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8 min
Los Premios de Uriel III - Siempre hay un pez más grande
Suspense |
01.11.19
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Sinopsis

¿Quién se tomó mi trago?

2 de junio de 2008, 10:00 horas.

Centro de Investigación Tecnológico y Biológico, en algún lugar de México.

 

 

Laura, quien durante su trayecto repasaba sus proyectos, llegó a la entrada del Centro. Notó que el estacionamiento seguía vacío, tal y como estaba cuando salió furiosa de la oficina de Uriel.

 

  • Tengo que aclarar algunas cosas con ese tipo – refunfuño, mientras pasaba su identificación.

 

Al entrar, el pasillo se encontraba iluminado por dos de ocho focos que se encontraban, estratégicamente, a lo largo del dicho camino. Los laboratorios parecían seguir cerrados; la mujer se dispuso visitar a Uriel directamente.

El personal de limpieza tampoco se encontraba y no había realizado su respectivo trabajo;  eso molestaría a quien fuese organizada y pulcra como Laura. Sus pasos, se escuchaban como un eco en el solitario primer piso.

 

Tomó el barandal y continuó su rumbo a las oficinas.

 

Para su sorpresa, las oficinas directivas estaban cerradas, incluida la de Uriel. Cuando se dispuso a retirarse, esa habilidad premonitoria se encendió de inmediato: sus ojos detectaron una nota en la puerta de la oficina de Uriel. Se acercó sigilosamente mientras observaba los últimos laboratorios del segundo piso, también vacíos.

 

En la puerta había un recorte periodístico:

 

“Hombre asesinado en el vuelo 041-B. Fue científico del Centro de Investigación”.

 

  • Sabía que algo andaba mal. Y, si todo le está yendo como la seda – presagió Laura, colocándose empáticamente en la mente asesina de Uriel – Soy la última.

 

Los focos de los dos pisos del Centro se apagaron.

 

  • Nuestro invitado ha llegado – congratuló a Uriel.

 

Verificó si llevaba su pistola: la tenía, pero solo disponía de una única bala. Algo que Laura no sabía, era que Uriel tenía un as bajo la manga.

 

Uriel, sujetando un revolver con su mano derecha y una linterna con la mano izquierda, entró con esmero y revisó, cuarto por cuarto, si su víctima habría mordido el anzuelo. Iba equipado con visión nocturna y un visor térmico; el hombre sabía que lidiaba con una de las mejores mujeres del Centro, (e inclusive, del campo científico nacional).

 

  • Eres inteligente – se respondió a sí mismo – Pero apostaré a que tu premonición te delate.

El hombre, preso de una ideología asesina e implacable, sabía que Laura era el último obstáculo para su plan maestro. No podía fallar.

 

Subió al segundo piso y, conforme a sus planes, notó que el recorte del periódico no estaba.

 

  • Sabía que morderías el anzuelo – se dijo, satisfecho con su plan.

 

Antes de bajar al primer piso, escuchó la puerta de su oficina abrirse. Con su visor térmico, se aseguró de encontrar alguna fuente de calor. Y en efecto, encontró una carga de calor, detrás de la puerta de su oficina. Preparó su revolver y, apuntando a una mano, dejó salir del cañón tres balas que impactaron limpiamente a través de la pared.

 

Pudo ver como el cuerpo caía en el suelo, así como una luminiscencia, que le indicaba una hemorragia del cráneo. Para asegurarse de que el asesinato fuese exitoso, entró al cuarto y, con su arma, hizo una breve verificación de la zona. Cuando se aseguró de ser el único en la oficina, notó que el cuerpo era un simple señuelo: era una pila de almohadas de las cuales burbujeaba un líquido rojo de dudosa procedencia.

Escuchó un tenue zumbido, típico de una bomba activada.

 

  • Eres una hija de… - vociferó Uriel, por última vez.

 

 

Desde el estacionamiento, la explosión dejó salir unas llamaradas de fuego, que evidentemente, alertó a la comunidad más cercana al Centro. Laura, sin perder tiempo, se metió a su automóvil, no sin antes avistar un coche de la Policía aproximarse a unos metros. Pensó y, acto seguido, cerró la puerta de su coche e hizo señas a los oficiales.

 

El coche de la policía se aproximó y, cuando se acercaron lo suficiente al estacionamiento, dos oficiales bajaron. Laura, dudando un poco de la situación, notó que al coche de los agentes le faltaban placas y, un detalle que no podía pasar por alto, era que sus coches no tenían algún logo que los identificara como Policía.

 

Los agentes, sin mediar palabra, apuntaron y dejaron salir seis balas de sus pistolas, impactando en puntos críticos de Laura, quien se desplomó al suelo. Una de sus heridas impactó en la frente de la mujer, de donde escurría un río de sangre.

 

Un oficial, quien después se quitaría su pasamontaña, informó a su superior:

 

  • Jefe, amenaza eliminada.
  • Muy bien, agente – respondió después de un pequeño nubarrón de interferencia – Llévense el cadáver a la fosa acordada.

 

Los mercenarios tomaron el cuerpo y limpiaron la zona en la que cayó el cuerpo de la fémina, (del lugar podría encargarse el presidente del Municipio y el Gobernador).

 

 

El coche patrulla recorrió unos kilómetros más al norte y llegaron a un terreno baldío. Con unas palas, comenzaron a cavar. Ahí, junto a otros cuatro cadáveres, que llevaban semanas en descomposición, lanzaron a Laura. Cuando cubrieron hasta la última seña de Laura, se retiraron del lugar, sin que nadie supiese lo acontecido aquella tarde.

 

 

6 de junio de 2008, 13:24 horas.

Ciudad de México, México. Bar Twenty Shadows.

 

El sitio estaba lleno de políticos y de empresarios muy importantes: las bartander, (quienes mas que parecer meseras, parecían sexo servidoras en ropa interior), llevaban las botellas de champagne a los más privilegiados de un país caído en la corrupción y en el poder político.

 

Una mujer escultural, que tenía su piel apiñonada, llevaba unos tragos a una mesa muy alejada del tumulto. Sirve las copas a los dos hombres; uno de ellos, al finalizar la bartender el proceso de servicio, le dio una nalgada. La chica, que no estaba muy contenta aquel día, solo le dedicó el dedo medio después de un “Jódete”.

 

  • Jefe, esa tipa es una bomba – comentó excitado Víctor, que no dejaba de admirar la belleza dotada por el Señor, (o la Naturaleza, según tu creencia), a las mujeres de aquel lugar.
  • Cierra la boca, imbécil – le reprendió Lucas, un importante empresario con hambre de poder.
  • ¿Qué hacemos acá, jefe?
  • Ya verás, ya lo verás…

 

A lo lejos, los agentes de hace unos días involucrados en el asesinato de Laura, llegaron al sitio. Lucas les hizo señas para que se acercaran a su mesa; durante su trayecto, los agentes parecían muy fascinados con la presentación de belleza de las chicas, tanto las meseras como las que bailaban en los tubos.

 

Cuando llegaron a la mesa, Lucas les invitó a sentarse:

 

  • ¿Ya tiene nuestro dinero, Lucas? – cuestionó uno de los agentes.
  • Lo tengo, solo permítanme sacar un cigarro. 

 

Lucas, prendiendo un cigarro y a la vista inocente de los mercenarios, sacó su pistola de 9 milímetros y disparó en contra de los dos tipos en la cabeza. Ambos cayeron muertos sobre la mesa; Lucas guardó su pistola y llamó a uno de las meseras.

 

  • Hermosa, por favor, limpia mi mesa – ordenó caballerosamente Lucas a una bella mesera, ofreciéndole siete billetes de mil pesos.
  • En seguida, caballero.

 

Dos tipos de seguridad del bar tomaron los cadáveres y los llevaron a otro lugar, (tal vez otra fosa cercana al sitio, donde los cadáveres ya podían llenar un camión de carga).

  • ¿Por qué hizo eso, jefe? – dejó salir de su impresionante mueca de horror Víctor.
  • Llamémosle: ‘Ajuste de cuentas’ – sonrió maliciosa y orgulloso Lucas.
  • Ahora, ¿qué hará con ese sitio de investigación?
  • Uno de mis mejores proyectos: un centro de ‘servidoras’. Y, como sabes, las más tiernas son las que tengo en mi lista principal – soltó una carcajada.
  • Pero será imposible, jefe – aconsejó Víctor – Es peligroso meternos en esos asuntos.
  • No te preocupes, mi estúpido y leal compañero – respondió diplomático – Ya le haré llegar unos billetes al presidente del municipio y al gobernador. Solo es cuestión de tiempo… Además de unos pases VIP para algunos políticos más.

 

 

Aquel bar, más tarde, se transformaría en un club de los sueños y filias más atroces que la política – empresarial azotaría al país durante un buen tiempo.

 

Después de unos meses, para septiembre, (irónicamente, el día 16), se inauguró misteriosamente aquel Centro de Lucas y Víctor, donde explotarían a menores de edad. En algún encabezado se observaría:

"Nuevo Centro para hombres exclusivamente es inaugurado por Lucas Linares, hermano de Uriel Linares. Centro de Investigación es suspendido y, en su lugar, un sitio de sexo - servidoras es abierto".

La justicia no llegaría para la inocente población durante un buen tiempo. 

 

 

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