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5 min
La siguiente parada
Suspense |
18.09.15
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Sinopsis

Era otro maldito día de calor. Me encontraba aún adormilado en mi sillón favorito intentando salir del estado de inconsciencia que me había provocado este despiadado e implacable sol de agosto.

Era otro maldito día de calor. Me encontraba aún adormilado en mi sillón favorito intentando salir del estado de inconsciencia que me había provocado este despiadado e implacable sol de agosto.

Abrí los ojos y pude ver sus rayos, que atravesaban la ventana de mi salón como si el azote de Dios se tratara, cuando un ruido metálico sonó en la cocina que se encontraba en la parte trasera de mi casa. "Hasta los muebles se derriten y pierden sus herrajes con este maldito calor"— pensé, y decidí levantarme para averiguar qué pasaba.

Un fuerte grito salió de la cocina, giré la cabeza y de soslayo pude ver a un tipo cubierto de barro saliendo de la cocina, que con paso firme se dirigía hacia mi cuchillo en mano.

Un gran escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mis piernas aún débiles y torpes por el sueño no me respondieron todo lo rápido que me hubiera gustado, pero sí lo justo para levantarme y, aterrorizado, salir huyendo de la casa. Comencé a correr.
 
Sentía que ese tipo estaba persiguiéndome y que mis piernas no eran lo suficientemente rápidas. Una fuerte presión en la sien y mi respiración descompasada no hacía más que empeorar mi estado de ansiedad.

Llegué a la parte trasera de la casa pasando junto a un pequeño terreno donde la tarde anterior había estado plantando unas semillas de flores. Sin atreverme a mirar atrás, intenté acelerar todo lo que pude, pero mis piernas se resistían pareciendo ser de plomo. El torpe impulso que quise añadir a lo que sin duda era patética fuga fue incluso peor, un resbalón hizo que cayera al suelo.

Mis manos pudieron evitar en parte el golpe pero no que acabara patinando con mi pecho y cara en un montón de barro. Al parecer me dejé el grifo de la manguera abierta provocando una piscina de barro digna del cerdo más exigente.

Intenté levantarme rápidamente convencido de que una mano me alcanzaría y me agarraría por detrás. No fue así, pero en mi intento de incorporarme solo conseguí caer de nuevo al barro y rodar de costado. Dolorido y fatigado pude comprobar desde el suelo que estaba solo. Eso me calmó. Aproveché la mimetización accidental para quedarme inmóvil en el suelo unos segundos, tomar aliento y sopesar cómo afrontar la situación.

Oteé a mi alrededor en busca de algún movimiento que delatara su presencia. Pude ver las 6 flores que sorprendentemente habían crecido ya un palmo pese a no llevar ni 24 horas sembradas en la tierra. Pero del extraño tipo del cuchillo nada. Seguro que se encontraría dentro de la casa.  

¿Quién demonios era ese tipo? ¿Qué hacía en mi casa? Otro escalofrío le llegó a la nuca, sabía que el tipo estaba cerca. Ahora yo solo debía pensar en la manera de salir de allí, salvar el culo y llegar cuanto antes a la comisaría de policía.

Justo en ese momento tuve una idea. Las llaves de mi coche estaban en la cocina. Solo tenía que ir allí por la puerta de atrás de la casa, cogerlas y volver a salir. Con el miedo alojado en mí, cansado y dolorido, pero correría el riesgo.

Llegué junto a la puerta y la abrí. Silencio. Estaba cogiendo las llaves del coche cuando ví a ese tipo sentado en mi salón. Él parecía dormido. Debido al sobresalto las llaves se me cayeron al suelo. Tenía que actuar rápido, el tipo se incorporaba. Mi mano temblorosa cogió un gran cuchillo y consciente de que no tenía otra alternativa, avancé hacia él con la determinación de defender mi vida.

No debía esperar mi presencia, ya que al entrar yo gritando en el salón se asustó y salió de la casa. No pude verle la cara con claridad solo de espaldas a través de la ventana mientras  se alejaba de la casa corriendo.

La fatiga me hizo recordar la misma sensación que tuve mi último día en el hospital. Ellos no lo sabían, pero pude oír las terribles y tajantes palabras de los médicos sentenciando mi vida. —"No tiene familia conocida, así que nos corresponde a nosotros decidir. Por desgracia no podemos hacer más. Desconéctenlo por favor."

¿Quiénes eran ellos para tomar semejante decisión? Justo en ese momento el hilo de mi vida se cortó con un pitido final como si de un partido de fútbol se tratara. Ahí es cuando apareció Él y me tentó con una última oportunidad. Acepté sin tener la convicción de si la inmortalidad sería una bendición o una condena. No me juzgues, no tienes argumentos, los tendrás al llegar a esa parada del camino. Y no dudes que a esa parada también llegarás tú.

Ahora yo estaba realmente exhausto y decidí sentarme de nuevo en mi sillón favorito. Necesitaba descansar.

Era otro maldito día de calor. Me encontraba aún adormilado en mi sillón favorito…

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EPÍLOGO

¿Quién es el Creador?
¿Quién el Destructor?

Arquitectos de la vida.
Uno enciende la llama, el otro la apaga.

La inmortalidad en vida yo puedo dar
a cambio del alma del hombre títere.

Vuelve a nacer.
Dame tu mano, yo no la soltaré.

De 6 semillas 6 flores nacerán para los 6 Dioses.
Que junto a tu llama encendida
surcarán por los mares de la eternidad.

Yo soy tu siguiente parada.
Allí podrás elegir.

¿Quién soy yo?
Mi nombre es: Necrópolis.

 

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    El niño mago era el cuarto por la izquierda de todos los candidatos que estaban frente al jurado...

    "Nunca Juan, nunca mires en el agujero"– Me dijo mi padre. Yo tenía 6 años y acababa de sorprenderle cerrando una trampilla que se encontraba camuflada en el suelo, debajo de su cama.

    Era otro maldito día de calor. Me encontraba aún adormilado en mi sillón favorito intentando salir del estado de inconsciencia que me había provocado este despiadado e implacable sol de agosto.

    El incómodo cadáver del mediador familiar yacía en el suelo del laboratorio. Yo permanecía oculto tras unas cajas mientras los golpes de la policía indicaban que la puerta cedería de un momento a otro.

    "Sí hazlo. Hazlo por favor. Llévame a ese despacho y será lo último que harás en tu asquerosa vida." -Pensó Sara. "¡¡Vamos!! Entra!!" -Gritó el atracador a Sara señalando el despacho del director.

    Soñar es necesario, reconforta, pero si algo nos obsesiona podemos ser víctimas de nuestros propios sueños.

    Carlitos quería poner un nombre a su mascota y que fuera recordado para siempre. Pero la elección será más o menos acertada dependiendo de la perspectiva, ya que solo vemos lo que podemos ver.

    Elegir el lugar equivocado puede convertir una platónica cita entre jóvenes en un suceso escalofriante.

    Tom soñaba en la galería de arte con esos grandes momentos que no se iban a poder repetir por culpa del destino, pero ignoraba que ese mismo destino le guardaba un sitio donde convertir su mayor sueño en realidad.

Inquieto por naturaleza y claro, de tanto intentarlo algo sale bien.

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