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15 min
La Tempestad Inagotable
Drama |
05.07.15
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Sinopsis

Mi primer relato, espero sea del agrado de alguien, en un futuro, un hombre decidido debe enfrentar una adversidad inagotable. Acepto criticas constructivas, es mas, se agradecen tanto como los cumplidos.

Su mirada seria demuestra su estado, calma y tranquilidad, una mano firme en la empuñadura de su fusil, su uniforme manchado y rasgado, mirada fija en el lejano horizonte, esperando, el pelo largo hacia atrás, facciones poco expresivas y una cicatriz que recorre su rostro, observa el paramo, un largo campo frente a él, lo observa desde la cima de una pendiente empinada, lo que una vez fue verde ahora es gris, destruido por el tiempo y el clima y las tempestades caídas sobre sus ocupantes, edificios destruidos, el desolado lugar está plagado de irregularidades y escombros, grietas en el suelo marrón obscuro, el único color vivo que se ve son las esporádicas manchas rojas cubriendo el suelo estéril y resquebrajado, no existe ningún tipo de vida aquí, bloqueos de escombros y rocas en los caminos de tierra, que apenas pueden ser llamados caminos, una tormenta se acerca, una enorme nube de tierra se levanta y aproxima desde el horizonte, nada se ve en ella, se escuchan los ruidos característicos de esta tormenta, la mano se convierte en puño, busca la radio sujeta a su chaleco en el pecho, aprieta el botón y se comunica, “preparados para la tormenta”, su voz fuerte y decidida es escuchada por miles, voltea y se aleja de su lugar de vigilancia, a su espalda se ven cascos apareciendo en el paramo, junto a los bloqueos y entre los escombros, en trincheras improvisadas con rocas y ladrillos rotos, hombres agotados se asoman sujetando sus armas, decididos a superar esta tormenta, fusiles y rifles son apuntados, ametralladoras acomodadas, morteros desplegados, grandes cañones se emplazan, todo se apunta a la amenaza que se cierne sobre ellos, el observador se aleja de la cima de la pendiente, es remplazado por grandes cañones y sus artilleros, todos lo ven pasar, su paso firme se detiene, sube a un poderoso tanque y se comunica directamente, “apuntad bien hombres, de eso dependen sus vidas y la de sus compañeros”, sus palabras frías dicen la verdad, esta amenaza solo se sobrevive con valor y puntería, mira al comandante del tanque y da la orden, el motor ruge estrepitosamente al encenderse, las orugas comienzan su avance, la torreta gira hacia un lado y las escotillas de todos los tripulantes se cierran, avanza unos metros por el suelo que se resquebraja bajo su peso, el hombre montado sobre el chasis sigue dando órdenes, mira hacia atrás y hace un ademan para que lo sigan, mira hacia adelante, doscientos motores se encienden una tras otro a sus espaldas, el sonido ensordecedor demuestra la presencia impuesta de estos titanes de acero, una estampida de poder baja la colina por detrás de la infantería, toman posiciones tras una pequeña colina para no ser vistos, dispersos los tanques, cañones al frente, municiones de sobra, soldados detrás de los tanques y cañones traen cajas con municiones, proyectiles y mas proyectiles vienen cargados por dos, tres y cuatro hombres, cada proyectil y munición, lista para ser utilizada, todo acomodado para reemplazar lo que se use en cuestión de segundos, todo se encuentra a una distancia prudencial, nadie se encuentra hombro con hombro, no hay municiones junto al cañón para evitar reacciones en cadena, cada proyectil será valorado como oro en segundos, será tan preciado como el agua en un desierto infinito, no se puede permitir perder un solo proyectil innecesariamente, de la tormenta se ven siluetas, cargan a pie miles y miles de seres, grandes, fuertes y acorazados naturalmente, un duro caparazón duro como la roca cubierto de pesadas armaduras metálicas en sus cuerpos, corren