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12 min
Las aventuras de Azulea: Capítulo 1; El inicio de la Búsqueda
Fantasía |
15.05.16
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Sinopsis

Azulea, una chica que ha de cumplir su cometido al salir de la tribu donde siempre estuvo hasta su décimosexta primavera. Ahora iniciará el camino para traer conocimineto, gloria o riquezas a su hermandad. Recuerde lector, usted podrá guiarla por un camino u otro. Tome sabias decisiones.

Capítulo 1: El inicio de la búsqueda

Estoy ante el gran druida esperando a que acabe mi ceremonia de iniciación y así poder salir del poblado y dirigirme hacia la Capital. Es una tradición celebrar la decimosexta primavera de los hijos de nuestro pueblo con una prueba de larga duración. Esto se debe a que a esta edad debemos estar preparados para poder cuidar de nosotros mismos, para ello, salimos de nuestro nido y emprendemos un viaje hacia el centro del reino. En ese lugar nos hemos de labrar un nombre y cuando volvamos a la tribu hemos de aportar conocimiento, gloria o riquezas. Es nuestra forma de agradecer todos los cuidados que la tribu aporta a la comunidad.

Esos conocimientos nos han hecho avanzar en diversos ámbitos, uno de los más importantes, la tecnología. La gloria hizo que muchos forasteros pasaran por la tribu, masificando el pequeño lugar. Causó tal estrago que acabamos siendo nómadas. Ahora somos conocidos como la Tribu Errante; puedes buscarla pero solo ella te encontrará. Las riquezas nos sirvieron para no depender siempre de la naturaleza, como dicen los sabios: “Disponemos de recursos alternativos, usémoslos en su medida y cuando corresponda”.

El movimiento de las manos del anciano de pelo blanco y largo me devolvió a la situación. Cuando acabase de pronunciar las últimas palabras tendría que escoger tres objetos para mi viaje. Sabía exactamente que le pediría a mi tribu para mi partida, he pasado años estudiando diversas técnicas de supervivencia y absorbiendo todo el saber de mis antepasados, mayores, libros y mitos para este momento.

- Y ahora dinos, Azulea, ¿Cuáles serán los objetos que te acompañaran en tu gran viaje? – La voz grave y solemne retumbó en mis oídos.

- Un cuchillo de caza, un pedernal y… - Estaba en duda, después de todos estos años, vacilé. Podría pedir cuerda, sería de gran utilidad,  una manta me llamaba la atención, también las pieles de nutría, las trataban de manera que fuera impermeable… - Una alforja.

Al escuchar mi último objeto, mis hermanos y hermanas se sorprendieron. Escuché cuchicheos, murmullos, y pude imaginar que empezarían los rumores. Pese a todo no aparté la mirada del druida.

- ¿Esa es la elección?- una gran pausa antes de proseguir, al ver que no titubeé continuó- Pues que así sea, que todo el saber de nuestro pueblo y la madre naturaleza hagan de tu expedición una propicia travesía.

Después de dichas palabras, el anciano agitó los brazos hacia el cielo y entonó un cántico en lengua arcana. Se me fueron trayendo los objetos que escogí uno a uno, primero el cuchillo. Era un cuchillo de filo dentado por un lado y por el otro liso, la hoja un poco curva. La empuñadura era de cuero trenzado ennegrecido, tanto el mango como la hoja parecían de acero, pero tenían un brillo inusual. Lo habían bañado en un ungüento que evitaba el óxido, conocimiento adquirido gracias a Leucod el diluido. Fue un gran alquimista que encontró la pócima al mezclar al azar. Lastimosamente, no todos los componentes al ser unidos y centrifugados son dóciles. Sin darse cuenta, una vez le cayó una gota de un brebaje en su piel, lo convirtió en agua instantáneamente.

Miro mis ojos violáceos reflejados en el acero, mi pelo castaño acariciado por la brisa primaveral. Tomo el cuchillo, lo envaino y me ciño las correas de cuero al muslo. El segundo objeto, un pequeño pedernal, fino y cilíndrico. Y por último la alforja, solo era una especie de cinturón ancho de cuero compuesto por dos bolsillitos y tapas rematadas con hebillas de hierro. Guardo el pedernal en uno de las dos mochilitas y me lo abrocho a la altura de la cintura. Ahora solo tengo que esperar la bendición del clan y podré salir. Recitan el cántico de partida, todas las voces se unen, convirtiéndose en una y se elevan al gran cielo cian. Ya de noche, abren las puertas. Y la ceremonia finaliza con el druida anunciando:

- Abandonarás la Tribu Errante que puedes buscar pero ya no encontrarás. Tienes recursos alternativos, úsalos en su medida y cuando corresponda. – Después de pronunciar estas palabras toma mis manos y me pone una pequeña piedrecita- Una vez hayas cumplido tu misión, déjala caer en la copa llena de vida. – La guardo en una de las alforjas.

Estos druidas con sus misterios y complicada forma de hablar. Una vez cumpla mí cometido he de encontrar una copa, llenarla de agua y echar la piedrecita, me pregunto qué pasará si la como, piso, uso antes de tiempo… Mejor no pensar en ello, puede que la curiosidad me pueda y acabe matándome. Ya no hay nada que me pare. Echo a andar hacia las grandes puertas de troncos abiertas. Mi tribu se asentó en un fortín que encontramos por casualidad hace unos meses. Pero ya no estarán más aquí, este pequeño fuerte será desalojado en pocos días para que ya no pueda volver.

Si mi memoria no falla estoy al sureste de la capital, así que he de encontrar la estrella de la estela brillante para poder llegar a la Capital. No es una estrella perteneciente al cosmos, sino una torre tan alta que se puede ver desde cualquier parte del reino. En esta época tiene un tono verdoso, la localizo. Vadeo el camino en dirección a la luz, los alrededores me los conozco así que aprovecho para llenar mi alforja de bayas y frutos secos. Cuando tengo una porción considerable, tomo muchos tallos semiflexibles y empiezo a trenzarlos. Mientras camino voy creando una cuerda. Así cuando llegue la mañana podré cazar.

Llevo horas caminando, un gran tramo de cuerda con triple trenzado finalizado, en realidad, es más resistente de lo que parece. Aunque lleve bastante cantidad nunca viene mal poseer una cuantía extra me digo a mí misma y continuo tejiendo. Cuando finalizo la enrosco alrededor de las alforjas y la anudo. Me detengo al lado del camino, entre árboles y arbustos, desenvaino el cuchillo y trazo una línea horizontal en mi pantalón, lo suficientemente larga para meter mi mano. Me desabrocho la vaina del cuchillo y la introduzco por el agujero comprobando que no pueda entrar, me descalzo, levanto el pantalón y abrocho de nuevo la funda de cuero en mi muslo. Vuelvo a calzarme y meto el cuchillo a través del boquete, la última comprobación. Todo es correcto y cómodo. Constato que no se aprecia el tajo y prosigo. Evalúo el terreno a medida que avanzo, las dos lunas están alineadas, ya es media noche. Sería correcto encontrar un lugar en el cual descansar. Todos saben que dormir al lado de un camino es llamar al mal tiempo, de modo que me interno en el bosque.

El sonido del agua correr reclama mi atención. No tenía referencias de un riachuelo por estos lares. Voy directa al lugar, cauta, por si es una trampa. Cuando soy capaz de ver el agua me agazapo y observo con cautela. Lo único que puedo ver es una nutria que está construyendo un dique. “¿Es posible que a causa de diques el curso de un río cambiase creando un afluente?”La respuesta ahora no importa. Obtener la piel de una nutria sería fantástico, un gran avance. Asimismo, gracias a los conocimientos de Gralis el nutriense puedo aprovechar todo lo que el animal pueda proporcionarme. Gralis se especializó en las nutrias, las estudió durante tanto tiempo que ellas no podían guardarle ningún secreto.

Me acerco sigilosamente, voy paso a paso, avanzando muy lentamente y paulatinamente desenvainando. Ralentizo mi respiración y observo al animal. Busco en qué punto he de hendir mi cuchillo para no desperdiciar la piel. Cuando veo el momento… Salto como un relámpago con una mano en dirección a su cuello y el cuchillo blandido por la otra. Aprieto su cuello contra el suelo mientras el animal vocea, araña, patalea, la cola va en todas direcciones pero no dura mucho. Pese a todo el revoltijo que causa puedo hendirle el cuchillo en la base de la cola y retorcerle el cuello. De esta forma todo está intacto y no sufre. Murmuro unas palabras de agradecimiento a la madre naturaleza y honro la muerte de la nutria. Este ritual se lleva a cabo después de quitar la vida a un animal o persona si se da el caso…

Abro al animal, lo despellejo, finalmente hecho a un lado todo lo que puedo cargar y consumo aquello que no. Preparo un pequeño fuego camuflado para no llamar la atención. Mientras se está ahumando la carne bebo agua, lástima de no tener nada con que transportar líquidos. Pero antes de poder usar la piel he de preparar el cuero y no tengo los materiales suficientes. Busco con la vista más tallos para fabricar una esterilla y así mientras camine endurecer el cuero mediante la cálida luz de la esfera ardiente.

Cuando la carne acaba de ahumarse, preparo las tripas para emplearlas como hilo y empiezo a derretir la grasa. Una vez finalizada la tediosa y metódica tarea de aprovechar todo lo posible la nutria me dispongo a buscar un lugar para dormir.

Encuentro un lugar mullido y, si dormir en el suelo no parece buena idea el aullido de los lobos acaba por darle énfasis a la posible tragedia. Uno, dos, tres tonos distintos. Si solo fuera uno sí que intentaría enfrentarme a él pero tres sobrepasa mis capacidades. Busco un árbol al cual escalar y así dormir algo más a salvo. Para extremar precauciones uso la cuerda.

Las luces del alba y la brisa matutina me despiertan. Me desato y bajo del árbol. Desayuno un poco de carne ahumada con unas bayas, preparo el cuero en la esterilla la cual uno con el cinturón de la alforja y posteriormente a mis hombros. Retomo el aburrido camino. Los días van pasando, el cuero se va endureciendo lento pero constante. Cuando puedo usarlo me construyo una pequeña mochilita unida a las alforjas beneficiándome de la base que me proporciona la esterilla. Obtengo más comida, más tallos y a medida que avanzo por los caminos voy aumentando la capacidad de carga.

Desgraciadamente para mí aún no he encontrado ninguna posada, como consecuencia, no descanso del todo. Sumémosle que llevo días con la misma ropa y aunque haya podido darme alguna “ducha” la suciedad no se va. Siento el pelo apelmazado y grasiento. Los ropajes acartonados, tal vez una pastilla de jabón y un recambio hubiesen sido buenos objetos.

Como todo el camino es más o menos igual he ido aficionándome a tomar madera en las paradas e irla tallando a medida que andaba. Si los días siguen así acabaré haciéndome una vajilla completa de madera. Por el momento poseo una taza, un plato medio llano medio hondo y un tenedor-cuchara-cuchillo. El trozo que se encuentra entre mis manos es para reforzar la mochila. Para mi fortuna la madera que he ido encontrado es ligera como una pluma y muy resistente, dura para arder pero manipulable a la hora de confeccionar. Siguen pasando los días, la mochila se encuentra bastante reforzada y goza de bastantes bolsillos que me permiten distribuir todos los materiales de manera adecuada.

Es bastante fea pero pragmática, los colores de los cueros desentonan unos con otros y es algo amorfa. La composición de la mochila es la siguiente: una columna central, apoyada en la esterilla donde curtía las pieles, otra capa de tallos entrelazados estilo mimbre la cubre. Cuatro filas, forman la hilera vertical, de mochilitas que ocupa todo lo ancho de mi espalda, como no he conseguido hebillas se cierran anudando unas tiras de cuero muy finas, las alforjas con las cuales partí siguen cubriendo mis riñones. Cerrando el conjunto, me beneficio de la cuerda amarrada en forma de arnés para evitar posibles desequilibrios.

