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10 min
LO QUE EL BOSQUE ESCONDE, LA NIEBLA
Terror |
23.03.13
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Sinopsis

“…la niebla no es buena, no….nunca lo ha sido, recuerda: no la mires, no la toques, pero sobre todo jamás te sumerjas en ella.”

Observó su imagen frente al espejo una vez más. Aquella figura desproporcionada parecía mofarse de ella cada mañana; pequeña de estatura, resultaba imposible catalogarla entre las gordas o las delgadas. La mitad superior de su cuerpo era la de una mujer madura; vientre abultado, senos grandes y espalda ancha. Su rostro, sin embargo, era mofletudo y sonrosado. La mitad inferior era delgada, su tronco apenas parecía sostenerse sobre dos alambres de metal.

-¡Nuria Svetlana! Otra vez mirándote a ese dichoso espejo, cualquier día lo tiro por la ventana.- La voz estridente de la madre rebotó en el espejo haciéndola estremecer. Odiaba que la llamara por su segundo nombre. Se lo pusieron en honor a un padre camionero de origen francés que adoraba con auténtico fervor Rusia, pero sobre todo  amaba el vodca y las rusas más jóvenes. Paradójicamente, su pasión fue su muerte al comprar de una tacada una niña y una botella de vodca a su propio padre.  Éste ni corto ni perezoso, lo invitó a disfrutar de las delicias de su flor más pura en un mugriento garaje. Esperó a la pequeña rusa bebiendo vodca mientras su cuerpo se congelaba poco a poco. Se dijo de él que murió con la sonrisa en la boca, que ni en su lecho de muerto perdió la fe en su amado país y sus gentes.

Dirigió la mirada a la imagen reflejada de su madre que permanecía inmóvil sumergida al fondo de espejo, sintió su gélida respiración acariciar su nuca. Ambas miradas se cruzaron con las miradas del espejo.

 

En el espejo dos figuras, cuatro miradas.

 

-¿A qué viene esa cara de cordero degollado?

-No quiero ir al colegio, todos se ríen de mí, de mi cuerpo horrible, del asco que doy;  un día de estos lamentarás mi vengan…

-¡Cállate!-Interrumpió la madre, nunca la escuchaba. Aborrecía su discurso auto flagelante.

-Sí, sí, sí. Que eres fea, que das asco, que te pegan y patatín patatán. Mea culpa, sí, te hice mal.- Agarró la cabeza de la joven acariciando su cabello con violencia.- Pobrecita, nadie te quiere, el mundo contra Nuria Svetlana ¡atención señores!- gritaba sin cesar la madre levantando sus brazos al aire.

Nuria observaba los aspavientos de la imagen de su madre que cada vez parecía hundirse más en el fondo del espejo. Oía pero no escuchaba, parecía estar acostumbrada a oír siempre las mismas palabras. Incluso, a veces, no era capaz de distinguir quién era la que hablaba, su madre o la su imagen reflejada en el espejo.

A pesar de todo, no la interrumpió, nunca lo hacía. No tenía el suficiente valor.

- ¡Cuidado! No le hagáis daño Nuria Svetlana Le Brun Cortés, que la pobre se derrumba.- Dicho esto un sonido cavernoso nació en su interior retumbando en su garganta y emitiendo una carcajada de doble timbre infernal.

Sin embargo, su reflejo permanecióq en el espejo un instante, el suficiente para que sus ojos se volvieran negros..

 

*********************

 

La anciana se sentó en su balancín del porche como lo hacía todos los días. Se encendió su cigarro habano y fijó su mirada en el bosque.

Nadie sabía por qué lo hacía pero lo aceptaban; siempre fue así.

Desde los cinco años se sentaba en su balancín a observar el bosque. No hablaba con nadie, no jugaba, jamás aprendió a leer, ni a escribir, solo le interesaba el bosque. Vinieron médicos de todas partes, algunos a petición de familia bajo pago de ingentes cantidades de dinero, otros, venían por vocación, o eso decían ellos, aunque, les movía más la ambición, anhelaban ser los primeros en descubrir la causa de aquella patología tan extraña. El reto se intensificaba con cada error, cuantos más médicos fracasaran más venían. Sin embargo, pronto se terminaron aquellos días de frenesí. Cada vez venían menos médicos y estos cada vez era más jóvenes y pasionales, pero también impacientes, al cabo de un par de días se marchaban. Pronto dejó de interesar su caso que catalogaron como trastorno agudo de personalidad por consentir en exceso.

