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13 min
Látex
Amor |
28.03.13
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Sinopsis

Mi primer largo. Sólo para valientes. www.luciaclementine.blogspot.com EDITADO Y CORREGIDO.

Una ruptura es asimilar que te vas a pasar un tiempo sin poder ver porno porque habías asociado el sexo demasiado a tu ex. A no ser que quieras hacerte una paja mientras lloras viendo al cartero bombardear a una madurita, lo cual a ti, quizá puede funcionarte si eres de esos, no quiero meterme contigo, alguna vez yo también he hecho algo raro.

Siguiendo con la historia, estaba en una temporada de esas en las que no conseguía ver cosas guarras y andaba jodida porque Erik follaba con otra tía. En esas, yo me había acostado con Henry y Richard, algo espontáneo, nada especial, ya sabes. Pero Erik había empezado una relación y parecía realmente feliz.

Llevaba días tecleando y había conseguido sacar alguna poesía buena gracias a ello. Las pasaba en casa y andaba trabajando en un poemario que había decidido titular "Cuando el espíritu es inestable solo tienes resacas". A veces Tammy se pasaba por aquí y fumaba algo de hierba conmigo, pero normalmente andaba sola.

A parte de lo del despecho, me había quedado sin paro, y parecía que la situación iba a poder conmigo.

 Un día apareció Amber en mi puerta y me obligó a bañarme. Abrió mi armario y sacó una falda de cuero negra y una blusa transparente. Se arrodilló en el suelo y buscó bajo la cama mientras maldecía, encontró uno de los botines y luego, algo más allá, el otro.

Yo hacía todo lo que me decía sin poner objeciones. Al fin y al cabo, alguien se estaba ocupando de mí.

Fuimos al Manchester a ver si esa noche estaba animada, ya que era algún tipo de día festivo que caía en jueves. Era un local pequeño, atravesabas la puerta negra y te encontrabas con la máquina de tabaco y la barra, luego bajabas cuatro escalones y había unas cuatro mesas bajas. Pinchaban buena música, algo de post punk que siempre animaba según por donde lo pillaras y las copas salían caras, pero esa noche invitaba Amber.

Resultó que, efectivamente, el sitio estaba lleno y había ambiente. Pedimos un par de medianas y vimos a Tammy que estaba esperándonos al fondo de la barra con un tequila con kiwi a medias en la mano y hablando con un tipo con greñas. Al vernos, se libró de él y vino a saludarnos efusivamente. Había estado esperándonos bastante rato, así que nos pidió que la acompañáramos fuera para echarse un porro. Salimos esquivando a los vendedores de cerveza ambulantes y nos sentamos en el portal de enfrente del garito. Me encendí un piti mientras Tammy se liaba eso. La conocía desde que éramos enanas, había vivido en frente de la casa de mi madre. Recuerdo que tenía unos padres bastante estrictos que no le dejaron pasar la noche fuera, hasta ser mayor de edad. Yo empecé a salir cuando tenía sobre unos doce años, así que algunas veces me la había llevado por ahí inventándonos algo. Una vez que oficialmente le dejaron hacerlo, empezó a salir con una gente que consumía MDMA  y farlopa. No supe de ella en bastante tiempo, hasta que se cansó de ellos y volvió a aparecer. Al tiempo ella dejó un poco de lado el polvo hasta solo meterse algunos fines de semana. Pero le gustaba el globo de la hierba y era un vicio que ahí estaba. No tenía nada en contra de eso, al fin y al cabo, era una tía bastante auténtica y se había construido su movida donde vivía más o menos tranquila, aunque se notaba que el rollo hacía tiempo que se le había llevado la chispa.

Acabábamos de entrar en primavera, pero las noches seguían siendo frías y Amber llevaba unas mallas que parecían papel de fumar de Tammy, así que le metió prisa para terminar y volver al Manchester.

Decidí pasarme al whisky y me tomé algunos hasta que fueron las tres de la madrugada y nos echaron del local.

Volvimos al frío de nuevo, esta vez sin notarlo tanto y andamos en dirección Plaza Real, donde se suponía que aún había posibilidad de continuar la fiesta en algún lugar que siguiera abierto y no costara un pastizal entrar, lo que reducía el número de sitios.

Solo encontramos las típicas discotecas donde había colas kilométricas de guiris esperando a pagar veinte pavos para entrar, consumición aparte. Un vendedor ambulante nos acaparó y le pillamos tres birras que estaban bastante frescas y no eran de marca blanca, como si el destino se hubiese puesto de nuestra parte. Le pagamos tres euros mientras nos preguntábamos  dónde iba toda esa gente caminando tan decididamente, a ver si es que había algún tipo de after del que no hubiéramos escuchado hablar. Seguimos un poco a la masa entre callejones por si acaso. Entonces vimos el bar con la persiana a medio echar y nos quedamos quietas enfrente, mientras la peña seguía andando, lo que significaba que nunca encontraríamos ese after secreto o vete a saber qué. El garito se llamaba Bar Judas y había un viejo delgaducho en la puerta que al vernos ahí pasmadas subió la persiana y nos dejó entrar.

