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9 min
Los nihilistas (I)
Drama |
06.07.15
  • 5
  • 2
  • 381
Sinopsis

Narración dividida en tres partes que cuenta la historia de dos jóvenes de creencias similares, cuyos caminos se ven cruzados accidentalmente. (Como las casualidades demasiado convenientes de las películas). Esta historia fue sacada de un cajón de recuerdos de hace más de un año.

No pensé en lo que significaba la vida hasta hace unos meses. Fui testigo de los actos de nuestra compañera inexorable, la muerte. Tan rápida que te deja sin aliento, como lo fue aquel accidente de coche donde un borracho atropelló la madre de aquel niño. Me quedé quieto, conteniendo la respiración. No sabía qué hacer, nunca había asistido a tal cosa. Ni siquiera me movieron los lamentos del niño, o la gente gritando, o el conductor invocando el nombre de Dios. Fui un inútil.

 

Desde aquel día, miles de preguntas asolaron mi mente. Preguntas en busca de respuestas que no obtuve. Pero el denominador común en todas ellas era el “Porqué” y “¿Qué sentido tiene...?”. En busca de esas respuestas hice aquello que me llevó a estar ahí en ese momento. En ese hospital.

 

Aquel día llovía. Que coincidencia. Casi como si el tiempo reflejase mi estado de ánimo, gris y apático. Al sentarme en la sala de espera se cernió sobre mí un sentimiento de miseria ajena. Caras tristes y rostros preocupados por doquier. Médicos en bata blanca saliendo y entrando a toda prisa, en la expresión de estos, se podía adivinar decepción consigo mismos por no tener algo mejor a lo que dedicarse, por tener que soportar toda esa gente. O, por lo menos, eso leía yo en sus facciones. El estado decaído en el que me encontraba me impedía ver la luz al final del túnel en cualquier cosa, pero, tampoco quería ver esa luz. Por lo que me respecta, mi visión es realista, quizás demasiado, y otra manera de ver las cosas significaría optimismo. Y yo odio el optimismo; me da arcadas.

 

Al oír mi nombre me desperté de aquel letargo en el que me sumía de vez en cuando, mirando a la nada, dejando transcurrir pasivamente la retahíla de pensamientos que afloraban en mi mente cada vez que estaba circundado de personas. Eran ideas efímeras, poco agradables. Lo mismo de siempre. Me incorporé con extrema lentitud, lo hice aposta. Quería que el médico que me había llamado entendiese el grado de interés que tenía en hablar con él. Pero no, él no lo noto y se limitó a sonreírme.

 

-Adelante, pasa y siéntate- me dijo de manera amable. Lo miré, pero no recambié la sonrisa que me dirigía. Luego entré, casi más lentamente que antes, si eso era posible.

 

Me senté en la silla de su despacho. Más incómodo imposible. Una roca puntiaguda habría sido más confortable. Eché una ojeada rápida a la habitación mientras el doctor revisaba algunos documentos en el ordenador. Las paredes eran blancas y amarillentas, cubiertas de carteles llenos de tecnicismos médicos. No entendía nada, ni siquiera lo pretendía. No me interesaba.

 

El doctor por fin se dignó a mirarme, carraspeó, como si estuviese a punto de decir algoimportante y habló con una voz un poco aguda que no correspondía a su aspecto físico, robusto y descuidado.

 

-Y bien, Daniel...-

 

Ya empezamos...” cerré el grifo de mi mente. Intenté concentrarme, responder como se supone debería haber respondido, para salir de ahí lo antes posible.

 

-...Me imagino que sabrás por qué estás aquí, aunque sea en contra de tu voluntad, en estos casos tenemos que comunicar con el paciente aunque este no esté de acuerdo...-

-Sí, ya lo sé, doctor- dije, intentando esconder mi aburrimiento.

-Bien, entonces seré directo, ya que irse con rodeos no sirve de nada. ¿Por qué intentaste suicidarte, Daniel?

 

“¡Bang! Eso fue rápido, la pregunta del millón en los primeros minutos de juego”

 

Admito que aquello me divirtió, no me lo esperaba. Y menos me esperaba que el doctor usase la palabra “suicidio”. Decidí ignorar mis propósitos de dar una imagen de mí que no era y retomé mi manera de ser auténtica.

 

-Oh, eso es fácil, doctor. Ni siquiera exige de pensamientos previos: porque quise-

-¿Quisiste poner fin a tu vida, así sin más?-

-No, así sin más no. Eso equivale a despertarse una mañana con la voluntad repentina de querer morir. No fue exactamente así cómo ocurrieron las cosas-

-Entonces... explicate, Daniel. ¿Qué te llevó a querer suicidarte?-

 

Me tomé un momento para responder. ¿Debería haber respondido con la verdad? ¿Qué diría este hombre? Sonreí para mí mismo “¿Y qué más me daba?”

 

-No estoy deprimido ni estoy loco, o quizás sí, no lo sé, ni me importa. Simplemente, doctor, quería respuestas-

-¿Respuestas...? ¿Qué tipo de respuestas?-

-Respuestas a todo-

-Define “todo”, Daniel-

-El mundo, la vida ¿Qué va a ser si no?-

-Y pretendías buscar esas respuestas quitándote la vida?-

 

Asentí. Efectivamente, y tal como había supuesto, me miró con la misma mirada que se le dirige a los individuos que van hablando sólos por la calle. Acto seguido, bajó la ceja izquierda que había levantado previamente, de forma interrogante. Inhaló aire y se preparó a soltar la típica muletilla que tenía guardada para estos casos.

 

-Daniel, no entiendo exactamente lo que quieres decir pero eres...- 

-...¿muy joven como para pensar en quitarme la vida?-

Al médico se le escapó una mirada de desdén. ¿Qué tal se sentiría que un mocoso adolescente te robase las palabras de la boca?

-Sí- dijo al fin, esbozando una media sonrisa complaciente, completamente falsa.

Quise poner fin a todo aquello.

-Mire, doctor, terminemos con esto. Me imagino que tendrá casos como estos todos los días. Los intentos de suicidio parecen un pasatiempo del siglo veintiuno ¿Verdad? Probablemente hasta estará aburrido de escuchar la misma historia una y otra vez, hasta habrá perdido la sensibilidad en algún momento y habrá llegado el instante en que se dijo para sí mismo “No me importa”. Así que, por favor, déjeme salir de aquí.-

Pude sentir como apretaba los dientes. Apuesto que no había conocido nadie tan pedante e irritante en todo el tiempo que llevaba ahí. Pero logró sonreír y hablar relajadamente cuando se dirigió a mí otra vez.

-Daniel... yo no puedo dejarte irte sin más, necesitas ayudas y para eso esto...- 

-No necesito ayuda, ni loqueros. Necesito respuestas. Respuestas que nunca se darán aquí, con usted-

-¿Cuáles son tus preguntas a ver?- me preguntó impaciente. Decidí ponerle a prueba.

-¿Por qué vivimos, por qué lloramos, por qué soportamos personas y sufrimientos? ¿Por qué toleramos como corderos pasivos un mundo tan podrido, por qué trabajamos? ¿Por qué todo esto si al final nos convertiremos en ceniza y todo lo que una vez fuimos, será olvidado, no tendrá sentido. Como el perro sumiso que vuelve coleando al amo que lo maltrata-

-¿Es por eso que has querido suicidarte. ¿Por qué no le encuentras sentido a las cosas?-

-No, usted no me está escuchando. Quise suicidarme para entender, no para escapar del sin sentido que es todo esto. He reflexionado. Me he dicho a mí mismo que tiene que haber algo por lo que luchar, pero no se me ocurrió nada. No me llenan las personas, no me llena nada. Estoy siempre viviendo en el futuro, pensando qué lógica a corto plazo tiene una cosa u otra y ¿adivine qué? Nunca doy con la respuesta. Podría vivir en el presente y olvidarme de todo, pero eso sería como cerrar los ojos a la verdad y no quiero perder la verdad. Por eso busqué la solución en la muerte-

-¿Cómo se puede buscar la solución quitándote la vida? Buscas respuestas a las cosas que no tienen sentido, haciendo algo irracional como eso-

-No. Se equivoca. Morir es la cosa más natural de este mundo. Más natural que comer, que dormir. Porque es algo siempre presente, recóndito, pero presente. Y todo el mundo termina en un hoyo. ¿Qué más da ahora o dentro de cincuenta años? El tiempo es una tontería. Todo esto de la vida es una tontería. Como un juego creado por algún sádico, que se divierte viendo como algo crece para luego cortarlo de cuajo. Mire la naturaleza, sinónimo de perfección, todo lo que hay en la naturaleza tiene una razón lógica de ser. Pero ¿Qué hay de la vida? ¿Tiene lógica como todo lo otro? Esa es la respuesta que busco. Ni usted, ni nadie podrá dármela jamás . Excepto la muerte. Muriendo podré saber si hay algo más, si hay efectivamente un sentido a todo-

-¿No te parece que eres un poco egoísta? ¿No piensas en los demás, en tu madre o los seres que sufrirán por tu ausencia?-

¿Otra vez? ¿Qué importa eso? Todas las relaciones afectivas que tengo son efímeras. ¿Acaso no lo entiende? Por eso no me gustan las personas como usted, los psicólogos, los psiquiatras. Vosotros sois de utilidad a aquellas personas cuya única necesidad es la de comunicar con otro ser humano, en resumen, ser escuchados. Pero vuestras ideas optimistas y vuestras pastillas anti-depresivas nunca podrán suplantar las ideas suicida de un adolescente deprimido o las teorías de un loco. No podéis cambiar el pensamiento de otras personas con charlas y fármacos-

El doctor se quedó boquiabierto ante aquella frenética explosión verbal. Luego, ya no pudo esconder su irritación.

-Tienes dieciséis años, ¿Qué sabrás tú de las personas, de la vida? Eres un arrogante con ideas descabelladas, punto y final-

Bajé la mirada y sonreí. Cuando hablé, lo hice con voz de monólogo.

-Tiene usted razón. Pero un arrogante que es consciente de no saber nada y con sed de conocimiento es mucho mejor que alguien como usted que trata personas de las cuales no le importa nada, hipócritamente-

 

Lo miré a los ojos.

 

-La hipocresía me repugna. Quizás el que debería suicidarse es usted- Me levanté de la silla y me marché dando un portazo.

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Otros relatos del autor
  • La veré mas tarde. Estoy esperando que Goddfrei conteste mis correos jajaja. Un abrazo. Carlos
    Gracias.Liam.ya esta terminada mi mas reciente historia .buenos relatos..
  • Narración dividida en tres partes que cuenta la historia de dos jóvenes de creencias similares, cuyos caminos se ven cruzados accidentalmente. (Como las casualidades demasiado convenientes de las películas). Esta historia fue sacada de un cajón de recuerdos de hace más de un año.

    El odio simplemente es la otra cara del amor.

    Cuando la presa se vuelve el cazador...

    Llegar al límite, volverse loco y...explotar.

    Un adolescente de dieciséis años diferente, frío y psicópata está a punto de descubrir su propio significado de la palabra "Libertad".

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