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6 min
La torre de Jana
Reales |
25.01.09
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Sinopsis

Os prometo que para el próximo relato, me atreveré con uno de humor, pero dejarme que le dedique este, a esas personas que necesitan una nueva ilusión en su vida...GRACIAS.







He caminado despacio, lentamente, mis pasos me llevan por la ruta mil veces recorrida hasta la vieja muralla almorávide con su gran torre octogonal.

Me apoyo en una de las columnas de piedra que sujeta lo que queda del techo en ruinas, y contemplo como la vegetación crece de manera salvaje, creando un velo sobrenatural.

Recuerdo que con apenas 10 años sabía de un agujero por el que me colaba y subía por unos ruinosos escalones hasta una polvorienta estancia, donde con mi imaginación allí me sentaba.

Horas de seguridad y sueño pasé allí dentro, protegido por más de 500 años de historia, me ha aflorado una sonrisa al pensar en aquella princesa, a quien bauticé con el nombre de Jana, como aquel cachorro que le habían regalado a mi amigo Manuel y a quién yo cuidaba como si fuese mío.

Jana era el nombre de la princesa que además de en tan extraño lugar, también habitaba en mi mente, y a la que como precoz quijote, juré amor eterno.

Si, mi querida Jana, he venido a verte de nuevo, porque sé que tú me comprenderás. Tenía a mi lado desde hace unos días, o diría meses…a mi lado de nuevo quien me acompañase, era muy parecida a ti, a ese ángel de la guarda que nos acompaña a cada uno de nosotros.

Tal vez tenéis en común que jamás os veré vuestras sonrisas, que vuestros abrazos me los dais a diario, pero sin contacto físico alguno.

Sé que por ley de vida, ella me abandonará, hoy mismo he venido aquí para hablar contigo, porque me encontré perdido cuando hoy al levantarme como cada día, ella no estaba conmigo.

Noté su ausencia y me sentí triste, muy triste cuando me di cuenta que ella no estaba y el mundo no paraba de girar.

Por cierto te he hablado de ella, pero no te la he presentado todavía.

Ella se llama “ilusión “.

Félix se levantó de nuevo de aquella piedra centenaria, para de nuevo regresar a su casa dubitativo y cabizbajo se despidió de Jana, una lagrima corrió por su mejilla, al pensar por un momento que sería la ultima vez que viniese de nuevo a la torre, su torre…

Se giró y empezó a caminar despacio, lentamente mucho mas lentamente que en su viaje de ida… había sido un billete de un solo viaje.

De nuevo le afloró esa sensación extraña, que le invadía desde hacía unos días, un certero pinchazo como un estilete clavado, hizo que se detuviese en seco y sus manos se dirigiesen hacia esa zona.

La ansiedad del momento le impedía respirar, una sensación de ahogo le subía desde dentro, notó que sus piernas flanqueaban y buscó apoyo en una de esas piedras que rodeaban el camino. Se sentó pausadamente en una de ellas, miró alrededor y se encontró solo.

Cerró los ojos, como buscando un poco de sosiego en aquellos momentos, “descansaré un rato y proseguiré mi camino, es la ansiedad del momento”, pensó Félix por unos instantes.

Una breve ráfaga de viento alzó las hojas caídas sobre el camino y mirando hacia ellas, algo le llamó la atención, encontró un papel arrugado sobre aquellas hojas, se veía claramente la letra bien definida, e instintivamente se agachó a recogerlo, decía así.

“Si quieres ENCONTRARME, tendrás que…aprender a buscarte a ti mismo “.
* * *
El sonido estrepitoso del despertador dio las siete y media de la mañana y una voz femenina inundó la estancia donde Félix dormía.
–Buenos días son las siete y media de la mañana, hace una temperatura de 18 grados y no se esperan precipitaciones en el día, solo una bruma matinal que irá desapareciendo a lo largo del día.

Félix sonrió, al despertarse, miro alrededor y vio su traje colocado en espera de aquel día importante para él, su nuevo trabajo le esperaba, todo había sido un sueño, pero lo más importante, es que de nuevo tenía “la ilusión“ junto a él.

Después de una gratificante ducha y desayuno, Félix paso frente al espejo del vestíbulo, se miró en él y sonrió. No se veía tan acicalado desde el día de su primera comunión.

Colgó las llaves del coche, las sopesó y las volvió a dejar, consideró que más conveniente era desplazarse en transporte público.

Ya en el andén del metro, consultó su reloj y se permitió el lujo de esperar la llegada del próximo tren. Se felicitó a si mismo porque el vagón donde se subió venía medio vacío, y en él pudo acomodarse a su antojo.

Examinó a sus compañeros de viaje, los compañeros parecían despreocupados y cada uno mataba el tiempo a su manera.

En los asientos de enfrente, viajaba una chica de edad similar a la suya, escondida detrás de un libro, Félix sintió curiosidad por el titulo del libro, que las manos de su propietaria ocultaban.

Félix esperó pacientemente que pasara página, sino se distraía, tendría su oportunidad de satisfacer su curiosidad y ver el titulo.

Cuando llegó el momento se incorporó como un resorte en el asiento…“aprende a buscarte a ti mismo “, era el titulo del libro.

Frenó el convoy, se abrieron las puertas y Félix salió dubitativo a la calle. Giró la esquina, cruzó el paso peatonal y buscó el número 33, donde una semana antes había asistido a una entrevista de trabajo.

Pasó el puesto del control lentamente, para que el encargado de seguridad se quedara con su cara, necesitaba resultarle familiar a alguien.

Se presentó con la mirada a los compañeros de trabajo, con los que se encontró hasta el despacho del coordinador del personal.

Le tranquilizó el trato afectivo de este, cuando le tuteó para presentarle a quién sería su compañera de trabajo.

—Esta señorita es Paula, ambos llevaréis este departamento.

—Encantado Paula, espero ponerme pronto al día.

—Es un placer Félix, lo importante es qué a tu lado siempre haya algo que te resulte cercano. Dijo Paula con una amplia sonrisa.

Félix paseó con la mirada la estancia y descubrió encima de la mesa, el libro de la chica del metro, “aprende a buscarte a ti mismo “.

—En tu mesa tienes uno igual, —siguió Paula, yo empecé a leer el mío ayer.


—Ya tenéis aquí al primero—dijo el coordinador.

Se abrió la puerta y asomó tímidamente los pies de Ramón, qué con un giro maestro hizo entrar su silla de ruedas.

Antes de cerrar, Félix acarició el cartel de la puerta “REHABILITACIÓN” y pensó para si mismo mirando a Paula y Ramón , mañana debería encargar otro cartel…ilusión?.
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  • Espero repartir ilusión yo también algún día... hay gente que necesita ayuda para "buscarse a sí mismos", pero todo es superable!! Muy bonito
    Amiga Lucía, te ruego que me disculpes porque en el relato de arroz con leche y canela, estuve rápido de clic ratonero y antes de valorártelo se me escapó y lo envíe, que sepas que tanto este como aquel me encantan, cuando entro aqui, busco si has puesto algun nuevo relato porque hacen que me aplique a mi mismo lo que tú nos cuentas en ellos. Gracias mil por ello.
    Siempre hay que tener una ilusión, un reto por conquistar, para poder saborear la calidez de la vida.
    me gutó. Ilusión y esperanza. Si me Permites, Lucía, creo que tu relato está escrito con "cierta prisa".Te lo dice un "analfabeto" de la escritura, y por supuesto, con "ánimo positivo". Saludos y gracias.
    Me lo has puesto difícil. Me has hecho dudar mucho entre el cinco al que te he acostumbrado, y que te mereces si sólo atiendo al contenido, y el cuatro (o menos) que debería darte si presto atención a ciertos detalles técnicos. Finalmente, puntuaré valorando sólo la bella historia. A otras personas les paso más por alto las inexactitudes linguísticas (a mí mismo, por ejemplo, jajaja), pero tú ya estás a otro nivel del que no se te permite bajar. Habrá quien no entienda estas palabras tan duras, pero juego con la ventaja de saber cierto detalle acerca de este relato ;) Ya te echaré una bronca (siempre constructiva) a nivel particular. Piensa que ningún niño da todo lo que puede dar si no se le pide más que lo que puede dar.
    El final es muy conmovedor :) me gustó
    has apostado fuerte publicando esto, es un relato subrealista donde pocos comprenderan lo que realmente encierra, pero tu valor te honra. Al'Karím
    Nunca debería faltarnos. Si perdemos la ilusión las cosas dejan de tener senido. Siempre mirar al frente....con ilusión, aunque a veces sea difícil. Un beso y escríbeme que echo de menos tus correos guapa
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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