 Al principio me costó acostumbrarme a moverme con ella pero a medida que la he ido modificando he conseguido adaptarla a mi cuerpo. Con el cuero sobrante de las mochilas, me he hecho bolsillos tanto en la camisa de lino como los pantalones e incluso la botas de montar. Si he podido en algún momento, he creado un pequeño monedero para cuando pueda obtener algo de dinero.

El día da paso a la noche y a lo lejos vislumbro algo parecido a unas luces, después de caminar durante tantos días sin encontrar nada pienso que puede ser un espejismo y que es probable que haya dado más de una vez vueltas en círculos. No mentiré al decir que repetidas veces durante el viaje me he maldecido por no pedir un mapa como objeto.

¿Qué debo hacer?

  1. Inspeccionar las luces.
  2. Dormir bajo las estrellas.
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  • Hola! AHora mismo los cuatro jovenes están de camino a Costa Calma, pero este capítulo la historia avanzará muy poco ya que se trata de una especie de tutorial.

    Después de haberse desmayado, el joven con amnesía se despierta en una enfermería junto a una maga blanca que le ha estado curando. Se despierta en la sede de Los Guardianes con muchas preguntas de las cuales quiere saber la respuesta.

    Hola a todos, hoy vengo con una nueva historia. Sé lo que estaréis pensando, ¿y Tierras de magia? Bueno, me he quedado en blanco con esa historia, así que puede que no la vuelva a subir durante un tiempo. ¡Espero que os guste esta! PD: Algunos personajes son los mismos como Cullen, Roberto y Víctor XD

    Azulea, una chica que ha de cumplir su cometido al salir de la tribu donde siempre estuvo hasta su décimosexta primavera. Ahora iniciará el camino para traer conocimineto, gloria o riquezas a su hermandad. Recuerde lector, usted podrá guiarla por un camino u otro. Tome sabias decisiones.

    Azulea, una chica que cumple su decimosexta primavera emprenderá un viaje para traer conocimiento, gloria o riquezas a su tribu. El lector será su guía y decidirá, en ocasiones, que camino ha de tomar. Escoga con sabiduria.

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    Sinopsis corta: Esta es una historia donde el lector pordrá decidir que camino seguirá la heroïna. Azulea es una chica de dieciséis años de la Tribu Errante que emprenderá un viaje hacia la Capital tal y como dicta la tradición. Aunque sea una gran tribu conocida por todos los rincones del reino, Azulea deberá pasar a través de las adversidades sin la ayuda de su comunidad para así poder demostrar su valía y volver a ella con conocimiento, gloria o riquezas. ¿Qué obsequio mostrará a la tribu? Pero eso no es todo, aunque sea una aventura que en un inicio emprenderá sola, en sus viajes conocerá a Fayira una maga de estirpe élfica con una gran capacidad cognitiva, a Jack el guerrero destacado por su brutal fuerza y por la brillante ausencia de su inteligencia. Al final de cada episodio habrá una pregunta con multi-respuesta. Está en la mano del lector escoger algunas de las acciones que llevará a cabo Azulea, guiándola así por un camino u otro. Más largo o más corto, el efecto mariposa creado por el lector lo decidirá. ¿Será el lector capaz de escoger sabiamente las acciones correctas para que Azulea cumpla su misión sin morir en el intento? Atentamente: Vuestro humilde “game master”

    Tras perderse en la ciudad de Fyenza, Roberto insiste en buscar al ladrón que le robó y recuperar lo que le fue robado, pero su búsqueda le hará encontrarse con un mercenario misterioso del país de Concordia. Mientras tanto, Serena, Melia y Alistair están buscando una manera de encontrar a su amigo

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Soy un gamer novato que hace videoguías de juegos tipo Final Fantasy en youtube y que le gusta mucho las novelas fantásticas y de ciencia ficción. Soy de Barcelona y estudia física en la UB.

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