furiosamente, cada paso parece torpe y lento pero cubre casi 5 metros, criaturas grandes y fuertes avanzan como una ola al frente de la tormenta, cada uno lleva armas únicas, rifles y hachas, escudos y ametralladoras, un abanico de armas de todo tipo, forma y tamaño se encuentra en sus enormes manos, un temblor que se aproxima con nubes de polvo tras ellos, desde dos mil metros se los ve como puntos, pequeñas siluetas lejanas que no pueden tocarte, las ves correr sin avanzar, se mueven poco a poco y parecen nunca llegar, todos rezan y suplican que nunca lo hagan, pero nadie se detiene para elevar una plegaria, nadie pierde el tiempo, todos continúan acomodando todo, se posicionan y ponen rocas y escombros frente a ellos, preparan su defensa, cargan sus armas, quitan los seguros y apuntan, la eterna espera no durara tanto, francotiradores se posicionan, sus grandes fusiles antitanque tienen el alcance necesario, pero no serviría de nada aun, la tormenta recorrió 500 metros, los grandes cañones abren fuego, decenas de explosiones se producen unos segundos después, los artilleros disparan ronda tras ronda sobre su objetivo, apuntar resulta fácil, los servidores no se detienen a apuntar, esto lo hace otro, con apresuro los soldados traen proyectiles nuevos para hacer un fuego continuo en todo momento, los hombres de la primera línea ven las explosiones, un soldado mira el cielo, la artillería de cohetes está disparando, ronda tras ronda de cohetes se ven pasar, una lluvia constante atraviesa el cielo, sigue sus estelas y las ve car en las cabezas de sus oponentes, estos siguen corriendo con furia, atraviesan otros 500 metros bajo todo este fuego que los persigue volándolos en pedazos, a mil metros de distancia empiezan las piezas de artillería mediana y pequeña, disparan ahora por solo poder causar daños a esta distancia, disparan el doble y el triple de rápido que los pesados, su fuego genera explosiones fuertes a los pies del estas criaturas, se ven proyectiles estallando en sus pechos, pierna, brazos y cabeza, la lluvia que caía sobre ellos se convirtió en un diluvio de fuego y muerte total, siguieron avanzando sin importarles el fuego, todas las explosiones casi se convirtieron en una única y perdurante explosión de fuego y metralla sobre ellos, los hacía pedazos, los arrojaba al aire, los despedazaba, los cortaba y desgarraba, continuaron cargando inmutables, inagotables, inacabables, el avance se retrasaba, pero no se detenía, a 800 metros los francotiradores abren fuego, sus fusiles, en otros tiempos usados contra vehículos blindados y aviones, contra tanques ligeros, de 20mm, de 30mm y de hasta 40mm, al disparar contra el avance, se ve una estela desgarrar el aire a velocidad increíble, la vaina servida se acelera empujando el cerrojo hacia atrás, el tirador siente el fuerte golpe cuando la vaina sale expulsada de su fusil con furia, esta vuela por el aire reflejando el sol el hombro del soldado siente la fuerte sacudida de la expulsión y el cerrojo cerrándose inmediatamente, ve el proyectil impactar las corazas y armaduras, los escudos de metal desconocido a velocidades de dos a 5 veces la velocidad del sonido, algunos de 20mm son como dardos voladores que alcanzan 6174 kilómetros por hora, impactan atravesando todo lo que se cruza frente a ellos, los cuerpos que corrían velozmente, los que no son despedazados por las explosiones, caen al suelo como si fuesen apagados en un segundo, sus cuerpos se desploman sobre la carrera como dormidos, caen con un agujero en su pecho, un proyectil atraviesa su coraza, su exoesqueleto, sus órganos y continua inalterable, continua su recorrido fuera de su cuerpo, repitiendo el proceso en el siguiente,  cientos más comienzan a caer, la carrera continua, a 700 metros las ametralladoras pesadas abren fuego, el disparo es continuo hasta agotar todo proyectil, el apuntado casi es innecesario, se recarga con apuro y en segundos