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7 min
LO QUE NO SE DIJO DE ROMEO Y JULIETA 3
Reales |
03.06.20
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Sinopsis

 En efecto, la recomendación del camionero Raúl dio sus frutos y al cabo de poco tiempo la enamorada pareja viajó en avión hacia la pintoresca isla del Mediterráneo que estaba rodeada de bosques de pinos y tenía una agreste  costa recortada en vistosas y recogidas calas frente a un esplendoroso mar verde turquesa en el que se reflejaba la exhuberane vegetación; aunque durante el vuelo ellos se marearon como una sopa porque el hecho de volar en el aire como unos pájaros les suponía otro terrible vértigo difícil de superar.

A la pareja le asignaron una de aquellas calas en las que habían diseminadas unos funcionales apartamentos que querían dar la sensación de intimidad, y los recién llegados se instalaron en uno de ellos.

Tenían un contrato por un año, y si sabían cumplir bien con su obligación cabía la esperanza de que se les volviesen a renovar para otra temporada.

Aunque si bien aún no estaban en plena campaña turística, Romeo y Julieta después de su trabajo diario bajaban a la playa a tomar el sol y a refrescarse en aquellas cristalinas y toificantes aguas. Pero lo más significativo y gratificante de todo era ver en el amanecer cómo emergíala rojiza luz del astro rey en el lejano horizonte del mar bruñendo su inconmensurable superficie dando un luminoso sentido a todo el entorno, que era como volver a la vida tras la oscuridad de la noche. Era en estos mágicos momentos cuando ellos se extasiaban ante aquel magnánimo panorama al amparo de un silencio revelador que les inducía a abrazarse con una ardorosa y renovada pasión.

- Mi señor y amigo. ¿Ves como Dios vela por nosotros? - le decía Julierta a su marido.

- Sí... ya... - respondía él lacónicamente.

Sin embargo de repente sucedió un hecho imprevisto. Era algo con lo que ellos no contaban. Al cabo de estar unos meses allí aquella pareja empezó a sentir un inmenso hastío de aquella isla porque había dejado de ser una novedad. Aquel idílico rincón del mundo había dejado de hacer su peculiar efecto en el ánimo de la romántica pareja, y ésta había caído  sin apercibirse de ello en el pozo sin fin de la rutina.

En consecuencia Romeo que nunca había dejado de ser un tipo inestable sentía nostalgia de las juergas que se corría en Verona con sus amigos de toda la vida. Estaba demasiado pegado a su mujer y necesitaba tener un espacio vital para él solo. Además Julieta vista de cerca, le parecía que era una fémina bastante sosa y aburrida que apenas salía de casa; pues ella le hacía trabajar como un burro sin preocuparse para nada de sus gustos o  aficiones. De modo que cuando la supuesta pareja de enamorados hacía el amor, Romeo se imaginaba que su cónyuge era una bella turista  rubia de nacionalidad alemana que tomaba el sol en Top-Lees en aquella cala.

Por otra parte Julieta tampoco se escapó de aquel gris desencanto. Por de pronto su marido desde un punto de vista objetivo,se le antojó que era un hombre pánfilo, un ser de endeble personalidad que se desmoralizaba ante cualquier contrariedad que les pudiera surgir; razón por la cual ella había dejado de admirarle. El donaire que Romeo exhibía en Verona no era más que pura fachada para deslumbrar a las incautas jóvenes de la ciudad.

Un día Romeo tuvo que ir al centro de la isla para hacer una gestión, y Julieta le dijo:

-¡Así te vas! ¿Y me dejas sola con el trabajo que hay?

- Sí. Pero volveré pronto - respondió él.

- ¡Eso espero! ¡Ay esposo! He de saber de ti a cada hora del día; saber qué haces y adónde vas. ¡Ven pronto y no te despistes que te conozco bien! - le apremió Julieta.

-Si ésto es tenerme confianza que baje Dios y lo vea - murmuró Romeo para sí.

Mas se dio el caso que una vez que Romeo hubo hecho  aquella gestión, se metió en un bar a tomar unas cuántas cervezas, y se le fue el santo al cielo al entretenerse jugando a las cartas con unos clientes que habían en aquel establecimiento.

Al fin Romeo regresó a su hogar cerca de media noche un tanto ebrio del alcohol que había ingerido, y como era de esperar Julieta le salió al paso.

- ¡Vaya horas de llegar! ¡Ya estaba sufriendo por si te había pasado algo! - le gritó ella-. Y encima vienes borracho! ¡Que vergüenza Romeo, que vergüenzaaa...! - exclamó fuera de sí- Nunca lo hubiese creído de ti.

