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9 min
Los Lazos de Sangre 1de2
Terror |
01.06.09
  • 5
  • 8
  • 2415
Sinopsis

Bueno, éste es un relato bastante clásico, espero no aburrir :).

      Tulio tenía siete años el día que su abuela fue a vivir con ellos. Le prepararon una habitación al final del pasillo; en la única habitación que no tenía ventanas y en el lado opuesto al dormitorio del niño.

      Llegó una tarde de principios de verano con un vestido de seda azul marino y el cabello gris como las cenizas del incienso. Su padre iba tras ella arrastrando dos pesadas maletas arraigadas con el tiempo, pero en su semblante se podía percibir que aún más pesadas que éstas, era la mujer que avanzaba autónomamente delante de él. Tulio se encontraba jugando con sus dinosaurios de goma y sus vaqueros de plástico en un rincón del patio; al ver a la comitiva entrar en la casa se puso de pie y contempló como subían las escaleras –seguramente- hasta la habitación que había estado preparando su madre durante la mañana. Soltó su Tiranosaurio Rex de color morado y verde que sostenía en la mano y avanzó lentamente retomando el camino que había tomado aquella mujer y su padre. Se dispuso a subir las escaleras, pero frenó su avance en el primer peldaño. Unas voces bajaron tímidamente por las escaleras y Tulio se intentó concentrar para escuchar la conversación. La voz de su madre parecía preocupada y al mismo tiempo muy servicial, mientras que la de su padre tornaba un cáliz de resignación y obligada educación para con aquella mujer. La tercera voz, que nunca antes había escuchado, le pareció dulce pero firme. Sus silabas, como si de un viejo matrimonio se trataran, se entremezclaban cálidas y frías. No estaba seguro de si la mujer estaba enfadada o agradecida; pero fuera como fuere, su voz era tan profunda que era casi como si las palabras fuesen tangibles. Mi abuela, dijo Tulio en un susurro de admiración y sorpresa.

Su padre bajó las escaleras apresuradamente; al ver al niño balanceándose un poco en la barandilla, disminuyó sus ávidos pasos para decirle que no jugara ahí y volviera al patio con sus juguetes. Dicho eso, desapareció por la puerta principal tan rápido como apareció. Tulio se aseguró de que se había marchado y aprovechó para subir unos pocos peldaños más. Ahora las voces eran más nítidas y pudo escucharles sin demasiado esfuerzo.

-Aunque sea verano –reconoció la voz de su madre-, las noches aquí arriba son frías. Si quieres, puedo sacar unas mantas del…
-Me gusta el frio. –Interrumpió tajantemente la voz de su abuela.
-Como gustes. Pero si tuvieses demasiado frio o cualquier cosa, lo que sea, dímelo. Me encargare de ello.
-Déjalo. Te he dicho que estoy bien –Insistió la anciana-. Luego, cuando haya descansado un poco del viaje, me gustaría salir al patio a tomar un poco el aire. He visto que tenéis un pequeño jardín allí.
-Sí, Darío se encarga de tenerlo siempre así de bonito. En cuanto llega del trabajo le dedica un buen rato a las plantas.
-Luego, cuando descanse, bajare a contemplarlo… -calló durante un instante con la mirada perdida -. Julia, ¿puedes decirle a tu hijo que suba?

Tulio intentó bajar las escaleras a toda prisa sin hacer el menor ruido. Su madre apareció tras él y le llamó con cierto reproche.

-¿Qué diantres estabas haciendo ahí? Ven, te voy a presentar a tu abuela.

Lo primero que vio al entrar en el dormitorio fue la gran cama que se posaba en el centro de la habitación arropada con la penumbra y con aquella anciana posada en su lomo. Le miraba fijamente con sus pequeños ojos negros; expugnando al niño que se encontraba inmóvil en el umbral de la habitación. Tras unos segundos, la anciana pareció cobrar vida e hizo una seña para que se acercara.
-¿Cómo te llamas? –Le preguntó la anciana.
-Tulio.
-Acércate, Tulio. –Le ordenó.

