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10 min
La Rata Que Posee La Obscura Llama
Fantasía |
10.03.15
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Sinopsis

Zeura, una ciudad en la que se respira corrupción y muerte en cada rincón, nuestro protagonista, el pequeño Feith, huérfano criado en las calles, intentara hacer valer aquel derecho que se nos obsequia al nacer, aquel que Zeura insiste en arrebatarle. El derecho de vivir.

La Rata Que Posee la Obscura Llama (parte 1) El tintineo metálico de las llaves, despertó al niño, cuando el guardia se detuvo frente a la celda, Feith ya se había parado de un brinco. El hombre con el pelo desaliñado, los ojos enrojecidos y el rostro decorado con cicatrices, Media dos metros o mas, una altura poco habitual. El temible gigante, vestido con la coraza tachonada y ribetes azules, característica de la guardia Zeuriana, contemplaba a Feith, con una mirada que al andrajoso niño de apenas 11 años, no le era ajena. Las "Ratas" como se les decía a los pequeños que vivían en las calles de la zona baja de Zeura, conocían muy bien esa mirada. Era una mirada de profundo desprecio. Para Feith, eso era moneda común, y tristemente se había acostumbrado a ello. En Zeura, la inocencia era un lujo, que solo los niños de familias acaudaladas, se podían permitir. Y a su corta edad Feith había visto y oído cosas, con las que ningún niño de alta cuna, habría soñado ni en su pesadilla mas mórbida y oscura. La noche había sido larga para Feith, que llevaba poco más de un día encerrado. No podía decidir que le dolía mas, si eran los brazos el estomago, o el rostro hinchado y palpitante. Mientras se palpaba buscando huesos rotos, noto que tenia la cara cubierta de sangre seca y mocos. Me debo ver como un pedazo de mierda, pensó Feith mientras ponía en orden sus ideas. E intentaba recordar que había echo para terminar allí. Capitulo 2 Profeta: Era la primera vez que Feith intentaba robarle a un vendedor ambulante, y había salido terribl,emente mal. Para el niño era simple, mientras el hombre montaba su bochornoso show de tónicos mágicos que prometían una abundante cabellera o Curar la impotencia en poco menos de una semana. Feith se escurriria dentro del vehículo. Claro que los vendedores que llegaban en los pequeños carromatos a vender esa mierda no se quedaban mas de dos o tres días, en un mismo sitio. Eso les aseguraba, que no los destriparan por estafadores. Feith se arrodilló delante de la gruesa y baja puerta de roble y saco el punzón con mango y la horquilla. Logro hacer girar el mecanismo mas rápido de lo que esperaba. Desde dentro el carromato era muy distinto, las paredes estaban forradas de algún tipo de tela roja, similar al terciopelo, apenas visible debido los millones de frascos y botellas de todos los colores y tamaños que había en las numerosas estanterías. Llamo la atención del niño una pequeña mesita, que estaba cubierta por un mantel, pero no tenia nada encima, eso le pareció sospechoso, al retirar el manto floreado pudo ver que tenia una pequeña puerta con bisagras doradas, para su suerte no estaba cerrada. Adentro Había una caja que parecía de plata, con unos detalles en oro en la tapa, Feith no pudo evitar sonreír, al fin su suerte estaba cambiando, ya estaba pensando en los manjares que iba a comprar, hace dos días que no comía, y el pan rancio que solían tirar la panadería de St. Everlight le estaba causando indigestión crónica. jaló rápidamente, y se escuchó un clic seguido del sonido de una campana fuera del carromato. Algo había atrapado su mano por la muñeca, un lazo se cerró y amenazaba con cortarle la circulación, Feith fue presa de la desesperación y el pánico. El lazo era de algún metal flexible que brillaba como la plata, intento abrirlo, utilizó toda la fuerza con la que contaba, sin éxito , se estaba quedando sin tiempo. La campana seguía sonando, tenia unos pocos segundos antes de que el comerciante entrara, o algo peor, un guardia. Buscó desesperadamente algo con filo, tomó una botella de la estantería y cuando se disponía a romperla, la puerta se abrió a tal velocidad, que se estampó, y varias botellas cayeron y se rompieron. El terror lo abrazo al ver al vendedor de tónicos, blandiendo una espada, que estúpido había sido, Aso me lo había advertido, Pensó Feith. -Si valoras tu vida, jamás le robes a los vendedores de los carromatos - dijo Aso. Cuando le pregunte porque, solo se limito a decir. - no son como tu y yo - - Y eso, porque ? - Aso, no respondió. Al ver al niño detenidamente, la furia en la cara del hombre se desvaneció, bajo su bigote, su boca dibujo una fina línea. Feith siempre había pensado que era bueno adivinado en que pensaban las personas, solo observando los rostros, pensó, gran parte de su vida, que era lo único en lo que era bueno, pero este hombre no le decía nada, en que pensaría?. Esa incertidumbre, lo aterrorizó aun mas. Aquí estas - dijo el vendedor - Se que te llamas Feith, mmm raro nombre por cierto - -Como me conoce!- grito el niño, con la voz entrecortada por el miedo. -Tranquilo, esto no interferirá con lo que vendrá- -jajajaja- El hombre rompió a reír como si estuviera loco. - Pero eso tu no lo podrías saber. Que estúpido soy, jajajaja. -Una fortaleza Blanca, con un craño como rey- Feith no podía encontrar sentido alguno, a las palabras del vendedor, acaso el hombre estaba loco?. Cuando se dispuso a hablar, el hombre se puso un dedo entre los labios para hacerlo callar. - Shhhhhhh- - Lo siento niño, pero no puedo interferir con lo que viene ahora - - pasen por aquí- dijo el vendedor en voz alta. Dos guardias entraron por la pequeña puerta, Feith sintió que el lazo se aflojaba,pero, no había nada que hacer estaba atrapado. De inmediato los hombres lo tomaron, uno de cada brazo y lo llevaron afuera. Donde esperaba un tercero. El niño intento tensar los músculos de vientre para resistir el golpe, que le dio de lleno en el estomago. mientras boqueaba sin aire, adolorido, un puño se estrelló en su nariz, cegandolo de dolor. Pero Feith no lloro ni suplico, no les daría esa satisfacción. - puta rata!- profirió uno de los guardias. Mientras Feith observaba su sangre goteando, repiqueteando en el suelo de tierra, sentía dolor, pero ahora el dolor físico había sido eclipsado por un dolor mas fuerte, mas profundo. Ver su sangre le recordó el día, que comenzó a sentir odio y asco, por ese gigante corrupto, ese asesino implacable, que se había llevado la vida de tantas ratas y le había arrebatado a su mejor amiga, su compañera, y que tarde o temprano se lo llevaría a el, "Zeura". Lo asalto la imagen de la menuda niña de un año menor. Que a pesar de la mugre, propia de las ratas, no se superponía a sus rasgos finos y delicados, mierda!, Auri habría sido la mujer mas bella de la ciudad. Capitulo 3 Regalo: de Cumpleaños Empezaba a oscurecer, y Auri aún no aparecía, desde aquella tarde en que la niña le había suplicado a Feith, que la dejara ir sola al vasar. Ya habían transcurrido unas dos horas, y el niño temía lo peor, "siempre temía Lo peor", no dudo en dirigirse apresuradamente al vasar del centro de la ciudad. El alivio que sintió Feith fue mayúsculo cuando la encontró, apollada en un poste, Auri tenia la costumbre de distraerse mucho cuando estaba en el centro de Zeura. El admiraba la capacidad que tenia la niña de maravillarse casi con todo, cada bardo, artista callejero, los shows montados por los vendedores oportunistas y hasta los predicadores gritando desde arriba de tarimas, todos eran un espectáculo digno, que Auri simplemente no podía dejar pasar. Feith pudo notar que su amiga llevaba puesto el vestido que la niña había encontrado y había arreglado, que solo usaría en ocasiones especiales, decía ella, estaba bellísima. la pequeña estaba inmóvil, de espalda a la calle principal. El fuerte viento otoñal hacía ondear su largo cabello negro. Feith se acercó a ella con sigilo, el sigilo que solo logran los descalzos y encallecidos pies de una rata. Quería sorprenderla, y cualquier intención de regañarla, había desaparecido, Auri provocaba eso. La permanente sonrisa con la que la niña enfrentaba toda situación, era el único alimento que Feith necesitaba para enfrentarse a esa mierda de vida. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Feith poso su mano en el hombro de Auri. - nooooo!!- La niña emitió un grito de terror, a tal volumen que lo hizo retroceder, cuando Auri se volteó, A Feith se le corto la respiración, no creía estar contemplando aquél horror. La parte delantera del vestido celeste estaba teñida de rojo, y la niña se presionaba el abdomen con ambas manos, manos que intentaban detener la catarata de sangre que bajaba por su vestido hacia sus pies y formaba un charco en el suelo. La cara de miedo y dolor de Auri se desvaneció al ver a su amigo, y como si nada hubiera ocurrido la niña sonrio. -Feliz cumpleaños Feith- -lo siento, perdí el obsequio- Dijo la niña con voz calma, y luego se desplomo en el suelo. Feith la tomó rápidamente entre sus brazos. -Quien te hizo esto?!!- Grito Feith, desesperado. -Te gusta mi vestido?, me lo puse para ti Feith- Dijo Auri en voz muy baja, sin dejar de sonreír. Feith levanto a Auri en brazos y corrió por la calle principal en busca de ayuda. Suplicó, imploró, pero nadie la ayudo, simplemente los ignoraron. Pero claro, cuanto valía la vida de una rata?, un mugroso niño menos robando y mendigando en las calles, parecía un buen negocio para la clase media y alta. Finalmente Feith callo de rodillas, vencido con la garganta destrozada, el niño estaba desesperado su amiga moría y no podía ayudarla. -Que debo hacer?! Que debo hacer?! Que debo hacer?! Que debo hacer?! Que debo hacer?!- Repetía una y otra vez, cuando Auri tomo el rostro empapado de lagrimas de su amigo, con sus dos pequeñas manos y le dijo, -Vive!- para luego dar su ultimo suspiro de vida.
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