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32 min
La re-evolución del hombre
Varios |
04.09.15
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Sinopsis

La re- evolución del hombre es una sátira política que explica de un modo humorístico, el por qué los gobiernos autoritarios y con ansío de poder toman decisiones nefastas e incrédulas. Cuenta como el organismo de un presidente socialista, invadido por sus ideales, sufre una revolución por el órgano más ignorado y subestimado: el apéndice, quien con sus ideas logra convencer a los demás órganos sobre la necesidad del cambio político actual, llevado por el cerebro, con el fin de destituirlo y ocupar su función. Por ello el presidente socialista (el Sr. Napoleón Mora) y su organismo, se enfrentarán a una serie de eventos que cambiará por completo su vida.

 

Las decisiones nefastas de un gobierno autoritario ansioso de poder, me llevaron a creer que no piensan con el cerebro; sino con su apéndice”

 

    El Sr Napoleón Mora se subió a la tarima ante incesantes aplausos de una colectividad eufórica, se puso frente al micrófono, observó la gran marea roja que se alzaba ante sí, enarbolando las banderas de su partido, mientras uno que otros la tremolaban incesantemente. Dio sus primeras palabras, el chirrido del micrófono causó un silencio total en el público ansioso de escuchar el discurso de su líder, que aunque era el mismo de su primera elección, les volvía a iluminar el rostro aquellas promesas que quedaron sin cumplir, siempre con la esperanza de que esta vez, ahora sí, serian cumplidas. El Sr Napoleón Mora comenzó a hablar sin cesar, promocionando su modelo socialista e igualitario, que causó en sus oyentes una expresión constipada e hipnótica inigualable, aquel repetido discurso parecía ser mágico, quizás la idea de los imperios atacantes y la destrucción de las clases sociales causaban interés, o temor, era incomprensible saber con ciencia exacta lo que les podría causar, lo único certero era que les llevaba a ver al Sr Napoleón cómo el único capaz de resistir aquellos ataques imperiales que deseaban tomar las riquezas del país. No sólo el discurso causaba efecto en el público, habían otros oyentes que nadie podía ver, nadie podía escuchar y mucho menos tocar: los órganos del Sr Napoleón; quienes en plena quietud y tratando de evitar el más mínimo ruido escuchaban aquellas palabras que resonaban de las cuerdas vocales. El corazón después de latir velozmente, disminuyó sus latidos para bajar el volumen de sus ruidos cardiacos, los pulmones trataban de expandirse sólo lo suficiente, para evitar lo más mínimo sus ruidos respiratorios, y los intestinos trataban de apaciguar su peristaltismo, todo para escuchar fuerte y claro aquel mágico discurso; pero había alguien que ningún órgano había tomado en cuenta, quizás por no tener una función importante en el organismo, o quizás porque jamás se había dejado ver, era el apéndice, quien al escuchar de nuevo las palabras del discurso referentes a la igualdad social, se armó de valor y salió de entre las vísceras, luego de años de sentirse ignorado, aprovechando la oportunidad para exclamar con ahínco y furor:

— ¡Escuchad atentamente lo dicho, nadie debe estar por encima ni por debajo de nadie, todos somos iguales!

    Los demás órganos se sobresaltaron al ver aquel diminuto y alargado personaje, se miraron uno con otros sus rostros interrogantes: ¿Qué es eso?, ¿Será un órgano, o un adenoides? ¿No como que es un parasito? Se decían entre ellos.

— No soy ni un adenoides ni mucho menos un parasito, soy como todos ustedes: un órgano.

    Las palabras del apéndice causó una inhalación de asombro entres sus oyentes, mientras se generaban diversas interrogantes, principalmente en el corazón, quien molesto por la interrupción que le hizo perder el hilo del discurso bramó << ¿Y cuál es tu función? >> Despertando la atención en los demás órganos, las miradas acechantes  se clavaron en aquel misterioso personaje.

— Mi función hoy, es hacerles saber a todos ustedes mis compatriotas, mis camaradas — dijo acordándose de aquellos adjetivos usados en el discurso — que hoy vivimos bajo un mandato autoritario, fascista, delegado por un único responsable: El cerebro. — No tardó en dejarse escuchar diversos murmurios, acompañados de miradas acechantes y confusas. — Si no me creen, — continuó el apéndice — pregúntense ustedes mismo… Por ejemplo Señor Corazón ¿Cuándo empezó a trabajar?

    El órgano, con su rostro malhumorado se quedó pensativo, cambiando su expresión, como si el recuerdo que le invadía le trajera confusión.

— Ya ni recuerdo el primer día de trabajo, sólo sé que ocurrió aun estando este organismo en el vientre materno.

