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5 min
las plumas de la luna
Fantasía |
11.05.15
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Sinopsis

¿Crees que un cuervo puede cuidar de la jaula de un ave?

 

Aquella inmensa jaula podía llamar la atención de cualquiera que viajara por ese camino, los barrotes eran tan brillantes como el oro  y en su regazo descansaban las flores más hermosas que se puedan imaginar y perfumaban la jaula con un aroma tan dulce como el más caro perfume pero eso no fue lo que llamó la atención de aquel cuervo, fue un trino lo que activó su curiosidad, un hermoso trino que nunca había escuchado, se acercó a la jaula conservando un rabillo de distancia pero estando lo suficientemente cerca para poder distinguir a la pequeña ave que se encontraba adentro de la jaula, su plumaje era azul como un zafiro y los pequeños destellos que provenían de las plumas blancas de sus alas eran las estrellas, eso era… el cielo, con pequeños y brillantes luceros… y su trino era la voz de un ángel.

Comparar su maltratado abrigo negro con el plumaje de ella… era imposible, su voz no era más que un grito desafinado, más que molesto para todos los que estaban a su alrededor, un horrendo pájaro, un símbolo de mala suerte, incluso de muerte ¿por qué habría de acercarse a esa jaula? Solo lograría arruinar su belleza, no podía hacer algo así, solo observó y decidió no acercarse nunca, solo lo suficiente para cuidar de su jaula y que nadie perturbara la tranquilidad de su pequeña ave mientras dormía.

Su imagen era linda y frágil, era como un jarrón de porcelana que podría romperse en cualquier momento, era la imagen más hermosa que jamás había visto, solo deseaba poder observarla para siempre. Pero un noche se descuidó, irrumpió su sueño al ahuyentar a otro pequeño pájaro, ella lo vio y trinó, inclinó su cabeza mientras esperaba su respuesta, el cuervo no sabía que hacer pero decidió lanzar un graznido  y como siempre…  sonó horrible, sin embargo aquella ave giro de nuevo su cabeza. ¿Qué podía ser? ¿Curiosidad? La pequeña ave volvió a trinar. Pero él no sabía que estaba fascinada, su plumaje negro que relucía con el brillo de la luna y su pico curvo como la hoja de una hoz, eran algo que no había visto antes, algo diferente a todos los canarios y jilgueros que abundaban en ese lugar, y el graznido burdo y desafinado, algo que no había escuchado antes,  e  igual de fascinante,  incluso pensó que su canto y sus colores como el de los demás pájaros, era algo tan común y corriente al compararlo con la oscuridad pura de su plumaje.

Los días pasaron, ambos se acostumbraron a la presencia del otro, él se convirtió en su guardián, en el caballero que custodiaba de aquella torre y ella… era su princesa, el soñaba con algún día poder entrar a aquella jaula y ella deseaba revolotear en el prado junto a él, en las flores y entre las enormes ramas del bosque. De la forma que fuera, se querian el uno al otro ¿y que tenían en común?  Para ambos la belleza del otro era algo magnifico, algo maravilloso y al compararse solo podían ver lo peor de sí mismos. 

Todos los días eran iguales, él era el caballero que cuidaba la torre en la que estaba encerrada su princesa, quería entrar a aquella torre. Ella compartía con él las frutas y las semillas que tenía en su jaula, y de vez en cuando cantaba para él, quizá era algo muy simple, pero para ambos era algo maravilloso, todo era… perfecto y podía haber seguido así, pero un día el dueño del ave noto la presencia del cuervo y lo ahuyento, no quería que se acercara a la jaula. El cuervo recordó la realidad, no podía estar junto a ella por el simple hecho de ser cuervo, un negro y  horrible cuervo así que se alejó lo más rápido que podía, voló sin importarle la lluvia ni la delgada capa de hielo que se formaban en sus alas, solo voló y siguió volando  hasta que sus alas dejaron de aletear por el cansancio y al caer el suelo apenas se tiño con una lagrima color bermellón. Podían haber pasado días, semanas. Pero eso ya no importaba, nada importaba para él.

 Solo durmió, podría haber dormido para siempre pero algo lo detuvo… un diminuto dolor, un pequeño golpe que despertaba un diminuto dolor como un haz de luz que sale a través de una pared cuando todo lo que hay adentro es oscuridad, abrió los ojos. No podía creer lo que veía, probablemente era un sueño, pero  la sensación que producían los golpes en su cuerpo era demasiado real para ser un sueño, aquella ave estaba ahí, escapó y lo había estado siguiendo, algunas de sus plumas se veían sucias, maltratadas, rotas, como si una tormenta hubiese perturbado aquel cielo, hacer eso por un simple cuervo. ¿Por qué? No podía encontrar un motivo para hacer eso. Pero ella estaba ahí ¿acaso importaba algo más? No. Estaban juntos, sin ninguna reja que los separe, por primera vez estaban juntos de verdad, eso era lo único que importaba.

 

¿Crees que un cuervo puede cuidar de la jaula de un ave?

No solo es capaz de eso… ¿por qué no habría de poder cuidar de ella también?

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