y parece no bastar, los antiguos antiaéreos de 20 a 40 mm abren fuego con proyectiles explosivos, su fuego automático siembra el campo, los morteros fuera de la line de visión comienzan sus disparos en ángulo, incontables granadas caen en las cabezas del enemigo,  cientos de hombres en retaguardia corren desde los camiones llevando municiones y proyectiles desde la zona segura detrás de la colina hasta la artillería, morteros, antiaéreos, ametralladoras, fusiles y soldados para continuar el fuego, que se mantenga continuo para siempre, o lo más cercano posible, a 600 metros los soldados en las 10 hileras de trincheras, una tras otra, abre fuego certero sobre el enemigo, miles y miles de proyectiles vuelan, impacta todo el poder de fuego del hombre en el cuerpo invasor, y el avance continua, incontables casquillos y vainas de todos los tipos y tamaños, desde los terribles cañones de 150 mm hasta los pequeños de 7,62mm, cubren el suelo y dificultan caminar sin caer en poco tiempo, el enemigo siendo exterminado continua su carrera llegando a 400 metros, comienzan a responder el fuego, sus armas son terribles, las de menor calibre alcanzan 15mm, armas similares a ametralladoras posen calibres de más de 30mm, el fuego adversario atraviesa las rocas e impacta a mis soldados, un disparo certero despedaza el chaleco y parte a un hombre, sus disparos casi evitan completamente que nos asomemos a disparar, llego el momento, los doscientos tanques junto al mío aceleran los motores y avanzan sobre la colina frente a nosotros, aparecemos de improvisto, todas nuestras armas abren fuego al instante de ver al enemigo, la artillería esta en fuego directo, los cañones de 120 milímetros de los tanques abren fuego, el caos total se desata, entre los pedazos de sus compañeros que vuelan y caen del cielo, los monstruos se acercan a las trincheras, los escudos y corazas los hacen casi inmunes al fuego de la infantería, que termina atrapada en cuerpo a cuerpo contra los colosos blindados de 5 metros, los francotiradores disparan sin usar las miras por la cercanía, cada monstruo que alcanza las defensas es un desastre, entre gritos desgarrados y rugidos, las garras, dientes y armas blancas causan una masacre de cerca, sus cuerpos enormes y poderosos resisten los disparos y el dolor de forma increíble, si la muerte no es instantánea, continúan luchando incluso arrastrándose, despedazan a mis hombres en segundos, los detenemos con 5 a 9 disparos de calibres superiores a los 20mm, atrapan hombres con sus garras y los arrojan contra el suelo y las rocas, el fuego y los disparos despedaza a cientos en ambos ejércitos, matamos a miles, sus números se reducían más rápido que los nuestros si los manteníamos lejos de las defensas, mientras nos encontramos disparando a los gigantes endemoniadamente, proyectil tras proyectil, no notamos que la nube de polvo aun no llegaba a nosotros, entre los seres acorazados, cientos de bestias del tamaño de leones corrían en jaurías, entre ellos, por debajo de sus pies, aparecen de improvisto por su tamaño y saltan dentro de las trincheras, las ametralladoras de la infantería los eliminaba tras una fuerte ráfaga que impactaba de lleno, pero al estar cerca lograron causar tremendas perdidas despedazando hombres con garras y colmillos, a mi lado, un tanque explota alcanzado por una luz fuerte, el acero más fuerte es derretido al instante y genera un hueco de un metro de diámetro en el centro del tanque, saliendo del otro lado y partiéndolo completamente,  el metal fundido al rojo vivo gotea cual agua, miro a la nube de polvo y veo decenas de luces salir de allí, dirijo el fuego de cañones y artillería para responder, nubes der bombas caen donde esta mi artillería y morteros, el más terrible duelo se desata con mil metros de campo cubierto de cadáveres y pedazos entre nosotros, las luces alcanzan a mis arma pesadas una tras otra, las bombas a todo lo que no esté en su línea de visión, la infantería despedazada por garras y dientes, proyectiles enemigos explotan matando monstruos y hombres sin importar la proporción de sus pérdidas y ganancias, era un total exterminio sin importar perdidas por parte del enemigo, yo por mi parte conozco personalmente a la mitad de mi ejercito, casi todos muriendo en este momento, los disparos de mis cañones alcanzan a mi oponente y detienen su fuego, creo eliminarlos pero me equivoco, monstruos de 30 metros de metales desconocidos avanzan fuera de la nube de tierra, cuatro enormes patas delanteras con forma de escudos gigantes se alinean frete al titánico destructor cubriéndolo, solo su cañón se ve, se ilumina, y una luz atraviesa mi tanque arrojándome al aire, me encontraba sobre el chasis y el aire calienta a 10 metros quema mi rostro, pierdo la mitad de mis tanques en minutos, aviones pasan a toda velocidad rasgando el aire y lanzando todo tipo de bombas en la espalda del andador gigante, logran destruirlo, siendo víctimas de un fuego antiaéreo que ilumina todo el cielo, ahí van mis últimos aviones y pilotos, la batalla continua, los hombres encargados de traer munición corren con 50 a 100 quilos de proyectiles encima, de cualquier tipo y para cualquier arma, corren entre el fuego y una lluvia de esquirlas tan intensa que de tener suerte solo desgarra su ropa y carne sin llevarse su vida o extremidades, muchos no tienen suerte, los pocos en llegar a los cañones son convertidos en polvo por una luz junto a la pieza o se convierten en carne desgarrada por una explosión y las esquirlas junto a los morteros o artillería de cohetes, pierdo cientos por minutos….

 Una hora luego.

Su mirada seria demuestra su estado, calma y tranquilidad, una mano firme en la empuñadura de su fusil, su uniforme manchado con tierra y sangre, despedazado, mirada fija en el lejano horizonte, esperando, el pelo largo cae en su rostro, facciones expresivas de agotamiento y una cicatriz que recorre su rostro junto a un corte profundo, observa el paramo, un largo campo frente a él, lo observa desde la cima de una pendiente empinada, lo que una vez fue verde ahora es rojo, destruido por el combate y la artillería, edificios y enormes maquinas bélicas destruidas, el desolado lugar está plagado de escombros y cadáveres, piezas de armaduras y armas de metales desconocidos junto a la carne molida que una vez lo sostuvo, grietas en el suelo rojo oscuro, el único color vivo que se ve es el de la sangre cubriendo el suelo estéril y resquebrajado, no existe ningún tipo de vida aquí, bloqueos de escombros y rocas en todo lo que se ve, una tormenta se acerca, una enorme nube de tierra se levanta y aproxima desde el horizonte, nada se ve en ella, se escuchan los ruidos característicos de este tipo de tormenta, la mano se convierte en puño, busca la radio sujeta a su chaleco en el pecho, aprieta el botón y se comunica, “ha sido un placer muchachos, son todos unos héroes, es un honor.”, su voz fuerte y decidida es escuchada por poco mas de 80 hombres, que se asoman dispersos y en pedazos, volteo y subo a mi tanque, el único que queda, su torreta dañada no puede girar, dos proyectiles explosivos y  7 penetrantes, doy la orden de prepararse a todos, solo tres ametralladoras, un cañón y 5 morteros, de 15 a 30 proyectiles para cada uno, se preparan, nada mas queda, no hay nadie que no esté herido, y el 30 por ciento de ellos esta mutilado, la ultima defensa desesperada esta por desaparecer, lo que no daría por que estos últimos 7 meses no fueran más que un mal sueño, volteo y miro al doctor que queda en pie, sonrió “fue una gran pelea verdad?”, se limita a asentir, bromeando dice “debes descansar para recuperarte”, respondo con un chiste “tranquilo, en 35 minutos todos estaremos descansando” una sonrisa despiadada se me dibuja, el doctor ríe, es un buen chiste, no serán ni 10 minutos.

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