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18 min
Laura e Inés
Suspense |
20.04.15
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Sinopsis

Laura es una niña que lleva una vida tranquila, hasta que empieza a sufrir sueños extraños, que se convierten en pesadillas, pero ni ella es consciente de hasta que punto pueden llegar a afectarle.

~~Laura e Inés     por Pedro Payá. 
Todo empezó hace mucho tiempo, cuando Laura era prácticamente una niña, era bastante nerviosa, muy activa y con muchas ganas de hacer cosas nuevas, llevaba una vida completamente normal, como cualquier niña de su edad, en el colegio era conocida con el mote de “la terremoto” debido a su apabullante manera de ser, pero siempre en tono cariñoso, ya que era una niña querida por todos. Los maestros de Laura se deshacían en elogios cuando hablaban de ella y sus cualidades para crear, en el más amplio sentido de la palabra, siempre despuntaba en clase por sus redacciones, sus esculturas de barro, cuadros o incluso contando chistes e historias graciosas que ella misma se inventaba.
Laura vivía en un pueblo pequeñito, de aquellos donde es imposible coger un simple resfriado sin que se entere el vecino de la otra punta del pueblo, un pueblo entrañable y bien avenido donde la vida transcurría tranquila y casi al margen del resto del planeta. Su habitación estaba en la planta superior de la casa, no era muy grande, pero tenía una enorme ventana desde donde se podía ver el campanario, rodeado de arboles y alegres pajarillos cantando a su alrededor. Las noches de luna llena podía verse el reflejo de la campana ligeramente movida por el viento, cosa que ha Laura le gustaba contemplar durante horas.
Una de esas noches Laura se quedo dormida observando la luna, una luna más brillante que nunca, todo un espectáculo de la naturaleza. Al despertar, noto una sensación extraña, un olor desconocido para ella, hacía calor y no se oía ningún tipo de ruido, ni los pájaros que cada mañana solían despertarla, ni su madre dando gritos anunciando la hora de desayunar, ni siquiera el chirriar de su enorme ventana. Todo estaba muy oscuro, de repente se encendió una deslumbrante luz blanca en el techo, no entendía nada, no sabía dónde estaba ni que había pasado. Ese sitio era totalmente desconocido para ella, era una habitación totalmente blanca, con las paredes acolchadas, sin ningún tipo de mueble ni objeto, ni siquiera podía ver dónde estaba la puerta, no había ventanas, todo era muy extraño.
Empezó a pensar que le había sucedido algo, y la habían llevado a un hospital, pero en el pueblo no había hospitales y al médico del pueblo de al lado, que era el único que había por allí, lo conocía muy bien y además no tenían ninguna habitación parecida a aquella. No se atrevía a moverse, estaba asustada, pero iba observando aquel sitio, estaba estirada en una especie de sofá, muy blando, sin ningún soporte ni pata, solo unos grandes cojines puestos encima de un suelo almohadillado, solo había visto un suelo así, en el gimnasio donde fueron un año con el colegio a una competición de baile rítmico o algo así. No se oían voces de ningún tipo, y poco a poco fue quedándose dormida de nuevo, cuando despertó estaba en su ventana con el cuello medio doblado y con la pierna derecha dormida por la mala posición. ¡Dios mío, vaya pesadilla!. Se puso en la cama, y aunque no faltaba mucho para que su madre empezara a llamarla para desayunar, aprovecho para estirarse un rato e intentar olvidar ese sueño tan extraño y desagradable.
¡A desayunar, venga niña que ya está listo el desayuno, vamos que harás tarde en la escuela!. Bien, definitivamente solo fue un sueño, pensó Laura dando un salto de la cama y acudiendo a la llamada de su madre.
El día transcurrió con total normalidad, y aunque ese sueño le afecto bastante, prefirió no contarle nada a nadie por si se reían de ella.
En la escuela, le anunciaron que tenía que hacer el papel de princesa en una obra de teatro, lo que la lleno de alegría, ya que llevaba un par de años intentando que le dieran un papel protagonista en la obra del colegio y hasta ahora no lo había conseguido.
Al llegar a casa, lo primero que hizo fue contarles la noticia a sus padres, que por supuesto se alegraron mucho. Después de cenar les dio las buenas noches a sus padres y se fue a acostar, no era muy tarde pero había sido un día muy movido, y aunque para Laura todos los días eran movidos, estaba bastante cansada. Entonces al meterse en la cama fue cuando le vino de nuevo a la cabeza el sueño de la noche anterior, pero el cansancio pudo más que ella, no tenía ganas ni de contemplar la luna, que estaba en fase menguante entre dos nubes que difuminaban su reflejo creando un fondo grisáceo digno de ver.