-¡Para el carro nena, que no hay para tanto! Sólo he tomado uns copas, y me he distraído con unos amigos - se mal defendió el joven marido.

- ¡No, si encima la culpa la tendré yo! ¡Machista, que eres un machista desconsiderado! Mira  Romeo. Tú no eres más que un egoísta que va a la suya. Ya me decía mi pobre padre que no me fiara de ti porque eres un inútil al que no le gustan las responsabilidades, y que sólo piensas en divertirte.

-¡Vaya ya salió tu querido padre! Pero a ti bien que te gustaba mi alegre manera de ser machista. ¿Ya no recuerdas que nuestros padres siempre nos regañaban porque no aceptábamos sus prejuicios y sus manías?

-¡Oye guapo, con mi familia no tre metas. ¿Lo oyes?! Pero sí, mira. La experiencia de los mayores es algo a tener en cuenta - insistió Julieta obstinada, provocativa.

- Está bien, chica. Yo soy un impresentable. Pero tú eres una mujer sosa que nunca quieres ir conmigo a ninguna parte, y encima quieres que yo sea igual que tú. Y eso no puede ser.  ¿Por qué mierda no quieres salir a pasártelo bien cuando aún somos jóvenes? ¡A ver aquí quien es el egoísta! Siempre culpas a los demás de tus propios fallos.

- ¡Porque la vida es cara. Ca-raaa! ¡ ¿Te enteras?! Y yo, yo debo de velar por la administración de la casa porque no ganamos un sueldo demasiado boyante!

- Vaya, y encima tacaña - dijo en voz baja Romeo.

-¡¿Cómo que yo soy tacaña?!  ¡Oh, Romeo te juro que eso que has dicho no te lo perdonaré nunca, nunca...! - estalló Julieta que había oído a su marido ya que tenía un oído muy fino.

Seguidamente aquella pareja se echó en la cama tratando de dormir, aunque ninguno de los dos consiguió conciliar el sueño.

Al parecer aquella paradisíaca isla había constituido una trampa para aquella "enamorada" pareja puesto que les había disipado la nube rosada en la que ellos estaban envueltos, haciendo que se enfrentaran a la tozuda y prosaica realidad que era un profundo e inconfesado antagonismo psicológico que había entre ambos.

¿Sabrían Romeo y Julieta superar aquella crisis matrimonial que los había distanciado tanto el uno del otro, cuando ellos habían sido educados en el rígido narcisismo familiar?

Permítanme los amados lectores que lo dude.
 

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  • Nunca jugué al gato y al ratón, en todo caso yo estaría en el otro lado, no? Sigo, si, teletrabajando, hasta que pasemos a la fase 3, que será pronto. Adamo es un romántico, pero yo soy de la época de los cantantes italianos...esos también sabían remover el corazón, jeje
    lo que sí se sabe de Julieta
    ¡Se cayó el mito, pero según cómo lo cuentas y lo bien que te desenvuelves en los diálogos, con toda la razón del mundo. Es difícil cultivar el amor envuelto en tales reales circunstancias de hoy y, quizá, de antes...
    El alcohol y las familias de los cónyuges son una mala combinación, un saludo
    La verdad es que muchas bandas sonoras que me han gustado, cuando he mirado el compositor era nuestro amigo Morricone, como Kill Bill, y al que le acaban de dar, por cierto, un premio compartido Princesa de Asturias de las Artes. Hay una preciosa pieza, Malena, que si no la conoces, deberías, es preciosa. Y tiene un Oscar honorífico... merecidamente concedido, a mi entender. Lo de las estadísticas y las fases... yo: no sin mi mascarilla. 😊
    Aparte de ser un relato ocurrente y gracioso, has innovado la historia con el tópico de toda la vida de las parejas. Parece ser un final inevitable. Abrazos, Francesc
    Definitivamente, Francesc, el ejemplo del desenlace de la famosa pareja me la puedo imaginar, es el mismo cuando el sentimiento del amor se idealiza, al extremo de la ceguera. No se ven defectos, ni debilidades...pero todo pasa. Tú narración es ingeniosa y nos muestras la realidad , en los tiempos de hoy, en las relaciones entre las parejas cuando el "idilio" desaparece, surge la intolerancia y aquella admiración que alguna vez sentimos, por la otra persona, difícilmente la recordamos y adiós cruel espejismos!! Ya no somos los mismos....al final, quedamos dos desconocidos ….y separados. Saludos.
  • La emotividad se antepone a la racionalidad.

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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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