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5 min
Las puertas que no cierran
Amor |
10.09.14
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Sinopsis

Y los errores que lo marcan, son una maldición, siempre rondando cerca de su cuello esperando, solo esperando el momento mas dulce para desatarse.

Quedaba mucho por decir pero ya no habían palabras que alargaran el momento, a decir verdad, cada segundo que pasaba se me hacia mas pesado y la agonía se presentaba inmutable y asesina. Era todo o nada, un momento donde perder era una opción, y ganar también lo era. Uno de esos casos, extraños por cierto, en donde la verdad se viste transparente y se torna a favor del viento, llevándose la maldad y dejando la pureza, la existencia de un sentimiento abrumado por el temor, que sin embargo debía afrontar, ya era la hora de hacerlo.

Un temor que me cohíbe y relega mi vida al suelo que pisan sus pies. Las puertas que no cierran y el tiempo que se escapa por la abertura tan rápido que parece que no he vivido nada. La brisa, la plaza, la tarde, todo combina con ella y con su mirada; su sonrisa, su voz y los centímetros que nos separan parecen un océano que podría cruzar de un simple salto, o podría ser tan extensa la distancia que mis ojos se cansarían de buscarla para no encontrar nada. Porque así de indescifrable se volvió con el tiempo, creando conflictos en los pedazos dispersos de mi alma y que cuando me decidí a unir, aparecía una y otra vez en mis sueños, y en mis pesadillas. Preguntas que no tiene respuestas y mi voz que se va desvaneciendo, una vez mas.

Aun siento que mis palabras, lentas y suaves iban compaginando la verdad que ambos sabíamos. Mi voz que en situaciones normales es por lo menos precisa, se volvió la voz del niño que en realidad soy. Yo que soy débil, ante mi musa me volví desechable y el valor lo perdía cada vez que respiraba, y ¿Si no hay mas mañanas? ¿Y si siento que todo mi mundo se trastorna y destruye con los latidos de mi corazón? ¿Si me hallo sin sentido y no puedo mas y necesito...? ¡Necesito! Librarme de este peso ¿No seria justo hablar de una vez? Lo se, y dentro de su bondad ella también lo sabia, pero seria injusto que dijese esas palabras tan exactas por mi, sobre todo si contamos que desde hace mucho tiempo su presencia me ha ayudado a vivir un poco mejor.

Todo daba vueltas, y yo me perdía, divagaba y no decía nada. Los puntos de quiebre funcionaron, y me rompí, no pude continuar, no pude hablar mas. Ella me miraba y quería llorar, quizá por lastima o quizás por... no eso no puede ser, lo único cierto es que no lo sabre jamas porque ya no la pude mirar a los ojos. Aun en la terquedad e inmadurez me force a no llorar, pero esa lagrima no pude evitar que se escapara, y mucho menos que ella la viese. Pero entendió lo que sucedía y se quedo a mi lado. Yo quería desaparecer, sacar mi corazón y pisotearlo, romperlo y abandonarlo en la basura, escupirlo, quemarlo y barrer las cenizas de esa parte de mi, que me hace amar lo que no me corresponde.

Y se quedo a mi lado, escuchando en silencio la tormenta de mi interior. Intentando hablar o hacerme hablar, compadeciendoce de mi hasta en esas circunstancias, pero, incluso el alma mas caritativa se cansaría de mi estupidez. Estaba tan perdido en mi, que no vi cuando se marcho. Creo que se fue con la brisa, desintegrándose de mi vida para siempre, prefiero pensar que fue así porque probablemente si hubiese visto su partir, la locura tomara parte de mi y mi existencia, quizás, no pudiese contar mas.

De retorno me encontré en el mismo lugar que antes, pero las ilusiones que inundaban este cuarto se quedaron secas. Releer lo que solía ser y pensar que de un día a otro, puedes dejar de hacer lo que debes y perder todo.

Mucho que darle, poco que decir. Tantas canciones camuflajeadas que en silencio le dedique, tantos escritos e intentos de poesía, tantas injurias acumuladas en mi contra pero aun tenia las esperanzas de pasar de eso y seguir escribiendo todo lo que ella me provoca. Muchos fracasos pero en mis letras se dejaba ver la absolución de mi incapacidad de decirle a la persona a quien deseo, lo mucho que le necesito en mi vida y ardiendo de envidia por aquel, o aquella que si pudo, aunque jamas la ame como yo.

Las puertas quedaron abiertas, y otra vez pienso, como en muchas otras ocasiones, que nadie se animara a cerrarlas.

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