A la mañana siguiente, su despertar fue sobresaltado, fue de nuevo esa sensación, ¡no, otra vez no! grito, su voz no resonaba, si no que parecía que esas blancas paredes la absorbían. ¿Pero qué estaba pasando? Eso no podía ser un sueño, estaba despierta, y se dio varios pellizcos para comprobarlo, se puso en pie, miro a su alrededor, grito, salto y aporreo esas paredes que con sus almohadillas no dejaban escapar sonido alguno. Al mirar al techo, vio en una de las esquinas una lucecita roja al lado de un cristal redondo, no había visto nunca una cámara, pero le recordó a unos prismáticos que había visto a un amigo de su padre y dedujo que alguien tenía que estar mirándola por ahí. Dirigiéndose a la luz empezó a saltar y a pedir que alguien le explicara que le estaba pasando, donde estaba o simplemente porque no estaba en su casa, pero fue inútil, no apareció nadie. Había estado mucho rato saltando y gritando, estaba rendida, y recordó que la otra vez, al volverse a dormir despertó de nuevo en casa, así que se estiró en esos enormes cojines e intento dormirse, que no fue fácil con el nerviosismo y la angustia que tenia, pero…¡ A desayunar niña, vamos, vamos que se va a enfriar la leche!.Esto no era normal, ya empezaba a preguntarse si debía contarle a alguien lo que le pasaba, pero no sabía cómo hacerlo, ni a quien, ¿y si la trataban de loca? Decidió seguir guardándose sus miedos, dudas y preguntas sin respuestas y bajo a desayunar como cada día, bueno, un poco más pensativa y silenciosa que de costumbre, pero nadie apreció el cambio y todo transcurrió con normalidad.
Los ensayos de la obra empezaban la próxima semana, y tenía que prepararse la ropa y todo lo necesario, así que dejo de pensar en esos dichosos sueños y se puso por faena.
Pasaron los días, y llegó el momento que tanto había estado esperando, el gran día, el día de representar la obra. Nerviosa y contenta se dirigía al colegio donde habían montado un modesto escenario y habían puesto unas sillas para que los vecinos del pueblo pudieran presenciar la obra. Como es normal, cada uno se fijaba más en su propio hijo o hija o sobrina etc. Que en el resto, aún así, el papel de Laura fue alagado y comentado mucho en el pueblo.
Llegaban las vacaciones de verano, y muchos de sus amigos se marchaban del pueblo a veranear a otros sitios, así que si el pueblo ya era tranquilo de por sí, en esta época del año se quedaba desierto. Laura se aburría bastante ya que su madre no tenía dinero suficiente  para permitirse unas vacaciones, y tenía que pasar el rato sola leyendo, escribiendo o haciendo cosas por el estilo.
Fueron pasando los días, lentos, calurosos, tranquilos y ahora que lo pensaba, sin sueños raros, cosa que la tranquilizaba mucho, ya que parecían tan reales que ya estaba empezando a asustarse. Alguna mañana tenía la sensación de despertarse en aquella habitación blanca, o de sentir ese olor a hospital, pero enseguida reaccionaba y despertaba en su casa. Asi que poco a poco llego a acostumbrarse  a que le pasara y le quito importancia.
Un día de aquellos, a media tarde, ya no sabía qué hacer, hacía calor y estaba cansada, decidió echarse una siestecita, así que subió a su habitación y se tumbo en la cama.
¡Eyyyyy!¿que está pasando? Grito, se sentía inmovilizada, abrió los ojos y tenía las manos y las piernas atadas, una luz blanca cegadora le enfocaba directamente a la cara, era otro maldito sueño, pero dios mío,  era tan real, además esta vez no se sentía sola, notaba la presencia de alguien más en la habitación, pero esa luz no le dejaba ver nada. De repente se dio cuenta que se oían voces, más bien susurros, pero no podía descifrar lo que decían ni quién podía ser. Empezó a preguntarles que pasaba, quien era y donde estaban, que hacia allí, como la habían traído, si ella estaba en su casa haciendo la siesta, pero era inútil, seguían susurrando entre ellos y no le hacían caso.
Paran los susurros de repente, después de un chistar como avisando de algo, Laura estaba aterrada, hacía movimientos bruscos para deshacerse  de esas ataduras pero era imposible, pero era imposible, se acerco alguien, parecía una mujer por el suave perfume que notaba, acariciándole con ternura el pelo, le acerco una mascarilla, la puso sobre su cara y al instante apareció en su cama sobresaltada. Aquello no era normal, esta vez tenía que contárselo a alguien, muy angustiada bajo a contárselo a su madre. Su madre no le dio importancia, le dijo que tenía demasiada imaginación y eso era todo, pero como es lógico a Laura le aterraba quedarse de nuevo dormida, esos sueños eran muy reales, mientras transcurría cada uno de esos sueños era perfectamente consciente de todo, sensaciones, dolor, angustia, todo tan real que daba miedo.