Ni siquiera el matrimonio consiguió eludirla de su obsesión. Por aquel entonces el prometido, el bueno de Francisco (como se le conocería después) tuvo que vender hasta la casa conyugal. La reformó durante meses con sus propias manos. Incluso construyó un porche idéntico al de sus suegros pidiéndoles que le cedieran el balancín el mismo día de su enlace. Estaba convencido que eso la sacaría de su obnubilación.

Ni siquiera le importaba que su esposa repitiera el mismo comportamiento en su nueva casa, era tan bella que le bastaba con poderla mirar.

Todos estaban convencidos de que el plan funcionaría. Los padres estaban exultantes. Por fin casarían a su primogénita y acallarían todas bocas.

Sin embargo, el día del enlace llegó y tras la ceremonia Francisco quiso enseñarle la sorpresa. Ella jamás llegó a ver la casa. Simplemente, miró la hora, se disculpó y dijo que se tenía que ir. La mujer caminó indiferente hasta el domicilio familiar. De nada sirvieron los ruegos de Franciscos, que lloraba, se agachaba, le besaba los pies...

Al llegar al porche no advirtió la ausencia de balancín y se sentó sobre una caja de madera a observar el bosque.

 

Sus grises ojos permanecieron inmóviles hasta que su nieta llegó. Era la única persona capaz de sacarla de su ensimismamiento. Un extraño lazo las unía.

-Hola preciosa rusita- gritó la anciana con voz leve a la niña que subía las escaleras.

-Abuela, que no me llames rusita que no me gusta.- Le increpó la joven mientras subía las escaleras- Joder, no te matas en estas escaleras, las maderas están podridas y llenas de agujeros.

-¡No digas palabrotas, niñita! Que te limpio la boca con lejía.- Le riñó la abuela sin apartar la vista del bosque.

Nuria se sentó al lado de su abuela y le dio un beso en la mejilla. Sabía que jamás debía colocarse entre la abuela y el bosque.

-Abu, ¿soy fea?- dijo agarrándola del brazo.

-Eres preciosa, mi niña.

-Pero si nunca me miras.

-Pero lo sé.

-A ti solo te interesa tu bosque.- Insistió la joven soltándose de su brazo y apartándose de la anciana de un respingo.

-Tal vez.- La anciana se arrepintió de lo dicho de inmediato.

 

No le gustaba hacer daño a la única persona que le importaba, aunque solo fuera un poquito. Sin embargo, no pudo encontrar las palabras para disculparse, por lo que alargó el brazo palpando el aire hasta dar con su nieta. La cogió fuerte del brazo y la atrajo a su vera.

-Yo también amo el bosque ¿sabes?, aunque no tanto como tú.- dijo apoyándose en su hombro.- Porque yo te quiero más a ti que al bosque, pero tú no; tú quieres más al bosque.

No hubo respuesta, nunca la había. Se quedaron en silencio y observaron el bosque.

 

En el balancín cuatro ojos se vuelven negros.

 

                     ************************************************

Cerca de la casa de la vieja tres chicos esperan la llegada de la chica que les guiará a través de impenetrable bosque. Jamás nadie osó entrar en él, y el que entró jamás salió.

Reían a carcajadas mientras bebían largos tragos de whisky barato y coca light. Se cuidaban.  Los tres eran guapos, de cuerpo atlético y seguros de sí mismos, parecía que con un simple chasquido de dedos disponían de todo lo que querían. Sin embargo, aquella noche habían venido a reírse un poco de la pobre desgraciada y a dejarla en ridículo. Recordaron entre risas lo surrealista que había sido la mañana.

En la hora del recreo “Nurifesio”, como la llamaban en clase, se presentó ante su grupo de amigos diciendo haber entrado en el bosque y presumiendo de saber todos sus secretos. Se rieron todos de ella, la llamaron de todo, alguno le lanzó un escupitajo dándole en todo el ojo y otro simuló pegarle una patada. Todos reían. Pero de pronto todos callaron. Esta vez no se acobardó. No se largó corriendo. Sino todo lo contrario. Irguió su pecho, se secó el ojo con la manga del jersey y con mirada firme contempló a los ahí presentes sosteniendo la mirada a todo aquel que osara desafiarla.  Pero hubo algo en sus ojos que perturbó a la mayoría de espectadores que agacharon la cabeza y se marcharon. Solo quedaban tres. Los tres chicos más cretinos de todo el instituto. Se oía de ellos cometían que  auténticas atrocidades en sus correrías.

Nuria lejos de amilanarse les desafió  para ir esa misma noche al bosque. Reto que sin duda ellos aceptaron.

Los tres miraron sus móviles de manera casi automática, baterías cargadas. Solo les faltaba comprar el whisky y la diversión estaba asegurada.

                      **********************************

 

Nuria seguía su camino abstraída en sus pensamientos. Estaba contenta, por fin marcaría un tanto a su favor. Jamás nadie se reiría de ella. Le tendrían pavor.

Vio a los lejos a los tres chicos reírse. Al parecer no tenían miedo. Dudó un instante. No daba crédito a lo que veía. No habría miradas suplicantes, y lo más probable es que no hubiera ruegos para abandonar la aventura. Sin embargo, lo que le perturbaba era ella. Hasta entonces una inusual seguridad en ella misma la había poseído pero se había esfumado dejándola sola, desnuda, vulnerable.

 Pensó en largarse pero ya la habían visto y le estaban dirigiendo toda clase de improperios y gestos obscenos. Le asaltaron millones de preguntas. Se castigó por ser tan estúpida de no pensar en lo que  ellos podían hacerle. Se culpó por su vanidad repentina y su inexplicable ego desmedido.

Quieta en la mitad del camino miró al bosque, la niebla se abría paso serpenteando entre los árboles. Cerró los ojos y escuchó la naturaleza, cada vez más alto, más alto; mientras que los improperios  y las risas se aislaban, cada vez más bajo, más bajo. Escuchó los pájaros. Ahora solo los pájaros. Ahora un cuervo. Levantó el mentón y cogió aire hasta llenar sus pulmones y retuvo por un instante el  oxígeno. Dibujó una pequeña “o” en sus labios y expulsó lentamente todo el aire volviendo del mismo modo a la realidad.

Con su mentón todavía erguido y su pecho cargado retomó su camino con renovadas fuerzas. Con paso firme se acercó a los tres chicos. Los miró uno a uno.

No hubo risas, ni improperios. Se largaron corriendo. Lejos, muy lejos de allí.

        ***********************************

Cuando pararon de correr no sabía dónde estaban ni cómo habían llegado hasta allí. Solo recordaron (y recordaría para siempre) aquella mirada negra que los sumergió en una extraño pesar.

     ************************************

Jamás se supo nada de Nuria que según se decía se adentró en el bosque embelesada por la niebla.

 

continuará....

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Valoraciones
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  • Buena narrativa. Inquietante atmósfera que lo sume a uno en un continuo estado de tensión esperando en cualquier momento la sorpresa que no termina de llegar... Lo cual crea aún más tensión y ganas de seguir leyendo. Estaré atento a ese "continuará". Saludos.
    Muy buen relato por la idea y por la forma de narrarlo. Estaré pendiente de la continuación.
    A mi me encantó toda la atmósfera que envuelve al relato, tal como está me gusta mucho.
    Cuando quieres escribir un relato de terror sí que sabes como ponerle escalofrios en la espalda a uno. Me ha recordado un obra de Stephen King llamada precisamente la niebla (aunque obviamente no tiene nada que ver la trama y el estilo de uno con otro), obra que fue llevada al cine en una pésima película. La tuya también podría ser una peli aunque no se la vendas a cineastas de Hollywood, esos hacen apestar todo.
    La niebla adquiere vida. Me ha gustado. Personalmente conservaría el relato tal y como está y sobre el mismo ampliaría con más página...¿una novelita corta?
    Me ha intrigado mucho el título y el principio del relato. La mención a los ojos oscuros, me recordaba constantemente a la película 'Carrie', así que andaba predispuesta a un desenlace parecido. Releyendo el final, creo comprender el embelesamiento por la niebla, que debe ser menos terrorífica de lo que pudiera parecer en un principio. .
    Me gustó el relato, me encanta tu prosa sencilla y fluída, pero tengo que confesar que el final me dejó un poco perdida. Tal vez este relato necestara una continuación. Esta claro que la niebla del bosque atrajo a Nuria, pero ¿le insufló la abuena algún extraño poder? ese que les volvía los ojos tan negros. No me quedó muy claro. Un saludo
  • Lo absurdo del lenguaje. las palabras limitan el conocimiento.

    Surrealismo, reato decadente, nihilista, absurdo. Moscas, muerte. ¿ sabes distinguirlas?

    “…la niebla no es buena, no….nunca lo ha sido, recuerda: no la mires, no la toques, pero sobre todo jamás te sumerjas en ella.”

    Esto sí que es una elucubración....

    CAPITULO VII. A ver que os parece, se admiten toda clase de sugerencias, correcciones literarias, remodelaciones, reestructuraciones...estoy aquí para aprender.

    No te fíes de oceanos llenos de incógnitas.

    ¿Qué hay después de la vida? ¿y después de la muerte?

    y si jamás ha existido...

    Qué mala es la envidia......

    tal vez está loca.....

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