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LEYENDAS DE HYRBEÏA. LAS SIETE RAÍCES DEL MUNDO. CAPÍTULO 6. PARTE 2.
Fantasía |
12.04.07
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Sinopsis

Los dos compañeros siguieron avanzando, antes de que a alguno se le ocurriese meterles en algún lío, y, no todos tenían cariño al muchacho, precisamente.
-Sólo espero que no descarguen con Énox, el pobre.
-Lo dudo mucho –respondió el anciano-. Énox, por si no te habías dado cuenta, tenía un código ético muy elevado. Sería incapaz de matar a sangre fría a uno de sus compadres, por muy sinvergüenza que haya sido con él. Falta hacía gente así en el mundo.
-Y que lo digas. Pero me preocupa que esa cuadrilla ande suelta por ahí. Me preocupa mucho. Lafgon, no sé si es buena idea seguir por este camino...
-¿Crees que nos van a estar esperando por aquí? Tal vez, pero no creo que sea buena idea pasar por el bosque nuevo.
-Mmmm, vaya que no –se acordaba muy bien de su encuentro con la Gorgona. Otra vez como que no le apetecía-. ¿Cómo se habrán escapado? Engañarían al guardián.
-Eso mismo he pensado yo... Ese tipo infundía mucho respeto y de alguna manera convenció al muchacho de que les soltara. Desde aquí abajo los ruidos de la batalla eran para volverse loco... Imagínate allí metido con unos cuantos tipos metiéndote cosas en la cabeza. Toda una proeza hubiera sido que no les soltasen. Y nadie de con quienes estuve se dieron cuenta de nada... Muy hábiles debieron de ser.
-Si alguna vez vuelvo a ver a Adrexeino le voy a contar qué gran tipo es su segundo general.
-Seguramente ya lo sepa, o sólo quiere ver lo que quiere ver.
-Allá él. Total...
El anciano sonrió.
-Todavía estás enfadado con él. ¿No has aprendido nada con esto?
Pero Lóndax no contestaba. La rabia le volvía a invadir. Se sentía frustrado y rechazado.
-Tú ya sabes lo que es elegir. Y no es fácil en determinadas circunstancias –le afirmó el anciano.
-No. Claro que no.
Cada uno llevaba desenfundadas sus respectivas armas en caso de tener que defenderse de los tipos que se habían escapado. Lógicamente estaban en inferioridad de posibilidades, pero no había otra manera, al fin y al cabo. Pero el muchacho se preocupaba por la suerte de su nuevo amigo.
-¿Qué pasará con Énox?
-Ya lo sabes, se curará. Eso espero. No pienses más en eso: sólo hará angustiarte más, y lo que necesitas es tranquilidad.
-Me temo –dijo abatido- que eso es algo que se me ha negado últimamente. Y dudo que eso cambie de repente.
-Confía en tu suerte al menos un poco, Lóndax. Confía un poco.
El muchacho le miró de reojo, con el pensamiento grabado en la mirada diciendo >.
Antes de mediodía llegaron al recodo donde bajaba el riachuelo del bosque joven y un olor putrefacto se adueñó del ambiente. A decenas de metros debía de haber algo podrido, y no sabrían bien qué, pero los dos caminantes se miraron fijamente, temiéndose lo mismo. Aunque no sabían si sería algo bueno o malo.
Se acercaron hacia el foco de aquel olor y sintieron tantas nauseas que quisieron dar media vuelta.
-Es imposible que sea alguno de los fugitivos. No le ha podido dar tiempo a descomponerse. Tiene que ser otra cosa –dijo el joven.
Pero no se escuchaba ningún sonido que pudiera dar una idea de lo que pudieran encontrarse delante de ellos. Evidentemente había algo allí delante que los estaba esperando sigilosamente.
-Otra asquerosa bestia de Eledon... Tiene que ser algo de eso. Silencio –le ordenó Lafgon-. Nos acercaremos despacio. Yo iré primero, pero tu tienes que subir por esa cuesta para
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