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8 min
LAS PUERTAS DEL INFIERNO
Históricos |
24.10.10
  • 4
  • 11
  • 6382
Sinopsis

LAS PUERTAS DEL INFIERNO
Cuando uno empieza a contarle su vida a desconocidos, lo que procede es empezar diciendo: “permítanme que me presente...” en este caso no sé si sería lo más adecuado. En primer lugar, porque mi nombre no les va decir nada a la mayoría de Vds., y en segundo lugar, porque estoy hablando del pasado, y el pasado es algo que suele olvidársenos con facilidad, sobre todo, si no lo hemos vivido en primera persona.
Tardé mucho en nacer y morí en un instante, mi existencia fue efímera, pero me permitió vivir lo suficiente para abrir las puertas del Infierno.
Seguro que si ahora les digo mi nombre, me prestarán más atención, no todos los días se tiene noticias de alguien que ha penetrado en la mismísima morada de Satanás.
Mi nombre es “Little Boy”. Aunque desde aquel 6 de Agosto, hasta el día de hoy, se han vertido ríos de tinta sobre mí, si la persona que está leyendo esto es una persona joven, pensará que soy un videojuego de última generación, en casi todos ellos se abren las puertas del infierno, aunque en todos ellos se puede cerrar al final de la partida. A otros, le recordaré un cantante de rap, de estos que ahora van con unos pantalones cuatro tallas más grandes y la gorra del revés, algo inconcebible para mis contemporáneos. Para otros, curiosos y estudiosos de la historia, seré un mal recuerdo, algo infame que ojalá no se repita jamás. Solo para unos cuantos, muy pocos, la pesadilla sigue viva, escrita sobre su piel y grabada para siempre en su memoria, aunque entonces sólo fueran unos niños. Ellos fueron la auténtica crónica de todo lo que siguió a mi existencia.
No podría decir con exactitud la fecha de mi nacimiento, porque más que nacer, fui creada. La fecha de mi concepción no está clara, aunque fui gestada por mentes privilegiadas, posiblemente ignorantes de las consecuencias de su creación. Del lugar, si me acuerdo, “Los Álamos”, lugar que puede evocar a un lugar tranquilo y natural con las connotaciones de algún duelo de pistoleros. Pero lo que sí ha quedado cincelado para siempre en la historia ha sido la fecha en mi epitafio: 8:15, 6 de Agosto del año 1945.
En mi infancia, tuve más cuidadores que pueda tener jamás un ser humano, estuve acompañada día y noche, recibí toda clase de atenciones y cuidados, posiblemente por eso crecí de prisa. Cuando uno está predestinado de forma tan clara, no se pierde tiempo en dudas.
Toda persona suele buscar un lema, una doctrina, algo que de sentido a su existencia. Mi máxima, posiblemente la excusa por quienes me concibieron, podría resumirse en “Matar para dejar de morir”.
Y si tuviera que contarles una anécdota de mi corta vida, les diría que fue lo poco que vi la luz del día. Cuando me hice adulta, me sacaron de mi incubación secreta de noche, pasé unos días en un lugar también oscuro y secreto, acompañada en todo momento de celosos guardianes que según les repetían continuamente, les iba la vida en ello. Me subieron a la bodega de un avión también de noche. Sólo cuando se abrió la escotilla y me besó mi compañero de viaje, aprecié la belleza del infierno con las puertas cerradas. Más sólo fue un instante, luego vino la luz cegadora y los gritos de las almas que vi dentro.
Nadie cursó invitaciones para mi presentación en sociedad, pero allí estaban todos, como en un gran teatro, esperando al protagonista de una función a la que el destino les había invitado.
Pero como en toda función, el protagonista ha de vestirse para la ocasión y trasladarse al escenario, para ello cuenta con ayudantes que garantizan el éxito del estreno.
Yo también tuve mis ayudantes, que me vistieron de gala y me trasladaron al lugar de la función, cosa nada fácil ya que pesaba cuatro toneladas y medía tres metros.
-¿Te gustaría pasar a la historia? -Preguntó uno de mis ayudantes a un muchacho de mantenimiento, que retocaba la pintura del avión que me transportaría.
