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7 min
Legión de Luz y Sombra
Ciencia Ficción |
28.04.15
  • 4
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  • 332
Sinopsis

¿Qué fuerza existe realmente en nuestro interior? ¿Una dualidad o es que simplemente no existe nada? ¿Somos gobernados por nuestra religión o por nosotros mismos?

Localizados todos (o al menos eso es lo que recuerdo) en un aposento de unos
13x10 aproximadamente; rodeábamos una mesa que contenía los más exquisitos
manjares que puede proveer la vida, comida totalmente deliciosa, y no me olvido
del vino y demás néctares que chingábamos, yo (su narrador pecador), disfrutaba
de todas aquellas entrañas de la mesa mientras a su vez charlaba con uno de mis
primos (tengo siempre la mala costumbre de comer y hablar al mismo tiempo); una 
de las muchas platicas nos llevó a manifestar nuestras creencias y concepciones
acerca de la religión y su verdad: en lo personal, mis humildes lectores, les
confieso que mi salvador siempre está presente en todas los aspectos que
desarrolla mi vida, y mejor aún, lo he soñado tantas veces que no tengo la mínima
duda de su absoluta existencia, pero cada uno de nosotros tiene expresiones
distintas y yo lo respeto, así como respeté los comentarios de mi primo. Muchas 
discusiones giraron en torno a este tema interminable, por lo que me sugirió (mi
primo) continuar nuestra célebre conversación en su casa, yo con mucho gusto
acepté su invitación. 

Como todo, creo necesario conocer los pensamientos  individuales que tiene cada
ser humano en este mundo, de esta manera me es más fácil entender el 
comportamiento y límites que cada uno de ellos asemeja con su realidad.

Nos dirigimos a su hogar, no sin antes trasladar en el auto de mi primo a un poco 
de nuestra numerosa familia.

No sé si ustedes, mis humildes lectores, me hayan comprendido. A veces ni yo 
mismo me comprendo, por lo que les narraré a detalle lo sucedido cuando
abordamos el carro de mi primo. 

Como ya lo he mencionado; en el auto de mi primo se hallaba una parte de
nuestra familia: mi abuela y una de sus amigas, mi tío y tía, y mi primo y yo. 

En fin, partimos nuestro viaje, primero a dejar a la amiga de mi abuela (su nombre
era Clara). Entonces, cuando llegamos a su casa, observamos que justo al lado de
ella se estaba llevando a cabo un ritual, por lo que pudimos ver, al mismísimo 
Satanás. No sé si me pueda explicar correctamente, pero lo intentaré. El lugar en
donde se estaba erigiendo este ritual era un espacio abierto, el suelo de
abundante pasto, al fondo se levantaba una barda cuadrada de unos 25x25 y a lo
largo de ella se divisaba una especie de dibujo: parecido a uno de esos angelitos
que sostienen un arpa, sólo que en vez de ello, era un diablito, totalmente rojo, es
más, me atrevería a decir que estaba dibujado de sangre.  

Fue muy estremecedor ver a toda esta multitud bailando y adorando el dibujo ya
comentado, su líder se encontraba casi desnudo si no hubiese sido por los
pequeños ramajes que colgaban de su cintura, toda su cara pintada de rojo (¿o
sangre?), sostenía una clase de cedro, o quizá un palo, y tenía dos pequeños 
cuernos en su frente que delataban su liderazgo para con los demás, debido a que
“los demás” vestían igual que su líder a excepción que no poseían cuernos; olvidé
mencionar que era de noche, por lo que las antorchas al derredor de su culto
manifestaba una ceremonia perfecta y estremecedora.  

Yo no me sentí asustado en lo absoluto, pues, sé que Satanás representa la
dualidad de mi salvador, y así como yo rindo tributo a él, estás personas 
veneraban a Satanás, con un ritual particular. Por su parte, mi familia se hallaba
totalmente aterrada por estos vestigios y signos que creo yo, jamás habían visto.
Temblaban y sus ojos casi salían de las orbitas, sudaban en exceso y sus rostros
figuraban el terror de un preso cuando está a punto de ver a la muerte. 

