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4 min
LA VIDA DE UN PUEBLO 3
Amor |
09.04.22
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Sinopsis

Pese a que en la Compañía afloraran los nervos de última hora que parecía que fuesen a echar por tierra a la obra teatral, gracias a un instinto de superación y también de improvisación de ésta se consiguió que la representación fuese todo un éxito y que conmoviera en grado sumo a la sensibilidad del público en general.

Sobre todo cuando los allí presentes vieron a Jesús clavado en la Cruz que clamaba patéticamente, mientras que el sol se ocultaba tras el horizonte de aquellos páramos tiñendo el inconmensurable cielo de un rojo carmesí, y en el que el tiempo se detenía envolviendo al paisaje en una atmósfera bíblica: "¡Padre, ¿Por qué me has abandonado?!" Pues no me cabía la menor duda que la mayoría de aquella gente hizo suyas aquellas palabras al relacionarlas con sus problemas personales. ¿Quién no se sentía de alguna manera desamparado, abandonado a su suerte?

Era aquel un público no sólo formado por los sencllos hijos de la villa,sino que también por el alcalde y otras personalidades de distintos municipios de los alrededores, quienes al término de la obra teatral felicitaron efusivamente a toda la Compañía y por supuesto a Gabriel, el padre de Rosa, el cual no cabía en sí de gozo y le parecía que estaba soñando. El, todo un campesino con su inteligencia natural al servicio del arte escénico había logrado emocionar a todo el mundo.

Pero en la vida hay veces que del blanco se pasa al negro. Al cabo de pocos días de aquel brillante evento, en una rústica y humilde casa que estaba cerca del hogar de los padres de Rosa falleció el dueño de la misma a una edad muy avanzada. Como es natural vinieron al entierro los familiares que habían emigrado desde hacía varios años a Barcelona o a Madrid y entraban en  la casa del difunto donde habían montado el veltorio. Se acercaban al féretro y lloraban desconsoladamente. "Pobrecito, parece que esté durmiendo" - decían los recién llegados entre sollozos-. Mas cuando de nuevo salían al patio, daba la sensación de que se olvidaban por completo de la luctuosa situación que les había llevado allí y hablaban aniimadamente de sus cosas como si aquello no fuera con ellos; y así sucesivamente, pues ora reían, ora lloraban según el momento que les tocaba vivir. ¿Había que mostrarse triste ante los vecinos que venían a dar el pésame para estar a la altura de las circunstancias; para quedar bien ante las visitas? ¿Formaba aquello un simple ritual costumbrista que nada  tenía que ver con lo que realmente sentían? Había una línea muy fina entre el puro formulismo y la autenticidad de los sentimientos que era muy difícil de precisar. A lo mejor la tradición alimentaba al sentimiento y viceversa

Lo cierto fue que aquella noche que estaba iluminada por la luz amarilla de una luna llena mientras que en la casa del difunto cuyas puertas estaban abiertas, y todos estaban a punto de dormir, de repente se oyeron unos pasos cansinos que iban de un lado para otro.de la vivienda. "¡Toc-toc...!" pero nadie se atrevió a ver quién era en aquella hora tan intempestiva de la madrugada. Al día siguiente durante el entierro los familiares preguntaron a todos lo vecinos del pueblo quién había irrumpido en la casa y nadie se responsabilizó de aquel misterioso hecho. ¿Sería acaso el alma del difunto que se despedía de este mundo y de cuánto le rodeaba? Es muy posible que así fuese, dado que en las zonas rurales se perciben muchos fenómenos paranormales que en las ciudades son más difíciles de captar.

Pronto se terminaron aquellas pequeñas vacaciones, por lo que tuvimos que regresar a Barcelona para reemprender nuestras labores cotidianas. Nosotros nos relacionamos con personas en cualquier parte, pero para conocer esencialmente a un sujeto hay que contemplar el mundo, el ambiente en el que se ha formado y que le ha visto crecer, como es en el caso de Rosa al estar vinculada a su pueblo natal, y todo lo demás es una añadidura de poca importancia.

                                            FRANCESC MIRALLES.
 

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