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11 min
LA QUINTA LINEA
Terror |
10.04.09
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Sinopsis

La onda de una emisora de radio puede llegar a lugares inpensables. Asi lo supo un solitario locutor de un programa nocturno.

La imagen que el espejo le devolvía era la misma de todas las tardes. El milagro que esperaba no se realizaba y tanto el paso del tiempo como la indefinida melancolía que le acompañaba estaban allí en su rostro, infaltablemente. Sonrió y siguió afeitándose.
Pensó que no encajaba en el estereotipo publicitario del hombre que alegremente se afeitaba todas las mañanas, él lo hacia a la caída del sol, antes de cenar, cuando recién se aprontaba para ir a trabajar. Es que su trabajo no era precisamente normal, conducía un programa radial para trasnochadores que se iniciaba a las 11 de la noche.
Mientras comenzaba a vestirse pensó que después de todo era afortunado en tener ese espacio de tres horas en una de las emisoras mas escuchadas de la ciudad, aunque fuera en un horario secundario en desigual combate con la televisión.
Le había costado mucho convencer a los directivos sobre las bondades de su idea, que por cierto era muy sencilla. Comenzaba con música e intérpretes de los 50, 60 y 70 que despertaran nostalgia en un público maduro en busca de algo más que la anestésica y uniforme programación televisiva antes de dormir. A la medianonoche abría los micrófonos a los oyentes, para que inducidos por la nostalgia contaran sus problemas que eran luego discutidos y analizados por todos. Esa música tan popular como clásica, raramente propagada por las radios y el oculto pero siempre atrayente deseo de enterarse de los problemas de los demás para compararlo con los propios y aun tener el derecho de opinar, eran los atractivos que habían empujado su programa hacia adelante pese a las críticas que recibió y seguía recibiendo.
Los temas musicales que propones ya murieron para el publico, había dicho uno de los responsables de la emisora y todavía lo sostenía pese los buenas mediciones de audiencia. La polémica sobre el acompañamiento musical del programa parecía que lo iba a perseguir por siempre.


Subió a su auto y condujo hasta el cercano restaurante donde le esperaba la solitaria cena de todas las noches. La silenciosa comida contrastaba con la multitudinaria mesa familiar que había sido su escenario natural por décadas. Sus hijos habían crecido y alejado del hogar. Su matrimonio sostenido artificialmente por las diarias preocupaciones de una multitudinaria familia se fue disolviendo lenta y nostálgicamente. Hacía poco mas de un año que se había separado de su esposa, renunciado a su trabajo como corresponsal de una cadena nacional de TV y había regresado a su ciudad natal a golpear las puertas de la radio donde había comenzado su carrera en un pasado que ya parecía pertenecer a la eternidad.
En el restaurante casi ni le preguntaron que prefería cenar pues sus hábitos se habían transformado en muy predecibles.
Mientras comía lentamente repasó lo que había sucedido en el programa en las ultimas semanas, que pese a no estar en ningún guión ni proyecto había contribuido decididamente a lograr altos niveles de audiencia y atemperar por el momento las duras criticas internas a su estilo.
En un principio pareció un problema técnico. A los pocos programas la última de las cinco líneas telefónicas reservadas para que entraran las llamadas de los oyentes se bloqueaba exactamente a la medianoche. En el momento en que comenzaba a abrir el micrófono a su público la “quinta línea” dejaba de funcionar y solo se oía un monótono zumbido.
El veterano técnico de la emisora que nació, creció y vivía entre todo lo que fuese capaz de transmitir algo, no pudo hallar el problema. Todo era normal hasta la medianoche y la falla desaparecía al finalizar el programa, ya pasadas las tres de la mañana. No había explicaciones coherentes y para ser una tonta broma, era demasiada complicada y costosa, repetía el frustrado ingeniero, ajustándose sus anteojos.
Una noche la luz de la quinta línea se encendió. Eran exactamente las 12 y no dudó en abrirle el micrófono. Se escuchó una voz, suave y firme; imposible de definir si pertenecía a un hombre o a una mujer. Solo dijo un nombre y un apellido y colgó. La línea volvió a cortarse y todo terminó. Lógicamente que el tema de esa noche fue esa llamada y se hicieron mil especulaciones sobre su autor y respecto a quien pertenecía el desconocido nombre divulgado sin otros detalles. Le desconcertó que ningún numero apareciera en el captor en el momento de la llamada.
Nada sucedió por algo más de una semana cuando inesperadamente una medianoche la quinta línea se habilitó y la misma voz pronunció otro nombre, esta vez de mujer.
Sin siquiera pedirlo la discusión entre los oyentes se centralizó en la intrigante llamada pero esta vez tomaría un camino no previsto. Un hombre llamó sollozando diciendo que se esposa había muerto pocos minutos después de escuchar su nombre en la radio y entre insultos amenazó con demandas y cosas peores.
Al otro día al llegar a los estudios le esperaba la policía. A decir verdad los investigadores estaban tan desconcertados como él o aun mas pues le informaron que también había muerto el primero de quienes fueron nombrados, casi al mismo tiempo que se irradió su identidad.
Nada parecía tener sentido pues le dijeron que ambas muertes eran naturales e incluso causadas por males que se arrastraban hace mucho tiempo. Querían saber que conocía el sobre ese oyente y le pidieron colaborar en la investigación.
No les vio mas pero el hizo todo lo posible por encontrar explicaciones. Repasaron con los técnicos todas las posibilidades de identificar el origen de esas llamadas, pero no hallaron pistas coherentes. Parecen venir del mas allá, le dijo su amigo el ingeniero.
Lo mismo le diría la señora de la limpieza, prácticamente su única compañía en las madrugadas donde el hacia también de operador de audio y lógicamente no había nadie en las oficinas.
Yo escuche un día que las ondas de radio no se detenían nunca y se propagaban por el espacio, vaya saber adonde le oyen a estas horas locas, quizás en el mas allá, donde no duermen como la gente normal, había sentenciado apoyada en su atronadora aspiradora.


Finalizó de tomar su café, salió del restaurante sin apurarse pues solamente restaba un viaje de pocos minutos hasta el céntrico edificio de la emisora.
El tema lógicamente le seguía preocupando y pese a que hacia ya un tiempo que no recibía las intrigantes llamadas, de noche en noche algún oyente lo recordaba y reiniciaba una siempre atrapante ronda de especulaciones.
Llegó a la radio, saludó al guardia de seguridad, quien le entregó un sobre con el rótulo de urgente. Lo fue abriendo en el ascensor. Era una nota del directorio firmada por su eterno y consistente enemigo. “Mañana a las 10.00 AM tenga el bien de presentarse en mi despacho. Pasados los efectos de su truco de las llamadas a la quinta línea es hora de replantear su enfoque musical al espacio. Saludos.”
Respiró profundamente, arrugó el papel y lo arrojó a una papelera, ante la regañona mirada de su ya amiga de la limpieza que recién había terminado de vaciarla.


Las desiertas y silenciosas oficinas de producción le devolvieron la tranquilidad. No dejaría que pensamientos negativos fueran a influir en el programa que empezaría en poco rato; mañana sería otro día y seguramente sortearía con suerte las criticas que le esperaban. Esbozó el guión musical de esa noche y lo hizo mas tradicionalmente clásico que nunca como venganza anticipada.
Se cruzó en el pasillo con el locutor del programa deportivo que le antecedía y apenas lo saludó pues quería llegar al estudio donde se sentía seguro y en paz. El operador le entregó los controles y se fue rápidamente como todas las noches.
Cuando inició el programa sintió que sus manos estaban húmedas a causa de un sudor frío. No puede ser que la reunión de mañana me haya puesto así, no hay duda que me estoy volviendo viejo, pensó.
Todo fue normal hasta la medianoche cuando la luz de la quinta línea se encendió. Aun no se había planteado ningún tema, así que anunció al aire que seguramente esa noche la misteriosa voz estaría presente. Con cierta aprensión le dio paso. Solo se oyó un nombre. El de él.




El sudor frío se hizo helado.
-¿Esta es una broma?, preguntó.
Increíblemente esta vez la voz seguía allí y contestó.
- No, lamentablemente no es una broma
La luz seguía encendida. Hizo un esfuerzo para que su voz fuera normal.
- ¿Pero quien es usted?
- La muerte.
- Déjese de bromas y permítanos seguir con el programa en paz.
Las luces de todas las líneas no paraban de parpadear; también las de la central telefónica de la emisora que no estaban habilitadas para salir al aire; todos querían participar. Broma o no esta noche el programa tomaba un rumbo atrapante.
- No es una broma, usted lo sabe y la policía y sus oyentes también. Me permito informarle que le quedan pocos minutos, salude al público y vámonos.
Por primera vez en su carrera se quedó sin palabras. Nada parecía real. Lamentó esta vez no tener a alguien que le acompañara para que le ayudara a razonar. De todas maneras comenzó a percatarse que si todo era verdad estaba realizando un reportaje en directo a la propia muerte. Sorprendido por la alocada idea, otra vez respiró hondo.
- ¿Desde donde me llama?
- Desde el mas allá.
- Imposible.
- Por que imposible. Aunque suene raro es mi hogar.
- No me puedo imaginar a la muerte utilizando este programa para anunciar desde el más allá a los elegidos que se irán de este mundo. Sinceramente no tiene lógica y suena a ridículo
- Más ridículo es morirse sin previo aviso. La verdad que siento lastima por quienes no tienen la suerte de que yo les contacte antes. A veces llego en el último instante y les susurro al oído y todo ocurre con mayor tranquilidad.

Tragó saliva. Tenía miedo de ese desquiciado y comprendió los temores de la policía de que fuese un asesino en serie. Sin embargo, razonó, no mataba a nadie pues las personas que nombró simple y naturalmente murieron. ¿Y si todo fuese verdad? Alejó ese pensamiento pues pensó que entonces quien se estaba volviendo loco era el. Debería seguir adelante y en minutos abrir las líneas a los oyentes que se agolpaban para intervenir.
- Sinceramente no le creo, necesito una prueba.
- Ya tuvo dos y en segundos tendrá la tercera, cuando su corazón deje de latir.
- Mi corazón esta sano y aun tengo mucho por hacer.
- No me desilusione, eso lo dicen todos.
- Tengo muchas preguntas para hacerle.
- Y yo pocas respuestas que ofrecerle.
- Usted conoce muchas verdades.
- Y usted esta a punto de conocerlas.
- Reitero mis dudas. La muerte no tiene por que estar llamando a este escondido programa de una remota radio de una perdida ciudad, para hacer esos fatídicos anuncios. Debe de haber métodos más tradicionales y celestiales o más modernos como los mensajes de texto o Facebook.
- Es que a mi también me gusta la buena música.......



La encargada de la limpieza se acercó al cristal del estudio extrañada por la ininterrumpida emisión de temas musicales pese a que en todas las consolas titilaban las llamadas de impacientes oyentes.
Lo vio sentado, sólo, quieto, muerto.
Una amplia sonrisa de paz y satisfacción bañaba su rostro.

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  • Inquietante.
    Buen relato.
    Aún hablando de un tema, que no me gusta nada, como es "la muerte" has creado una lectura de suspense... me ha gustado mucho compañero, seguiré leyendote...un saludo.
  • Eligio un destino atrapante para sus vacaciones...demasiado atrapante.

    La onda de una emisora de radio puede llegar a lugares inpensables. Asi lo supo un solitario locutor de un programa nocturno.

    Un pequeno detalle cambio la historia.

    La inmensidad del Universo puede ser solo una cuestion relativa...y peligrosa.

    Un solitario avion atraviesa la noche. Cosas extranas pueden suceder a bordo.

    Las personas invisibles existen. Son mas comunes de lo que se piensa y cualquiera de nosotros puede serlo.

    El miedo la perseguia desde la infancia. Ya adulta comprobaria que sus peores pesadillas serian realidad.

    Tenia un poder escondido; debia demostrar a todos lo que podia hacer aunque significara la destruccion total.

    Pese a la opinion de la protagonista de esta historia, lo que usted va a leer es una nueva version del tradicional cuento infantil. (fe de erratas) El verdadero titulo de este cuento es: SOBRE HOMBRES LOBOS Y EL COLESTEROL, pero no cabe en el espacio reservado para este. Paciencia.

    Un viejo hotel, un tranquilo balneario... y de pronto las vacaciones familiares se hundiran en un paisaje de terror.

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