cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
Los ojos perfectos.
Terror |
18.07.15
  • 5
  • 1
  • 413
Sinopsis

¿Cansado de tus ojos marrones? ¿Deseas con toda tu alma tener ojos de color? Pero ¿No sabes como conseguirlos? Preguntenle a Agustina... ella les explicarà todo... y atrèvanse a visitar a su doctor... o dejen que los atrape...

<< ¿Dónde estoy?>>  esas palabras rezumbaban en la cabeza de Agustina. No recordaba nada de la noche anterior. También; el beber hasta perder la conciencia, no era bueno.

Se reprochaba a sí misma, si hubiera hecho caso a sus padres; al no ir al boliche; estaría, ahora en su habitación, estudiando para el examen de matemáticas. Pero no los había escuchado, se había escapado. Al diablo con el colegio. Su sueño era convertirse en una modelo, una como tantas; hueca, cuyo exterior es mucho más importante. Se amaba tanto a sí misma. Pero tenía un problema solamente, no le gustaban sus ojos, aburridos, comunes, de color marrón, ni siquiera claros, sino un marrón oscuro.

Eran un gran peso para ella, pero no le impedían vivir su vida y sentirse, aunque todavía no lo fuera, como una celebridad.

 No recordaba nada en ese momento. Trato de ver algo, pero la oscuridad que  había en el lugar era enorme, movió sus manos, y pudo sentir algo que le pinchaba en sus muñecas. Al igual que en sus tobillos. Trato con todas sus fuerzas mover sus manos, pero algo la lastimo; un chorro de sangre salía de la herida que se había provocado. Por fin entendió que estaba atada; pero con alambres de púa.

Comenzó a gritar y gritar. Pero nadie la escuchaba, cada vez que gritaba no obtenía respuesta. Poco a poco comenzó a desesperarse. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, corriendo su maquillaje.

Entonces, en medio de la oscuridad, pudo ver una luz pequeña, una linterna, comenzó a gritar ¡ayúdenme, ayúdenme! Pero, la ignoraban. La linterna se acercó lo suficiente, como para que le impidiera ver, y solamente pudo sentir un dolor en el cuello. Algo la habìa pinchado. Una aguja que vertía un líquido dentro de ella.

Poco a poco sus gritos se iban callando, además de que sus ojos se iban cerrando lentamente, el sedante surtía efecto y cayó en un profundo sueño.

Al pasar varias horas, ella despertó, ahora no podía mover su cabeza, algo la impedía, su cuello estaba inclinado para arriba, haciendo que sus ojos miraran una luz tenue que había en la sala donde estaba ahora. Los azulejos blancos manchados por la humedad y el paso de los años. Daban un aspecto de sombrío, de aterrador, Agustina se vio envuelta en un miedo profundo.

Se escuchó un chirrido de la puerta, seguido por unos pasos, que lentamente se acercaban a ella.

-¿Quién… quien eres…? – pregunto impaciente. Pero sin obtener repuesta, solamente oía como golpeaban utensilios de metal en una mesa.

-¿Qué me vas a hacer? POR FAVOR NO ME HAGAS NADA.- grito y sucumbió otra vez. Las lágrimas caían, el terror, el pánico, la consumió, se derrumbó.

Y al fin pudo ver a la persona que había entrado con ella. O maso menos, era un hombre que utilizaba un barbijo, y un traje de médico. Lo único que pudo ver bien eran sus ojos, esos ojos inexpresivos, negros, como si se burlaran de ella. Inconscientemente cerró los ojos.

Grave error, el hombre se enfureció. Suspiro fuertemente, y agresivamente le abrió los ojos, estirando sus parpados. La chica grito. Y el, la soltó. Se dirigió a la mesa  y luego en forma de burla, le pasó un hilo verde y  una aguja de coser, frente a ella.

-Espero que te guste el color verde…- le dijo y de repente se hecho a reír, su risa solamente le provocaba a Agustina un tremendo terror. Tenía muchísimo miedo sobre lo que él iba a hacer.

Entonces comenzó…

Le abrió el parpado del ojo izquierdo hasta donde pudo y lentamente comenzó a pasar la aguja, Agustina gritaba de dolor, sentía como, una vez que la aguja pasara por el orificio que había creado, el hilo verde lo rozaba. Cada punto era una agonía, parecían horas de sufrimiento intenso. Hasta que termino con ese ojo, ahora con la vista, un poco teñida de rojo, le era imposible parpadear, las lágrimas no tardaron en empeorar la situación; ahora veía todo rojo por la sangre que había derramado y que se había mezclado son el llanto.

Era turno del otro ojo. Agustina no hacía más que llorar. No aguantaba el dolor. El sufrimiento, cada puntada, era sinónimo de desesperación, y dolor puro.

Una vez que termino, el hombre se jacto de su obra. Orgulloso la miraba. Agustina ahora no podía parpadear. Sus ojos se veían perfectamente, sus ojos marrones. Ahora un poco rojos, por la sangre que habían chorreado desde sus parpados.

El hombre dejo la aguja y el hilo en la mesa, ahora había agarrado una botellita pequeña, que utilizo para echarle gotitas en los ojos de Agustina.

Ella recupero un poco la visión, y se dio cuenta que el hombre ya no estaba, y no pudo evitar las lágrimas; que salían de sus ojos ahora abiertos en contra de su voluntad. Lamentaba todo. Quería irse a casa con sus padres. O por lo menos morir.

De pronto el hombre entro. Y se dirigió a la mesa, de ella saco algo y se lo volvió a pasar por el rostro ahora jactándose de que ella podrá verlo todo.

