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5 min
Los perdedores.Carlos.
Drama |
15.05.13
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Sinopsis

Hace cinco años Carlos seguía peleándose con su novia, pero al menos tenía una vida con amistad. Ahora vive en Almería alejado de todo el mundo y de los amigos con los que por culpa de su novia se peleó. Adoraba estar en grupo con sus amigos y durante cinco años ha vivido trazando un plan para poder reunirlos a todos sin que Emma, su rencorosa novia se entere. Cabecilla del plan y comandando a Daniel harán lo posible y lo imposible por reconstruir lo que hace años está roto, pero donde hubo fuego han quedado cenizas. Un grupo de cinco amigos ven la vida desde cinco edades distintas y todos perdieron algo aunque solo fuesen a ellos mismos y su amistad entre ambos.

La filosofía de vida del padre de Carlos era muy sencilla, ‘’cosecharás lo que siembres’’ decía. Él pensaba, a sus veintisiete años de edad que lo tenía todo. Vivía por aquel entonces en el piso de sus padres que a la vez que cuidaban de él cuidaban de su abuelo en una Valencia que se había convertido en algo que nunca quiso llegar a ser. Tenía un trabajo que le gustaba y un sueldo que gastaba en hacer mejoras al coche. Mejoras que nunca acababan y que servían para su posterior venta. Pero de repente, estaba sentado en una acera, en frente de un bar un domingo por la mañana, borracho perdido. Pensaba que la ruptura de hacía dos años con su novia no había sido tan buena idea. Después de todo, sus amigos no eran unos gurús de las relaciones ni mucho menos pues ninguno había tenido novia salvo él. Y sin darse cuenta de que hablaba solo, una chica de cabellos negros que pasaba por la calle y que quedó prendada de sus ojos, se sentó a su lado y le preguntó el por qué de su llanto. Ninguno de los dos se había dado cuenta pero con esa pregunta se abrió un campo infinito de posibilidades. Ambos habían sufrido mucho en los temas del corazón, ella por su parte porque era rechazada y el por qué nunca para nadie llegó a ser lo que deseaban. Conducir era su pasión, daba igual cual fuera el coche, solo importaba que fuera uno. Eso a ella la mataba. Emma se dio cuenta de que después de dos años juntos todavía quería más al coche que a ella. Celosa por todo aquello y en un ataque de ira, cogió una barra de hierro y en el garaje de su suegro destrozó el coche en mil pedazos. ‘’Silvia’’, que así llamaba Carlos al coche, había estado durante años en la familia, y se llamaba así por otra antigua ex novia de instituto que Carlos tenía. Carlos no era atractivo, pero los dos ojos azules que brillaban como zafiros en su cara a ella lo hacían diferente a los demás.

Carlos escuchó la ducha y viendo que sus preguntas no obtenían contestación decidió entrar en el baño sin tocar, después de todo era su casa y vivía con la que iba a ser su mujer para siempre. Metió las manos en la ducha y asió algo que tenía el tacto del cuerpo de una mujer desnuda, se excitó. Sintió el calor de Emma. Su Emma. Aquella mujer con la que había pasado nueve años de peleas que, aunque aún continuasen, llegaban a ser hasta desestresantes. Sin esperarlo, unas manos se posaron sobre su pecho. Emma lo agarró de la camiseta y lo empujó desde la ducha contra la pared. Tenía más fuerza que él. Recordó entonces aquel día en que prometió acompañarla a ver jugar al fútbol a su hermano, pero borracho porque eran las fiestas del pueblo donde veraneaban, se quedó dormido. Emma cogió entonces tal enfado que él se reventó los nudillos contra la puerta del copiloto de su adorado coche y ella lloraba sentada en la hierba a que Sara llegase para consolarla y ayudarla a arreglar las cosas. La vida con Emma era difícil, pero también lo era con Coral, Silvia, Lorena, Alba y con otras tantas novias que tuvo. Desde hacía cinco años a Carlos solo le quedaban ella y dos amigos más, Ada y Jose, que habían sido desde siempre amigos de Emma antes que suyos. Los pocos amigos que tenía se habían esfumado o los había dejado el día que se fue a vivir a Almería con Emma. Se gastó todos sus ahorros en esa casa. Vivir con Emma era duro, cuando ella tuvo problemas con sus padres en el pueblo donde vivía, decidió irse a vivir con él a casa de sus suegros en Valencia, pero por aquel entonces y en un territorio en el que no se sentía cómoda no discutía y tampoco se peleaban.

Levantándose del suelo, sacudiéndose los pantalones y con voz de cordero degollado dijo:

-Cariño no te enfades, sabías que iba a tardar, sabías que había estado en Valencia porque mi abuelo está ingresado y te enfadas. ¿Es que no entiendes que ya te enfadas sin motivo?

-Has tardado cuatro horas y media en ir y otras cuatro horas y media en llegar, he dormido sola, he despertado sola, te fuiste el domingo y es martes, ¿crees que puedes irte sin darme explicaciones de tu viaje?

-Sabías cuanto iba a tardar y te dije cuando regresaría… - Pero otra vez la voz de Carlos quedó interrumpida por la de ella.

-Me dijiste que volverías a las nueve y media de la mañana y son las dos de la tarde, si hubiese hecho la comida, en vez de comértela, te hubieses comido una ruptura.

Carlos recordó entonces que hacía cinco años, ella había intentado cortar, y Sara, que intentó mediar entre ambos, acabó enzarzada en una pelea en la que aún seguía estando metida. Emma alegaba por aquel entonces que su amistad con él era mayor que la que tenía con ella y que siempre lo estaba defendiendo. En cierto rincón de la razón de Carlos siempre hubo latente el pensamiento de celos que tenía de la relación de complicidad y amistad que mantenían Carlos y Sara.

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Soy estudiante. Me gusta viajar, los idiomas y la música rock. Escribiendo estos relatos mi intención es desahogarme y mejorar mi técnica de escritura.

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