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2 min
La sed
Reales |
06.07.17
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Sinopsis

Desde mi corazón mi boca se rompe, y las lágrimas amenazan con liberar a la bestia de entre mis sienes. Pero era más rápido, me envenenaba, me dormía, y no hay problemas si estás muerto en vida.

Bebíamos, bebíamos mucho. No lo digo por exagerar, no tenemos necesidad de ello, ni mucho menos, más bien lo contrario, dudo que los de nuestro alrededor se enorgulleciesen de nuestras gargantas secas, nuestros vómitos de media noche o nuestras divagaciones penosas y estupidas.
Era difícil no beber en esa época. Los días eran largos y teníamos prisa, pasar el rato se había vuelto aburrido, no estábamos siendo intelectuales ni ingeniosos, y la calle era cara y peligrosa. Así que encerramos al propio peligro entre nuestras paredes, rebosando el humo y añadiendo otro cadaver de vidrio escocés a la estantería. Silencio, humo y tragos. Como un cementerio ardiendo.
Bebíamos mucho, no sé cuál de los dos más, pero si recuerdo que yo era consciente de lo que tragábamos y me parecía una barbaridad, aunque no me disgustaba, tampoco me complacía, solo continuaba sorbiendo.
Fueron 4 meses pasados por whisky. Y no como tópico, bebíamos whisky, cuanto más barato mejor, cuanto más fuerte más rápido se acababa y cuanto más caliente con más prisa lo sorbíamos.
Cervezas en un desayuno a las una de la tarde. Una copia de media mañana. Cerveza al medio día. La birrita de antes de clase. La rubia de saltarse dos horas, que se multiplicaba en seis y se dividía en la mitad del tiempo. Y sin pasta, un litro y volver andando a casa. Para seguir bebiendo.
Rick y morty, the knick, sons of anarchy o cualquier mierda con la que quedarnos dormidos. 
Y a las 3 de la mañana, desvelado, agarraba la botella y me volvía a dormir, o más bien me desmayaba de nuevo. Te tumbabas y empinabas la botella hasta que te ahogases o lo hiciese ella. Te ponías de lado por si una náusea nocturna te fuera a atragantar. Y balbuceando pedías a lo fuese que cambiase todo aquello.
Inconsciente, dormido, muerto. Daba igual. La cuestión era huir. La cuestión era beber.

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  • No puedo escuchar ni una sola frase de mis labios, porque el chapoteo desesperado no nos salva de ahogarnos, luchando por explicar algo que no puede ser mostrado pero que nos mata en su enseñanza.

    Desde mi corazón mi boca se rompe, y las lágrimas amenazan con liberar a la bestia de entre mis sienes. Pero era más rápido, me envenenaba, me dormía, y no hay problemas si estás muerto en vida.

    Escuché algo, nadie se paró a pensar que significaba, quizás yo lo he pensado demasiado.

    Te observa un millón de personas, con la cabeza llena de anfetas y de alcohol, la multitud grita tu nombre entre los alaridos de tu sufrimiento y con el último golpe de la bateria, un gemido final de una telecaster, la cabeza gacha por esa jodida tragedia descontrolada y espectacular que es la soledad de la estrella.

    En el aire y en el suelo, da un giro, sí. Colapsa ahí y pregúntate. Mente. Lejos en el agua, míralo nadar.

    Ella tiene una sonrisa que me hace recordar todo lo que era una infancia feliz. Ese momento en el que todo era tan fresco como las manchas blancas en mitad de aquel celeste cielo.

    El redoble de la batería de golpes sordos en mitad del coro de un gentío eufórico. La melodía rítmica del pitido de un oído destrozado. El tono de los gritos de dolor y la rabia de una maldición tras otra. Y para acabar, solamente silencio. https://www.youtube.com/watch?v=X9SyxW5CJAQ

    La vibración del motor causa insomnio. La dureza del asiento contracturas en mi espalda. La charla de la señora de detrás me produce dolor de cabeza, y recuerdo ahora versos de Machado desesperado por encontrar el destino, porque el camino es un coñazo.

    Citando a Charles Bukowski, "Encuentra lo que amas y deja que te mate". Ahora bien, ¿Qué quieres amar?

    Cuentan las malas lenguas que un joven solía robar mi rostro y pavonearlo por ahí entre palabras desarticuladas... Para el Pirata, el Perezoso, el Pijo, el loco, Rizos y Josevi, de parte del gitano.

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Soy un gilipollas, pero un gilipollas encantador.

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