El muchacho, encogiéndose de hombros, esperó la explicación de la tarea que le llevaría a la sección de historia en las páginas de las enciclopedias.
-¡Quiero que pintes con letras grandes, un letrero aquí! - Dijo el coronel Tibbets, señalando con el dedo índice en el morro del bombardero B-29 desde lo alto de una escalera.
-¿Qué tengo que rotular? –dijo el muchacho, confirmando que haría el encargo, al tiempo que subía la escalera con el mismo bote de pintura que había estado trabajando.
- ¡Enola Gay! –Dijo el Coronel con tono presuntuoso, mientras bajaba la escalerilla.
Desde la bodega, escuché que habían bautizado al bombardero con el nombre de la madre del coronel. “Mal sitio para el nombre de una madre…” comentó alguien.
Me hubiera gustado saber lo que pensó la madre del Coronel después de aquel 6 de Agosto. Ella soñaba que su hijo fuese algún día un buen médico y que sus manos diesen vida.
Sin embargo, su padre, un hombre estricto, siempre le exigió un comportamiento militar, hasta en su propia casa. Consecuentemente, no fue extraño, que al llegar la adolescencia iniciase la carrera en el ejército. Su comportamiento disciplinado y su pericia hicieron que ascendiera con rapidez en el Ejército del Aire.
Cuando le nombraron para la misión, no se sorprendió por ser el elegido. Su ego le forzó a preguntar por qué él. Los mandos guardaron silencio.
Los motores de los bombarderos atronaron la noche de Tinian, un islote de las Islas Marianas. Había llegado el día de las dudas, de los miedos... Los remordimientos aguardaban impacientes por entrar en escena.
El oficial Claude, ordenaba los datos en el centro meteorológico del B-29 que nos precedía. A las 6:05 de aquel amanecer, mientras subíamos a 25.000 pies de altura, oí en la cabina los partes que decidirían mi destino.
En ese momento se desperezaba la ciudad, sus gentes acudían a los quehaceres diarios, las madres despedían a los niños que iban a la escuela, a los maridos que iban a trabajar y se intercambiaban los buenos días con vecinos y amigos.
A esa hora, en la principal plaza de la ciudad, se habían reunido ocho mil chicas para una ceremonia de reivindicación de patriotismo. Una de ellas, distinguió los tres bombarderos y los identificó como enemigos.
-¡Mira! ¡Son aviones enemigos!
-¡Bah! Solamente son tres, ¿Qué pueden hacernos? –Contestó su compañera.
Se abrió la escotilla. Me vi suspendida de mis anclajes sobre la ciudad.
Un sonido metálico me despidió de toda la tripulación. Dejé de oír los motores del B-29. El aire de aquel día claro me guió al objetivo. El viaje duró un instante, el único momento de libertad que he tenido en mi existencia. Mi resplandor apagó la misma luz del sol, se puso en marcha el contador de almas, treinta mil, cuarenta mil…doscientas mil… Las primeras en salir a mi encuentro, fueron las más afortunadas, jamás sabrán que sucedió realmente. El millón de grados centígrados segó sus despedidas.
Allá en las alturas, donde las garras del averno no alcanzan, huía en retirada un bombardero ligero de carga y lleno de remordimientos
-¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho? –Dijo alguien mirando al hongo de humo que apareció donde hacía unos instantes había una ciudad con sus vidas, sus calles, sus flores, sus risas…
Una fina lluvia de luto, apaga las miserias de los humanos, contamina las tierras y los ríos. Aparecen en escena actores secundarios: cáncer, leucemia, epidemias y rencores eternos.
Pero la sinrazón del ser humano, está acorazada contra toda lógica y el sufrimiento. Solamente tres días después, hubo que abrir de nuevos las puertas del País de las Tinieblas.
* * *
En un centro psiquiátrico de Boston, el ex oficial de Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Claude R., se ha recluido en un rincón del salón, prisionero de una camisa de fuerza para que no se autolesione. El personal del centro ha perdido la noción de las veces que intentó suicidarse. No hace otra cosa que repetir durante día y noche un parte meteorológico: “Cielo cubierto sobre Kokura”, “Cubierto en Yokohama”, “Nagasaki cubierto…”, “Hiroshima sin nubosidad, tiempo muy bueno, visibilidad excelente”.
Es primavera de 1950, pero para uno de los “Héroes Americanos” podrían ser las 8:15 del 6 de Agosto de 1945.
No me importa que me odien…porque mientras lo hagan, me tendrán eternamente presente en sus recuerdos. Yo les he contado como es la morada del terror, Vds. deciden si abren las puertas o las dejan cerradas para siempre.
Little boy
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Otros relatos del autor
  • Me gustó mucho. Te felicito.
    Que te puedo decir de la 2ª guerra mundial, que dios quiera que no se repita, por que la tecnología y la capacidad de destrucción es el doble que entonces. Que dios nos coja confesaos.
    Originalísimo punto de vista. A ver si vuelves a escribir por aquí. Por muy remozada que esté la página el alma son los autores.
    Te echaba de menos y quería obligarte a escribir un poquito más aquí en TR. El texto es estupendo, e históricamente muy interesante, así como esa especial visión que nos ofreces del luctuoso suceso. Me encantó leerlo y lo he vuelto a leer. No tiene la menor importancia que repitas lugar 2 veces. Hay genios de la Literatura que repiten palabras una línea sí y otra también. Y en cuanto a esta aparición, ves cómo no puedes desaparecer de aquí. Como tú bien sabes, lo que importan son las palabras de amistad, no las estrellas, y yo no me rijo por ellas (las azulitas) como otros que quitan y ponen como si fueran lo más importante de TR. 5 siempre por tanto para nuestra Lucía. Besotes y no tardes en aparecer. Yo, ya ves, he aprovechado unos minutos entre clase y clase para enviarte el gran beso que mereces. stavros
    Uno de los padres fue una persona por la que tengo gran admiración: Richard Feynman. Era joven entonces, pero lo suficientemente listo, como demostró después, para darse cuenta de lo que estaba haciendo, así que no es fácil entender su participación. ¿Sabrías introducirte en el alma de una persona, en vez de en un artefacto, y escribir sobre lo que piensa y lo que hace? No basta con decir que somos malvados, egoístas o inconsecuentes. Habría que rebuscar más en los recovecos de las motivaciones. La verdad es que creo que no basta con nada en este tipo de escritos. Son demasiado grandes. Hacia la línea 27 repites tres veces casi seguidas la palabra “lugar”. Es una pequeñez al lado de la importancia del tema que tratas, un comentario que podría parecerte mezquino, pero todos somos pequeños frente al horror que somos capaces de crear. O yo, al menos, lo soy, y no sé ir más allá a la hora de valorar tu texto.
    Eres una verdadera bomba de belleza. Realmente es bella la descripción desde el punto de vista de la herramienta del terror, del genocodio. Ella sabe que no es suya la responsabilidad, pero no puede evitar hallar un sustrato de sentimiento culpable en su alma de acero, de rueda dentada, de hija putativa de sus creadores... siempre es una experiencia que instuye leerte, aiga mía. Espero verte con mayor frecuencia pòr estos lares... un besote, z.
    Me alergra que al volver después de tanto tiempo, me encuentro con algunos relatos tan brillantes como este. He visto las novedades y una de las sopresas es encontrarme con la calidad de quienes escriben por aquí. Encuentro magnífico el episodio de la Segunda Guerra Mundial y la forma de describirlo. Un saludo.
    Muy bien documento, es verdad. Lo triste es que aunque siempre sacan el mismo "el que se volvió loco", hay otros de los pilotos que siguen repitiendo "si hace falta lo volveremos a hacer". Es un tema que siempre que lo he leído o vista, siempre me ha estremecido y deprimido. La hipocresía de la guerra.
    Vaya, vaya, veo que estás bien documentada... Me ha causado mucha impresión ver el nombre de Kokura en un relato tuyo. Hace ya un tiempo, viví durante tres años en Kitakyushu, la ciudad donde actualmente está Kokura, y siempre había pensado que en el fondo vivía en una ciudad de un mundo paralelo, una ciudad que meramente existía porque un día le dió por no salir el sol...
    hasta ahora habían contado la historia desde el punto de vista de los "buenos" o los "malos, pero que yo sepa es la primera vez que se cuenta desde el punto de vista de la bomba
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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