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11 min
La Playa de los Muertos
Suspense |
28.09.14
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Sinopsis

En en el Cabo de Gata existe una bella playa que encierra una apasionante historia

Hace muchos años, cuando  ya tenía suficiente edad  como para poder leer, cayó en mis manos un libro que me llamó la atención. En su portada una preciosa fotografía de una playa. Yo no recordaba haber ido a la costa, ni haber pisado su arena, ni sentir el frescor de sus aguas,  ni la fiereza de sus olas. Aún y así, mis padres juraron que cuando tenía poco más de 2 meses estuve en una maravillosa playa del norte de España, llamada  Zarauz. No es que dudase de esa afirmación, no es que pensara que mis padres me mintieron, pero lo cierto es que con 2 meses no recordaba nada de lo que pude ver ni sentir y ni incluso existía una instantánea gráfica que certificara este hecho, por lo que, esta primera visita a la playa,  nunca la tomé como tal.

Tendría no más de 8 años y me llamó la atención aquél libro de gran tamaño y pesado. Sus tapas eran duras y la fotografía de la portada impresionaba por su color, por esa arena, por esas aguas transparentes,  por esa costa que no tenía forma, y cuya orilla era una perfecta línea recta. No era como ninguna de las playas que había podido contemplar en fotos, era distinta al resto. Tan original, tan salvaje, tan bonita que parecía haber sido concebida por Dios. Me quedé embelesado observando esa fotografía, no podía apartar la mirada de aquella maravilla, acerqué mi vista y contemplé, aún más cerca, como la arena no era tal, sino que estaba formada por diminutas piedras, que la transparencia de las aguas dejaba a la vista su interior y que el azul  turquesa, que como un manto cubría ese mar, resplandecía en toda su inmensidad.

El libro tenía un título muy sugerente, y la playa un nombre terrible,  que no se correspondía con su hermosura. La luz y la belleza nada tenían que ver con ese tétrico “cala de los muertos”. Efectivamente esa maravillosa playa se llamaba Cala de los Muertos  y el título del libro. “Mitos y leyendas. Las playas de España”. No abrí el libro, aunque si me informé que estaba situada en el sur de España, en la Provincia de Almería y en una población llamada Carboneras dentro del Parque Natural del Cabo de Gata. En aquél momento desconocía la existencia de esa zona y ese lugar.

El interior del libro tenía mucha lectura y pocas fotos, por lo que, con mis recién cumplidos 8 años no me apetecía diseccionarlo,  aunque si me hubiera gustado saber lo que contenían esas letras y por ende la terrible historia que encerraba esta playa del Cabo de Gata. Lo único que deseaba era conocerla, estar allí, visitarla, bañarme en esas aguas de color azul turquesa. No quise saber el porqué de ese nombre tan siniestro, de esa oscuridad, de ese pasado, de esa muerte…, de esos muertos.

Pasaron los años y ese libro comenzó a ser abandonado en las estanterías de la casa de mis padres. No había dinero para disfrutar de unas vacaciones en la playa y por ende aún menos de esa playa soñada por mí.

El paso del tiempo no hizo que olvidara ese libro y esa cala, los sueños me transportaban a esa imagen fantasmagórica de una playa en un lugar lejano, de cómo después de mucho caminar, de superar muchas adversidades aparecía ante mis ojos un paraíso del que salían de sus aguas transparente unos seres con la mirada perdida emitiendo sonidos guturales y moviéndose cuan fantasmas. Eran muertos vivientes que salían del mar, que pisaban esa arena formada por piedrecitas y que se acercaban hacia mí para ahuyentarme, para que me marchara de su territorio, de su playa, de la playa de los muertos en la que ningún vivo pudiera existir.

