí lo hizo mi abuelo varias veces, porque, todas las noches, cuando ya llevaba durmiendo unas horas en el sofá cama del salón, me despertaban unos lamentos y unas frases inteligibles cuya voz era similar a la del abuelo y procedían del busto del Papa que, cuando vencido el miedo pude mirar, vi como se estremecía.

Estas visitas se sucedieron durante un par de meses, de forma que me acostumbré a ellas. Pero todos los intentos que hice para entablar conversación fueron inútiles, el seguía gimiendo en una lengua ininteligible.

Un día, al volver de mi trabajo, entré en el salón y el busto del Papá Gregorio noséquenúmero no estaba allí. Mi madre me contó que se lo había llevado un anticuario que se lo había pagado bastante bien. No le dije nada, aunque, como todo el mundo sabe los anticuarios nunca pagan bien por una antigüedad (que luego venden a precio de oro a una clientela de nuevos ricos, en general, snob e inculta)

Mi abuelo volvió, sí, a través de aquel busto que espero le esté amargando la vida a su propietario. Luego no supe más de él. Pero, como he dicho, no dijo una sola frase en cristiano. Espero que haya vuelto a la tumba, al cielo o al nirvana. En ocasiones, alguna noche, me despierto a esas horas en que solía visitarme con sus gemidos y le llamo con la mente y, también, susurrando su nombre.

No contesta, claro.

Digo yo que estará pasándolo tan bien en el Más Allá que ya no quiere venir. Ni a intentar asustarme. Cosa que no consiguió.

Sí, la muerte debe ser algo genial.

 

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  • Los fantasmas, también el de Canterville, siempre han recorrido, muy molestos por cierto, la insalubridad de los lugares húmedos como suelen ser los castillos ingleses, jeje. Y tu texto, divertido, perfecto e interesantísimo, se convierte en una comedia de magia “en varios actos”, en cuya apoteosis, donde no se escucha la voz del oso de las cavernas que hace ladrar al perro de Baskerville en su guarida, un Pontífice noséquénúmero (podría haber sido Bonifacio VIII el más vituperable de los Papas) pierde su facultad apocalíptica para cedérsela al dulce abuelo que nos contaba cuentos y batallitas. Creo, por tanto, y me divierten, los descubrimientos fantasmagóricos que te atribuyes. ¿Será verdad que el alma –para quien crea en ella- está exenta de las propiedades de la materia? –Abrazo amigo Zenon- Stavros.
  • quién sabe...

    Ttoda una vida contigo, amor mío; pero dime ¿sabes dónde estamos?

    Sinopsis breve: quien mata a un maltratador...

    nunca sabes si estás...

    Raices del amor, la vida y la muerte.

    meditaciones en el vórtice.

    El tiempo, esa inapelable escoba con la que dios barre nuestros primeros amores.

    Lo imposible acostumba a suceder con naturalidad. Pero un día se termina. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ (hacía tiempo que no escribía un relato expresamente para TR, amigos. Como siempre, un placer.)

    micro relato filosófico para leer en 10 segundos y pensar un poco más. triller de una desaparición.

    Tenía dejado este lugar web, al que tanto quise. Pero unos pajarillos han venido a visitar mi correo, tirando de mí. Y aquí estoy.

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Mejor ir a mi blog... http://serraniadepalabras.blogspot.com.es/ o ami otro blog: http://severodiletante.wordpress.com/

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