cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
La segunda venida
Ciencia Ficción |
17.04.15
  • 4
  • 1
  • 647
Sinopsis

—La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente intergaláctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este planetita tan problemático.

~~Al maestro Isaac Asimov

Oscurece, y los tres soles de Orev crean un entramado de sombras yuxtapuestas que se derraman por la meseta sagrada. El gran domo corona la elevación natural y a su alrededor se alinean las torres de los doce ministerios. Hace dos millones setecientos mil años (usaremos siempre, para no confundirlos, la nomenclatura terrestre) que el sexto planeta del sistema trisolar Reltaw es la capital de la Vía Láctea, nonagésima galaxia del primer cuadrante del universo conocido. Allí van a reunirse esta noche los 398 delegados, representando a los veintidós mundos primigenios. El tema prioritario será el calamitoso estado del tercer planeta del sistema AQ 250. En el año 2011 desde el último contacto, la tierra (así la llaman sus habitantes) se consume en guerras fratricidas, la contaminación ha llegado a niveles intolerables y más del setenta por ciento de sus habitantes no cubren sus necesidades básicas.

—La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente intergaláctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este planetita tan problemático.

A.L.Artoj llevaba cuatro mil trescientas temporadas como máximo dirigente de la Vía Láctea y recién comenzaba su tercer mandato. El problema con los terráqueos amenazaba con desestabilizar todo el andamiaje de alianzas que lo había mantenido por tanto tiempo en el poder. Ochenta mil años atrás, siendo delegado científico de su planeta de origen, había sido el artífice de la introducción de los primeros seres racionales en la lejana tierra. La idea inicial era utilizar aquel lugar como laboratorio para experimentar con los entonces revolucionarios descubrimientos de transmutación genética. Los grandes primates que vivían allí, presentaban características ideales para dichos ensayos.

Se desarrollaron dos líneas experimentales, el homo sapiens neanderthalensis y el homo sapiens sapiens. A la larga, ninguno de los dos receptáculos probó ser conveniente en la búsqueda de la perfección genética. Es más, los neanderthal no llegaron siquiera a sobrevivir. Se abandonó el emprendimiento dejando a algunos sapiens pululando por ahí.

—Aquel fue un gran error —comentó A.L con sus interlocutores.— Tendríamos que haber hecho desaparecer todo vestigio de aquellas pruebas fallidas.

—Como íbamos siquiera a imaginar que en tan pocos años iban a desarrollar una inteligencia tan competitiva pero a la vez tan, tan autodestructiva —acotó Arg el asesor.

—Lo dije antes y lo repito —agregó J.C. Artog, el mayor de los primogénitos del presidente— no creo para nada en la tesis del espíritu maligno como inherente a la raza humana. En la tierra hay una cultura riquísima y vasta. Millones de seres bondadosos están dispuestos a todo para mejorar su existencia, me consta, sé muy bien de lo que hablo.

—No creo que lo hayan demostrado hasta ahora, ya no les queda mucho tiempo. Si no convencemos al congreso esta noche, antes de que el primer sol nos dé luz mañana, el tercer planeta de AQ 250 desaparecerá del mapa galáctico —sentenció el supremo dirigente con hondo pesar.

Con el correr de los siglos, y al igual que su primer hijo, A.L. desarrolló un profundo aprecio por los insensatos terráqueos.

—Podríamos exterminar a una parte importante de la población, para que los recursos naturales pudiesen distribuirse de mejor manera —propuso Arg mientras miraba la hora con ansiedad.

—El problema estimado consejero no es la cantidad, sino la calidad de los dirigentes. Nada cambiaria. ¿O no, mi querido? —preguntó el veterano político mirando a su hijo con cariño.
J.C. se tomó unos segundos y respiró profundamente, era una alternativa que venía sopesando desde hacía bastante tiempo. Miró a su padre y luego alzó la vista hacia el techo embovedado. Junto sus manos en una especie de rezo y dijo:

—Estoy dispuesto a volver, ya es tiempo.

A.L. no se sorprendió, sabía que su muchacho no había desistido nunca del viejo propósito. Año tras año, en forma indirecta y velada, le volvía a plantear lo del regreso. Por vez primera, el padre no lo cortó tajantemente.

