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4 min
La voz de mi sueño
Suspense |
26.06.15
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Sinopsis

Soñar es necesario, reconforta, pero si algo nos obsesiona podemos ser víctimas de nuestros propios sueños.

Ocho años no es una edad para morir, es una edad para soñar. Ivan, desde que nació, tuvo que ser fuerte y luchar contra una anomalía respiratoria que le impedía disfrutar de la vida como cualquier otro niño de su edad en la ciudad de New York. Allí vivía con su padre, a quien adoraba, en un apartamento situado en la planta nueve de la 5ª Avenida desde donde podía disfrutar de unas vistas impresionantes de Central Park. Fue deseo de su padre estar lo más cerca posible del pulmón de la ciudad para que el niño pudiera "respirar un aire más sano", decía.

Era un niño muy feliz a pesar de sus dolencias y de haber vivido casi toda su vida sin el amor y los cuidados de su madre. Pocos recuerdos tenía de ella, ya que tan solo con dos años una enfermedad de las clasificadas como "raras" les separó. Ahora una simple gripe, según les contó el Doctor hace una semana, le mantenía aún en cama. Nada grave, lo peor era el dolor de cabeza.

Su padre entró en su habitación a darle la medicación y un beso dulce de buenas noches. Quince minutos más tarde el silencio invadía toda la casa. Ivan y su padre dormían. Y al soñar...

"Puedo oír la voz. La enfermedad está destrozando todo a mi alrededor y ahora otra está creciendo en mí. Siento que mi lado humano está cambiando lentamente. Enfermedad, tú has hecho despertar el demonio dentro de mi. Puedo oír la voz."

Pasaban los días e Ivan iba mejorando según lo previsto, tan solo ese dolor de cabeza. Hoy estaba contento, habían pasado toda la tarde jugando en el parque y su enfermedad no le había impedido hacer lo mismo que el resto de niños. Y como traca final, su padre le había preparado esa cena que tanto le gustaba. Vieron un rato la tele y se fueron a dormir.

"Ha estado genial. Verdad papi? Buenas noches" dijo Ivan. "Si, genial. Buenas noches jovenzuelo. Dulces sueños." le dijo su padre con una sonrisa en la boca.

Y al soñar...

"Esa voz de nuevo. Enfermedad, siempre conmigo, siempre en mi vida. Y ahora esta sigue creciendo dentro de mi. Puedo oír la voz: Levántate. Vamos. Acaba con la enfermedad."

La puerta de la habitación de Ivan se abre. Una sombra entra y se dirige sigilosamente hacia la cama.

- ¿Qué pasa Papi?... ¿Qué ocur…? ¡¡¡AAAGGH!!!! ¡¡¡PAAAAAPI!!! ¡¡AAAGGHH!!! No Papi, no hagas eso!! ¡¡AAAGGHH!!! ¡¡NO LO HAGAS MÁS!!! ¡¡AAAGGHH!!! ¡¡SERÉ UN BUEN CHICO! ¡LO PROMETO! ¡¡AAAGGHH!!! ¡Tú nunca… me has… pegado!AAAGGHH!!! ¡¡NO, AAAGGHH, NO HAGAS ESO, ME HACES DAÑO!!! ¿POR QUÉ PAPI? ¡¡AAAGGHH!!! ¡¡AAAGGHH!!! ¡¡AAAGGHH!!!!

De repente de nuevo el silencio, tan solo puede oír su jadeo acelerado. Mira la cama del pequeño e incrédulo ve al pequeño inerte. Se mira las manos. Ensangrentadas.

"Esa voz. Locura. La enfermedad ha hecho crecer el demonio en mí."

Totalmente abatido y conmocionado el padre de Iván vuelve tras sus pasos a su habitación. Impulsado por la desesperación abre la ventana mientras cree escuchar la dulce voz de su pequeño llamándole desde la habitación. El dolor se hace aún más fuerte.

Con los ojos desorbitados sube a lo alto, apoya los pies en el pequeño saliente del exterior del edificio olvidando su miedo a las alturas. Se detiene un instante para mirar a su alrededor, una ligera inclinación y comienza a caer al vacío.

"¡¡NOOOOO!! ¡¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAÁ!!!"

Ahora no tiene dudas, ha oído claramente la angustiosa voz de Ivan llamándole. El grito del niño le devuelve a la realidad despertándole del profundo sueño que había caído hacía más de cuatro horas y desgraciadamente tan solo nueve segundos antes del inevitable impacto mortal contra las calles de Nueva York.
----
Minutos antes, un extraño ruido despierta a Iván. "¿Papiii?" Está seguro de haber oído algo. Enciende la luz y como no encuentra la respuesta de consuelo que esperaba, se dirige a la habitación de su padre.  "Papi?? ¿Has oído eso?, dice ahora un poco asustado. Silencio. Entra en la habitación y junto a la cama vacía descubre la ventana abierta. ¿Papiii? Distingue perfectamente la silueta de su padre al otro lado, de pie, inmóvil. Silueta que se inclina y comienza a caer.

"¡¡NOOOOO!! ¡¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAÁ!!!"

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