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4 min
La pregunta
Reflexiones |
05.08.07
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Sinopsis

- ¿Eres feliz?
Hasta ese momento miraba yo la puesta de sol, un abanico impreciso de violetas, naranjas y rojos que se fundían con la línea del mar. Nos gustaba sentarnos allí, en silencio, demasiada grandeza a nuestro alrededor como para osar estropearla con simples palabras. Por eso me extrañó la pregunta, no sé si porque no la esperaba, o por lo que en sí significaba.
¿Soy feliz? Realmente, ¿lo soy?
Porque es distinto ser feliz que estar razonablemente contenta, o íntimamente satisfecha, o simplemente en paz conmigo misma. A fin de cuentas, ¿qué es ser feliz, una idea vaga, un sentimiento profundo, una esperanza ciega? Creo que alguna vez he sido feliz, y en esas ocasiones me di cuenta de que lo era casi por casualidad, como si una parte de mi cerebro me hubiera enviado un mensaje repentino que dijera “esto es la felicidad”, aunque esos momentos pasaban tan deprisa que muy bien podrían haber sido simples sueños, o ilusiones que por un momento tomaron forma y peso.
¿Soy feliz?
No sé como valorar semejante estado. Podría empezar evaluando si estoy donde quiero estar. Supongo que lo estoy, de alguna forma, aunque no es una sensación permanente, siempre hay algún otro sitio donde quisiera estar. Pero digamos que sí, lo estoy, porque si no me siento completamente desgraciada en mi lugar, pudiera ser que soy feliz.
Otra cuestión es si soy quien siempre he querido ser. Esta pregunta es más peliaguda, porque ¿quién soy yo realmente? No sé si soy el producto de muchas circunstancias distintas, el reflejo de lo que otros ven de mí, la programación de una sociedad que me pide que sea x cosas, ensayos y errores que borraron ciertos componentes de mi carácter y abrazaron otros nuevos. No sé si he andado hasta aquí sola, o si me han llevado de la mano, si me han empujado en esta dirección... ni siquiera recuerdo el camino, si a eso vamos. Pero me gusta cómo soy, a pesar de todo, entonces también podría decir que en ese sentido soy feliz, sin saber muy bien cómo ni por qué.
Es difícil esta cuestión, muy difícil. Me he perdido dentro de mí buscando una respuesta, pero en el camino me salen muchas preguntas más, y todas deben ser respondidas. Ese es uno de mis peores defectos (¿se puede ser feliz e imperfecto a la vez?), para mí no hay preguntas tontas, ni preguntas retóricas, todas son importantes. Odio a la duda tanto como ella me odia a mí, y la única forma de vencerla es convertirla en certeza. Sé que eso requiere tiempo y esfuerzo, y pararte a meditar profundamente el sentido de las cosas, pero a mucha gente le resulta desconcertante que me lleve cinco minutos responder al elemental ¿qué tal estás?, sobre todo porque a ellos en realidad no les importa lo más mínimo, y no sólo tienen que tragarse a la fuerza la respuesta, si no encima esperar a recibirla.
Terrible defecto, el mío, pero no puedo evitarlo. Y todo radica en que siempre me pregunto cosas a mí misma, vivo cada momento allá por los abismos de mi mundo, y si de repente alguien entra en ellos planteándome una cuestión en la que no estoy pensando me hundo aún más en las frías aguas de mi ser buscando la respuesta, como los buscadores de corales. Tengo demasiadas preguntas dentro, que se unen entre sí como pez que se muerde la cola, y es por eso tengo tendencia a caer en ese círculo infinito. La gente sonríe y comenta que siempre parezco distraída. Pues no lo estoy, estoy perfectamente enfocada en una búsqueda, que desde fuera puede parecer ridícula o paranoica, pero sin la cual me convertiría en una especie de cadáver ambulante.
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