—Últimamente he estado considerando esa posibilidad, creo que has madurado. Las cicatrices morales de tu primera excursión parecen cosa del pasado. No desconozco el impacto síquico que tuvo esa aventura en ti, por eso me he opuesto tantas veces a tu viaje. Aquel final tan abrupto, esa “muerte” que pareció en vano al principio, ese fracaso que tanto te dolió, termino fundando una de las religiones más poderosas del planeta.

A.L tomó un sorbo de agua y se apoyó en el respaldo del sillón, estaba cansado y le pesaban los ojos. Esa mañana al despertar había sopesado seriamente la posibilidad del retiro tras el término de su mandato, aunque quizás no tendría que esperar tanto si esto de la tierra no salía bien.

—Cuando al regreso, hace más de veinte siglos, te hicieron el test psicofísico, los resultados fueron tan negativos, que el congreso decidió por unanimidad no mandar a nadie nunca más para aquellos lares. Has asimilado el golpe y te veo en condiciones de intentar salvar a tu adorada obsesión una vez más —dijo el presidente y se levantó para palmear afectuosamente la espalda de su hijo.

—Eso sí, la asamblea, aunque sea tu mismo padre el que se los pida, no te dará más de un par de años. Tienen pánico de que esa civilización desarrolle el viaje híper espacial y después sea demasiado tarde y empiecen a hacer desastres por todo el universo. Si tu estrategia no funciona J.C, seremos un cadáver político —puntualizó el asesor en jefe.

A J.C se le habían humedecido los ojos de la emoción, llegó a pensar que nunca tendría una nueva chance para reivindicarse. Tragó profundo y después de dar un par de pasos, abrazó con fuerza a su padre.

—Gracias, esta vez no voy a defraudarlos, se los prometo.

Mientras retornaba a su casa, comenzó a elaborar los próximos pasos. Estaba seguro que A.L lograría la aprobación de la asamblea, pese a que ya en el pasado se había llegado a exterminar a alguna raza problemática, la decisión siempre se tomaba como un recurso final. Sería sin duda la última oportunidad de salvar a los humanos
Partiría al amanecer, necesitaba conseguir ropa adecuada y falsificar un poco de dinero terráqueo. Se alegró de que los tiempos hubiesen cambiado y que aquella civilización tuviera ahora un desarrollo tal que le iba evitar (en gran medida) sufrir los horrores de adaptación de la primera vez. Le dolía el tener que despedirse, quien sabe por cuanto tiempo, de Airia y sus veinticinco hijos.

 

J.C llevaba tiempo elaborado el plan que desarrollaría en su segundo descenso. La querida tierra, el lugar donde, pese a todo el sufrimiento que le produjo, había vivido las mejores tres décadas de su existencia, lo estaba aguardando. Sin dudas esta vez el desafío sería aún mayor y estaba dispuesto a superarlo…
 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Como homenaje a Asimov, vale, pero me sobre el fondo moralizante.
  • El agua, el hambre, el hacinamiento, las enfermedades y las guerras pusieron a la raza humana en el vértice de la extinción. Fueron décadas oscuras, salvajes, de retroceso, donde solo los más dotados físicamente sobrevivieron. Cuando la inundación al fin cesó, quedaban en la tierra solo seis millones de los ocho mil existentes al comienzo de la catástrofe.

    —En síntesis —pensó divertido el mercp de Morgandus— no soy más que un puto e insignificante microente en un mundo capsular. Algo con lo que una parva de hijos de perra se divierten allá, mil años en el futuro.

    La nano ingeniería genética se desarrolló de tal forma que, en los pasados siete años, en las competencias ya se recreaba el mundo en su totalidad y se llegaban a poner en la cápsula hasta seis mil millones de marcps corporales. O sea una reproducción precisa del planeta pre-inundación, mil y pico de años atrás.

    Mientras buscaba la libretita más el grabador y acomodaba su glock 9mm bajo el sobaco, rogó que el joven tuviese razón y que el asesino de los golpeadores, como lo bautizó un reportero del New Times, hubiese aumentado el número de víctimas. El psicópata se había cargado veintinueve hombres en el área de los condados de Dade, Broward, Palm Beach y Monroe, en los pasados seis años...

