cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
La Teoronita Parte I
Varios |
03.02.10
  • 4
  • 6
  • 2631
Sinopsis

Ya que Mirando tuvo interés en empezar otro proyecto de novela colectiva, pongo el comienzo de una historia surrealista que empecé hace tiempo. Si alguién quiere continuarla, es libre de ello. Saludos :)

      Yo era un joven audaz, y digo audaz, pese a que no es la audacia mi punto fuerte hoy en día, pero en aquellos tiempos que se escapan al calendario, supe desenvolverme bien en un mundo que estaba cambiando en cada tic tac del reloj ominoso. El sistema gubernamental era no menos que extraño, pues nadie, ni incluso los que hablaban de esto, sabían bien lo que decían. Yo, como joven audaz, hice oídos sordos a la palabrería que recorría las calles con extrañas propagandas y apremiando a la nación a la guerra. Mas la pregunta clave no era respecto a la economía, la defensa o cualquier aspecto de interés para los ciudadanos; era simplemente: ¿Contra quién? Pues bien, pese a todo, muchas voces se alzaban en exclamaciones tales como: “¡Destruirlos!”, “No nos vencerán”, “Les demostraremos quién manda aquí”… Pero esto, es el final de la historia.
Las empresas habían llegado al acuerdo de pagar a sus empleados con la teoronita; un material inexistente con el cual se debían de hacer las transacciones con “pagarés”. Mi sueldo base era de 324,68 teoronitas cada vez que la luna completara su ciclo, o bien podía esperar a que se completara un lustro y se me incrementaría un 4% del tercio de las ganancias. Eso si no morías en las minas o de paromoesclogotiroides (unas bacterias que emanaban de unos microhongos que florecían en los teclados de las máquinas de escribir); por lo cual, la familia del difunto podía optar porque la empresa se encargara del funeral (monopolio exclusivo de las empresas del país) o hacerle un rinconcito al muerto en la casa.
El sistema educacional consistía en 2 horas de teoría y 4 de práctica; que abarcaba desde que el niño cumplía los 7 hasta los 20 (primera mayoría de edad). Las dos horas teóricas trataban sobre diversos temas variados (leer, escribir, contar, escuchar, escuchar) y las de práctica dependía del futuro que los examinadores escolares decidieran en una entrevista concebida al niño el primer día de colegio; por lo cual, pasaban a complejas instalaciones donde se recreaba un ambiente laboral simulado para que las jóvenes mentes se fueran integrando.
Cuando yo era pequeño se me asignó el sector minero, en el que todos los días tenía que extraer de unas minas de cartón-piedra diversos materiales compuestos por plastilina azul, roja, amarilla… Cuando cumplí los veinte, fui enviado a “Minas Ensor & CIA”, mas cuando cumplí mi segunda mayoría de edad –o sea, cuando cumplí los treinta-, me fue asignada como pareja sentimental a Jina: una chica preciosa de pelo castaño y ojos iridiscentes. Supongo que el tener prohibido una pareja hasta que llegases a la treintena hacía que la persona asignada –fuera cual fuese- te resultaba la persona más deseada del mundo. En mi caso, tuve suerte de que me tocara ella, pues su padre, el Profesor Geodor Fuhsler, tuvo la gentileza de revelarme los hechos que acarrearían la destrucción de Lugador, un país inhabitado, salvando de la destrucción al nuestro. Pero no me malinterpreten, mi relación con Jina fue de lo más fructífera, aunque de menos importancia a escala global.

      Pero ya está bien de hablar de cómo era el mundo entonces, pues supongo que ya se habrán hecho a una idea. Cuando Jina me presentó a su padre, éste se mostró muy interesado en mi trabajo de Minas Ensor, pues según él, en aquel lugar había más de lo que a simple vista se alcanzaba a ver. Me pidió amablemente que le llevara algunas muestras del lugar –tarea harto difícil-, y a cambio me dejó presenciar algunos de sus más extraños experimentos. Lo que ocurrió aquella mañana en el laboratorio cambiaría drásticamente -y temporalmente- el destino de la nación ¡El Profesor Fuhsler había descubierto la teoronita!

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 69
  • 4.57
  • 212

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta