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4 min
Las manos del artesano
Drama |
05.12.12
  • 3
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Sinopsis

Las manos del artesano, son sus herramientas, su mente y su corazón.

 

Las manos del artesano, son sus herramientas, su mente y su corazón. En ellas se refleja cada uno de sus sentimientos y por eso, Miranda miraba con tanta emoción como Andrés dibujaba arte en la porcelana fría. Lo vio moldear lentamente un bello adorno y dejarlo a un lado para que se secara. Luego la miró con su sonrisa de pícaro, aquella sonrisa que a ella tanto le gustaba y se le acercó a preguntarle que necesitaba.
Estaban en la feria de la plaza, una feria hermosa llena de pequeños puestitos, digna de ser parte de una canción de Sabina, digna de ser nombrada por Lalo en sus canciones sobre nuestra bella ciudad. Pero la belleza se esconde entre las paredes de estos enormes edificios, y tal vez pocas personas pueden apreciarla a tiempo. Pero ha sido esta plaza la única testigo de aquel amor, y será ella quien nos cuente esta historia. Es pequeña y queda lejos de todo, donde nadie podría esperar nada, pero donde hay muchos y muchos que esperan. Tiene un gran telón que cubre todos los puestos que se conectan entre sí, evocando a la gran comunidad que se ha formado entre los artesanos. Acá nos encontramos, con Andrés sonriendo y Miranda mirándolo. A lo lejos, Juan observa y se muere de celos, pero ya es tarde y Miranda no va a dejar de mirar a Andrés y Andrés no va a dejar pasar esa oportunidad.
Más tarde los encontramos a los dos, tomados de la mano sentados en el cemento de una calle que ahora se transformó en verde y observando un cielo gris que se ha transformado en azul. Se ríen y se miran. Andrés toca su cara con sus herramientas, su mente, su corazón y le deja sentir en cada uno de sus dedos lo mucho que quiere tenerla cerca. Ella le da un beso y se funde en él.
Caminan tomados de las manos, avanzando lentamente hacia el corazón de su barrio, donde las manos de algunos significan diferentes cosas, sus herramientas, sus armas, su supervivencia. Miran con cautela y se acercan el uno al otro. Ambos tiemblan un poco, pero por fin llegan a la esquina, en la esquina hay una casa, en la casa hay una puerta y en esa puerta una habitación.
Andrés se va a la noche, se despide con un beso y una caricia con aquellas manos enamoradas.

Juan camina por la calle, embistiendo el mundo a golpes. Está bebiendo un vino barato, es el séptimo y aún quiere más. Tiene los ojos perdidos y sus herramientas tiemblan. Les falta un sentido. Les falta una razón. Cierra los ojos y cierra los puños. Los abre al mismo tiempo con una palabra entre los dedos: Miranda.

Al otro día, Andrés termina por fin aquel hermoso corazón de porcelana que había preparado para Miranda, lo deja para secar y espera a que ella llegue, con sus bellos ojos brillosos y aquellas manos preparadas para amar.
Miranda nunca llega, así que decide adentrarse en el corazón de aquel barrio, su barrio que es tan poco suyo sin la mano de Miranda entra las de él. Busca desesperado, tiembla y no tiene a nadie que tiemble con él. Ya no mira con cautela, mira con ansiedad. Ya no le teme a las manos de la supervivencia, le tema a perder las manos del amor.
Por fin llega a la esquina, la esquina donde está la casa, la casa donde está la puerta y la puerta donde está la habitación y en la habitación está Miranda, con los ojos abiertos, inmóviles y las manos congeladas, quietas, inútiles, perdidas. A su lado, está Juan, una mano sobre la empuñadura de la pistola, la pistola sobre su boca y ambas manos, herramientas de matar, aún rozando a sus víctimas, se inmovilizaron por siempre y mataron con ellas las herramientas del artesano.

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  • La idea de las manos de un artesano es buena. El problema del cuento es que tres elementos, y además complejos (la mujer, el asesino), son demasiados para un texto corto.
    Escribe tus comentarios...El alma femenina apreciando las manos, "mágicas", del artesano. Dalaem en una ocasión también las alabó en un relato. Aunque no de fin tan trágico como este. Me gustó mucho.
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