El niño se acercó tímidamente suponiendo que le daría un beso de cortesía. La anciana acercó sus labios a éste, y le susurró:

-Es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas.

Tulio palideció por la suspicacia de aquella mujer y el temor de que le reprochara el haberles espiado. Pero el miedo pasó rápidamente cuando la mano de ésta se posó en su cabeza y acarició sus cabellos.

***

Cuando el sol estuvo remoloneando con el horizonte y la casa se tiñó de los dorados haces de luz mortecina y de las lujuriosas sombras hambrientas de la tierra; la anciana bajó hasta el patio y se acercó hasta el cuidado jardín de Darío. Se acuclilló con terrible esfuerzo sobre un lecho de petunias y dientes de león y dejó que el dulce aroma que éstas le ofrecían se internara por sus fosas nasales, trayendo consigo, mil recuerdos de épocas lejanas.

La crin del caballo, ensortijada con flores silvestres. El aceite de clavo en las puertas y ventanas. El polvo que levanta el carruaje en pos de su camino. Noches añejas, prendadas por la única esencia de la que es poseedora cada época. El aroma del laurel, en la que un día significó la posesión del mundo, tiñe ahora de recuerdos sus cansados huesos.
Pero eso fue ayer… y ha de resignarse con hoy.

Extendió una temblorosa mano bajo las flores y agarró una blanca piedra que descansaba en el regazo de las petunias. La limpió con un pañuelo y la guardó en un bolsillo de su vestido.

***

Pese a la regañina de su abuela, Tulio no pudo evitar escuchar a sus padres discutir en la cocina. Su padre estaba disgustado, era obvio. Pero su madre lo disimulaba intentando mostrarse comprensiva y razonable.

-No quiero que esté aquí, Julia. No es normal. Tenemos un niño chico. Tenemos una vida que llevar, y no es normal tenerla aquí, Julia. No es normal
-Maldita sea, ¿y qué diablos quieres que haga? Está muy enferma. Seguramente ni siquiera sobrevirará a este invierno.
-Pues que se muera… en el hospital, Julia. Que para eso están. Que esto no es una clínica ni una pensión, joder…
-Sí, claro. –Respondió Julia intentando reprimir su ira- Después de que nos pagara las letras atrasadas de la hipoteca y saldará todas nuestras deudas, la mandamos a un asilo. La abuela siempre ha cuidado de la familia, nunca ha permitido que malviviéramos ninguno de nosotros y siempre ha velado por todos.

Darío calló durante un segundo. Sólo se escuchó el traqueteo de los platos que Julia estaba fregando en aquel momento. Luego Julia añadió:

-No pasara nada. No te preocupes por Tulio.

Darío soltó algo con irritación sobre la mesa y salió de la cocina. A Tulio le dio tiempo esta vez de subir las escaleras y esconderse en el pasillo del piso superior. Se mantuvo inmóvil, procurando no hacer el menor ruido por temor de volver a ser descubierto. Tras un momento, el silencio se hizo notar, y le desveló aquel suave sonido gutural procedente del final del pasillo. Se levantó y avanzó con pasos prudentes hacia la puerta de su abuela, la abrió tan sólo un poquito y percibió un olor dulzón como el de caramelo quemado. La habitación estaba completamente a oscuras y no pudo ver nada por la poca luz que invadía la habitación. Volvió a cerrarla con cuidado y regresó a la esquina del patio donde le aguardaban sus fieles amigos de plástico.


***

Como todas las tardes, un poco después del almuerzo, la abuela salió de su dormitorio y bajó hasta el patio. Por allí solía pasear, contemplar el pequeño jardín y sentarse en una destartalada hamaca sin más distracción que ver a los pájaros anidar o a las hormigas con su recolecta.

