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6 min
La primera vez que lo vi
Amor |
14.04.13
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Sinopsis

La primera vez que una chica y un chico se ven, desde el punto de vista de ella.

Recuerdo aquel día a la perfección. Salimos a cenar para celebrar que Viky había conseguido plaza en la Escuela de Arte. Estábamos emocionadas, sabíamos la ilusión que tenía.

    Entramos en el restaurante, que como de costumbre se encontraba atestado, pero  éramos clientas tan asiduas, que nunca teníamos problema en obtener sitio. Si aquellos tableros hablasen, sin duda, tendrían mucho que contar.

      Desde las escaleras, lo único interesante que vi, era una mesa ocupada por tres chicos que llamaron mi atención por el escándalo que producían, dentro del ya alborotado ambiente del local.

     Seguimos al camarero, ese chico tan simpático que siempre nos atendía con una sonrisa de alambres. Caminamos entre las mesas, con la gente mirándonos por el sonido que provocaban nuestros zapatos contra la madera del suelo, hasta que llegamos a la nuestra. Justo delante de la de los chicos.

       Me senté junto a la cristalera, frente al chico de ojos azules que al mirarme, provocó un escalofrío que recorrió mi espalda como si hubiese pasado el dedo despacio sobre mi piel desnuda. ¿Sería consciente del poder que tenían aquellos ojos? Sus acompañantes tampoco estaban mal.

     Estuvo toda la noche mirándome. Al principio, evitando que yo me diese cuenta, apartaba rápido la mirada cuando se cruzaba con la mía. Después no le importó y la mantenía firme, sin vergüenza, sin apenas sonrojarse. La verdad, a mí no me intimidaba, al contrario.

       Comentó algo a uno de los chicos que le acompañaba, y este decididamente se acercó a nuestra mesa, le pidió a Ana que se levantase y se sentó a mi lado. Me dijo al oído

                -Mi hermano dice que le gustaría saber que hay debajo de ese top.

       Sin levantar la vista del plato sonreí ante aquello, me hizo gracia porque me pareció muy sincero. Lo que cualquier chico estaría pensando, no tuvo reparos en decírmelo, exponiéndose incluso a recibir un bofetón.

        Su hermano volvió con ellos. Ahora era yo la que no podía dejar de mirarlo, sin darse cuenta derrochaba encanto.

        Puso la manos sobre el cristal junto al que estábamos sentados, hizo vaho y dibujó un corazón en el que escribió quiero besarte. Si con aquello creía que me asustaría, se estaba equivocando. Me gusta jugar.

      Hice lo mismo y dentro del corazón que dibujé, escribí atrévete. Me comí una cucharada de helado y me pasé la lengua por el labio superior, mientras jugueteaba con la cucharilla. Provocándolo. Ahora le tocaba a él. Sabía que podía arriesgarse, ya había demostrado gran valentía con su comentario. Aun así, su reacción me sorprendió.

      Sin dudarlo, se levantó y vino a nuestra mesa, apoyándose en ella se acercó a mí de forma chulesca y sin decir nada, me besó. Olía a fresco. Intentó retirarse, entonces lo cogí por el cuello de su camisa de marca, tiré de él nuevamente hacia abajo y le di un beso largo. Un beso con sabor a chocolate y Coca-Cola. Un beso que le dejó descolocado.

              -Ahora ya puedes dejar de mirarme, ¿no? –le dije sonriendo con indiferencia.

     No respondió, únicamente, volvió a su sitio mientras sus amigos daban golpes en la mesa haciendo que todo el local los mirase.

       Creía que con eso sería suficiente, le había demostrado que no me amedrentaba, pensé que sus ganas de jugar se habían terminado, pero me equivocaba.

       Fui al baño, para retocarme antes me marcharnos y pasé por su mesa sin mirarlo. No quería que se equivocase y le diese más importancia de la que tenía. Para mí, ninguna.

       Vino detrás y me cogió del brazo, reteniéndome. El contacto de su mano con mi piel me provocó una sensación de inesperado placer. Superando el cosquilleo que sentí cuando me miró.

               -No puedes hacer eso –me dijo.

          -Claro que puedo –respondí sonriendo altiva, como si no hubiese sentido nada-. Puedo hacer lo que quiera.

            -Pero…

         -Pero ¿qué? Te he dicho que te atrevieses y lo has hecho. Asumo las consecuencias. No le des más vueltas, solo ha sido un beso.

            Entré en el baño de chicas esperando que se fuese y así poder asimilar la reacción de mi cuerpo, mi corazón latía muy deprisa, pero se quedó tras la puerta entreabierta, observando cómo volvía a pintarme los labios. De reojo, vi que no dejaba de mirarme, así que lancé un beso al aire, pero supo que era para él.

            -Todavía sigues ahí –le dije al salir, como si no le hubiese visto desde el baño. 

          A pesar de hacerme la interesante, no que quería que aquello terminase así. El cosquilleo que sentí cuando me tocó, me hacía pedir más.

             Saqué del bolso un lápiz de ojos, lo abrí y le levanté la manga de la camisa. Con él, escribí sobre su brazo mi teléfono.

          -Ahora tú también puedes hacer lo que quieras –le dije. Si él también quería más, tendría que dar el siguiente paso.

            Volví a la mesa, las chicas ya habían pagado y estaban recogiendo sus cosas para marcharnos.

           -¿Qué te ha dicho? –me preguntó Ana.

           -Nada, solo le he dado mi teléfono por si me quiere llamar –respondí como si no me importase aquello.

          A mí, ese tipo de cosas nunca me importaban, ellas sabían que me aburría pronto, pero esta vez era distinto.

         Cuando volvió, ya salíamos una detrás de otra. Yo lo hice la última, andando despacio, sabía que me estaba mirando y quería que no le quedase ninguna duda de que debía llamarme.

          Desde la calle, al pasar junto a la cristalera tras la que continuaban sentados, le miré y seguí mi camino entre risas. Esa fue la primera vez que lo vi.

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