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4 min
Loca, loca, loca,... PARTE II
Amor |
02.04.15
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Sinopsis

Segunda parte de esta pequeña loca.

     Tenía el cuerpo entumecido. No sabía cuanto tiempo había pasado en aquella postura. Mis lágrimas ya se habían secado, pero mi mirada seguía perdida. No podía levantarme, lo había intentado varias veces, pero no podía, mi cuerpo no respondía mis órdenes. Percibí tu olor antes de verte, me embriagaba y embotaba mis otros sentidos. No sentía como me levantabas ni como me desnudabas, ni siquiera cuando el agua caliente de la ducha me empapó el cuerpo desecho. Solo veía tu olor. Estaba enamorada de él. Fue lo primero que me enamoró...

      Entré en la casa a oscuras, con la única luz de fondo de nuestro dormitorio. La puerta estaba abierta y te encontré hecha un ovillo en una esquina del cuarto. Me contemplabas sin verme, tu mirada estaba fija en el horizonte. Daba igual lo que hubiera, tú no mirabas. Te llamé suavemente mientras me acercaba. No contestaste. Me agache intentando estar a tu altura a ver si percibías mi presencia, nada. Te acaricié el pelo, nada. Te susurre al oído, nada. 

      Me di cuenta de algo de lo que no me había percatado hasta ahora. Una pistola descansaba a tu lado en el suelo. ¿Qué te había hecho? ¿Eso lo había provocado yo? El dolor se me hizo insoportable. Te había convertido en un muñeco de trapo, te había anulado, te había vuelto loca.

      Todo empezó como una distracción, la había conocido en uno de esos juegos online que tanto me enganchaban, empezamos a hablar sobre las estrategias del juego, pero pronto esas conversaciones se hicieron más personales, más intensas. Nos dimos los teléfonos y utilizaba las horas de trabajo para hablar con ella, hablabamos de todo, no había rutina en nuestras palabras, había emoción, intriga. No nos conocíamos, nos bastaba con nuestras conversaciones. Me iba al trabajo deseando tener tiempo para hablar con ella, me esperaba en el portal unos minutos antes de subir a casa para aprovechar hasta los últimos segundos. Y sobre todo para borrar todo el historial del móvil.

     Cuando llegaba a casa todo cambiaba, la rutina nos arrollaba de tal manera que no sabíamos salir de ella. No había emoción ni intriga, teníamos amor, complicidad, años vividos, pero nada más. Yo quería algo más. Nunca te lo dije y ese fue mi error. Llevabas un tiempo evitándome. ¿Habrías visto aquel mensaje? En aquel momento me dio igual, estaba tan extasiado que no me importaba. Siempre empezábamos nuestras conversaciones con "Te espero a las 10", Era nuestra forma de recordarnos que no íbamos a quedar. Lo habíamos hablado montones de veces, pero esa no era nuestra relación. En realidad no queríamos vernos.

     Te acuné en mis brazos, te levanté y te llevé al cuarto de baño, pidiéndote perdón entre susurros, acariciándote y tocándote todo lo que podía. La cara la tenías negra del rimel, y tus ojos hinchados no me dejaban dudas sobre tu desahogo. Te desnudé suavemente, te miré a los ojos, tu mirada perdida había desaparecido, tus ojos cerrados la ocultaban. Te puse el agua caliente como a ti te gustaba, y mientras el agua te acariciaba volví a mirar tu cuerpo, habías adelgazado, pero seguía conservando la belleza que me cautivó. Eras tú, eras mía, y yo te había causado el mayor de los sufrimientos. Yo te había roto, y yo te reconstruiría.

      Te vestí, entre caricias y palabras de amor, te metí en la cama y te envolví en mi. Te acuné entre mis brazos y así nos preparamos para un nuevo amanecer. Uno sólo nuestro, tuyo y mio. Nadie más.

     Había vuelto a casa, su olor estaba pegado a mi, me impregnaba mis sentidos, y yo sin moverme aislada en la calidez de sus brazos. No abrí los ojos, no me moví. No quería salir de allí. Había vuelto a casa.

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