Aquella tarde Tulio estaba tomando la siesta en su dormitorio. Últimamente no descansaba bien y le costaba bastante conciliar el sueño. Tras una hora retozando en la cama, se desperezó y se asomó a la ventana para respirar el aire fresco de la clásica tarde veraniega. Cerca de la parra que había junto al jardín distinguió la silueta de su abuela. La contempló durante unos segundos y pudo apreciar que estaba comiendo algo. El hecho en particular le sorprendió, pues no la había visto en la mesa del comedor desde que llegó. Según su madre, debido a su enfermedad el apetito se había ausentado de su cuerpo.
Las manos de su abuela le temblaban de forma desmesurada mientras lamía algo blanco que sostenía con fuerza. Al principio no pudo adivinar qué era. Luego le pareció que era un caramelo enorme por cómo lo estaba lamiendo, y tentado estuvo de bajar para pedirle que lo compartiera. Pero no pudo estar más equivocado, pues al percibir que lo que su abuela lamía con tana voracidad era una de las piedras romas del jardín, se escondió bajo el marco de la ventana. Allí permaneció sin valor siquiera para arrastrarse hasta la cama. Pero la curiosidad siempre fue una mella en su carácter. Se levantó despacio y asomó la cabeza lentamente por la ventana. Su abuela ya no estaba en la hamaca; miró alrededor sin avistar el menor rastro de la mujer. Seguro de que se había ido del patio, se puso en pie y miró por la ventana a sus anchas.
Allí estaba ella, medio oculta en la puerta del interior de la casa y mirándolo fijamente. Tulio dio un brinco apartándose de la ventana y se ocultó bajo las sabanas de la cama. ¿Ahora qué? Pensó preocupado.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Precioso
    Buen relato, buen inicio. Correcto, esructurado con precisión para llevarnos al siguiente capítulo. El asunto de los mayores es sangrante, el de las piedras que se lamen cuando ya solo queda el recuerdo me parece una metáfora, una imagen entrañable e inquietante. Un abrazo, amigo
    Con decir que me voy directamente a leer la segunda parte ya digo bastante...¿no? Allá voyyyy.
    Parece que no me han dejado mucho para la originalidad en la valoración, pero comparto lo dicho por los compañeros. Una historia genial, que para nada se hace aburrida. Lo mejor sin embargo es el emplear un relato clásico, eterno, aplicable a los tiempos que corren. Espraré la continuación, un abrazo.
    Yo me uno de mis compañeros, de aburrido nada de nada, ya estoy deseando leer la segunda parte
    Yo no me he aburrido, es más, quisiera que hubiera sido más largo. Intuyo que éste no es el final, no puedes dejarnos así, a medias, así que póngase usted a la tarea de continuarlo, s´il vous plaît¡¡¡¡ Besos, Ikabol
    Opino lo mismo que nuestro compañero, es un relato clásico pero tan real en nuestros dias, que siempre estará presente en nuestras vidas, me da la sensación de que nos vas a dar sorpresas, asi que querido compañero, estamos esperandote... me ha gustado mucho... pero lo has clasificado en ¿terror? huy, huy... algo nos espera. Un beso.
    Ese aire clásico del que hablas no es para nada un impedimento para que este relato te enganche... más bien, todo lo contrario. Me gustó mucho.
  • Y otra vez...

    Reflexión mañanera.

    Bajo la luna había una laguna, y su luz espectral de plata cubrió la superficie. Pero bajo su opalescencia, un abismo inescrutable permanece, y ay del incauto que se guie solo por la ilusión que refleje.

    Habrá que limpiar estas telarañas.

    Breve narración sobre el lince ibérico.

    Ahhh, es secreto.

    Pese al bloqueo constante al que estoy sometido desde hace ya y la desidia que me causa la mortal primavera con su nocivo polen, dejo un pequeño escrito que logré supurar en un efímero momento de lucidez. Espero no se os indigeste :)

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