Este terror se volvió más notorio cuando el líder del culto tomó la mano de Clara, y
como hipnotizándola se unió a este ritual; el líder se acercaba de poco a poco al
auto, las voces de mi familia se tornaron audibles cuando sucedió esto, pero de
pronto todo fue silencio, y al voltear sólo quedábamos yo, mi primo y mi abuelita,
por lo que mi primo reaccionó de una manera enérgica y arranco el auto con 
nosotros dentro. Pero aquí no termina todo, pronto comenzamos a ver personas
que fueron dominadas por el total control de ese culto. Nos perseguían. Pude ver
claramente frente a nosotros a tres personas tomadas de la mano, como formando
una cadena para evitar que siguiéramos nuestro trayecto e huida, y así fue, por
más que intentábamos escapar no pudimos conseguirlo; esquivamos está primera
cadena, pero, conforme avanzábamos, más cadenas se presentaban con
muchísimos más adeptos.  

El auto descompuso antes de llegar a la octava cadena, por lo que tuvimos quebajar de él y correr lo más rápido que pudimos. Llegamos a un montículo de tierra, 
rodeado de un bosque en su total oscuridad.

Y justo después de dar vuelta al montículo, se encontraba sentado en el suelo un 
adepto del culto, mendigo de perdón, lo que hice en seguida me orgulleció, pues,
le di una fuerte patada en su rostro matándolo, una vez extendido todo su cuerpo 
en el piso, empecé a golpearle la cara con mi pie izquierdo, golpe tras golpe, su
cara de desfiguraba. Mi abuela advirtió esto y dijo: 

-¡Déjalo! ¡¿El que te ha hecho para merecer la muerte?! ¡Maldito pecador! ¡¿Así te
haces llamar hijo de Dios?! 

Sus palabras se han quedado reclavadas en mi alma desde entonces, y con justa
razón, me estaba convirtiendo en lo que más detestaba en la vida: un pecador. Me
tranquilicé y lloré mi náusea, pero estos sentimientos no duraron mucho, ya que 
detrás de la abuela rápidamente se acercaba otro adepto, llevando en sus manos
un par de guadañas filosas, por lo que pude impedir su muerte luchando contra él.
Sostenía sus brazos para evitar las llagas profundas que merecía, merecía ese
hermoso sueño llamado: muerte, pero no podía cobijarme en ella sin antes estar
seguro de que mi abuela y primo estuvieran a salvo de aquel estúpido; esquivaba
con perfecta coordinación sus guadañas, lo golpeé en el rostro dejándolo en el
suelo. Le dije: 

-¿No quisieras otra oportunidad, hermano mío? ¿Un nuevo amanecer?

Levantándose del suelo el adepto, con una sonrisa respondió: 

-¡Sí! ¡Eso quisiera! 

Le extendí mis brazos como aquel que le da la bienvenido a un mundo mental. 
Pero… al hacer esto, noté que sacaba lentamente un cuchillo de tras de su
espalda, por lo que no me quedo más remedio que… matarlo, como una maldita y
tétrica obra de magia, en mi mano apareció repentinamente un cuchillo y se lo
enterré en su estómago, desenterrando las sombras de mi alma. Una luz
palpitaba, una luz negra, gobernada por demonios internos; ¿Dónde estaban mis
ángeles, a los que tanto necesitaba?  

Al desfallecer el sufrimiento de aquel adepto, en el cielo se erigió una hermosa luz
blanca, quizá un perdón, o un nuevo comienzo para mí, en realidad nunca supe en
sí que había tras este gran misterio, ni siquiera su significado. Una cosa es segura
mis leales lectores, somos dominados más por demonios internos que por ángeles 
internos, y me alegraré por aquel que afirma estar controlado por ángeles, porque
es él quién tiene opulencia divina; yo, estaré gobernado por esta legión de luz y sombra, más lo último que lo primero, y seré preso de esta dualidad hasta vencer
las sombras que rondan en los huecos de mi alma. 

 

 

 

 

 

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