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5 min
LO COMPRENDÍ EN UN SUEÑO
Infantiles |
10.02.14
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Sinopsis

Lo que los sueños de un niño pueden llegar a mostrar es un misterio.

Aquello era un auténtico fastidio. Desde que los médicos habían detectado en mis oídos una infección bastante molesta que los hacía vulnerables con el mínimo contacto con el agua estaba avisado que me someterían a una operación. Y ese día había llegado. Llevaba más o menos unas horas encerrado en el hospital ,sin la compañía de nadie, dentro de una minúscula habitación esperando el momento en el que me operaran. Para mi desgracia y para empeorar las cosas mientras esperaba aquel momento decisivo mantenía una discusión con una monja que me decía que debía tomarme una medicina ,para nada de mi gusto. Y por eso ,como no, me resistía.

-¡No, no y no!- dije cuando la monja me tendió el vaso- No voy a bebérmelo

-Lo siento pero lo debes tomar- dijo esta mirándome severamente pero sin subir la voz.

- No pienso tomármelo y punto- contesté de mala gana.

- Pues yo te digo que te lo vas a tomar, y esa es mi ultima palabra

Yo me puse de morros y cruce los brazos, asqueado.

-No me va a convencer, ni en un millón de años- hablé sereno, y ,la monja, suspiro harta.

- No sabes cuantas personas pobres darían por tomarse esto ,jovencito- dijo- No lo sabes tu bien.

Yo la miré incrédulo.

-¿ Quien sería capaz de tomar tal porquería?- conteste- Nadie... en su sano juicio.

La mujer me miró pálida. Yo comprendí al instante que la había dolido, pero no me importó. Después de unos momentos de pesado silencio dejó el vaso aún humeante en la mesilla de al lado de mi cama y desapareció por donde había aparecido.

Me quede solo. Por una parte me sentía aliviado al ver que la monja se había ido pero por otra me sentía muy maleducado y arrepentido por mi comportamiento. Confuso y algo perdido acomodé la cabeza en la almohada y me abrigué con las mantas. Intenté cerrar los ojos pero no lo conseguí.

Incomodo miré hacia la mesilla donde se encontraba el jarabe caliente y me quedé con la mirada perdida en su liquido oscuro... y... poco a poco noté que los parpados me pesaban, que mi vista se nublaba y que el sueño me vencía en su fuerte sopor... y... todo se puso negro.

Lo primero que sentí fue que respiraba pesadamente, con dificultad.

A mi alrededor un grupo de personas se movían con semblante preocupado cogiendo y dejando aparatos sin cesar.

Sentí miedo, angustia y poco espació en mi interior.

Ardía, tenía pequeños pinchazos de dolor por todo el cuerpo pero sobretodo, pánico.

Sentí que unos brazos fuertes me elevaban y que me colocaban un tubo respiratorio pero aquello no era suficiente ... Noté que me envolvían el cuerpo en albal y me metían en una incubadora... la vida se me iba gota a gota y entonces comprendí que ocurría.... que estaba pasando, había nacido demasiado pequeño.

Me arrinconaran en una esquina al cuidado de una enfermera porque en ese momento nacía otro bebe entre llantos, uno de mis dos hermanos que tenía tantas necesidades que yo. No tardaron en hacerle el mismo proceso que a mi y aún llorando a todo pulmón lo dejaron junto a la enfermera.   Pero aun la pesadilla no había tocado a su fin. En aquel momento los sollozos de otro niño se escucharon por toda la sala y vi ,que como a mí ,de nuevo ,el doctor, con urgencia, metía a mi segundo hermano en la incubadora. Yo desde mi plano inmaterial sentí su dolor como si a mi me arrancaran medio pecho. Vi como se lo llevaban detrás de mi otro hermano a una sala especial donde intentar atendernos rápidamente.

Ante tan grave situación los médicos y enfermeras trabajaban con eficacia .

El tiempo siguiente lo pase como si viviera aquel momento en estado puro ,horrible . Pero por otra parte veía que cada segundo que pasaba los médicos daban más de si mismos intentando salvarnos la vida, trabajando con frialdad y sin titubear ni un momento.

Entonces supe con certeza que aunque solo consiguieron salvarme a mí, habían hecho todo su esfuerzo para ayudarnos, que querían todo lo mejor para sus pacientes ya que su campo era el hombre y su cultivo la salud.

Y con esos pensamientos ,sonriendo para mí, intenté volver a la realidad ,dejando atrás mi nacimiento y haciendo ademán de abrir los ojos .

Desperté en la habitación del hospital donde me había dormido. Estaba tranquilo, no como antes, feliz por haber comprendido la importancia de los médicos en el mundo. Y sin dudarlo un instante me acerque a la mesilla cogí el vaso con la medicina ,ya fría, y sin pensarlo dos veces bebí su contenido. Cuando deposité el vaso de nuevo en la mesilla me sentí enérgico como si aquel medicamento me habría sentado como un bálsamo sanador.

Y volví a cerrar los ojos mientras respiraba hondo. Estando así se escucharon unos pasos y vi por el rabillo del ojo que era de nuevo la monja. Noté que se acercaba a la mesilla y cogía el vaso vacío.

Yo pensaba que me daría ánimos para que pudiera afrontar la operación sin problemas o me diría por lo menos la hora de esta. Pero para mi asombro lo único que hizo fue sonreír de oreja a oreja satisfecha mientras salía de ahí y cerraba la puerta con suavidad.

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