Siguió pasando el tiempo, y Laura tuvo que vivir con sus sueños y no podía compartirlos con nadie, porque al intentar hablarlo de nuevo con su madre, está le dijo que se dejara ya de tonterías y que si iba contando esas cosas por el pueblo la tomarían por loca, y ya sabemos que en esos pueblecitos tan pequeños, es muy importante llevarse bien con los demás vecinos.
Acabó los estudios, bueno solo E.G.B.  puesto que en el pueblo no había institutos por su puesto, se puso a trabajar en una tienda de ropa, también empezó a salir con un chico del pueblo, Ernesto se llamaba y se llevaban muy bien, pero Laura seguía sufriendo sus pesadillas en soledad, ya que no quería contárselo ni a Ernesto por miedo a estropear su relación. No era cada noche, pero le pasaba cada vez más a menudo. Cuando Laura cumplió 17 años, sus amigos le hicieron una fiesta, una de esas fiestas de película, con regalos, pasteles, música y todo eso, al llegar por la noche a casa, que por cierto era bastante tarde, se metió enseguida en la cama, estaba agotada, su madre le dijo que tenía algo de cena preparada, pero no tenía nada de hambre y se durmió.
Se despertó con dolor en los nudillos, y muy cansada. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en el suelo de aquella habitación, con los almohadones que hacían de cama uno en cada punta, estaba sola, se levanto y se sentó en una esquina, estaba sudorosa y estaba despierta, eso no podía ser un sueño, le dolían las manos, como si hubiera estado golpeando algo, blando pero mucho rato, como si hubiera golpeado esas paredes, pero si era un sueño, ¿Cómo podía dolerle?. Entonces un trozo de esa pared se abrió en forma de puerta, entraron cuatro personas, pasaron primero dos enormes chicos, seguidos de un hombre y una mujer con bata blanca, como de medico. Laura se levanto, pero cerraron rápidamente la puerta, actuaban como si por alguna razón tuvieran miedo de ella, los dos chicos corpulentos se separaron, uno siempre delante de la puerta, el otro cerca de los de bata blanca. Manteniendo una distancia, le pidieron que se sentara de nuevo, con muy buenas palabras y una exagerada educación acercaron un cojín a su lado, ella se sentó. Bueno, dijo Laura, supongo que alguien me explicara que está pasando. Entonces la mujer de la bata blanca se acerco a ella, se podía apreciar su miedo y desconfianza, pero de todas formas se acerco despacio, le acaricio el pelo para tranquilizarla y le dijo:
_ buenos días Inés,¿Cómo te encuentras hoy? . Laura miro a su alrededor, estaba confundida, _yo no soy Inés, soy Laura. La mujer sonrió y continuo, _está bien Laura, ¿te sientes nerviosa, te duelen los brazos o algo?. Estas preguntas a que venían, se preguntaba Laura, además este sueño era muy largo, ¿Por qué no despertaba de una vez?, y empezó a chillar, ¡ quiero despertar, quiero despertar en mi cuarto, quiero despertar por favor! Todos en la habitación se alertaron, ella lo noto, le tenían miedo, pero seguía sin entender por qué. Los dos chicos corpulentos se acercaron rápidamente para proteger a la mujer, el otro hombre que había estaba todo el rato escribiendo cosas, sin decir ni una palabra. Entonces, con una mirada llena de ternura pero cubierta de pánico, la mujer le dijo:
_Mira Laura, te tengo que contar una cosa, pero tienes que estar muy tranquila, tomate esta pastilla, solo es para calmar los nervios, nada más. Laura miro esa pastilla de color amarillo y blanco, no entendía nada, en su cabeza solo estaba la esperanza  de despertar de una vez, cogió la pastilla y apartándose el pelo de la cara, miro a esa mujer sin fiarse mucho, pero las ganas de saber que estaba pasando hicieron que se tomara la pastilla y se sentara en una esquina de la habitación, esperando esa explicación. La mujer acerco otra almohada con el fin de sentarse algo más cerca  de ella, pero manteniendo una distancia y le dijo:
_Bueno Laura, no sé por dónde empezar, yo me llamo doctora Millar y este es el doctor Suñol, trabajamos aquí y todo lo que queremos es ayudarte. Este es el psiquiátrico de Londres, llevas aquí prácticamente toda tu vida, entraste de niña con una patología muy grave, agresividad con los demás, contigo misma, perdidas de sentido constantes, trastornos de personalidad, estuviste a punto de morir siete veces por autolesiones, saltaste por una ventana, y agredías a todo el que se acercaba a ti y todo eso con tan solo 6 años. Te encerramos en esta habitación para evitar que pudieras hacerte daño a ti misma o a otra persona.
Laura seguía pensando en el momento de despertar de aquel sueño,  en su cuarto, con su madre. _ Pero que está diciendo, yo vivo en mi casa, con mi madre, he ido al colegio, tengo novio y un trabajo, soy feliz, si no fuera por estas malditas pesadillas, ¡quiero despertar! _ Ahí está el problema, hasta ahora, el Dr. Suñol y yo estábamos poniendo en práctica nuestro proyecto, que  consiste en un gas que al inhalarlo activa la capacidad de soñar hasta límites insospechados, y permite que una persona como tú, que tiene que pasar toda la vida aislada de los demás, pueda llevar una vida a su manera, llegando a creer que es real y así poder ser feliz. Pero está en periodo de prueba y tiene algunos efectos secundarios imprevistos.
Laura empezó a sudar, estaba muy angustiada, estaba empezando a comprender, pero se resistía a creérselo. _¿Me está diciendo que mi madre no existe, que es solo un sueño? _ Tu madre te abandono casi nada más nacer y tú te llamas Inés, era una drogadicta que tenía también muchos problemas psiquiátricos, por ella no pudimos hacer nada, simplemente te dejo envuelta en unas mantas cerca del centro comercial, te encontraron dentro de los lavabos, te llevaron a un hospital para hacerte un reconocimiento y ya te encontraron en sangre restos de heroína, desde entonces has estado siempre atendida por nosotros. Has pasado tu vida entre estas cuatro paredes. Hasta ahora inhalando el gas, volvías a tu vida ficticia y eso hacía que estuvieras tranquila y relajada, eso era bueno para ti, no tenía ningún efecto secundario, pero ahora hemos visto que no es cierto y ese gas afecta directamente a tu sistema nervioso, y debido al tiempo que lo llevas inhalando se debería suspender el tratamiento inmediatamente.
Estas palabras golpeaban la cabeza de Laura, su madre no existía, por lo menos la que ella creía que era su madre, Ernesto, sus amigos, su profesor, el pueblo entero con sus pájaros y su iglesia, no existía nada. No podía ser, tenía que haber otra explicación. Estuvo horas sentada en una esquina de la habitación, a ratos se dormía, pero se volvía a despertar allí. Le iban dando pastillas para tranquilizarla, estaba aturdida y quería terminar de una vez, despertar ya en su cuarto, no podía asumir que esa habitación fuera toda su vida, no podía, no podía.
El debate entre la Dra. Millar y el Dr. Suñol era el siguiente: si continuaba el tratamiento moriría en pocos días, y si no, toda su vida se vería resumida a un simple sueño, teniendo que aceptar la dura realidad. La ley prohíbe continuar un tratamiento mortal, así que la decisión fue retirarle el gas de forma definitiva.
Laura estaba muy nerviosa y notaba que aquellas pastillas ya no le hacían efecto, se sentía muy angustiada, golpeaba las paredes, gritaba continuamente, ¡ quiero despertar! ¿ mama donde estas?. El estado de nervios iba en aumento, entonces entro medio a escondidas la Dra. Miller, sin apartarse de la puerta pero vigilando que no la viera nadie le dijo: _ Quiero que sepas que siento mucho lo que te está pasando, y en parte me siento culpable, así que voy a hacer una cosa. Si alguien se entera puedo perder mi licencia y hasta podría ir a la cárcel, pero creo que te lo debo. Si tú quieres, te puedo dar una última dosis, así puedes despedirte de tu madre, bueno de todo el pueblo y amigos que para ti han sido tu vida real.
Laura pensó que si volvía a su casa ya pensaría la manera de no dormir y así acabar con esas pesadillas, y acepto. Y así lo hizo, le dio una última dosis, Laura se estiró y la Dra. Miller le puso la mascarilla y…! a desayunar niña, vamos que se te enfría la leche¡. Estaba en su cuarto, estaba en su casa y su madre estaba en la cocina llamándola, vaya pesadilla, esta vez sí que tenía que contárselo a su madre y buscar una solución. Bajo las escaleras corriendo y allí estaba su madre, fue a abrazarla y cuando se giro, a Laura se le cayó el mundo encima,  su madre tenía la cara de la Dra Miller, que mientras le caía una lagrima por su rostro, le decía_ Lo siento Inés, lo siento Inés. En ese momento se dio cuenta de que su vida había sido un sueño y sus pesadillas la vida real. Subió a su cuarto, cerro la ventana y con voz triste dijo._ Adiós Laura. Se puso a dormir, pero en esta ocasión Inés ya sabía dónde iba a despertar.

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