Era un sitio enano y de color rojo. La barra ocupaba el largo de toda la pared. Detrás estaba el camarero, otro anciano, este robusto y con el pelo blanco. Nos sirvió una mediana a cada una, que creo que nunca nos llegó a cobrar. Oímos como el primer viejo volvía a cerrar la persiana y nos sentamos en la única mesa libre.

-¿Se puede fumar aquí dentro?-le dije.

-Si tú no me ves, yo no te veo-dijo mientras se marcaba uno.

Saqué un ducados y le pegué un buen trago a la birra. El bar estaba repleto y todos nos sentíamos afortunados de haber encontrado aquel lugar. Cuando los bares cierran a las tres, no puedes evitar sentirte como un vagabundo en búsqueda de un cajero libre. Nosotros teníamos casa, sí, pero una vez traspasas el umbral la cerveza baja justo cuando más la necesitas. Nosotros, simplemente, sabíamos lo que era querer seguir ajenos a la realidad y alargábamos el tiempo lo máximo posible.

-Si tú no me ves, yo no te veo-decía el camarero a la peña nueva que iba entrando.

 

Habíamos conocido a esos chavales, el que estaba sentado a mi lado andaba contándome su curro vendiendo farla en los pisos blancos. Decía que estaba contento de haberlo dejado, pero repetía una y otra vez que ganaba setecientos pavos a la semana, que luego se fundía en McAlan's. Miraba triste su cubata de JB con cola y de nuevo decía que era mejor vivir honestamente, con su trabajo de peón y sin un duro en el bolsillo. Siempre es fácil reconocer la nostalgia en las miradas cabizbajas y, aunque el tipo se engañaba a sí mismo, me lo estaba pasando bien.

Al final Paco, el viejo robusto de detrás de la barra, salió para recoger de nuestras mesas las copas vacías. Nos preguntó que nos servía,  pero no llevábamos efectivo. Entonces nos dijo sin delicadeza que nos largáramos del bar. Yo no podía echarle en cara que nos dejara en la calle por no ser solventes. Era su negocio, el hombre nos había demostrado estar medio chalado, pero más o menos le entendí.

La noche nos transportó a la realidad y,  siendo conscientes de ella, volvimos a ser vagabundos entre las calles de la ciudad.

Algunos de los del grupillo, con pinta de raveros que se nos acopló, preguntaron si sabíamos de algún otro sitio. Debían de ser las seis de la mañana y recordé que El Mal Paso abría a esa hora. Estaba cerca y fuimos para allí. La calle del bar Mal Paso era tan estrecha que ni siquiera se veía el cielo.

Dejé a Amber y a Tammy con aquellos tipos y fui directa al baño a descargar. De nuevo, me encontraba con unas escaleras que bajaban, no entendí esa dichosa fascinación de los dueños de los bares por hacernos sufrir de esa forma. Parecía que su labor era emborracharnos y luego ponernos obstáculos y hacernos caer para reírse de nosotros. O jodernos dejándonos sin papel de váter para que si ligábamos tuviéramos sabor a condimento.

Subí las escaleras pensando en ello y me puse al lado de Amber y Tammy. Ellas se pusieron frente a mí y me miraron con los ojos muy abiertos.

-No mires, no mires - me dijo Tammy.

-Lucía -comenzó Amber- Haz como si nada, Erik está aquí.

Miré sobre su hombro y vi a un tipo rubio con una camiseta de rallas. Sin duda era el cabrón de Erik que había vuelto para rematarme. Las aparté y fui hacía él sin pensar bien en lo que estaba haciendo.

-Nunca has sido muy de bares-le dije.

Él se llevó una sorpresa y esperó dos besos que no le di.

-Es el cumpleaños de un colega, ya ves. No podía hacer el feo- dijo.

-Te pega más estar en la montaña meditando.

-Y ahí estaría si pudiera, lo sabes.

Sonrió tontamente como afirmando que ese sitio no era para él. Erik estaba por encima de eso. Durante nuestra relación pasaba a buscarme casi todos los viernes a la salida del trabajo, siempre le insistía en ir a tomar algunas copas y bailar, pero él quería llegar a casa para encender incienso y escuchar el viento desde la terraza. Yo sabía tan bien como él, que el alma es lo que nos acabaría salvando a todos, sobre todo de nosotros mismos, pero estaba hecha de humo y de un pasado que siempre volvía, y correr en círculos siempre me llevaba a seguir frecuentando los mismos lugares. Y ahí estábamos encontrándonos.

-¿Dónde está tu tía de Green Peace?-le dije.

-Lidia. Ha salido con sus amigas, pero ya debe haber llegado a casa.

-Vamos a pedir algo.

Fuimos a la barra. La camarera me reconoció, había estado hacía algunas semanas allí, y le vigilé el local mientras ella salía a echarse un cigarro o a airearse, así que nos sirvió unos chupitos y nos acompañó brindando. Erik terminó sustituyendo la cola que bebía por un cubata, a la mínima que bebía se emborrachaba y se le empezaba a notar.

