cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
La Selección
Varios |
17.09.12
  • 5
  • 5
  • 1341
Sinopsis

En un pequeño café de París, padre e hija se toman su desayuno mientras hablan de trabajo. ¿Será todo tan sencillo como eso?

En aquella ocasión, el lugar de encuentro había sido elección del padre. Y mientras ella se acercaba a aquel pequeño café de la Rue Caulaincourt, no lograba apartar de la mente aquella sensación tan desagradable de que todo tenía su por qué. Él siempre había actuado así…, desde su nacimiento hasta el momento presente, Luz no había dejado de observar aquella táctica, sucia e indiscriminada, dirigida tanto hacia ella como hacia el resto de la creación. Él… sancionador de leyes, conocedor de sus más extravagantes subterfugios, Juez y parte… Él… siempre encontraba la manera de ganar.   Pasaban quince minutos de la hora convenida, cuando los tacones que repiqueteaban acelerados sobre las baldosas de la Rue Caulaincourt, concluían su allegro a la puerta de aquel café en el que ya la esperaba el padre. Los labios finos y pálidos sonrieron al verla traspasar las dos puertas acristaladas, enfundada en un traje sastre de color blanco, bajo el que no hubiera cabido ni un alfiler. No pudo evitar recrearse en su obra… Preguntarse, cómo era posible que hubiese creado algo tan hermoso. Parecía que a su paso, todo el local se quedara en stand-by, pendiente de sus exquisitos movimientos, del contoneo de su cadera, del sonido lacerante de aquellos tacones afilados sobre la brillante losa negra…   La mujer tomó asiento a su lado sin reflejar en el semblante expresión alguna que denotara una pizca de afabilidad. Por el contrario, el carmín rojo de sus labios dibujaba una línea recta, mientras los ojos castaños, veteados en tonos rojizos, se paseaban por la carta de desayunos…   -¿Has pedido ya?   -No –respondió el padre-. Preferí esperarte. ¿A qué se ha debido, esta vez, el retraso?   Ella ni siquiera levantó la vista de la carta para responder.   -He estado paseando por el Cementerio de Montmartre, visitando a algunos conocidos…   El hombre sonrió.   -¿Les has llevado flores? –preguntó, jocoso.   Luz no se molestó en responder, tan sólo le clavó la mirada, manteniéndola fija en aquel iris traslúcido, hasta que el camarero les interrumpió para tomarles nota.   -Huevos revueltos, bacon, tostadas y café –pidió él.   -Para mí: café con leche y croissant, gracias.   El camarero apuntó el pedido y les dejó a solas, no sin antes dedicar a la mujer una sugerente mirada que esta esquivó.   -Hoy tan sólo tenemos tres expedientes dudosos –Informó el padre, posando la palma de la mano sobre tres carpetas de cartulina que reposaban sobre la mesa.   -Muy bien, pues dos para ti y uno para mí –Sentenció ella. Y ante la sonrisa burlona que obtuvo por respuesta, agregó-: Te recuerdo que ayer acepté dos más que tú.   -Primero discutamos los expedientes y luego tomemos las decisiones –Respondió él, con ese tonito de Dios Todopoderoso que a ella tanto le irritaba.   Las manos femeninas tomaron una de las carpetas y una voz dulce y firme comenzó a leer en voz baja.   -Este solo cumple dos de los siete posibles requisitos –Comentó ella, interrumpiendo su lectura- Así que considero que deberías quedártelo tú.   -Y sin embargo, le he estado observando durante esta última semana y estoy prácticamente seguro de que si hubiese tenido un poco más de tiempo los cumpliría prácticamente todos.   -Meras conjeturas. El expediente refleja dos. Es tuyo –Respondió la mujer con absoluta firmeza.   El padre agarró el expediente que le tendía y lo posó a su derecha de mala gana mientras esperaba a que ella leyese el siguiente.   -Ese que tienes en las manos cumple cuatro requisitos, así que espero que no me discutas que es de los tuyos.   Ella le miró con desconfianza.   -¿Cuántos cumple el siguiente?   -Tres.   -Muy bien, pues entonces, yo acepto al de cuatro, si tú admites a los otros dos. Me parece lo justo.   -Creo que yo soy el único capacitado en esta mesa para decidir que es o que no es justo- respondió el hombre, sin despegar los labios, tan sólo permitiendo que su pensamiento se deslizase por la mente femenina.   -Entonces no entiendo para qué tenemos que vernos todos los días. Envíame los que creas convenientes y ahórrate el paripé.   -Solo estamos aquí porque decidí darte la oportunidad de negociar que tú me pediste hace tiempo- dijo, sin emitir sonido.   -Únicamente cumple tres requisitos de siete, considero que deberías de quedártelo. Y preferiría que nuestras conversaciones fuesen sonoras. Me siento como si estuviese hablando sola.   -No debería de quedarme, ni siquiera, con los que cumplen tan sólo uno –respondió el padre en voz alta, para luego añadir-:También tú podrías comunicarte conmigo del mismo modo.   -En estos tiempos que corren, creo que deberías aceptar hasta los que cumplen seis de siete. Y me gusta hablar, gracias. Me hace sentir humana.   El padre se carcajeó.   -Dame el último expediente –le pidió ella, y mientras lo abría entre sus manos, el camarero apareció con el pedido.   -Hagamos un trato –propuso él-: Si en los diez minutos que le restan, cumple un requisito más, se irá contigo.   -De acuerdo… -Aceptó ella, de mala gana, con los ojos fijos en el expediente   -Oye, muchacho –llamó el hombre, dirigiéndose al camarero- Estas tostadas están calcinadas. Haz el favor de traerme otras. ¿Y ese café de dónde ha salido…? ¿De la cafetera o de la cámara frigorífica?   Entonces ella levantó la vista y observó por primera vez la cara de aquel chico… Después, volvió los ojos hacia la fotografía del expediente y fulminó a su padre con la mirada.   Acababa de comprender.   El camarero volvió a mirarla dejando que un brillo de deseo chispeara en su pupila.   -Lujuria –comentó el padre con la voz de su conciencia.   -Ese ya aparece en el expediente.   Luego, el chico volvió la cara hacia el padre con una mueca de fastidio, recogiendo las tostadas y el café. El hombre acarició entonces el reverso de la mano de Luz, que reposaba sobre la mesa. El camarero se apercibió del gesto y dio media vuelta para irse.   -Envidia.   -También se refleja en el expediente.   Al otro lado del bar, tras la barra, donde el camarero ya se creía a salvo de la mirada de la pareja, le propinó un mordisco a la tostada que había rechazado el hombre. Lo que él ignoraba, es que aquellas dos personas, lejos de ser personas, en ningún momento habían necesitado los ojos para ver… Para saber… Para juzgar…   -Gula   -Continúas sin decirme nada nuevo.   Tras la barra, el chico colocó otro par de tostadas en el plato y después de calentar bien el café, escupió dentro y removió aquella mezcla con la cucharilla.   El padre sonrió.   -La venganza no es sino la hija de la ira.   -Sabias lo que ocurriría -le acusó Luz, cabreada, levantando la voz un poco más de la cuenta. Había vuelto a jugársela-. Es más… -continuó- Tú lo propiciaste. Jamás debería fiarme de ti. Esta no es la primera vez que induces al pecado:“Éxodo 9.12: Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que no les escuchó, según Yahveh había dicho a Moisés” Y así de sencillo fue para ti justificar las siete plagas.   -No deberías de creerte todo lo que lees.   -Olvidas que yo también estaba allí…   El ruido de la loza rompiéndose contra el suelo pone fin a la conversación. Una bandeja rueda por el suelo, mientras un cuerpo se desploma, inerte, a los pies del padre.   Este ni siquiera lo mira, sólo tiene ojos para ella, que se levanta de su asiento, que sujeta la mano del muchacho tirando hacia arriba, despegando el alma del cuerpo. Con los ojos de ese alma y sin ser consciente de su propia muerte, el camarero la observa, apretando con fuerza aquella abrasadora mano que le agarra, sin apenas creerse su propia suerte.   -¿Pasarías conmigo toda la eternidad? –pregunta ella, tirando de aquel alma hacia la salida.   -Por supuesto -responde el camarero sin pensarlo, hipnotizado por el hermoso brillo de aquellos ojos rojizos- ¿Y a dónde me llevarás? ¿Al cielo? –Le pregunta, sonriente.   Luzbel chasquea la lengua contra el paladar y una sonrisa desganada se deja ver en sus facciones.   -Si al menos el café hubiese estado caliente…
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy buen relato. Al principio pensé que se trataba de abogados. Sorpresa final bien encauzada. Enhorabuena.
    wow...muy bueno
    Muy bueno, y con cierta mala leche, jeje. Me encantó :P
    Escribe tus comentarios...Muy astuto el diablo, como se la juega a su hija. Enseguida engancha el relato, llevándonos a donde quieres. Ingenioso y de buena trama.
    Estoy anonadado con este escrito. Empecé a leerlo sin entusiasmo y al final me atrapó y me ha encantado. Estupendo
  • Hay amores que matan

    En un pequeño café de París, padre e hija se toman su desayuno mientras hablan de trabajo. ¿Será todo tan sencillo como eso?

    ¡¿Cómo puede ser que nadie sepa lo que hay al final de la escalera?!

    Permíteme que te cuente un cuento sobre un conejillo y un zorro... Y permíteme que te lo cuente de una manera especial.

    ¿Cómo te sentirías si al abrir los ojos no reconocieses el mundo que te rodea, si no supieses quién eres o donde estás? ¿Cómo te sentirías si te despertases en una isla desierta como si fueses un naufrago? Este relato te arrastra tras los pasos del protagonista en busca de una verdad inesperada

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta