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9 min
Lápidas
Drama |
13.03.14
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  • 1095
Sinopsis

Breve relato centrado en un personaje arbitrario, cerril, machista, cuyas disertaciones hacen salir a cualquiera de sus cabales. En medio del cuento cierta anécdota nos sumerge en el misterio de amenazas mortuorias que al final deja mucho que pensar.

Al sonar el timbre, Jonás acudió a las carreras hasta la puerta. Trinaba al fondo los villancicos en medio de un cálido ambiente matinal. Un señor de aspecto piadoso y apacible, con cierto defecto en el habla, se acercó para pedir un vaso de agua.

– ¡Por favor, un vaso de agua, un vaso de agua!

La demanda de un pobre señor que portaba un sombrero, guayabera verdosa, al costado la biblia cobijaba. Lo miramos de reojo, ya que sus palabras sonaron con algún chasquido que generó espanto. Jonás fue por el vaso de agua. No había culminado de bebérsela cuando don Emeterio Fruto, quien subiendo las escalinatas, le echó una mirada despectiva al presunto evangélico.

Pudimos observar, que, el hombre padecía una extraña enfermedad en la lengua, que al proferir sus palabras, la lengua gigante, negra, pastosa, bífida como la de un reptil, hizo que todos en la sala vislumbraran al  defectuoso  individuo marchándose con agradecimiento por el vaso de agua. Esa mañana hablábamos sobre la novedad lúbrica, con un vesánico pedigüeño,  quien se masturbó en medio de la plaza Bolívar, y a sigilosas pisadas le brincó encima a una linda dama para derramar su vomito seminal sobre la espalda de la fémina. Fue todo un escándalo cuando el sádico en su plácida calistenia onanista,  al ver su cañón molotov escupiendo el caldo a la mujer. Eran gritos de asombros. Narraban con sorna.

-¡Jonás!

-¡Hágame el favor!  Nos asustó la firmeza del llamado.

Sentenció don Emeterio llamando a su hijo. Don Emeterio tenía menta de guapo, de carácter cerril, mirada penetrante, cuyo cigarro fumaba y siempre lanzaba una sentencia enjundiosa y pertinaz contra cualquier gesto que se saliera de sus límites, todo lo anti higiénico que invitara al desprecio.

Pudimos escuchar cuando Emeterio, le dijo con su voz ronca a Jonás:

-¡Mira Jonás….vota ese vaso! No sabemos si ese negro defectuoso dejó alguna infección en el recipiente. Fueron risas despectivas al trinar lo quebradizo del vaso en el pipote.

Cuenta la tía Lurdes. Que cuando don Emeterio fue a pedir la mano de la señorita Ana Lucía, el suegro lo retaba que primero debía comprarle una casa para poder llevarse a su hija. Años pasaron y Emeterio jamás olvidó aquel gesto desafiante que incomodó al prometido de Ana Lucía Fruto. Al casarse, Ana Lucía llevó consigo un retrato bien montado de su padre llamado Domasiano Villasmil. Fue una disputa furiosa al divisar el cuadro que pendía en la sala, el retrato del suegro de Emeterio, bajándolo a cascarrabias, lo escupió y lanzó al botadero sin derecho a réplica:

-¡Aquí no hay foto de indeseables!- Ana Lucía. Mi casa se respeta. La misma quedaba silenciada rendida a los designios de su marido.

Jonás siempre cuenta entre copas, el extraño parecer de nunca su padre Emeterio, comparte la cama con su mamá. Hasta que un día acompañándolo en un viaje, le preguntó al don el por qué nunca dormía junto a su mamá, prefiriendo una infranqueable habitación contigua a la sala donde nadie se atreve a pasarle.

 

-¡Muchacho! Hombre que duerme con su mujé, ellas hacen  lo que quieran con él. Lo espetó con avasallante y lacónica sentencia. Resistir a lo irresistible es una buena opción si no quieres que te pisen como un chicle, Jonás. Nunca repitas lo que te digo.

Hay un niño, que desde la ventana del liceo se la pasa mirando al porche de la familia fruto.  Emeterio ha sido muy hermético en su vida familiar, no permitiendo que el linaje de su esposa Ana, visite en forma alguna su estancia, puesto que dice él, que no le agradan los revoltillos por que el chisme es capaz de incendiar hasta los pueblos. Aquí, un cura hablaba pestes del propio bolívar, y fíjense que dejaron hecha ceniza la comarca. Evocaba una anécdota histórica.

Cierta mañana, una mujer marchante, le toca la puerta de su casa, buscando mostrarle unos cuadros pintados por ella misma. Le habló de Rembrandt, Gustave Doré, Kandinsky, y se afincó explicándole el significado que ha tenido las obras de Van Gogh para que el mundo de la psicología indagara sobre el origen de las personalidades melancólicas y las taras de la soledad.

Hasta le recitó un breve pasaje de Van Gogh:

Alguien tiene una gran hoguera en su alma y nadie viene nunca a calentarse en ella, y los transeúntes solo ven un poco de humo arriba, en la chimenea, y siguen su camino. Entonces, ¿qué hacer? Alimentar esa hoguera por dentro, tener sal en sí mismo, esperar paciente y sin embargo, con cuánta paciencia, esperar la hora en que alguien  quiera venir a sentarse, permanezca

!Bah! está triste la historieta de Van Gogh amiguita. Interrumpió bruscamente don Emeterio escrutando con belicosa ironía a la marchante, sudorosa, hablándole de varios pintores sin explicar lo que ella hacía.

 

-¿Y tú por fin qué es lo que al fin pintas?- Mujer.

-Bueno, señor, hago arte abstracto y un poco  figurativo.

-¿Abstracto?  Qué va, amiguita, no le veo ná a ese poco e rayero sin sentido bajo el pretexto de estudiar los estados anímicos de los pintores flojos.

Con ésta última indagatoria la mujer levantó sus pinturas, y se despidió con algo de incomodidad y rezongo, con la guasa manifestada por Emeterio fruto.

El irritable y repugnante padre de Jonás nos comenta en el porche; que no existe obra estimable y trascendental en la historia del arte, que pueda apuntársele a una mujer, pues, el arte requiere de un gran sentido de objetividad, mientras que ellas siempre andan metidas en lo personal, cacatúas pendientes de la vida de los demás. La pintura es cosa de hombres. Afirmaba el don con trunca ironía. Una joven que escuchaba no le gustó la máxima y se marchó al instante.

Una tarde, don Emeterio decidió irse a la gallera, porque era un ferviente seguidor de las riñas de gallos. Asunto que molestaba a su esposa, ya que al llegar borracho y con los bolsillos rotos, empezaba a recordar lo de la foto de su suegro el indeseable, aun estando muerto el padre de su mujer. El muchacho de la escuela, había empezado a frecuentar la esquina donde el señor fruto, echaba sus cuentos de juventud. Se llama miguel y hasta lo acompaña a la gallera. Eso es símbolo tercermundista. Refunfuñaba Ana Lucía.

Emeterio, esa tarde salió victorioso del jolgorio gallero, y ni siquiera tomó un solo trago de aguardiente. Pero en una esquina, protestaban los estudiantes de la universidad central reclamando por el pésimo servicio eléctrico. Quemaban cauchos en la puerta de la alcaldía, gruñían a insultos entre unos afectos al oficialismo y las broncas de los subversivos y descontentos jóvenes, quienes a consigna en mano le pisaban los talones a la dudosa gestión municipal de cierto alcalde de origen árabe, quien comentaban era homosexual. Emeterio recordaba la gestión de otro alcalde en sus tiempos:  

Para el entonces, estaba al frente del poder municipal, un llamado Crisóstomo Domínguez; retaquito y melifluo, recuerdo que un hippie fue a pedirle financiamiento, en procuras de llevar una banda de  Rock a la aldea, y como la maricocracia siempre ha ejercido el poder, al ver  el alcalde aquel catire melenudo a ojos azules, que aseguraba ser un fenómeno paranormal venido del alfacentaury, rápidamente le hicieron el cheque para el fulano concierto. Nunca se vio ni concierto ni sonido diferente a las maraquitas regionales.

Las maricas siempre han ejercido el poder, muchachos. No se espanten de lo viejo. Murmuraba el don acompañado de su fumarola de cigarros.

