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3 min
LOS NIÑOS CON ZAPATOS
Reflexiones |
25.01.15
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Sinopsis

Una foto hace desatar muchas emociones en una abuela. Todo comienza con la pregunta de su nieto, quien finalmente no quiere tantas explicaciones.

Los niños con zapatos

-¿Quiénes son esos niños tan pobres, abuela?

María se pone los lentes para distinguir una foto vieja y amarilla que le extiende su nieto de siete años.  En ella está un hombre parado con una camisa de cuadros y un pantalón de pinzas que le llega a la cintura, una mujer sentada con un vestido de flores  y sosteniendo en su regazo a un bebé con zapatitos blancos, y  a los lados dos niñas: una con sobrepeso con la boca abierta y otra muy adusta con calcetas blancas, una hasta arriba y otra a medio subir.     

-Son mis padres, dos hermanos míos y yo –contesta María queriendo sofocar una risa por la espontaneidad del calificativo- Y si, éramos muy pobres en esta época.  No había dinero para comer bien, menos para una fotografía. Mi tía Chayo, que era vecina nuestra, contrató a un fotógrafo para que tomara una foto a su familia y aprovechó para mandarlo también a nuestra casa. Ella pagó la foto. Yo veía a la familia de mi tía como ricos porque ellos comían huevo todos los días y usaban buenos zapatos.

Nunca nos habían tomado una fotografía como familia, y en realidad, nunca nos la tomaron porque éramos seis hermanos, pero mi papá decidió que solo saldrían los que tuvieran zapatos. Este bebé que ves, es mi hermano Lupe. Como no tenía zapatos, le pusieron unos blancos de niña que le habían regalado a mi mamá.    

Esta niña gordita es mi hermana Socorro. No iba a salir en la foto porque andaba muy chorreada. Parecía niño, siempre trepada en los árboles y jugando a las canicas, pero lloró tanto que mis papás al último le dijeron que sí ¿para qué? Si al final salió con la boca abierta.

La niña seria soy yo.  Me dicen que desde niña era amargada. Claro que no, era pura tristeza. El vestido se me ve abultado porque traía una crinolina hecha de papel periódico. Así fue toda mi adolescencia, haciendo trucos para sentir que estaba estrenando.

No puedo creerlo, en esta foto ya hay tres muertos.  Ya no viven mis papás, ni mi hermano Lupe. Socorro sigue siendo como un hombre, todo el día pisteando y jugando a las cartas. Y yo, parece que también sigo estando triste. No te creas mi amor, son tonterías de esta abuela tuya –y al decirlo, María se percata que su nieto ya no está ahí. Se ha ido desde quien sabe cuánto a jugar al patio. 

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  • Sinceramente, casi logras que una lágrima resbalase por mi mejilla, y eso en mí es difícil de provocar. Me ha gustado mucho, Nancy. Las abuelas y sus recuerdos... Saludos.
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Muchas historias las he descartado por miedo a que no fueran lo suficientemente buenas. Entonces me di cuenta que tenía que vencer esa inercia: no tengo que escribir cuentos perfectos para publicarlos. El deleite está en compartir.

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