— ¡Santas células madres! — Exclamó el apéndice — al parecer tienes muchos años trabajando, y ¿Cuándo le gratificaron con un día de descanso?

— En realidad, jamás he tenido un día de descanso — el apéndice pareció sorprenderse.

— Ni mientras duerme el organismo.

— No, trabajo las 24 horas del día.

— ¡Igual yo! — Exclamaron los pulmones —. Trabajamos desde el primer día fuera del vientre materno, y hasta hoy no hemos tenido un día de descanso.

— ¡Ni nosotros! — Dijeron los riñones al mismo tiempo —. Jamás hemos descansado un minuto, siempre hemos estado filtrando desde líquido amniótico, hasta líquido alcohólico. — y así empezaron más órganos a sumarse al debate.

— ¡Pues ya lo ven! — Exclamó el apéndice —. Necesitamos una revolución para promover la evolución del nuevo hombre, donde los órganos tengan independencia laboral sin que ningún otro órgano le mande, lo contrario a lo que hace el cerebro en estos instantes… necesitamos un nuevo modelo que permita un día no laborable a todos los órganos del cuerpo, como recompensa por su duro trabajo, y además, se reparta equitativamente la glucosa del organismo, no como ahora lo hace el cerebro, quien es el órgano que más glucosa consume a diario, dejando al cuerpo con sólo las sobras — Todos afirmaron ante cada palabra del apéndice — debemos hacer valer nuestros derechos… acordaos: Todos somos órganos, no siervos de nadie

    Terminada de decir estas palabras, los órganos comenzaron el jolgorio, exclamando la consigna propiciada por el apéndice: ¡Todos somos órganos, no siervos de nadie! La tiroides observó todo silenciosamente, se dirigió al cerebro quien se encontraba concentrado en el discurso que acaba de concluir el Sr Napoleón Mora.

— Disculpe majestad, pero algo está ocurriendo — el órgano la miró con sus ojos cansados, respondiéndole con habla pausada

— Que puede ser tan importante, como para interrumpirme en unos de los momentos más trascendentales

— El apéndice ha promovido una revolución usando las mismas ideas del discurso socialista

— ¿Está segura?

— Muy segura, lo acabo de ver con mis propios ojos — El cerebro suspiró y clavó su mirada al suelo:

— Debí haberlo visto venir… Gracias tiroides, ahora debo ir a enfrentar mis propios ideales.

    El cerebro salió de su cavidad craneana, encontrándose con un organismo enfurecido, que avivó los ánimos al verle salir, haciéndose escuchar con más firmeza aquella consigna: ¡Todos somos órganos, no siervos de nadie!

— ¡Que alguien me explique el motivo de esta rebelión! — exclamó el cerebro, buscando al rebelde que propició sus ideas socialistas en el organismo

— Aquí no hay nada que explicar, usted sabe lo que está haciendo y por ende se supone que todo ya está explicado — habló el revolucionario

— Apéndice Viejo amigo, como has crecido tanto, quizás tu orgullo sea mayor que tu función — Los órganos sorprendieron ante aquella respuesta irónica, observaron al apéndice, quien a pesar de la ofensa, se encontraba sonriente y tranquilo

— El error de los grandes, desprestigiar a los de abajo, al que trabaja en beneficio del organismo; predicas el socialismo, pero aplicas el fascismo… Te recuerdo, todos somos órganos, no siervos de nadie

    La multitud volvió a enloquecer, gritando consignas en contra del cerebro, este observaba todo muy irritado, aunque quisiese responder parecía no tener derecho de palabra, emitió con voz fuerte y clara las siguientes palabras, causando un total silencio entre sus oyentes:

— ¿Quieren que yo siga mandando? — la multitud no tardó en responder ¡No! — Entonces… — dijo firmemente — Yo tampoco quiero el mando —. Se retiró hacia su cavidad craneana al concluir, jamás volviéndole a ver, tal vez así lograba darse un descanso y dejar que los órganos aprendieran por su propio peso una lección.

    Los órganos comenzaron a celebrar tal triunfo, al fin reinaba la Autonomía en el organismo, podían ejercer sus funciones independientemente, el hígado emocionado fue el primero en gritar ¡Que el apéndice sea nuestro nuevo líder! Respondiéndole otros órganos ¡Sí, que sea el apéndice!, mientras le aplaudían y agradecían por su propuesta en pro del cambio.

— Señores, agradezco su apoyo, pero para ser líder todos deben estar de acuerdo, además no creo que me elijan, a alguien cuya función es cuestionada, fuese como si no existiera… ninguno ha pasado por eso, por lo que creo que no deben sentirse identificados conmigo

— ¡Yo sí! — gritó el bazo, continuando.- El cerebro creía que un organismo podría sobrevivir sin un bazo — se escuchó el murmurio entre los presentes

— También dijo que el organismo podría sobrevivir perfectamente con un solo riñón- dijeron unísono los riñones

— Y que el intestino podría ser más corto, así abarcaría menos espacio- hablaron las tripas

— Comprendo su actitud, también decía que la apéndice era tan sólo un órgano que la evolución había dejado atrás, pero como ven la evolución terminó por dejar atrás al cerebro, para re-evolucionar, para cambiar hacia el bien del organismo. Si solo el corazón, los pulmones y el estómago me dieran su aprobación, de inmediato tomo el cargo y me vuelvo su líder por el bien del organismo.

    Todos clavaron las miradas en estos tres órganos mencionados, haciéndoles sentir tal presión que inmediatamente les hizo aceptar. Un nuevo jolgorio se formó en celebración de su nuevo líder.

— Gracias compatriotas, de seguro no les defraudaré, mañana se le será notificado los nuevos reglamentos en pro de la evolución— Se retiró de nuevo a su lugar en medio de diversos aplausos.

    Los intestinos y el Bazo se reunieron junto al apéndice, quien de inmediato les dio la bienvenida y les hizo pasar, acogiéndoles con toda gratitud, en ese mismo instante llegó una gran carga de glucosa transportadas por camiones de insulina. El apéndice no tardó en probar el cargamento, consumió gran parte de la mercancía casi instantáneamente bajo un expresivo rostro placentero, llamo a sus visitantes, animándoles a probar la glucosa,  estos de inmediato aceptaron y acabaron con el camión de insulina en tan solo unos minutos, dándose una nueva orden para la traída de nuevo cargamento. La puerta de la guarida sonó, con golpes secos y simultáneos, el bazo la abrió de inmediato, dándose cuenta que se trataban de glóbulos blancos (el ejército del organismo), quien hizo acto de presencia para presentarse ante su nuevo líder:

— Majestad, soy el teniente Eosinofilo, estoy a su disposición, mi deber es servir al organismo y al líder ante agentes extraños perjudiciales… ¿Podríamos hacer algo por usted?

     El apéndice limpio su boca de los restos de glucosa, les saludó, y con rostro pensativo aceptó la propuesta, haciéndoles pasar a su guarida, justo a tiempo para disfrutar con sus acompañantes del camión de insulina repleto de glucosa que estaba aparcando, para acompañar junto con charlas referentes a planes para la evolución.

    Al día siguiente todos los órganos esperaban incesantemente los nuevos reglamentos que impondría su nuevo líder, el corazón latía rápidamente y los pulmones sufrían de taquipnea, no sabían si todo aquello era debido al ejercicio que realizaba el Sr Napoleón Mora, o en realidad su nerviosismo era tan grande, que no podían ocultar su inquietud. Un gran ejército de glóbulos blanco empezó a desfilar frente a la guarida del apéndice, todos los órganos se sorprendieron y estiraban sus cuerpos para alcanzar ver con mayor claridad, primera vez que veían al ejército haciendo tales espectáculos. Los glóbulos blancos se detuvieron, y cuando se creía que habían terminado, empezaron a entonar una canción que para los órganos tan solo era desconocido el ritmo, pues la letra les parecía familiar, cayendo en cuenta que se trataba del discurso que había dicho el Sr Napoleón en cada elección, sin perder algún detalle de las palabras dichas, resaltando con énfasis y entonación las frases referentes al socialismo e igualdad social. Terminado el espectáculo el ejército concluyó estático, se abrió tras de ellos las puertas de la guarida, que causó una furia de aplausos que invadió a todo el organismo. El apéndice hizo acto de presencia junto al bazo, saludando con ahínco y entusiasmo, saludando de una nueva manera que causó conmoción, ya que nadie jamás lo había hecho: elevar un puño al aire. El apéndice luego prosiguió con su discurso, su voz pareció tranquilizar a los órganos, puesto que callaron deseosos de escuchar a su líder:

— Hoy es un día importante para el organismo, hoy se crean los nuevos reglamentos que impondrán la evolución de un modelo igualitario e incluyente… — continuo el apéndice tras un largo discurso, del cual repetía tratando de que no se olvidara las idea socialista que se implementaba, con beneficios jamás visto para los órganos —. De ahora en adelante se cumplirán los siguientes reglamentos:

— 1) Todos los órganos tienen derecho a un día de descanso, comenzando a partir de mañana martes, el cual será otorgado al Corazón, el segundo día, el miércoles, a los pulmones, el tercer día, el jueves, a los riñones — y así continuó el apéndice asignando días hasta terminar por concederle a todos por igual, prosiguiendo — al acabar los días de la semana, se reiniciaran los día correspondientes de descanso a cada órgano — todos aplaudieron, callando al escuchar de nuevo hablar al líder.

— 2) Todos los órganos recibirán equitativamente los niveles de Glucosa, ninguno podrá recibir ni más ni menos, acordaos, estamos en un modelo socialista — Se volvieron a escuchar emocionantes aplausos. Continuando el apéndice:

— 3) Ningún órgano será manejado, mandado u hostigado por otro, aunque su función sea vital en el organismo o aunque su función no sea vital en el organismo; todos somos órganos, no siervos de nadie — Concluidas las palabras, el público volvió aplaudir, celebrando aquellos reglamentos que se habían implementado, todos guardaron silencio esta vez no por la voz de su líder, sino por los glóbulos blancos que iniciaron de nuevo aquella canción de inicio, similar al discurso del Sr Napoleón Mora, mientras el apéndice la cantaba con su puño erguido al aire como forma de saludo a sus seguidores, quienes no tardaron en imitar su señal.

    Al otro día todos los órganos estaban deseosos de al fin ver a un órgano descansar. El corazón quien era el primero en hacerlo le había llegado el momento, todos posaban sus atentas miradas en él, que a pesar de querer detenerse parecía no lograrlo, sus latidos seguían tan constantes como siempre, pues, no sabía cómo parar; toda su vida había trabajado que nunca aprendió a no hacerlo, siendo animado por el resto de los órganos para que hiciera el intento y se tomara el descanso que bien merecido se tenía. Después de varios intentos al fin el corazón se detuvo, deteniéndose simultáneamente con él todo el tráfico del organismo, se detuvieron los camiones de hemoglobinas repletas de oxígenos, así como los de insulina repletos de Glucosa, todo pareció paralizarse en el organismo, acumulándose en las células cantidades de CO2, que hizo tornar a todos los tejidos de un color azulado. La tiroides al ver el mal aspecto que había tomado el organismo no tardó en decir << Vale más trabajar mucho y que todo marche bien, que trabajar poco y que todo marche mal>> Los pulmones al escuchar aquel refrán lo comentaron entre sí, luego al corazón y así se expandió por todos los órganos, quienes no tardaron en juzgar a la tiroides como una envidiosa dolida por la caída del régimen anterior. El Corazón a pesar de estar detenido sin hacer nada, se sentía tan cansado, mientras los pulmones parecían trabajar más, tenían que expandirse rápidamente para solventar la escases de un recurso que el cuerpo imploraba. El apéndice al ver los camiones de glucosa detenidos a causa del descanso del Corazón, de inmediato dio la orden del cese, pronunciándose el bazo desde el balcón de la guarida hacia todos los órganos:

— Lamentablemente, es necesario que el corazón cese su descanso, su importancia para el organismo es primordial, por lo que a partir de hoy queda derogado el descanso exclusivo para este órgano

    El corazón se sintió mal, pero todo aquello parecía cierto, su importancia era crucial para el buen funcionamiento del organismo, por lo que orgullosamente y con la frente en alto reanudo su trabajo, mientras los demás órganos le aplaudían y le veían como un héroe, normalizándose todo el tráfico mientras los tejidos se sonrojaban nuevamente.

    Al otro día, los pulmones eran esta vez los ansiosos por tomar su primer descanso, pero esta vez no había mucho optimismo en los demás órganos, escuchando entre rumores << Ojalá los pulmones no sean tan importantes como el corazón, los pobres se ven que desean descansar — o — esperemos que su paralización no nos perjudique como lo hizo el corazón>> todas estas habladurías terminaron por causarles cierto nerviosismo, pero aun así decidieron intentarlo, deteniendo su función; aunque raro pareciese la reacción fue parecida a la anterior, sólo que esta vez el tráfico no se paralizó, los camiones de hemoglobina en vez de ser cargados con oxígenos estaban siendo despachados con CO2, lo que origino de nuevo el color azulado en los tejidos. El corazón se aceleró, latía rápidamente tratando de satisfacer una necesidad no cumplida del organismo, que al parecer, no lograba solventar, se sintió tan cansado como el día anterior cuando tomo su primer descanso. El apéndice se percató de la situación, viendo como sufrían las diversas células del organismo, por lo que inmediatamente ordenó el cese, el bazo de nuevo se pronunció desde el balcón de la guarida hacia todos los órganos:

— Lamentablemente, es necesario que los pulmones cesen su descanso, su importancia para el organismo es primordial, por lo que a partir de hoy queda derogado el descanso exclusivo para estos órganos

    Los pulmones entristecieron, volviendo a retomar su función, mientras los demás órganos próximos a la toma del descanso perdían las esperanzas, resonando en sus mentes aquellas palabras que criticaron y burlaron de la tiroides << Vale más trabajar mucho y que todo marche bien, que trabajar poco y que todo marche mal>>. Así fue cada órgano tomando su descanso, con tanto temor que al hacerlo miraban desesperado a su alrededor, y, al ver los cambios desfavorables que se producían, ya al momento de ver salir al bazo al balcón de la guarida, estaban resignados y sólo repetían entre dientes el pronunciamiento predecible <<Lamentablemente, es necesario que cesen su descanso, su importancia para el organismo es primordial, por lo que a partir de hoy queda derogado el descanso exclusivo para este órgano>> quedando el organismo sin días de descanso, salvo el bazo y el apéndice, que podían descansar y aun así no causar un daño desfavorable para el organismo, siempre con el pretexto de que sus funciones van mucho más allá del mantenimiento.

    Los órganos se resignaron y retomaron sus actividades normalmente, además no descansar no les perjudicaba, más bien el descanso si parecía hacerlo, más les quedaba el consuelo de la dosis equitativa y generosa de glucosa que les proporcionaban diariamente, permitiéndoles trabajar con mayor energía, y lo que siempre recordaban, no sabían si era por el discurso convertido en himno que se empezó a cantar todos los días al amanecer y al anochecer, o porque de verdad querían recordar, era sobre la independencia lograda, no estar conectados a un órgano que les ordenase enviando señales eléctricas por doquier, eso les gratificaba y llenaba de confort, el estar viviendo para la re- evolución del hombre.

    Así pasaron los días, todo parecía ser tan magnifico, a diferencia del tráfico que cada vez parecía congestionarse más, pero lo más extraño que veían los órganos era la cantidad de camiones de insulina que se veían circular, que multiplicaba en cantidad a los camiones de hemoglobina, y aunque causaba interés, no le daban mucha importancia. Mientras en la fábrica del Páncreas los islotes de Langerhans trabajan incesantemente para producir cantidades inconmensurables de camiones de insulina, para satisfacer la demanda creciente de glucosa originada por el apéndice: Una cantidad favorable iba directo para los glóbulos blancos, allí se incluía la paga de sus trabajos a favor de la re-evolución y un extra para su disfrute, otra parte iba directo al líder y sus allegados, y lo demás lo repartían equitativamente a cada órgano, parte que tan sólo correspondía a una cuarta de lo que utilizaban los líderes y leucocitos, de esta manera el apéndice ganó la confianza del ejército y sus allegados, siendo poco probable una traición.

    A medida que pasaban los días la producción de camiones de insulina parecía aumentar, por lo que los islotes de Langerhans comenzaron a deteriorarse y disminuir su producción, almacenándose grandes cantidades de glucosa sin recolectar, lo que produjo un hígado graso, y un aumento sin límite de tejido adiposo. Al momento de la repartición las cuentas no le cuadraban al apéndice y mucho menos a sus allegados, si repartían la misma cantidad de glucosa a los órganos de la que estaban acostumbrados, no gozarían de la cantidad de glucosa de la que ellos habituaban, por lo que se reunieron en un consenso para llegar a un acuerdo. Al amanecer salieron los glóbulos blancos a marchar y cantar el discurso convertido en himno nacional, al terminar su parte se retiraron. La puerta del balcón de la guarida se abrió. Todos miraron atentamente y tan emocionados, tenían días sin ver al apéndice por lo que no estaría mal echarle un vistazo, pero no se trataba de su líder sino del bazo, lo que les hizo decepcionar, pero aun así seguir atentos a lo que les iba a decir:

— Estimados compatriotas, hoy tengo la desdicha de informarle tan lamentable noticia. Nuestra fábrica el Páncreas ha sufrido un atentado, los islotes de Langerhans han sido deteriorados… de inmediato fueron abiertas las investigaciones pertinentes y todos nos llevan a un culpable- Todos los órganos se mostraban tan tenso y se miraban uno con otros en busca del criminal, continuando el bazo- ¡El cerebro!- se ocasionó un inunde de gritos de asombros- fue él quien atacó y destruyó nuestra preciada fábrica El páncreas, para que no se cumpliesen los objetivos de la re-evolución. Lamentablemente todo esto nos lleva a la disminución de sus pagos con glucosa, pero al solventar la problemática nos comprometemos a aumentar su paga con retroactivos. De ahora en adelante estimados camaradas atentos ante cualquier situación irregular, el cerebro nos acecha con el objetivo de eliminar nuestra re-evolución que nos llevó a la independencia, debemos recordar ¡Todos somos órganos, no siervos de nadie!