    Podría haberse arrojado de una vez y acabar rápido con su agonía, pero, además de querer gastar sus últimos 500 dólares, sentía un placer morboso por desgastar sus horas postreras en esa plena conciencia de víctima, repasando su no-vida sobre esta tierra. Un último ajuste de cuentas con un individuo timorato, acomplejado, holgazán y depresivo en el cual ya casi no se reconocía. De repente parecía anestesiado, observándose desde otro plano, más moral y ético, como si el tomar la decisión de acabar con esta bazofia humana lo hubiese imbuido de un aura superior. 

    Es extraño, afuera llueve a rabiar y aunque los cristales están empañados, puedo ver la luna llena apoyada en una esquina de la ventana. Un lunón hermoso, intimidante, como el pasado que me asfixia y me obliga a descargar mis sentimientos en una hoja de cuaderno.

    Si se busca una zona en el sur hemisférico a la que pueda catalogarse como modelo de hacinamiento, narcotráfico y miseria, esa es la villa 31, en Retiro, ciudad de Buenos Aires. Miles de argentinos mesclados con bolivianos, peruanos y paraguayos atiborrados en apenas cien manzanas, en muchos casos sin acceso, ni siquiera, a los servicios básicos. Un barrio de diez mil familias, con basurales como únicas plazas. Donde bullen los niños y arroyuelos de agua servida serpentean por las calles. Allí, en un lugar diseñado más por Satán que por Dios, nació y vivió hasta los doce años Lucas Mariano Agüero.

    El bolso resultó ser una caja de pandora. Cualquier cosa podía salir de allí adentro. Entre otras inutilidades se encontraban: Un par de auriculares rotos. Un libro de Coelho con la mitad de las páginas arrancadas. Un puñado de tickets del subte de Buenos Aires. Una caja de condones que parecía tener varias unidades… ¿usadas? Un despertador a cuerda. Una tarjeta de biblioteca… ¿del servicio penitenciario nacional? El pasaje de Lan Chile junto al pasaporte y el D.N.I. ¡Ahh! y por suerte la llave magnética del hotel donde estaba Pablo alojado.

    —Hay un sitio de unos locos en internet que te pagan re bien por hacer cosas sinsentido, un primo mío ganó casi cien mil dólares un año atrás —le dijo Juanchila, el colombiano de Medellín que trabajaba con él en la cocina de un chicken kitchen. — Es arriesgado, pero sino querés perder el auto, la casa, tu esposa y tus tres hijos con ella, yo que vos lo haría parce. Total que más podés perder, si ya sos un muerto en vida Pepito.

    —La situación es extremadamente delicada —dijo el presidente intergaláctico y movió la cabeza mirando consternado a su hijo y a su primer asesor.— Como no propongamos ya una medida seductora y viable, no tendremos argumentos para seguir sosteniendo la existencia de este planetita tan problemático.

Walter Gerardo Greulach nació en Jaime Prats, departamento de San Rafael, Mendoza, República Argentina. En 1964.Cursó la secundaria en la E.N.E.T de General Alvear. Mas tarde se recibió de técnico en propaganda y publicidad y Licenciado en Comunicación social en la Universidad Nacional de Córdoba. Sus primeras armas en la profesión las hizo como crítico teatral, productor de revistas barriales y conductor de programas de entretenimiento en pequeñas emisoras radiales de Córdoba. A fines de los ochenta se mudó a Paraná, Entre Rí­os, contratado para trabajar en un novedoso proyecto radial (FM Capital). La década de los noventa lo encuentra en Aruba isla del Reino Holandes, desde donde colabora asiduamente a traves de arti­culos con publicaciones locales y extranjeras. Desde el 98 esta radicado en Miami y es columnista en diversos medios de la red. Pese a escribir poemas y cuentos desde su temprana adolescencia, recien en el 2008 tuvo la desfachatez suficiente para publicar El Guionista de Dios¿o del Diablo?, su primer libro. En el 2011 salió su segunda obra de relatos cortos, Awqa Puma, temporizador. En la actualidad se halla trabajando en la novela El quijote Verde, un thriller ecológico.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta