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6 min
La reina y la doncella
Terror |
03.11.14
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Sinopsis

Siempre se dijo que las mosquitas muertas eran las peores...

Todo comenzó un día en el patio del colegio, María estaba jugando con Clara a un juego, el juego del gato y el ratón, el favorito de María. Llegó la hora de volver a clase, Jone, la profesora, salió en busca de todos los niños que seguían jugando despreocupadamente, alborotados y divirtiéndose mientras las hojas de los árboles caían suavemente sobre el suelo, el otoño había llegado al fin.

-No quiero volver.-Le dijo María a Clara.-Quiero seguir jugando.

Clara se quedó callada mientras todos sus compañeros entraban en clase. Ellas se habían quedado detrás del enorme tobogán amarillo, por lo que la profesora no se dio cuenta de que faltaban, eran demasiados niños para que los controlara una sola persona, y aunque era una mujer con mucha experiencia, no se había percatado de su ausencia.

-Podemos quedarnos a jugar un rato.-Contestó Clara por fin.

Salieron de su escondite cuando se hubieron asegurado de que no quedaba nadie más ahí, no querían ser regañadas ni castigadas, solamente querían jugar un poco más.

María se subió a las escaleras del tobogán, que sobresalía en una estructura con forma de castillo, era como una pequeña fortificación de madera pintada con colores chillones. Clara la siguió, como hacía siempre, y jugaron a que eran las propietarias del castillo, María sería la reina y Clara su doncella, a lo que Clara no se mostró muy favorable.

-¡Yo no quiero ser la doncella!-Farfulló Clara cruzando los brazos.

-Pues lo vas a ser, yo soy la reina, ¡Te lo ordeno!-Le respondió María con aires de ser superior.

-Siempre tienes que ser tú la reina.-La expresión de Clara se tornó enfadada.-Estoy harta, yo también quiero ser reina.

-Pues no, la reina soy yo, siempre he sido yo y no voy a permitir que me lo robes.-Le contestó María, adquiriendo un tono demasiado autoritario.

Clara se quedó callada, era una chica tímida que no hablaba mucho, y como María siempre quería tener la razón en todo y el papel protagonista, Clara solía aceptar lo que mandase, o por lo menos solo se quedaba muda cuando María emitía una orden o una réplica.

Finalmente, Clara adoptó el papel de doncella una vez más, y por de pronto pareció estar conforme con su nuevo rol, María por su parte, seguía obnubilada en su mundo de reinas y princesas.

-Debemos vigilar el castillo mi reina.-Dijo Clara haciendo una reverencia.-No podemos dejar que nuestros enemigos tomen la fortaleza.

-Tienes razón doncella, debemos vigilar desde arriba del todo.-María comenzó a escalar hasta lo alto del tejado del castillo, y Clara la seguía por detrás como un perro fiel.

-¡Bien! ¡Hemos escalado la cima!-Gritó María cuando hubieron llegado a lo alto de la estructura.

-¡Mira mi reina!- Dijo Clara señalando con el dedo hacia delante, imaginándose por un instante a los enemigos que intentaban conquistar el castillo.-No podemos dejar que se acerquen.

-¡Vamos! ¡A los cañones!-Ordenó María.- ¡Defiende a tu reina!

Por un momento Clara se quedó nuevamente callada, observando a María, su reina malvada.

-No.-Dijo secamente-No quiero seguir obedeciéndote más.

La expresión de María cambió para volverse dura como una roca.-Tu harás lo que yo te diga.- Dijo mientras agarraba a Clara del brazo y la zarandeaba con rabia.

En aquel momento Clara le clavó la uñas en el antebrazo y con la otra hizo lo mismo en su cara, donde clavo las uñas intentando metérselas en los ojos. María gritó de dolor y se puso de pie apartándose de Clara quien seguía con una expresión tan fría como el hielo. En aquel momento algo inesperado sucedió, Clara se levantó sobre la plataforma  mientras María lloraba de miedo con las manos en el rostro.

-Ahora la reina soy yo.-Y diciendo esto empujó a María plataforma abajo, y, se escuchó un crujido, María se había roto el cuello al caer sobre uno de los escalones de madera del castillo.

Clara se bajó de la plataforma, y una vez toco el suelo  se quedó mirando el cuerpo inerte de su antigua reina. Una sonrisa asomó de sus labios, al tiempo que el corazón le latía con fuerza, con una intensidad que jamás antes había experimentado.

El patio seguía vacío por aquel momento, y entonces Clara se metió en el edificio y se dirigió en completo silencio a los  baños, cerró la puerta de uno de los inodoros y se puso a gritar:

-¡Socorro! ¡Socorro!- Y empezó a sollozar, las lágrimas fueron callendo de sus ojos, y sintió el sabor salado de sus lágrimas.

Poco después apareció una profesora, lograron abrir la puerta y sacaron a Clara del interior de la cabina del retrete.

-Cariño, ¿Qué hacías ahí encerrada? ¿Por qué no estabas en clase?-Le preguntó la profesora en un tono dulce mientras la estrechaba entre sus brazos.

Clara sollozó unos segundos antes de responder. –Tenía pis y me he quedado encerrada…-Dijo con la respiración entrecortada.- Tenía mucho miedo.-y diciendo esto abrazó a la profesora, a lo que ella respondió con un abrazó más fuerte.

La llevaron a clase, en donde la profesora se quedó asombrada, no se había dado cuenta de su ausencia.

-¿Pero dónde estabas?-Dijo acercándose a Clara y mirándole a la otra profesora con una mezcla de culpa y de vergüenza.

-La pobre se ha quedado en el baño encerrada, al parecer a puesto el pestillo y no sabía quitarlo.-Clara la tenía cogida de la mano.

-La luz se apagó y me asusté mucho.-Dijo Clara mirando al suelo y con el dedo gordo en la boca.

-Pobrecita-Dijo su profesora-Anda, siéntate con el resto de tus amiguitos, que te voy a dar una galleta de chocolate por haber sido tan valiente.

Clara avanzó triunfante mientras todos la miraban con una mezcla de envidia y admiración, se sentó en medio de dos niñas, Marta y June, quienes no dejaron de llamar su atención durante toda la tarde.

-Ahora que lo pienso-Comenzó a decirle una profesora a la otra-Creo que falta una niña, María, ¿Dónde estará?- Se giró y le preguntó a Clara, quien estaba riendo con sus nuevas dos admiradoras.

-No lo sé, estaba en el patio jugando con ella, luego fui a hacer pis.-Dijo distraídamente.

Las profesoras se miraron entre sí y contaron los niños que había en clase, 30, faltaba una.

-Espera, voy a informar en la sala de profesores, tal vez se haya metido en otra clase con algún otro compañero o compañera.

Salió una de ellas, mientras tanto los niños se quedaron viendo una película de dibujos, una sobre un gato y ratón. Clara sonrió, sintiéndose mejor que bien, había logrado ser la nueva reina.

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