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4 min
La ultima copa. La historia de la condesa, continuación.
Terror |
08.12.06
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Sinopsis

Algunas veces sale mi vena “bohemia”. Ayer fue una de esas ocasiones. En este caso fue con un pintor de pacotilla, que se cree el nuevo Dalí… En fin, que me desnudé para él. Estuvo un buen rato para decidir en que postura quería pintarme, que si el brazo más para arriba, que dobla la pierna así, gira un poco para que se te vea un pecho, el pelo de esta manera… al final se me hizo demasiado pesado, pero él consiguió su cuadro. Lastima que se quemase en el incendio.

Sinceramente, yo buscaba algo más que un cuadro al estilo Maja Desnuda, sobre todo porque para cuadro tipo Maja Desnuda ya está el de Goya, pero me temo que a este las mujeres solo le interesaban para posar, así que tuve que pasar directamente a la cena sin “fiesta previa”. Oficialmente había bebido y se durmió en la cama con un cigarro. No creo que a una carbonilla como lo que quedó se molesten en hacerle la autopsia, de lo contrario verán las marcas del cuello.

Pero por donde iba… Creo recordar que os hablé de mi reinado en Egipto y posterior deificación, de mi marido Enkil, de nuestra guerra personal con Set y sus seguidores, y el fin de mi matrimonio con Enkil, y mi marcha a Palestina. No me fui por otro, ya que a Miguel lo conocí después, en Palestina, sino porque se volvió arrogante, engreído y muy presuntuoso. Si se creía capaz incluso de darme órdenes. Llegado ese momento me di cuenta que era hora de cambiar de aires.

Por cierto, se me olvidaba… Creo que Miguel ya os ha contado las tres reglas básicas que hay en nuestro mundo. Debéis saber que no son tres reglas caprichosas, ya que durante la guerra que hubo en Egipto Set convertía a cientos de hombres en Vampiros sin tener ninguna consideración sobre si estos eran de confianza para ser convertidos, con el único objetivo de tener un “ejercito” más poderoso, y así mismo enseñaron a humanos a matar a los nuestros para usarlos como aliados. Por ese motivo y por el deseo de evitar una nueva guerra se establecieron esas normas, que incluso fueron aceptadas por el propio Enkil.

El tiempo que he vivido en Egipto es el periodo más largo que he pasado en un mismo lugar. En Palestina me marché pronto, dejando a Miguel allí. Andaba tras la hija de un rico comerciante y pensó que no me enteraría, porque al fin y al cabo se lo tomaba un poco a juego, pero al ver que me marchaba a Roma debió notar que me había molestado. Dejó un tiempo prudencial para que se me pasase el enfado y vino a buscarme. Si os soy sincera, ya no le esperaba. Si no me equivoco os conté mi marcha a Roma pero no el motivo exacto…

Que os voy a contar de Roma. Nosotros también honrábamos al dios BACO, pero a nuestra manera. Los romanos se daban unos buenos festines en sus míticas bacanales… y nosotros. Es curioso, pero desde el 168 ac estaban oficialmente prohibidas, pero tantos años después aún se celebraban, eso si, de forma mucho más discreta para que las autoridades no tomasen cartas en el asunto. Ellos se ponían ciegos de comida, vino y sexo, y nosotros en nuestras fiestas privadas no poníamos ciegos de sexo y sangre. Un poco por aquí, un poco por allá, luego nuestros “comensales” estaban algo chafados y con pocas energías, pero lo achacaban a los excesos de la noche anterior…

De nuestra estancia en Hispania, poco que contar. Cuando entraron los Vándalos quería marcharme, pero me encapriché de uno de ellos. Creo que a Miguel no le hizo mucha gracia, pero se lo tomó un poco como un castigo por su desliz en Palestina, pero no duró mucho. Mi pobre vándalo se murió de anemia perniciosa… Sobre el 850 marc
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