    Al terminar estas palabras, el bazo se retiró de nuevo a la guarida, mientras los órganos se quejaban y maldecían al cerebro, escuchando a la tiroides hablar << El culpable busca quien cargue las maletas de las consecuencias >> estas palabras se regaron por todos los órganos tal como pasó la primera vez, a diferencia que algunos parecían darle la razón, más sabiendo que el primer refrán profético de la tiroides no terminó siendo tan inverosímil, lo más cultos caían en cuenta del porqué se veían marchar tantos camiones de insulina, todo debido al exceso de producción que les obligó el gobierno y les llevo al deterioro del páncreas, mientras otros como el hígado seguían creyendo en el atentado del cerebro, temiendo por un nuevo ataque. Así como se regó por todos los órganos las palabras de la tiroides, el apéndice no fue la excepción en saberlo, cayéndole de mal gusto aquel comentario, más aun sabiendo que instigó al debate político. Con una señal hizo venir a su ejército, en su gran mayoría leucocitos jóvenes entrenados y partidarios de la re-evolución.

— Acaben de una vez por toda con la tiroides — dijo con autoritarismo. El ejército se retiró con sonrisas en sus rostros

    Al amanecer salió el ejército a cantar el himno matutino, pero esta vez los órganos no cantaban, todos comentaban entre sí los ruidos escuchados en la noche provenientes desde la tiroides, y a su sorpresa amaneció destrozada e inflamada, como si un grupo de jaurías la hubiese atacado. Luego de terminar el himno la puerta del balcón de la guarida se abrió, todos seguían conversando entre sí, quizás porque sabían que simplemente iba a salir el bazo, pero para su sorpresa les habló el apéndice, haciendo aquella señal de puño erguido hacia arriba. Todos miraron para verle, quedando atónitos de impresión, ya el apéndice no era delgada y alargada, ahora era robusta y redonda:

    Estimados compatriotas- dijo el líder- tengo el desagrado de anunciarles que nuestra amiga tiroides ha sufrido un ataque inesperado, estoy tan sorprendido como ustedes, lamento su pérdida. Como pueden ver se han iniciado las investigaciones pertinentes y todo nos señala que ha sido de nuevo una emboscada hecha por el cerebro, quien iba a pensar, ser atacada por su exmandatario. Hoy se realizará una ceremonia en honor a la tiroides de la cual todos están invitados, debemos gratificarle el haber formado parte de esta re- evolución, todos somos tan importante para llevarla a cabo, que cualquier daño sufrido es de nuestro interés — y así se fue expandiendo, hasta caer de nuevo en sus ideas socialistas que lograron la independencia del organismo.

            Al terminar el apéndice el discurso y devolverse a la guarida, el teniente Eosinofilo le esperaba no muy amigable:

— Disculpe majestad, pero fue un gran error el haber atacado a la tiroides, debía consultarme

— Y desde cuando una ley me obliga a consultarte una acción- le respondió adusto

— ¡Es que no entiende majestad! acuérdese de los días de descanso, eso nos demostró que todos los órganos son importantes para el buen funcionamiento del organismo, no debemos ir a asesinarlos por muy en contra que este de nuestros pensamientos políticos, la tiroides crea hormonas esenciales, sin ellas podemos estar frente a una enfermedad llamada hipotiroidismo…

— ¿Qué quieres decir con eso?- le interrumpió el apéndice- ¿acaso dudas de mí?

— No señor, solo quiero advertirle que no se deben seguir asesinando a más órganos

— ¿Sino qué? — El teniente respiro hondo, respondiendo firmemente

— Tendré que oponérmele y resistir

— Era todo lo que quería escuchar — dijo el apéndice, el bazo salió de un rincón de la guarida pasando la tranca de la puerta, ante el rostro lívido y lleno de terror del teniente. Desde ese día más nadie volvió a verle.

    Los órganos cada día trabajaban más forzados, la ración de glucosa se les disminuía con el paso de los tiempos, por lo que la energía no les bastaba para cumplir sus funciones con normalidad, solo en alto gobierno se podían ver diversos camiones de insulina repletos de glucosa, a diferencia de lo que veían los demás órganos, que les parecía  ya un milagro ver un camión de insulina, por lo que al verles, todos salían corriendo a encontrarles esperando su ración. Mientras que la glucosa en sangre seguía en crecimientos sin camiones de insulinas que le transportara hacia los diversos tejidos y órganos, produciendo daños en los vasos sanguíneos, causando hipertensión arterial. Los riñones no podían devolver toda la glucosa de nuevo a la sangre por su exagerada cantidad, por lo que terminaban eliminándola por la orina, más la presión dañaba su buena irrigación. Los riñones no eran los únicos afectados por el incremento de glucosa en sangre, los ojos también empezaron a padecer ciertas patologías. Uno de los riñones se sentía irritado, aunque había apoyado el nuevo sistema, ahora el sistema parecía volvérsele en su contra, por lo que indignado se dirigió a la guarida del apéndice exigiendo soluciones a la problemática que estaban viviendo, su hermano trataba de tranquilizarle, pero parecía imposible, éste seguía gritando al apéndice y sus secuaces. Un ejército de glóbulo blancos salió y tomó al riñón, apartándolo de su hermano, quien gritaba y pedía que le dejasen ir tranquilo, pero los leucocitos parecieron ignorarle llevándose al riñón protestante adentro de la guarida << ¿Que harán con él?>> le grito el riñón al ejército << sólo el líder hablará con él>> le respondió uno de los glóbulos blancos, la puerta de la guarida se cerró. Luego de varias horas de zozobra salió el riñón, todos los demás órganos le miraban y hacían comentarios entre sí, su hermano le recibió lleno de dudas.

— ¿Qué pasó hermano, que te han hecho?- le preguntó

    Pero este no respondió, parecía ser otro, tan solo se ubicó en su lugar postrándose definitivamente, quizás quería tan solo descansar. Al pasar los días la salud del riñón se fue deteriorando, ya no ejercía sus funciones a totalidad, por lo que su hermano tenía que ayudarle a realizar su trabajo, trabajo que costaba por la poca cantidad de glucosa que recibía y no le permitía obtener la energía necesaria. Así paso el tiempo hasta que el riñón dejó de funcionar por completo, su hermano le lloraba descontroladamente, que hasta los otros órganos le acompañaban en su dolor. La puerta del balcón de la guarida se abrió, todos miraron a ver quién salía, viendo acercarse al apéndice, algunos se preguntaban qué había pasado con el bazo, después de tanto tempo viéndole parecían extrañar su presencia:

— Estimados compatriotas, me uno a ustedes en este gran dolor que les embarga por la pérdida del riñón, otra víctima de los ataques realizados por el cerebro, pero hoy más que nunca debemos estar comprometidos con la re-evolución, recuerden que la independencia la hemos logrado gracias a ello — expandiéndose en un nuevo discurso, que muchos no prestaban atención, algunos murmuraban entre sí << si estuviera la tiroides viva, ya hubiese dicho un refrán certero>> poniendo en duda las palabras que decía su líder.

     Ya el apéndice estaba por concluir su discurso, cuando algo les asombró, haciéndoles temblar todos sus cuerpos, los órganos gritaron y salieron corriendo, mientras una mano enguantada se introducía al organismo, y con pinzas en manos extrajo por completo al riñón. El apéndice se introdujo en su guarida tan asustado, temía tanto que parecía morir del miedo, cayendo en desmayo cuando vio pasar sobre sí aquella mano, pero no fue por él, sino por el bazo agonizante que reposaba en su guarida, retirándolo por completo. Los órganos sorprendieron al ver al bazo irse en aquella mano enguantada, cayendo en cuenta el por qué jamás le volvieron a ver. El apéndice a pesar del susto que había sufrido, agradecía tanto que se hubieran llevado a aquel molesto bazo, pensaba que se iba a podrir en su guarida, pero no fue así, ahora si podía disfrutar satisfactoriamente de toda la glucosa sin tener que compartirla con aquel órgano que cada día le exigía más, sabiendo que cada día había menos glucosa que compartir, tan solo quedaban los intestinos y los leucocitos. El apéndice sabía que no podía dejar de dar glucosa al ejército, porque así como hicieron daño al riñón, la tiroides y el bazo podían hacerle daño a él, pero si podía disminuir el consumo al intestino << si tan sólo fuera más corto. — Pensó en soledad en su guarida — tal vez consumiera menos glucosa>>

      Los órganos no se sentían muy a gusto en el organismo, el malestar se podía ver en cada uno de ellos, menos en el hígado, que seguía optimista en la re-evolución, mientras cada día su funcionalidad disminuía por la grasa que se acumulaba en sus tejidos. El apéndice sabía del malestar que se estaba evidenciando, por lo que los glóbulos blancos aumentaron en el organismo, para vigilar a todos y cada uno de aquellos órganos, cualquier comentario negativo a las nuevas políticas era suficiente para un ataque autoinmune, aquello les recordaba a los órganos los impulsos eléctricos que les enviaba el cerebro para ejercer su función, a diferencia que fueron sustituidos por leucocitos. Ya todo parecía perdido, había resignación, el organismo parecía estar condenado, se creía que no había otro mal mayor al que estaban pasando, cayendo en cuenta de la disminución de la funcionalidad del intestino, este parecía no absorber la cantidad de nutrientes a la que estaban acostumbrados los órganos, viendo con impresión como una parte del colon estaba totalmente necrosada, todos comenzaron a comentar con mucho enojo de lo que se habían percatado. El apéndice al enterarse del malestar causado en el organismo por el daño hacia los intestinos, salió al balcón de la guarida. Todos exclamaron al verle, que grande e inflado se veía, en algunos aspectos parecía tomar forma del cerebro. Habló con voz tosca:

— Estimados camaradas, lamento informarles sobre el nuevo ataque sufrido por el cerebro en contra del organismo, nuestra estimada compatriota los intestinos, ha sufrido un daño grave en una de sus partes del colón, por ello debemos reforzar nuestras creencias re-evolucionarias y…

— ¡Al diablo con la re-evolución — grito enfadado el Corazón — Todo se ha ido a la mierda por esta re-evolución! por ello cito las palabras de una vieja amiga. “El culpable busca quien cargue las maletas de las consecuencias”— Enseguida, los glóbulos blancos rodearon al órgano — ¡Si quieren mátenme, pero les aseguró que por mí todos moriremos!

    Los leucocitos se fueron encima del corazón, pero los pulmones se le interpusieron  << ¡Abajo Cadenas! >> gritaron. El riñón alzó su voz, seguido por el estómago, todos unidos a destituir al apéndice. Los leucocitos no podían hacer mucho, los órganos le superaban en tamaño, por lo que algunos hicieron retirada, mientras el apéndice resoplaba de furor, pareciendo inflamarse con cada inhalación. Los órganos se detuvieron, viendo con asombro de nuevo la mano enguantada que entraba con sus pinzas, el apéndice no se percató, tan sólo miraba con enojo a todos los órganos mientras les gritaba blasfemias, y en un abrir y cerrar de ojos aquel órgano era llevado por la mano fuera del organismo, quedando sólo en el recuerdo aquel grito que desprendió al momento de su partida.

    El señor Napoleón Mora al fin parecía recuperarse de su salud, luego de días de hospitalización que le llevaron a varias intervenciones quirúrgicas, su familia le visitaba a la clínica y agasajaba con enormes obsequios. Mientras a las afueras, el pueblo se enardecía exigiendo un cambio a las políticas erradas tomadas por el Sr Napoleón Mora, políticas que les llevaron a la miseria y crisis económica, realizadas cuando su apéndice, era quien mandaba en su organismo.

 

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  • Nirvania, un reino ubicado en una distante isla, es invadida por la última de los hechiceros (Débora de Castañer) junto a sus tropas de Ernies. Crisol (la princesa de Nirvania) es encerrada por la hechicera en una lejana isla, bajo una prisión tejida por árboles encantados. Su destino de soledad y muerte es cambiado gracias a unos novatos piratas que, junto a su timonel “el capitán mutilado”, arriban por accidente a la isla, luego de que una tormenta les haya hecho cambiar de coordenadas. Uno de los jóvenes piratas llamado Bartolomeo, tras rescatar a la princesa, ofrece llevarla en su desventurado viaje que, gracias al mapa encontrado en el collar de la joven, les hace cambiar su destino hacia Nirvania, en busca de la cabeza de Lince. Crisol, por temores, se niega a revelarle su verdadera identidad de princesa y, por interés en rescatar a sus padres —¬-sabiendo que pondría en juego la vida de los piratas—, no les advierte del peligro que podría enfrentar al llegar a su reino, dominado ahora por Débora de Castañer y su ejército de Ernies. Esto antes, de que ambos jóvenes empezaran a sentir extraños sentimientos inexplicables. ¿Podrá Crisol rescatar a sus padres y al reino de las garras de Débora, teniendo en cuenta los diversos peligros que tendrá que enfrentar por mar y tierra?

    I capitulo de mi novela. Espero que les guste.

    La re- evolución del hombre es una sátira política que explica de un modo humorístico, el por qué los gobiernos autoritarios y con ansío de poder toman decisiones nefastas e incrédulas. Cuenta como el organismo de un presidente socialista, invadido por sus ideales, sufre una revolución por el órgano más ignorado y subestimado: el apéndice, quien con sus ideas logra convencer a los demás órganos sobre la necesidad del cambio político actual, llevado por el cerebro, con el fin de destituirlo y ocupar su función. Por ello el presidente socialista (el Sr. Napoleón Mora) y su organismo, se enfrentarán a una serie de eventos que cambiará por completo su vida.

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