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5 min
Las musas se vengan de los corruptos
Reales |
24.02.12
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Sinopsis

Aviso para que no lo lea quien no vea más allá de ciertas expresiones y hechos. Es, tal vez, mi relato más depravado. Las musas (Najwa Nimri, María Valverde, Maribel Verdú y Concha Buika) se vengan de los politicastros y empresarios corruptos que nos han abocado a lo que sufren millones de personas, aquí y en todo el mundo.

 

Pasado el turno del carajillo, la cocaína se enseñorea de la sala. Los tunantes están de celebración: han jodido a miles de currantes y su chequera sige acogiendo cheques contantes y sonantes. “¡Aún falta el postre!”, grita exaltado un gordo anónimo con cara de chulo que se enciende un habanazo con un billete de cincuenta euros. A su lado, el alto directivo de un banco que se ha prejubilado por 6,5 millones de euros se enciende el puraco correspondiente con la portada de ‘Público’ que protagonizó la semana pasada. Mientras murmura para sus adentros un “estos ya no me joderán más”, secunda en público el alarido: “¡Han llegado las putas! ¡Y encima son famosas!”.

 

Dicho esto, las musas entran en acción. Tras la ovación que secunda su entrada en el reservado discotequero, de entre los presentes, cada una escoge a un político o empresario modelo de última gama. Najwa Nimri se arrima al consejero autonómico que otorga las licencias a quien sabe que le corresponderá con golosos “regalitos”. María Valverde se acicala los ojos oceánicos ante el dueño de una aerolínea que echó a miles de trabajadores por falta de liquidez… justo antes de ajustarse el traje de fina marca italiana para que no se le arrugara al entrar en su descapotable. Maribel Verdú hace bailar sus caderas al contonearse para alcanzar a su presa: el adjunto al subdirecor de la multinacional que encargó un estudio de coste millonario a tres becarios a los que se pagó en ‘B’ con 300 euros. Concha Buika se pide a los dos más entusiastas: los que se encendían los cigarrones con billetes y periódicos.

 

A la de tres, con las luces apagadas y un foco para cada una, el DJ hace sonar el ‘Non, je ne regriette rien’ de Édith Piaf. Cada musa, mirando a los ojos a su respectivo corrupto, inicia una danza sensual durante la cual, mientras se va desnudando completamente, susurra la letra de la canción traducida al español: “No, nada de nada. / No, no lamento nada. / Ni el bien que me han hecho, / ni el mal. / Todo eso me da igual”.

 

Entonces, con todos los sinvergüenzas arrodillados y babeantes, ellas se tumban frente a cada uno de ellos. Siguiendo un mismo ritmo, todas, lentamente, se quitan la última prenda: las bragas. Así, con toda la naturaleza estallante a simple vista de los podridos por dentro, las musas lanzan un gemido y proclaman al unísono: “Ahí tenéis vuestro postre. ¡Almejas!”. No hace falta nada más para que los dominados por la avaricia revienten sus instintos más primarios. Todos se agachan a un tiempo. Arrodillados, prestos a gozar del “poder sobre unas putas”.

 

El ambiente parece mágico. Los susurros de la Piaf son lo único que se escucha en medio del silencio que antecede a la jodienda. Pero, de pronto, todo cambia. En un segundo, todo es estrépito. El DJ se ha tornado en revolucionario. Estallan los primeros versos de ‘El Gato López’, de SKA-P: “Él nació en la calle, no pudo elegir / Entre escombros y basuras él tuvo que vivir. / La calle le hizo fuerte, allí se rebeló. / Y es que, tío, no hay dinero. / ¡Es un gato obrero!”.

 

Es el momento en que triunfa la revolución: las luces se encienden y muestran a cuatro musas meando en la cara de cinco explotadores. Las puertas del reservado se abren a patadas. Toda la chavalería de la discoteca acude a presenciar el espectáculo. Las risas hacen vibrar el suelo. Los chorizos ven mezcladas sus lágrimas de vergüenza con los chorretones que les resbalan por los carrillos. Todos parecen humillados. Todos menos uno. El de la portada de ‘Público’, en lo más íntimo, goza al verse así. Es un morboso de mucho cuidado: le gusta que le mee una negra flamenca.

 

Es en ese instante cuando se produce el éxito definitivo. Percibida de la caradura del susodicho, Concha Buika, la fuerza de la pasión, le suelta un patadón en los huevos al cerdo, que se retuerce pidiendo piedad. Esto enardece a la masa, que derrama los rones de los cubatas en las caras de los mangantes. Todos ellos siguen el tono lastimero del anterior: “Piedad, piedad, piedad…”. “¡Piedad no, justicia!”, clama la muchachada.

 

Lo siguiente es una manifestación que recorre las calles vecinas: las musas son elevadas en pedestales. Desnudas, las cuatro simbolizan a ‘La libertad guiando al pueblo’, que inmortalizara sobre el lienzo Delacroix. En cuanto a los politicastros y tiburones empresariales, estos son llevados en volandas hasta la comisaría más próxima. El policía que les atiende, ante la gravedad de las protestas, no puede apelar a la necesidad de una condena judicial que ni siquiera les llevaría a la cárcel. Esa noche, aunque solo sea esa noche, deberán pasarla entre rejas. Todos vigilan en la puerta: vigilia de justicia. El olor a meado de musas que impregna su piel hará que todos los presos reparen en ellos. Las carcajadas durarán toda la noche. La humillación será de por vida.

 

Próximo objetivo de las musas: el Gírculo Bildeberg.

 

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

 

http://blogs.periodistadigital.com/lahoradelaverdad.php/2012/02/25/las-musas-se-vengan-de-los-corruptos

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Conquense y madrileño, licenciado en Historia y Periodismo, ejerzo este último. Libertario y comunitarista, voto al @Partido_Decente. Mi pasión es escribir.

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