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10 min
Los perdedores. Esteban. 4
Drama |
07.06.13
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Sinopsis

Esteban es capaz de sacarle información sobre Sara hasta al diablo aunque sean las seis de la mañana. Está en Madrid y la vergüenza consume hasta al más sinvergüenza de los humanos y eso es algo que él siempre ha sido.

A las 6 y media de la mañana Esteban seguía varado en la acera de enfrente de la editorial Dragones esperando a que la tal Carmen le diese la dirección a la que podía ser la decisión más importante de su vida. Saliendo del coche para estirar las piernas vio a un chico que abría la aquella puerta con dos dragones dorados que se miraban corriendo tras él, Esteban le puso una mano en el hombro, dándole la vuelta y sin importar que el chico fuese cargado de papeles hasta los ojos, puso la mano en su pectoral derecho y le empujo hacia el interior, cerrando la puerta a su espalda le dijo a aquel chico asustado:

-Chico, hoy es tu día de suerte, vas a hablar con un prestigioso catedrático sobre una escritora famosa. ¿Qué sabes sobre Carolina González?

-Bien, sentémonos- Sentándose a una mesa rectangular llena de montones de libros de autores diferentes, empezó un intercambio de información, pero el chico jugaba con ventaja y lo sabía.

-Cuéntame cosas- Esteban tenía ventaja, lo sabía. 

-Me llamo Luis, y trabajo aquí desde hace dos años y medio, cumplo los veinticinco en junio y hace un año que conocía a Carolina González. La propietaria de esta tienda y por tanto mi jefa se llama Carmen.- El chico se quedó callado en seco, mirando a los ojos a Esteban supo que no debía contar nada más, si lo hacía el contrato que Carmen le había prometido para publicar sus novelas se iría al garete.

-¿Y? ¿Tú te piensas que yo soy tonto? ¿Tú de verdad piensas que quiero saber más de ti?. Era Luis, ¿no? – Eso no le llevaba a ninguna parte, tenía que jugar más cartas y jugarlas bien. 

El chico sintió con gesto firme y mirándole a los ojos, Dios, a Esteban le encantaba los hombres que iban con la cabeza alta sin importar que profesión tuviesen.

-Mira Luis, esto no es una cita, no nos estamos conociendo, no voy a llevarte al cine, no quiero saber tu edad, quiero saber que tiene que ver Carolina González con toda esta mierda, porque escribir es una mierda ¿sabes? Los buenos escritores están muertos y las buenas historias ya están escritas, ya no se pueden escribir historias mejores.

-Está equivocado completamente, Carolina González es una buena escritora, tiene mucho que contar y como ella hay miles de personas que tienen muy buenas historias que contar. ¿Quién es usted para decir quién es lo suficiente bueno para escribir un libro o un poema? Y ¿Quién es usted para hablar así de una prestigiosa escritora que con solo su primer libro llegó a lo más alto de la lista de Best-seller?- Dijo Luis con mirada desafiante.

Luis era una de las pocas personas que sabía la verdad sobre Sara y Carolina, aún se acordaba de cómo entraron a buscar una oportunidad a, por entonces, aquella pequeña editorial. Aún recordaba cómo se habían mirado y sonreído en la calle y cómo al cruzar el umbral de la puerta se habían mirado desafiantes. Luis llevaba allí casi tres años y no había conseguido triunfar, ella entró el primer día y amparada por Carmen ya tenía publicadas tres novelas. La odiaba, pero ese no era motivo para que no le gustasen sus libros, era buena y lo aceptaba, pero él también lo era, eso era algo que no podía aceptar, ambos se merecían una oportunidad y a él lo privaron.

-Soy catedrático de literatura española, hablo latín, griego antiguo e italiano. Conozco a Sara desde hace años y estudié lo mismo que ella pero en diferente provincia de Castilla - La Mancha. Y soy su inspiración. No vengo a que me des clases de moral, vengo a que me des la dirección de Carolina González, si es que la quieres llamar así, sino quiero que me des la dirección de Sara Vega y no es que no la sepa sino que quiero asegurarme de que está en el mismo piso en el que la dejé.

-Señor como diablos se llame, entienda usted que de las sesenta personas que trabajan en esta editorial, sólo cuatro saben absolutamente toda la verdad de Carolina González y que de esas sesenta, todas hicieron pacto de silencio para proteger su identidad a cambio de algo mayor que ella, usted y yo. Pero si lo que quiere es saber la verdad se la voy a otorgar puesto que lo que yo pedí nunca se me concedió. -Luis miraba a Esteban con mirada de rata venenosa, como si estuviese mirando al mismo diablo, a la persona que iba a destruir de una vez y por todas a Carolina González.

-Habla y llegaremos a cierto acuerdo, y créame nunca subestime a un catedrático de literatura, ciertas personas me deben favores muy gordos- Esteban sabía lo que aquel pequeño hombrecillo de pelo rizado quería pero él no era hombre de cumplir favores tan deprisa, quería información prestigiosa y si no la conseguía, adiós a los favores de Luis.

-Pacto entonces- Dijo Luis escupiéndose en la mano y tendiéndola.

-Pacto, trato, promesa o como quiera llamarlo pero cuéntemelo todo- Dijo Esteban mirándole con asco la mano, y así engañándolo, posicionó la suya bajo su mentón.

