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2 min
Los robots no sueñan con ovejas eléctricas.
Varios |
03.12.14
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Sinopsis

NO

Donatoire se esparcía en la escoria que los camiones descargaban cada amanecer en la esquina de su casa. Recordaba la casa de su infancia, pero ya tal casa no existía más: era ruinas y polvos de tiempos pretéritos. Sus queridos amigos y familiares los recordaba: ayer no más había charlado y jugado con ellos. Pero hacía varios lustros que habían fallecido. Su estancia y paisaje no concordaba con el de antaño, como su memoria lo esbozaba. De vez en cuando, cuando dormía, en su cubículo era visitado por un ángel, o así lo creía él, que osaba ingresar pisando su sueño. El espíritu siempre se presentaba recitando el ángelus antes que nada, después le anunciaba que él (el ángel) era Donatoire. Así Donatoire tuvo varios sueños seguidos que consistían básicamente de lo mismo, una y otra vez. El ángel se le presentó por última vez a Donatoire pero ya no en un plano soñoliento, sino en la vigilia. Más lúcido que nunca Donatoire presenciaba al mensajero celestial. Al día siguiente nuestro protagonista se levantó. -¿Qué te pasa?-, le preguntó un amigo. Donatoire respondió: -Me ha visitado-. -¿Quién?-, repone el amigo. Le contesta: -El verdadero Donatoire. Él murió hace mucho tiempo. Yo solo soy un androide que retiene su memoria y personalidad-. El amigo responde: -Blasfemia, ¡Blasfemias!-. Donatoire abre en dos la barriga de su camarada: ambos ven que su interior está lleno de transmisores, cables y microchips. Donatoire también se había hecho lo mismo anteriormente, y dice: -Me autoinfligí heridas. Para mi sorpresa, y no, no me dolió. Ni siquiera sangré. Y al igual que tú vi mi interior-. -¡Entonces que somos!-, exclama trémulo de pavor el amigo. -Somos androides construidos antaño por nuestros verdaderos yoes. O como me dijo el espíritu celestial: "Expresiones del espíritu absoluto"-.

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