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4 min
Los perdedores. Sara. 3
Drama |
23.05.13
  • 4
  • 2
  • 2009
Sinopsis

Todo vuelve. El pasado vuelve. Eso es lo que piensa Sara mirando de frente a la que podría ser la solución de lo que sucedió años atrás. Juegos de juventud con más participantes de lo que Sara esperaba sacan a Esteban del plano.Ella piensa que será capaz de manejar todo al mismo tiempo pero las visitas son inesperadas y los sentimientos y recuerdos apremian.

Tras una charla de tres horas y media en la que hablaron de sus gustos, familias y habilidades. Sara, estaba más en lo cierto. Aquel chico trabajaba en sus libros y decidió que aquel chico, Manu, era el decisivo. Él le haría olvidar a Esteban. Tras dejarla en la puerta de un boutique muy famosa en el Paseo de la Castellana, Manu, que entraba a trabajar a las doce del mediodía en la imprenta, la dejó con un beso en la mejilla que la sonrojó, pero ella, que no era una chica de besos en la mejilla, lo asió del cuello y lo atrajo hacía sí. Un beso suave afloró de los labios de ella. Él correspondiéndola, abrió la boca y mordisqueando su labio inferior se enfrascó con ella en un mar de besos suaves y caricias leves en su espalda. Abriendo los ojos y cogiéndolo de la mano, Sara asintió y dejándolo ir, sonrió. Respiró profundo. No sintió mariposas. Se lamentó. ‘’Quizá el beso ha sido muy deprisa y a las mariposas no les ha dado tiempo a llegar’’, pensó. Pero se sentía satisfecha. El repaso a sus fracasos anteriores fue infinito. Recordó que sus primeras mariposas habían sido de sus catorce a sus diecisiete, cuando se enamoró por primera vez y verdaderamente de Ardo que le llevaba ocho años. Por aquel entonces Ardo salía con Dana, cuyas amigas le llamaban ‘’Sluty’’ y que aunque le había dejado y puesto los cuernos con media ciudad de Albacete después de seis años de relación, volvió arrastrándose a él y Ardo, como tonto enamorado le había concedido su perdón. Desde entonces Sara supo que Ardo no la merecía. Pero seguía enamorada y eso era algo que, por entonces, no pudo superar. Ella creía que Ardo mandaba señales para que supiese que su amor era mutuo, pero no. Hijo de los jefes de los padres de Sara, se pasaba por su casa de vez en cuando y una vez, después de un tiempo sin verla, pues ella estaba en la universidad y ya no visitaba mucho el pueblo, mientras bajaba por la escalera se quedó mirándola embelesado sin poder articular palabra, de repente sonrió y ahí estaba asiéndole la mano ayudándola a bajar el último peldaño de escalera. Entonces Sara tenía los veintiuno, Esteban hacía tiempo que estaba en su vida y la pela con Emma seguía hirviendo en sus venas.

Estante por estante, miraba los vestidos de noche de color negro. Repentinamente, cambió de perchas y miró los vestidos de color chillón. Eligió un vestido de corte griego con un solo brazo y un fajín color plateado que le recogía el pecho, y de color azul turquesa. Todo iba a huego con un bolso de mano recubierto entero de pedrería plateada, como los tacones de siete centímetros y plataforma que había escogido. Ese iba a ser el look que la llevaría a ser la chica deseada que siempre deseo ser.

Caminando hacia su casa, vio aparcado un coche. Tenía un mal presentimiento. Abriendo el portal un chico de ojos verdes y pelo rubio salió del coche. Lo sabía. Había reconocido el coche pero no quería admitir que estuviese allí.

-¿Puedo entrar? Llevo tres horas y media conduciendo y…

Abrazándolo y posteriormente soltándolo le hizo un gesto de entrada hacia el portal. Supo entonces que todo en su vida empezaba a dar tumbos. Se sintió mareada. Subieron en el ascensor hasta el quinto que es donde ella vivía. Abriendo la puerta del apartamento, Dani cogió las bolsas. Sara cerró lento y echó la llave. Llevaban veinte minutos mirándose, sentados en el sofá. Sin mediar palabra. Sara soltó un suspiro y dijo, finalmente:

-Y bien, ¿Qué haces aquí en Madrid?

 

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Soy estudiante. Me gusta viajar, los idiomas y la música rock. Escribiendo estos relatos mi intención es desahogarme y mejorar mi técnica de escritura.

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