Luis se sintió ofendido, se recostó en el respaldo de la silla, se cruzó de brazos, y abrió el grifo, pero Esteban sabía que le revelaría más cosas que los hechos que estaba empezando a relatar.

-El ocho de marzo de hace dos años entré por esa puerta junto con quien sería mi futura enemiga en el mundo literario. Ésta era por entonces una editorial a la que se le daba ya por muerta, Juan Laserna, padre de mi jefa Carmen Laserna, quien lleva la editorial hoy en día, la inauguró con un joven escritor llamado Luis Escorpe, mi padre. Cuando la vi me sonrió, pero había algo en su mirada que no me gustaba, me impactó, fue como si estuviese mirando a la misma muerte, tenía los ojos negros de rencor, pero le brillaban, desde ese momento supe que Carolina, para bien o para mal, sería mi ruina. Carmen nos recibió a ambos con las manos abiertas y nos dijo que trajéramos nuestra mejor novela, que solo una, y por tanto uno de nosotros, sería el héroe de esta editorial. No metía. Carmen nos hizo una entrevista a ambos por separado. Yo pasé primero, y durante las tres horas que Carolina estaba dentro me resigné. Me dieron un trabajo como becario, imagínese llevo casi tres años siendo becario, a ella sólo le hicieron falta tres horas, pero hay personas con estrella y personas estrelladas, ¿no? Cuando el primer libro de Carolina se publicó, Carmen la presentó ante toda la editorial como la nueva escritora de Dragones, la llamó Sara Vega, pero entonces Sara alzó la voz y nos dijo a todos que esa ya no era ella, que aquella mujer no era una escritora de éxito, que Sara solo era la mujer que escapaba de todo y que por el contrario Carolina González, que fue sobrenombre con el que publicó sus libros, era sin embargo, la mujer de éxito que los afrontaba, después de aquello  salió corriendo de aquí y nunca volvió. Fue entonces cuando por orden de aquella misteriosa mujer, Carmen nos obligó a firmar un nuevo contrato, si nos íbamos de la lengua sobre Carolina perdíamos el trabajo y uno de nuestros deseos.

-¿Qué perderías tú?

-Todos estamos aquí para hacernos un hueco en el mundo editorial, yo firmé a cambio de la publicación de mi novela, si yo no suelto nada antes de que Carolina decida revelar su identidad real, mi novela se publica, sino la editorial se encarga de enterrar mi nombre bajo la más asquerosa reputación y eso es lo que usted me dará si esto sale a la luz.

-Así que lo que quieres es que yo te ayude a publicar si no te publican aquí- Dijo diciendo en voz alta algo que hacía bastante que pensaba.

-Compréndame, soy un becario que sólo quiere que su novela sea publicada, ¿Qué escritor no quiere eso?

-¿Qué pasó cuando firmaron el trato? ¿Carolina volvió a aparecer por Dragones?

-No, y eso fue algo que me agradó bastante, solamente y cada cierto tiempo llegaban paquetes suyos de la mano de su amiga y vecina, por eso no tenemos su dirección, pero sí que tenemos la dirección de Esther Sanchís, que es la chica que los traía, ahora tendrá unos diecinueve años y por lo visto, ella es la única que la ve desde hace años.  – Cogiendo un posit de color blanco y una estilográfica escribió con letra majestuosa la dirección de Esther Sanchís.

Esteban ya tenía lo que quería. Se levantó de la silla y en tanto llegó a la puerta se volvió hacia Luis y dijo:

-¿Sabe una cosa Luis? La traición es barata, la lealtad cara. -Apuntó triunfal

-¿Qué quiere decir con eso? – Comentó con mirada de extrañeza

-Que usted no ha sido nada inteligente en esta conversación. Odia a Carolina solo porque es mejor que usted y aunque ha parecido que saltaba en su defensa en algunos momentos, a quien estaba defendiendo era a usted mismo. Desde el primer momento, usted sabía que yo era amigo de Carolina y aún así me ha contado todo lo que sabía sin pensar en que hoy mismo, ella sabrá toda la verdad, todo lo que me ha contado. Luis no has jugado bien tus cartas, así no se llega a ser escritor, así se llega a ser becario.

Con los ojos salidos de las órbitas, Luis se levantó de la silla y corrió para asestarle un puñetazo, pero de repente se abrió la puerta, Esteban que estaba de espaldas a ella se volvió, había un chico en el umbral que portaba una mochila de cuero negra a juego con su chupa.

-¡Ah! Justo a tiempo, el señor está desquiciado porque alguien más, a parte de los sesenta que trabajan aquí, sabe la verdad acerca de Carolina González, no le culpo cualquiera se puede ir de la lengua para defender a una exitosa escritora, ¿verdad Luis?

El chico avanzó hacia Luis mientras Esteban se apartaba e iba hacia la puerta, salió sin hacer ruido mientras los otros dos discutían, Luis boquiabierto dijo:

-Manu lo siento yo no quería decir nada solo que él era…- Un puñetazo calló su boca.

Manu soltó a Luis y acto seguido salió de la editorial. Buscando a Esteban se recorrió tres calles, pero Esteban lo había visto salir desde el Mustang. Arrancando salió de allí camino a la dirección que aquel estúpido bocazas le cedió, sonrió y dijo:

-Otra nueva victoria para Esteban.

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Soy estudiante. Me gusta viajar, los idiomas y la música rock. Escribiendo estos relatos mi intención es desahogarme y mejorar mi técnica de escritura.

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