De pronto, un jodedor que pasó en un camión, lanzó una concha de patilla y a quien se la mandaron le gritaron….el hombre se agachó y la veloz concha se estrelló en la cabeza del viejo Emeterio. La bronca se prendió y al instante, el viejo que en su juventud fue boxeador, enardecido sacó de su jeep un machete filoso para joder a ese rufián.

Cierto hombre que se burlaba, en medio de los gritos y la turba estudiantil, cuyas manos mojadas arrojaron suspicacia en el viejo que era malo en momentos y bien jodido, con odio de tripas empezó a corretear al hombre del camión, pero al divisar las risitas del famélico Rufino Mirabal, quien nada tenía que ver, el viejo arremetió en su contra y le pisaba los talones a punta de machetazos: 

-¡Párate coñoemadre, fuiste tú quien me lanzó la patilla!-

-¡Yo te vi hijo de la gran puta!

Párate pa date tu merecío, muérgano, vago, porquería.

Culminaba el iracundo con su serenata de insultos levantando el machete.

Aunque fue en vano, el hombre pudo escabullirse, asustado de las garras y el machete filoso del viejo para finalizar su último grito:

-Júro que aunque sea después de muerto…te voy a matar…coñoemadre.- Gritaba el viejo.

Los vecinos de la comunidad observaron perplejos sin olvidar aquella lapidaria sentencia visceral.

La mañana del entierro de don Emeterio, alguien quien le adeudaba una suma de dinero, se acercó al féretro  en aires del perdón, y el difunto votó los algodones de su nariz. El hecho cobró resonancia inmediata. Muchos enmudecieron. Cuando lo llevaban al panteón, en medio de llantos encontrados, gentes que evocaban el recto proceder del don, el niño de la ventana escolar, ya graduado por ayuda del viejo, allí despedían todos al irritable, dadivoso y circunspecto, Emeterio Fruto. Olor a flores.

Y, al levantar el ataúd, de casaca gris, pesado, Rufino Mirabal, aquel de la concha de patilla que no lanzó; cargaba por un costado la urna mientras bajándolo hacia el nicho, se escuchó el trinar quebradizo de una lápida en sus pies que le hizo resbalar, perdiendo el equilibrio, y fueron varias manos y brazadas que lo pelotearon por la camisa, ya que si caía a un hoyo el lustroso fulgor de una filosa placa rota, le esperaba cual justicia visceral para traspasarle el cráneo. Se marcharon todos en completa turbación.

 

 

                                         Por:José A. Morales /  @Vautrin81

                                        web: elescritordezardomeda.blogspot.com

 

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  • bueno aunque un poco recargado
    Gracias Umbrio! Estaré subiendo a este espacio más de mis trabajos (Narrativos) para que os disfrutes, y si lo deseas puedes visitar mis webs: ellaberintodezardomeda.blogspot.com (narraciones) paradeima.blogspot.com (temas y opiniones) poetaultrajante.blogspot.com (poesías) - Saludos-
  • Un gato, un bolero, un cuarto oscuro desatan la extraña visita de un felino que termina en... ¡Bang!

    Breve relato que se ampara en alguna forma tecnológica para arropar esa tan deseada inmortalidad.

    Breve relato centrado en un personaje arbitrario, cerril, machista, cuyas disertaciones hacen salir a cualquiera de sus cabales. En medio del cuento cierta anécdota nos sumerge en el misterio de amenazas mortuorias que al final deja mucho que pensar.

    Brutal y sórdido microrelato que refleja la más baja pasión del sadismo en el alma de un turista cuyo oficio marcial quizá enseña el bestial arte del ultraje. Es ambientado en la habana cuba donde una mujer se acuesta con un turista por cobres o cigarrillos (da lo mismo) ilusionada en tener dinero para mandar a hacer una balsa y fugarse de la isla. Violación, sexo y tortura psicológica se mezclan en esa famosa isla que tiene forma de barba y tabaco.

    Narración que cuenta el mundo interno del Narrador central donde se apuntan ciertos episodios de héroes populares en tiempos de la colonia, y a su ves se mezcla eso que se desearía poder a realizar en medio de la vida común. Hay anécdota maquiavélica que enlaza lo real con lo imaginado, aunado por el pasado histórico venezolano y sus recalcados caudillos.

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