Otras veces tenía otros sueños más terribles. Me veía con mi hermano jugando en la arena haciendo castillos, cuando de repente una cabeza emergía del interior de la tierra, después todo el cuerpo mirando a un lado y a otro y volviendo a sumergirse en las profundidades de la tierra.  Aquellos personajes  parecían venidos de otro mundo

Los sueños se repetían y difícilmente podía dormir. Las pesadillas me hacían la noche imposible. No quería saber cuál era la verdad que encerraba esta cala. Prefería ser un ignorante y descubrirlo por mí mismo. No quise buscar el libro que explicaba la leyenda de esta playa. Sabía dónde se encontraba, quise tirarlo pero me parecía demasiado infantil hacerlo. No creía en el poder de un libro  pero si en su contenido.

Recuerdo que fue con 14 años la primera vez que fui a la playa. Tanta fue mi insistencia, tanto mi sufrimiento, tantas mis pesadillas que pude convencer a mis padres para poder ir a ésa de mis ensoñaciones. Nunca les conté a mis padres la verdad, el porqué deseaba conocer esa playa, tampoco supieron de mis pesadillas, de mis terrores nocturnos, de esa leyenda oscura que encerraba esa cala. Siempre pensé que la mejor manera de curarme era enfrentarme a ella y así lo hice.

Mis padres siempre pensaron que mi obsesión por la playa de los muertos se debía única y exclusivamente a su belleza, a poder visitar una playa paradisiaca única en el mundo y ese año quisieron darme una sorpresa y poder, por fin, tener unas vacaciones, ver por primera vez una playa y que ésta fuera  mi querida y temida  playa de los muertos.

Estaba nervioso pero a la vez ilusionado. Esa noche no soñé, no tuve pesadillas. La cercanía del descubrimiento hizo que ya no imaginase,  porque la realidad estaba cercana.

Estuvimos alojados en un pequeño hotel de un pueblo pesquero llamado Carboneras. Este establecimiento tenía una gran historia. En este pequeño enclave, justo en ese hotel se hospedaron los protagonistas de la mítica película de Lawrence de Arabia, y en sus playas se filmó todas y cada una de las escenas. Lo cierto es que me poco me importaba la historia de ese hotel ni tan siquiera la belleza y el encanto de ese pueblo y esas maravillosas playas que por primera vez en mi ya edad juvenil pude contemplar y sentir. Mi única obsesión continuaba siendo esa playa que no por repetida dejé de recordar.

Una tarde mis padres y yo nos disponíamos a realizar una excursión al pueblo cercano de Mojácar. Con la excusa de encontrarme un poco cansado pude quedarme solo. Era mi oportunidad de descubrir por mi mismo que encerraba de mágico y trágico esa playa. Debía hacerlo solo, no quería implicar a nadie en mi aventura. La única forma de curar mis desvelos era enfrentarme a ellos y así lo hice aquella tarde de agosto.

La cala de los muertos se encontraba a unos 5 Km del hotel. No había medio de transporte que te llevara allí , ni vehículo que me acercara. Pensé por un momento en hacer autostop, pero tuve miedo a que me llevara un desconocido, a que me pudiera secuestrar incluso. No me quedó más remedio que armarme de valor y de condición física, calzarme mis zapatillas y recorrer esos 5 Km. No había tiempo que perder.

Crucé la extensa playa de Carboneras  separada en dos partes por el puerto pesquero y partiendo de allí, siguiendo las indicaciones del plano que había mirado en casa, me dirigí dirección al pueblo de Aguamarga. Si no estaba confundido durante el recorrido debía encontrar la cala de mis pesadillas. Continúe corriendo. Nunca imaginé verme tanto tiempo trotando, quizás no lo pensaba y eso fue lo que me hizo continuar,  sin darme cuenta siquiera del calor y de la distancia que estaba recorriendo. Recuerdo que pasé una fábrica con una gran chimenea que desprendía un humo ennegrecido, a continuación una piscifactoría y pasada ésta una nueva indicación a la derecha me debía llevar a mi destino. Miré con temor esa carrera estrecha sin prácticamente arcén con un desnivel más que  acusado. Temía que me pudiera atropellar un vehículo, como también creí no poder superar esa tremenda cuesta por mis limitaciones físicas y el calor. Aún y así afronté esa subida con valor, los coches pasaban cerca de mí pero sabía que ya estaba cerca y eso me dio fuerzas para continuar. De repente tras un giro un cartel indicaba que únicamente me faltaban 200 metros para llegar a la playa de los muertos. Me sorprendí al ver tantos coches aparcados, tanta gente en ese lugar tan terrible. Todos parecían querer conocer la historia o quizás ya lo sabrían y si los coches llevaran aparcados aquí mucho tiempo quizás podría deberse a que quien bajó ya no subió, a que los vivos fueron engullidos por los muertos… Imaginaba muchas cosas y estaba nervioso.

Un camino a mi derecha y una bajada por una ladera algo peligrosa de no más de 500 metros y de repente esa imagen que vi en el libro, esa arena dorada, ese azul turquesa que resplandecía aún más con el sol , esa costa rectilínea , esa maravilla de la creación, esa pesadilla, esa leyenda se había hecho realidad. Allí estaba ante mis ojos lo que tanto tiempo había esperado. Pisé la arena con cierto recelo por tanto aquello que había soñado. Eran piedrecitas minúsculas. Me acerqué a la orilla y lo único que vi fue un agua transparente y unas olas que parecían querer engullirte. Muchas familias, niños jugando con la arena, algunas gaviotas, pero ni rastro de mis pesadillas. Sin duda que era una playa mágica, pero nada terrible. Solo había vivos,  los muertos se habían escondido.

Me quedé sentado en una piedra mirando al horizonte, a ese mar infinito, esperando que alguien me diese una explicación cerré los ojos y sentí…

Me di la vuelta rápidamente y salí corriendo hacia casa. Debía llegar antes que mis padres para que nadie se diese cuenta. Iba cansado pero con ganas de volver. Sabía que lo había conseguido, que por fin había descubierto la playa de mis sueños y me sentía satisfecho. No lo podía compartir con nadie mi experiencia, porque no quería que me tomaran por loco. Llegué a casa al atardecer me di una ducha y cené con mis padres a los que solo confesé que fui a correr y encontré una preciosa playa. Me acosté.

De madrugada mis padres se despertaron alarmados por mis gritos. Había tenido otra pesadilla.

  • Qué te pasa hijo?? Otra pesadilla más??...Preguntaron mis padres
  • Soñé que tuvimos un naufragio hace muchos años, Que las olas del mar eran inmensas e hicieron volcar a nuestro bote. Íbamos mucha gente. La fuerza del mar arrastró todos los cuerpos hacia una playa rectilínea, con la arena dorada y las aguas azul turquesa. Nuestros  cuerpos moribundos quedaron allí en esa playa sin nombre arrastrados por la corriente.

Es solo una pesadilla hijo. Imaginas cosas que no existen. Duérmete que mañana queremos hacer una excursión a una playa increíble.. Si, tu playa favorita La llaman la de los muertos ..Tu sabes por qué?...

Esa mañana me quedé en el hotel, aduciendo que no me encontraba bien, mientras mis padres se dirigían a la playa de los Muertos. Fui a la sala de lectura y miré un libro que me llamó la atención. En su portada había una playa increíblemente bella  con las aguas transparentes y de color azul turquesa, de forma rectilínea que ya había visto antes. Tuve el valor de abrirlo esta vez  y leer: 

“La playa de los Muertos debe su nombre a la frecuencia con la que históricamente llegaban a sus costas los cadáveres de náufragos o de navegantes, arrastrados por las corrientes marinas que convergían  en este emplazamiento…Hay testimonios actuales  de personas que dicen sentir su presencia, aunque no hay que dar crédito a estas aseveraciones…”

Cerré el libro por fin y supe que nunca más debía abrirlo. Sentí su leyenda y la presencia de esos muertos que dieron nombre a esa playa. Mis pesadillas habían terminado. Había descubierto la verdad.

 

Oscar, 31 de agosto de 2014

 

 

 

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