-¡Lidia me recuerda bastante a ti! Tiene miedo de que le pase algo, algo que la enferme o la mate- decía.

-Si Erik, cielo, que bien

Se animó y fuimos a la pista a bailar. Realmente se nos daba mal, moviéndonos cada uno con distinto ritmo. Me acerqué a él y le agarré del cuello, intentando poder compasar el tiempo. El reaccionó cogiéndome de la cintura y apoyando su frente en la mía, agachándose para ello. Pillamos el rollo de la canción y la cosa mejoró un poco. Me apretó hacía él y bajó su mano hacía mi culo. Alcé el cuello y le besé. No paramos de hacer aquello que parecía bailar. Hasta que nos animamos y eso hizo que nos estrelláramos contra la pared. Bajamos reptando hasta el baño, le metí dentro y cerré la puerta con pestillo tras de mí. Seguimos besándonos con lengua y metiéndonos mano. Subió mi blusa y me sobó las tetas. Estaba sentado en el retrete y yo sobre él. La falda ya la tenía a la altura de los sobacos y Erik intentaba deshacerse de las medias. Quería relajarlo un poco, hacerlo durar pese al hambre. Me salí de encima de él e hice que se levantara, me puse de rodillas y le desabroché el tejano. Tenía frente a mí su maravillosa polla dura. La metí en mi boca y sabía a látex.

-¿Cuándo ha sido la última vez que has echado un polvo, tío?-le dije sacándola.

-Hostia... pues esta tarde- dijo.

-Joder, ¿y no te has duchado?

-Lo cierto es que no.

Pasé del oral y me puse de espaldas contra la pared. Me metí su polla y me embistió en pompa. La notaba demasiado dura dentro de mí.

-No te vayas a correr ya-le dije.

-Hacía mucho que no la metía sin condón-decía sin parar de darme-.Joder, qué bien se siente, estas buenísima.

Apreté el coño excitada y me fregué el clítoris. Estaba a punto de correrme también.

-¿Te gusta?-le decía

-Mucho, mucho...-gemía él.

-Dime que no te la vas a volver a tirar.

Eso hizo que Erik volviera a la realidad y paró las sacudidas. Continuaba con su polla dentro de mí y notaba como poco a poco iba haciéndose pequeña.

-No puedo decirte eso. La quiero- dijo.

-Joder.

Me aparté y su polla resbaló de dentro de mí. Me subí las medias y bajé la falda. Él se sentó de nuevo en el retrete, con los pantalones bajados, y su polla muerta ahí afuera.

Abrí el pestillo y con un manotazo la puerta se abrió. Me giré un momento con mi mano apoyada en el pomo.

-Quédate con ella. Se nota que la quieres mogollón.

Me puse bien las tetas dentro del sostén, le mostré el dedo corazón y salí dejando la puerta abierta.

Subí por decimoquinta vez las escaleras, me acerqué a la entrada. Amber y Tammy habían estado atentas y me vieron salir sola. Se quedaron tras de mí mientras caminábamos por una calle donde ni siquiera se veía el cielo, pero el Sol pegaba fuerte y ardía en los ojos. En ese momento me reí, pensando que aún me iba a quedar mucho tiempo hasta que lograra ver otra película porno.

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  • Muy bueno
    Buena incursión en el largo. Muy en tu estilo, con buen ritmo y sabiendo mantener el interés.
    No es importante lo largo o corto que sea el relato, sino darle lo que el relato pida. Lo he visto muy equilibrado, llega, es fácil empatizar.
    Suelo preferir lo breve, pero se te da bastante bien. Tus personajes son tan exageradamente reales que se hacen cercanos.
    Pues habrá que felicitarte entonces por este primer largo. Ya en el primer párrafo arrastras al lector y lo zambulles en la historia. No es el mejor día para publicar por esto de las fiestas, mejor haberlo hecho el domingo. Un largo tiene más trabajo, por un parte por la longitud, tambien que requiere mantener la atención del lector y que no decaiga durante más tiempo. Siendo el primero puedes estar más que satisfecha, ese "no sé qué" sigue estando ahi. El resto es currar.
  • www.luciaclementine.blogspot.com

    www.luciaclementine.blogspot.com

    SUPONER ESTA BIEN Ender me enseña a mentir en los relatos. Bueno, a mentir a medias. www.luciaclementine.blogspot.com

    Para suavizar los largos de últimamente www.luciaclementine.blogspot.com

    Mi primer largo. Sólo para valientes. www.luciaclementine.blogspot.com EDITADO Y CORREGIDO.

    Relato publicado en el blog www.480kmdepalabras.blogspot.com

    http://480kmdepalabras.blogspot.com.es/2013/03/los-principios-del-desencanto.html EDITADO Y CORREGIDO.

    Por favor, si hay algún psicólogo en la sala, que visite a cada uno de mis amantes. www.luciaclementine.blogspot.com EDITADO Y CORREGIDO

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    Aprovechando que ya a pasado San Valentín y sus cosas. http://luciaclementine.blogspot.com.es/

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