Le mostro una jeringa con un líquido celeste. Y ella vio, como poco a poco se le iba acercando a su ojo.

Agustina grito cuando sintió como la aguja perforaba su ojo, y como el líquido entraba en él. Era muy fuerte y le quemaba. No paraba de gritar y moverse frenéticamente, aunque eso le costase muchas lastimaduras más por el alambre de púas.

El hombre retiro la aguja pero Agustina sentía como perdía la visión de ese ojo, sentía como su le estuvieran quedando por dentro. El dolor era insoportable, tanto que logro noquearla.

Cuando se despertó. Solamente veía de un solo ojo, pero sentía un dolor agudo del otro. El hombre burlándose de ella, tomo un espejo y se lo puso enfrente. Agustina grito, le faltaba su ojo izquierdo, en lugar de eso estaba una cuenca vacía.  Se horrorizo y no pudo evitar las náuseas que esa grotesca imagen le provocaba y vomito. El dolor hacia que se lastimase más al querer salir corriendo de allí.

Mientras ella gritaba y lloraba, por el dolor, el hombre se dirigió a la mesa, y trajo consigo algo. Un frasco. De el saco algo y se lo mostro; un ojo. Agustina grito y grito, un sinfín de insultos salieron de su boca dirigidos al hombre y un sinfín de preguntas se formaban en su cabeza << ¿de dónde saco eso?>> << ¿Qué va a hacerme ahora?>> pero sus preguntas fueron contestadas muy rápidamente. Pero no con palabras…

El hombre introdujo en la cuenca vacía de su ojo. Una pinza con lo cual saco una nervio. Agustina gritaba y gritaba. Sentía cada movimiento, cada roce y eso le ardía y dolía, era como estar en el infierno. Deseaba con toda su alma morir de una buena vez, deseaba y gritaba que la mate que deje de hacerla sufrir. Pero el hombre la ignoraba…

El dolor era tan grande que se volvió a desmayar.

Despertó, pero no podía ver nada, algo cubría su rostro. Estaba exhausta y adolorida. A duras penas podía respirar. Poco a poco recuperaba su respiración normal. Entonces sintió como la puerta se volvía a abrir, como los pasos se acercaban cada vez más, y se detenían en frente de ella. Sintió como tomaban algo de la mesa de alado.

De pronto él, saco lo que le cubría el rostro.

Podía ver, y veía mejor que antes. Lo vio al hombre, y él le puso el espejo frente a ella.

Al mirase pudo notar algo que ella siempre había querido, que había soñado desde siempre. Tenía ojos celestes. Un color hermoso, el color que ella siempre había querido. Lo único que pudo hacer fue mirar directo a los ojos del hombre que había hecho eso y dijo:

-... mis ojos son hermosos…

Volvió su vista al espejo y con sus nuevos ojos celestes vio cómo se le formaba una sonrisa.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Bien llevada la trama de tu relato. Saludos Frida
  • Las voces no me dejan tranquila, perdón.

    ¿Cansado de tus ojos marrones? ¿Deseas con toda tu alma tener ojos de color? Pero ¿No sabes como conseguirlos? Preguntenle a Agustina... ella les explicarà todo... y atrèvanse a visitar a su doctor... o dejen que los atrape...

    Gracias de verdad por hacerme quien soy.

    Esto va para las personas que mas amo en la vida. Mis padres.

    Estoy obligada a hacer que me vean como algo que no soy; solo para que me acepten... Pero...

    Perdóname… por favor ... perdóname

    Lo que encontramos en esa página nos sorprende y asusta muchas veces...

    Todos hemos de imaginar, alguna vez una utopía. Y quien diga que no; está mintiendo. Porque… ¿qué ha hecho cuando no se puede conciliar el sueño? nada más ni nada menos que imaginar. Imaginamos que esa persona especial nos habla. Imaginamos conversaciones que nos dejan una sonrisa. Imaginamos un mundo sin violencia. Imaginamos felicidad. Imaginamos momentos únicos e inolvidables que quizá no ocurran. Imaginamos ideales inalcanzables que quizá jamás sean concebibles en el mundo. Imaginamos pequeña utopías a nuestro gusto.

    Dormir, algo tan simple, pero ¿Qué ocurre cuando la tarea más simple para el ser humano, se ha convertido en un lo más aterrador para otro? Lo llaman “Insomnio”. Ese maldito. Poco a poco te domina. Te esclaviza. Innumerables veces has perdido contra él. Pero, lo peor de todo, es lo que ocurre mientras lo tienes de visita alguna noche. Tu mente se transforma en tu enemiga más poderosa. Hace que puedas ver algo; que no está allí realmente, ver, sentir cosas que no son reales. O es lo que creemos… Te has repetido más de una vez que no es real. Pero cada día se vuelve más y más real para ti. Sollozas y ruegas que no se repita otra noche. Pero nadie tiene la seguridad de ello. Solo intentas sobrevivir. Si llegas a la mañana sabrás que has sobrevivido, le ganaste. Al menos por ahora…

    Las rosas son las flores mas hermosas que puedan existir. Hay rosas, blancas, rojas, amarillas... en fin, una variedad. Son un espectáculo divino de ver en primavera. Pero existe otro lado, las espinas. Es la otra cara de la moneda; pero, ¿Quién se fija en ellas cuando las protagonistas son las rosas? Pero, ¿Qué sucedería si ya no habría rosas sino, solamente espinas? En una noche, una joven y su madre lo están a punto de descubrir...

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta