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5 min
Los perdedores. Carlos 4
Drama |
16.04.14
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Sinopsis

Carlos siempre lo supo pero no quería reconocerlo. Ahora Sara lo ha gritado a los cuatro vientos en un intento por dejar de estar encarcelada en esa tensión que la atenazaba y ha conseguido que ahora todos en ese coche sientan miedo de ella. ¿Sara es la solución al problema que de repente se ha convertido en el problema de la solución al problema? ¿Dónde se refugia ahora la solución al problema? ¿Quién decide ahora tras exponer con rigurosidad sus argumentos de lo que no quiere ser la solución?

Carlos iba montado en su Honda Civic de 1998, le encantaba conducirlo y era una lástima que quedara tan poquito para llegar a casa de su hermana en Madrid. Había decidió llevar allí a Sara cinco minutos después de haber visto la foto de Emma que llevaba en el retrovisor. Mirar su foto y después arrancar el coche, era como su ritual. En lo más recóndito de su ideas, hallar por fin la solución al problema que tenía el grupo era como un premio a  haber soportado tantos años a Emma, por ella había dejado a un lado a sus amigos de infancia para juntarse con unos críos que no sabían  que los problemas no se dejan de lado si no que se solucionan, pero aunque quería reprenderles por ello no podía pues él había sido el primero que se había puesto de lado del lado de Emma, del lado de la injusticia y había callado para no salir escaldado. Ahora había recapacitado. Ahora escondía el problema y la solución en casa de su hermana Rocío que acababa de dar a luz. No podía creer que él, aquel a quien llamaba cobarde su propia novia, iba a hacer algo que la ayudaría a recuperar la felicidad y su vida, una vida que era de ambos.  Pero Carlos, que aunque era un hombre poco intuitivo, tenía la sensación de que unos ojos se le clavaban en la nuca. Unos ojos negros acusadores que le hacían pensarse dos veces las cosas antes que hacerlas, aquellos ojos no eran los de Sara porque la pobre no tenía ni habla, sus ojos estaban clavados en la ventanilla del coche desde la que únicamente se veían coches pasar. Sara solo había sonreído una vez en la media hora que había pasado en aquel coche que la llevaba a su escondite y Carlos lo había visto. Cinco años atrás sonreía por todo, ahora Carlos la había visto sonreír porque ésta había visto una niña rubia comerse un helado que desafortunadamente de un lengüetazo había caído en la alfombrilla del coche.

-¡Pobre niña!- dijo Carlos apiadándose de ella y acto seguido vio a la madre regañarle e imitando su voz dijo- ¡Ahora vas a limpiar el helado que se te ha caído con la lengua! ¡Madre mía! Que limpié el coche ayer y ahora todo lo ha puesto perdido.

Carlos no podía dejar de reír pero paró únicamente porque Sara lo miraba desconcertada, Carlos pensó en ese momento que ella no conocía al Carlos despreocupado que conducía ese coche sino al Carlos que se arrodillaba cuando Emma pasaba por delante. Aunque Carlos hubiese querido preguntarle un montón de cosas a ella no se atrevía y lo único que se le ocurría eran temas de conversación para Dani.

-Y dime Dani, ¿Qué tal por Valencia? ¿Trabajas o sigues estudiando? ¿Tienes casa? ¿Novia? Seguro que alguna amiga tendrás ¿eh?

Las preguntas aturdieron a Dani que no sabía que contestar y cuya respuesta inmediata fue una cara de extrañeza, pero al minuto respondió:

-Por Valencia, bien. Trabajo, ya no estudio. Tengo casa propia y coche propio. Y no tengo ni novias ni amigas lo único que tengo son muchas ganas de que este coche pare en casa de tu hermana y dejemos a Sara sana y salva del problema que ha causado la solución al problema que está activo desde hace años, ¿te parece bien?

Carlos abrió la boca para contestar pero Sara se adelantó

-Me parece perfecto, pero yo no necesito ser salvada, necesito que me dejéis en paz. Si vosotros no hubieseis sido unos kamikazes yo seguiría en mi piso pintando y escribiendo como siempre he querido hacer, además ya había encontrado un chico que profesaba verdadero interés por mí. Os voy a dejar las cosas claritas par de idiotas enfundados en trajes de tíos valientes, yo no quiero solución al problema, ni quiero ser la solución al problema, ni el problema de la solución al problema ni nada por el estilo, Emma hace mucho tiempo que dejó de ser aquella chica feliz que nada temía, ahora y hace cinco años era y es una neurótica egocéntrica que solo quiere hablar de una cosa, ella. Es una gata furiosa y celosa que reprende a todo aquel que le lleva la contraria. Carlos llevas mucho con ella deberías de saberlo y va lo mismo para ti Dani. Carlos, sé que la quieres y puedo ser muy comprensiva con eso pero una cosa es ser comprensiva contigo y otra ser la solución a tus problemas sexuales, de convivencia y de pareja en general, si pensabas que firmar la paz para terminar con una contienda abierta desde hace cinco años iba a ser tu solución estás equivocado. Emma no quiere solución, Emma solo quiere cortarle la cabeza al culpable, un culpable que no sea ella, a ser posible.- Sara acabó de decirlo y toda la tensión que había en su cuerpo pasó a formar parte del ambiente, si este ya se podía cortar con un cuchillo para la mantequilla ahora se podía romper hasta con el simple silencio.

Carlo pensó en contestar pero lo único que pudo hacer fue guardar silencio, en lo más escondido de su cerebro Carlos sabía que ella tenía razón. Así que las últimas palabras que salieron de su boca fueron:

-Es aquí, aquí está el refugio de la solución.

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Soy estudiante. Me gusta viajar, los idiomas y la música rock. Escribiendo estos relatos mi intención es desahogarme y mejorar mi técnica de escritura.

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