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5 min
Lamashtu
Terror |
24.01.15
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Sinopsis

Cuento de terror clásico. La fuente de inspiración fue el saqueo del museo de Bagdad durante la Guerra del Golfo.

Lamashtu

El cabo Joshua Reid nunca llego a disparar un tiro en la guerra contra Saddam: Había llegado a Irak solo para el saqueo, y este había empezado sin él.

Joshua lamento su suerte. El museo de Bagdad y sus tesoros de antiguas culturas (algunos de los cuales se remontaban a la noche de los tiempos) estaban siendo robados: Vio como los saqueadores escapaban con sacos llenos de reliquias.

El espectáculo era patético, miles de objetos valiosos del pasado, tesoros de la humanidad habían sido destrozados. Pero eso a él no le importaba, solo el dinero que podía obtener. Comenzó a buscar algo, lo que fuera, la codicia le guiaba. Pronto advirtió que los otros soldados se habían ido, olvidándolo allí, y no le importó.

Camino por los pasillos oscuros del museo. En una oficina vio una luz encendida, siguió en esa dirección con su fusil listo. Pateo la puerta y grito, nadie respondió. Entro en la habitación y el panorama era similar al del resto del museo, desorden. Dio un rápido vistazo y no observo nada que fuera de su interés. Desilusionado, dio la vuelta para abandonar el lugar cuando escucho un estornudo.

Volvió sobre sus pasos y con voz autoritaria ordeno al desconocido salir de su escondite. Un hombrecillo pequeño y acobardado, con aspecto de oficinista o quizás de profesor, emergió lentamente. Abrazaba una maleta pequeña, aferrándose a ella como si fuera una joya. Joshua se dio cuenta que su contenido era algo valioso e inmediatamente le arrebato el maletín haciéndole a un lado como si fuera un muñeco, mirándole con desprecio y amenazándole, estaba seguro que ese alfeñique no era un peligro para un hombre de su talla.

Mientras Joshua abría el maletín para ver el contenido, el hombrecillo se abalanzo sobre él tratando de recuperarlo pero con consecuencias trágicas: El arma se disparó accidentalmente, hiriéndolo de muerte. Joshua asustado y arrepentido, lo tomo entre sus brazos ayudándole a recostarse en el piso. El hombre fue muriendo lentamente y con ojos desorbitados pareció lanzarle una advertencia, repitiendo, una y otra vez hasta que expiro, una palabra que no pudo comprender: “Lamashtu”. Perseguido por la culpa, Reid abandono el lugar y regreso a su base con el maletín, y la extraña figura femenina de aspecto demoniaco que contenía.

Meses después regresaría a su hogar en Vermont. Para entonces otros sucesos trágicos ocurridos en Irak lo habían tenido en vilo y su carácter había cambiado. La esposa y el resto de la familia, alegres con su regreso sano y salvo, lo notaron sumergido en oscuros pensamientos. Todos intuyeron un trauma posbélico. La realidad era otra: Lamashtu.

La voz del extraño pronunciando ese nombre volvía a su mente de manera cotidiana, obsesionándole, invadiendo incluso sus sueños (que no conseguía discernir al día siguiente), rodeándole de hechos inexplicables como la muerte de su mascota primero y luego el peculiar deceso de uno de sus tres hijos.

 Aun así sus planes iniciales de vender la figura de aspecto horrendo se disiparon y se negó a deshacerse del amuleto, a pesar de los ruegos de su mujer que aborrecía de la horrible estatuilla. No lo sabía pero el influjo de Lamashtu lo había atrapado.

 Lamashtu pasó a formar parte de la decoración en el interior de su casa, puesta en un sitial desde donde parecía vigilarles. Sin embargo, otra vez, la enfermedad volvió para atacar a uno de sus hijos y esto le hizo desconfiar. Reid decidió averiguar más acerca del raro amuleto: Para ello visito la biblioteca de la Universidad local.

Reviso varios libros hasta que encontró lo que buscaba: Una imagen del mismo amuleto que estaba en su poder.  El párrafo remitía a una fuente de origen acadio, la tablilla cuneiforme databa  de unos cuatro mil años atrás y decía lo siguiente: “Mi nombre es Larsa y dejo este testimonio como una advertencia. Cuando todo lo demás hubo fallado, asustado y mal aconsejado, cometí el error de invocar la gracia de Lamashtu para salvar la vida de mis hijos enfermos, llevando una imagen suya a mí hogar.  Este espíritu maligno se apodero de mi casa, atrayendo gran cantidad de calamidades sobre mi persona y los míos, afligiéndonos. Cuando lo advertí fue demasiado tarde: Su maldad no se detuvo, ni siquiera cuando acabo con todos ellos de manera sangrienta y cruel, dejándome solo. Ahora vivo en el desierto y el único consejo que puedo darles es este: Si son sus víctimas huyan lo más lejos que puedan de este demonio pues tiene una especial predilección por los niños y las mujeres.”

Un Joshua horrorizado comprendió la sucesión de hechos: Lamashtu era quien había apretado el gatillo en aquella sucia oficina en Bagdad y lo había usado como vehículo para abandonar el museo; Lamashtu era con certeza quien había “volado por los aires” a todos sus compañeros de pelotón en Irak, detonando un polvorín y salvándolo solo a él; también era responsable de la extraña muerte de su perro que, quizás, había intuido su maligna presencia; y era quien había inoculado esa rara enfermedad que corrompió el cuerpo de su hijo hasta matarle.

Ahora amenazaba al resto de su familia. Desesperado, Joshua Reid partió en dirección a su casa para intentar salvar lo que quedaba de los suyos. 

 

 

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  • Gracias por sus comentarios y sugerencias. Estoy seguro Federico que la estatuilla esta, en estos momentos, en alguna casa de empeños esperando que la rescaten. Gracias Ricardo por tus sugerencias, revisare mejor. NSK: puedes enviarle tus reliquias a Rivolta que las aceptara con gusto. Abrazos y Saludos.
    Un gran relato, Karlos! Me gustó mucho, muy bien llevada la tensión. Me encantaría tener esa estatuilla junto con la de Cthulhu y el Ídolo de las Cícladas. Saludos.
    Me encanta cómo narras, Carlos, con una frescura y una suavidad muy agradable que hace que leer tus relatos desbordantes de imaginación sea un placer. Por otro lado, me choca ver la falta de tildes en el pretérito perfecto simple, pues todo lo demás está ortográficamente bien escrito. Pero aún así muy bueno. Saludos.
    Una gran maldición. Me ha encantado todo el desarrollo y el final es impresionante. Si me disculpas, voy a retirar estatuillas de origen desconocido de mi casa, un abrazo
  • Microrrelato de terror. Solo literatura.

    Policial negro. Un homenaje al cine noir.

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    Un hombre enfermo espera a su amada en la soledad de su habitación.

    Para este relato sirvió, como fuente de inspiración, una leyenda indígena de mi país. Con condimentos literarios propios, Gualichú es un espíritu maligno que se corporiza para materializar su venganza.

    Cuento de terror clásico. La fuente de inspiración fue el saqueo del museo de Bagdad durante la Guerra del Golfo.

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Profesor en Historia, radialista y escritor.

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