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La visita
Varios |
23.07.11
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  • 1493
Sinopsis

Este lo publico por primera vez.

 El escritor persiste con su discurso intragable, ajeno al reguero de tedio que sus palabras esparcen. ¿Pero este hombre se cree que recibir el Nobel le otorga el derecho a aburrirnos de esta manera? Ahora le da por esfumarse y en su lugar tenemos una gorda desorientada, ofuscada, que no sabe cómo seguir la palabrería infame. Otro truco comercial para ponernos de mala leche a estas horas de la tarde. Cambio de canal y me encuentro con un programa de belleza para perros. Vuelvo a cambiar y una señora con el pelo rosa acaba de perder una sesión de liposucción por no conocer el nombre de la última amante del torero de moda. Puedo darle al botón ochenta veces, que me voy a encontrar con ochenta tipos de mierda de distinto color, aderezada además por el alboroto del taladro de la obra con que el vecino disfruta jodiendo al vecindario. Aunque no entiendo bien para qué coño busco en la pantalla, si ahí nunca voy a encontrar la variedad de porquería que tengo aquí tan cerca, esparcida por la sala de estar, y todo porque la inmunda de mi mujer es alérgica a la higiene.


Ahí al lado sigue la inmunda, con sus ciento veinte kilitos de grasa atrapados por el sillón, como si de un cangrejo ermitaño se tratase; un cangrejo más bien puerco que finge interés por su revista de moda, cuando en el fondo está maquinando cómo quemarme la croquetas de jamón, cómo lavarme las camisas con la lejía más barata para que me abrase las tetillas con el roce, cómo confabularse con los vecinos para que su obra interminable acabe reventándome los tímpanos. La miro a los ojos fijamente, y, con el espíritu altruista de educarla en el existencialismo de Sartre, le digo marcando bien las palabras: «El infierno son los demás». Ella permanece callada, finge que tiene la capacidad de pensar y me responde con su carita rebosante de necedad: «Pues anda que tú». Pues anda que la que me ha tocado aguantar a mí, con esa hija agujereada que da miedo así vestida de velatorio ambulante, que sólo reparte besos cuando busca el dinero que tanto me cuesta ganar en esa oficina repleta de inútiles que fingen enfermedades y partos ficticios para robar todo lo que puedan, y todo para conseguir cuatro perras que te acabas gastando en ir a la playa a Benidorm a comerte una sandía llena de arena con la suegra que se empeña en ser moderna y se destapa en un atroz topless capaz de exterminar a toda la fauna circundante, a toda menos a los cuatro sobrinitos que se exhiben en pelotas y que vienen cada uno de un padre distinto, que no hacen más que joder con el cubo y la pala y descalabrarse mutuamente, aunque los cabritos no llegan a matarse nunca, como haría falta que alguien hiciese, con toda la educación del mundo, con el vecino que sigue empeñado en joder al vecindario en las horas de máxima audiencia, dale que te pego con el taladro como si con machacársela él solo no le bastase, respondiendo a mis golpes en la pared con una insistencia aún mayor en su afición horadora, hasta el punto que el muro empieza a esputar polvo, cemento y fragmentos de ladrillo, que la inmunda está ahí pasmada y aprisionada en su sillón, sin decir nada bajo la capa de polvo blanco que ya la cubre, observando asustada cómo vuelan los ladrillos y cómo a través una nube de restos de mampostería, taladro neumático en mano, aparece un viejo de larga barba gris, vestido con uno de esos monos naranjas que sólo se ven en las películas de prisiones americanas, y que se queda mirándonos con cara de pasmo.

–¿Es aquí lo de la libertad? –pregunta como si fuera un imbécil.

 

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  • Hola. Una buena reflexión. Un saludo
    Joder, magnífico. Comienza de una forma perfecta con la increible referencia a "la gorda" del relato del mago y seguro que con alguna referencia que se me escapa. Esa mirada escéptica -que cita VV.AA- (casi cínica, diría) la transmites de una forma casi espeluznante. Me quedaría con el típico "brutal" o "atroz" para describir ese sentimiento de increibe "irrealidad" que me abruma al leerlo.
    Excelente relato!
    Cuesta unos segundos caer en la cuenta del sarcasmo que contiene la pregunta final. Bien escrito, como siempre, sin que se te retuerza la sintaxis en la larga, y aterradora, frase nuclear. Me pregunto si esa mirada dura y escéptica es tuya de verdad o es una creación ficticia para impresionar a tus lectores (cosa que, en cualquier caso, consigues).
    La vida misma... Me ha gustado mucho, una gran descripción de ña vida que nos rodea.
  • Publico también este otro relato, cuya primera versión vio la luz hace por estos lares hace unos cuatro años.

    Dice la Encyclopaedia Britannica...

    Hoy me despierto con la satisfacción de haber dormido bien.

    Me alegra pasarme por aquí después de un tiempo y encontrarme esto tan cambiado y con un aspecto inmejorable. Para celebrar la nueva temporada, os dejo este relatito que tenía por ahí guardado. Un saludo a los viejos conocidos.

    Hoy me ha dado por volver a publicar este relato que apareció por aquí hace más de tres años, y que a mí me hace una gracia especial.

    Conversión acelerada al ateismo

    Vuelvo a publicar este relato, que apareció por estos lares hace más de dos años.

    Este lo publico por primera vez.

    Ahora resulta que la sipnosis es obligatoria

    El año pasado me apunté a un taller literario y en una de las tareas nos mandaron continuar un relato a partir de un primer párrafo de Ray Bradbury. A mí me salió esta tonteriita que, aunque no me parece que tenga demasiada calidad, puede resultar refrescante. (El primer párrafo es de Ray Bradbury. El resto, mio)

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La amistad, el amor, la familia, el arte, la naturaleza, el descubrimiento del mundo, la superación intelectual: todo eso representa para mí el 60% de las cosas por las que merece la pena vivir. El otro 40% está directamente relacionado con los placeres derivados del queso.

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